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23 marzo 2020 1 23 /03 /marzo /2020 00:00
Filosofía y Política del Buen Vivir (84)

La verdadera respuesta a la crisis ecológica solo podrá hacerse a escala planetaria y a condición de que se realice una auténtica revolución política, social y cultural que reoriente los objetivos de la producción de los bienes materiales e inmateriales. Así pues esta revolución no solo deberá concernir a las relaciones de fuerzas visibles a gran escala, sino también a los campos moleculares de sensibilidad, de inteligencia y de deseo

Félix Guattari

El Homo sapiens es tan solo una de las entre 5 y 30 millones de especies que habitan el planeta, y no obstante controla una parte absolutamente desproporcionada de los recursos

Vitousek, P.; Ehrlich, P.R; Ehrlich, A.H. y Matson, P., (“Human appropriation of the products of photosynthesis”)

Continuando con los aportes indígenas hacia el Buen Vivir, Atawallpa Oviedo, en su libro "¿Qué es el Sumakawsay? Más allá del socialismo y el capitalismo", explica perfectamente el conflicto existente y la visión necesaria. Veamos el siguiente extracto: "En este sentido, ¿hay que pasar por la economía para llegar a la conciencia?, ¿hay que ser ricos para que se solucionen nuestros problemas?, ¿hay que producir más para que seamos más felices?, ¿hay que tener cada vez más para ser mejores seres humanos? O ¿es que no tenemos que ser más ricos, sino estar más conscientes? Tener menos bienes materiales y más cosmoconciencia. Tener una vida más natural y menos artificial; en síntesis: una vida más sana y no una vida que enferma más. Y, por lo tanto, los ricos deben ser menos ricos, y los industrializados menos industrializados, y los desarrollados menos desarrollados, y el mercado menos influyente, y el hombre menos dependiente de la tecnología, y el ser humano menos esclavo de sí mismo y de otros, etc. Y no, que todo el mundo sea rico, industrializado, desarrollado, computerizado, comerciable, sino que se conviva en equilibrio dinámico y armonía estable entre todos los seres de la vida". Por su parte, René Ramírez (2010) define esta cosmovisión de la siguiente forma: "Buen Vivir o Sumak Kawsay es la satisfacción de las necesidades, la consecución de una calidad de vida y muerte dignas, el amar y ser amado, y el florecimiento saludable de todos, en paz y armonía con la naturaleza, para la prolongación de las culturas humanas y de la biodiversidad. El Buen Vivir o Sumak Kawsay supone tener tiempo libre para la contemplación y la emancipación, y que las libertades, oportunidades, capacidades y potencialidades reales de los individuos/colectivos se amplíen y florezcan de modo que permitan lograr simultáneamente aquello que la sociedad, los territorios, las diversas identidades colectivas y cada uno --visto como un ser humano/colectivo, universal y particular a la vez-- valora como objetivo de vida deseable (tanto material como subjetivamente, sin producir ningún tipo de dominación a un otro)".

 

Y remata: "Nuestro concepto de Buen Vivir nos obliga a reconstruir lo público y lo común para reconocernos, comprendernos y valorarnos unos a otros --y a la naturaleza--, entre diversos pero iguales, a fin de que prospere la posibilidad de reciprocidad y mutuo reconocimiento, y con ello viabilizar la autorrealización y la construcción de un porvenir social compartido". Hay que volver en este momento a recalcar que el Buen Vivir está reñido con el "Vivir Mejor" del estilo capitalista occidental. De hecho, el Vivir Bien no es lo mismo que el vivir mejor, ya que este vivir mejor siempre es a costa del otro. Vivir mejor es egoísmo, desinterés por los demás, individualismo, solo pensar en el lucro. Porque para vivir mejor se hace necesario explotar al prójimo, se produce así una profunda competencia, y se concentra la riqueza en unas pocas manos. Sin duda, bajo la lógica capitalista de Occidente, la humanidad está sumida en el vivir mejor, y es algo a lo que se aspira casi de modo natural. Esta forma de vivir implica ganar más dinero, tener más poder, más fama..., que el otro. El vivir mejor occidental significa el "progreso" ilimitado, el consumo inconsciente, incita a la acumulación material e induce a la competencia más descarnada. La visión del vivir mejor ha generado una sociedad despiadada, desigual, desequilibrada, depredadora, consumista, individualista, insensibilizada, antropocéntrica y antinatural. Por lo tanto, bajo la visión del Buen Vivir, en la vida no se trata de ganar o de perder: se trata únicamente de vivir bien. El principio a asumir es: "Que todos vayamos juntos, que nadie se quede atrás, que todos tengan de todo (lo esencial, necesario y fundamental) y que a nadie le falte nada". Los principales tópicos sobre los que trata la literatura indigenista sobre el Sumak Kawsay son: el rechazo al concepto de desarrollo económico; el alejamiento del Llaki Kawsay (Mal Vivir); la economía autosuficiente, comunitaria, solidaria, equitativa y sostenible; la comunidad; la naturaleza; la complementariedad hombre-mujer; la interculturalidad, y la plurinacionalidad. Algunos de estos puntos han sido ya tratados en anteriores entregas, con mayor o menor profundidad; sobre ellos, así como sobre los que no han sido aún tratados, volveremos y/o trataremos durante las siguientes entregas. 

