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29 marzo 2020 7 29 /03 /marzo /2020 23:00
Viñeta: Guffo

Viñeta: Guffo

La crisis ambiental es una crisis de civilización. Es la crisis de un modelo económico, tecnológico y cultural que ha depredado a la naturaleza y negado a las culturas alternas. El modelo civilizatorio dominante degrada al ambiente, subvalora la diversidad cultural y desconoce al Otro (al indígena, al pobre, a la mujer, al negro, al Sur) mientras privilegia un modo de producción y un estilo de vida insustentables que se han vuelto hegemónicos en el proceso de globalización

Fragmento del “Manifiesto por la Vida”

Vive sencillamente para que otras puedan, sencillamente, vivir

Mahatma Ghandi

En el artículo de la semana pasada exponíamos el concepto de comunidad que subyace bajo el Sumak Kawsay andino, retomando algunas explicaciones de Luis Maldonado, que concluye: "Para los pueblos y nacionalidades indígenas, las nociones de tierra y territorio están íntimamente vinculadas y signadas además por relaciones de tipo ritual y sagrado. La relación misma del hombre con su entorno, con su territorio, es una relación que deriva y depende de lo sagrado; es decir, se concibe que los seres humanos no solo son parte de la naturaleza, sino que somos naturaleza. Quizá por ello sea difícil la adscripción de valores económicos a esta relación; es decir, someterla a mecanismos de intercambio comercial y valorización monetaria". El ámbito de la comunidad puede ser más o menos extenso, con mayor o menor número de instituciones, pero la cuestión es