 

En la lógica de la autosuficiencia (soberanía alimentaria en sentido más occidental, que también abordaremos a fondo en su momento) no existe la idea de la acumulación, ni el ánimo de lucro en cualquier actividad desarrollada. De esta forma, la economía indígena de autosuficiencia, como base del Sumak Kawsay, no solo es solidaria, sino que va más allá y se convierte en una economía equitativa, porque garantiza la igualdad entre los miembros de una cierta comunidad. Y por otro lado, dicha economía indígena de autosuficiencia también garantiza la sostenibilidad, algo tan necesario hoy día para enfrentarnos al colapso civilizatorio al que asistimos, no solo porque toma de la naturaleza solo aquello que es necesario para la subsistencia, sino porque se integra en la propia naturaleza al considerar que "el ser humano (...) no es más que una hebra en el tejido cósmico (...), un elemento más en el sistema de la vida". Atawallpa Oviedo ha explicado: "El Sumak Kawsay concibe la vida como un proceso de funcionamiento equilibrado entre todos los elementos que componen su existencia (homeostasis), por tanto su conciencia económica de la vida es de una economía equitable (sic) entre todos los seres de la vida y no solo entre los seres humanos (...). Lo básico de la vida humana es (...) la capacidad y habilidad para guardar equilibrio entre todas las formas de producción, prestación, compensación, reciprocidad y distribución mutual, tanto en un orden personal, a nivel familiar, cosmunitario y confederativo (...). El productor de todo ello es la Madre Tierra y (...) el ser humano es solo el cultivador de todo lo que existe y hace la vida. Es decir, el ser humano es un elemento más en el ciclo de la vida, y por lo tanto no es el centro ni el fin de la vida, ni para acumular (capitalismo) ni para la igualdad (socialismo) entre los hombres, sino para reactivar nuestra conciencia individual a una conciencia total, siendo capaces de convivir y compartir en armonía con el Todo (holismo)". El Buen Vivir, de este modo, renuncia a las relaciones económicas capitalistas, y con ello renuncia a los peligrosos valores de la acumulación, del individualismo, del egoísmo, de la competencia, de la prevalencia del mercado, del ánimo de lucro y de la explotación brutal de la naturaleza. 

 

Para ilustrar esto, así como la estupidez de la sociedad capitalista y de consumo, viene a cuento una pequeña leyenda que recoge Carlos Taibo en su ensayo "Decrecimiento, crisis, capitalismo". El relato es el siguiente: "En un pequeño pueblo de la costa mexicana un norteamericano se acerca a un pescador que está a punto de echar su siesta y le pregunta: ¿Por qué no dedica usted más tiempo a pescar en el mar? El mexicano responde que su trabajo cotidiano le permite atender de manera suficiente a las necesidades de su familia. El norteamericano pregunta entonces: ¿Qué hace usted el resto del tiempo? Me levanto tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, echo la siesta con mi mujer, por la tarde quedo con mis amigos. Bebemos vino y tocamos la guitarra. Tengo una vida plena. El norteamericano lo interrumpe: Siga mi consejo. Dedique más tiempo a la pesca. Con los beneficios, podrá comprar un barco más grande y abrir su propia factoría. Se trasladará a la Ciudad de México, y luego a Nueva York, desde donde dirigirá sus negocios. ¿Y después?, pregunta el mexicano. Después su empresa cotizará en bolsa y usted ganará mucho dinero. ¿Y después?, replica el pescador. Después podrá jubilarse, vivir en un pequeño pueblo de la costa, levantarse tarde, jugar con sus hijos, pescar un poco, echar la siesta con su mujer y pasar la tarde con los amigos, bebiendo vino y tocando la guitarra". Hasta aquí el relato. Dejo los comentarios a mis lectores y lectoras. Como explica Pablo Dávalos: "Habría que abandonar la idea de "desarrollo" porque implica violencia, imposición, subordinación. No se puede "desarrollar" a nadie, porque cada sociedad tiene su propia cosmovisión que hay que respetar, y si en esa cosmovisión no existe el desarrollo ni el tiempo lineal, entonces no se la puede desarrollar, pensando en que se le está haciendo un bien a esa sociedad, cuando en realidad se la está violentando de manera radical". Otro gran puntal del pensamiento nativo sobre el Buen Vivir es la propia comunidad donde se habita. En este sentido, hemos de realizar algunas consideraciones previas, para poner los conceptos en su sitio. En primer lugar, restar importancia al concepto (en declive) de los modernos Estados-nación, que son en realidad construcciones jurídico-políticas nacidas al socaire de los procesos colonialistas e imperialistas llevados a cabo desde el siglo XV en adelante, por algunas potencias mundiales. Más allá por tanto del Estado-nación concreto, nos interesan los pueblos que los habitan, las nacionalidades que los forman, y sus poblaciones concretas. 

 

Por otro lado, está claro que los pueblos y las comunidades humanas han de asentarse en un territorio determinado, y trabajar una tierra específica, pero es conveniente aclarar en este momento la diferencia entre ambos conceptos. Porque aunque cercanos, tierra y territorio se refieren a dos conceptos diferenciados. La tierra alude a la porción dentro de ese espacio que es apropiable para un individuo o una persona jurídica y se relaciona con el suelo y su aprovechamiento. En cambio, territorio se refiere a un área geográfica determinada o un espacio de la naturaleza que se encuentra bajo la influencia cultural y el control político de un pueblo. Y así, mientras que la tierra se vincula al derecho de las personas, el territorio se relaciona con el derecho de los pueblos; en este espacio es pertinente ejercer control y autoridad sobre el conjunto de recursos y los procesos sociales que allí se dan. Pues bien, como decíamos anteriormente, el Sumak Kawsay es un vivir en comunidad, un convivir, no puede entenderse de otra manera. No puede existir una vida plena al margen de la comunidad, pues en ella se materializan las diferentes formas de solidaridad y de respeto a la naturaleza que permiten la consecución y el mantenimiento del Sumak Kawsay. Pero la comunidad a la que nos referimos es mucho más que eso. De la comunidad surge el comunitarismo como sistema socioeconómico y político basado en la reciprocidad, la solidaridad, la igualdad y la autogestión, que promueve la participación activa y el bienestar de todos sus miembros, algo así como el "comunismo primitivo" que refiriera Karl Marx (Atawallpa Oviedo, 2011). Luis Maldonado explica en uno de sus artículos (ver este enlace para una antología muy completa sobre el pensamiento indígena ecuatoriano en torno al Buen Vivir) lo siguiente: "A diferencia de la economía capitalista, el sujeto de la economía no es el individuo, la persona, sino la comunidad; la comunidad no es solo la comunidad humana, sino que incluye a la comunidad de todos los seres vivos. Esta dimensión comunitaria circunscribe el ámbito humano, la naturaleza y el mundo espiritual. El sujeto individuo, en la economía capitalista, requiere de libertad para acumular y consumir, siendo entonces el objetivo de esta economía el bienestar individual. El objetivo de la economía de la reciprocidad, en cambio, es el bienestar de la colectividad de seres vivos a partir de procesos productivos igualmente colectivos". Continuaremos en siguientes entregas.

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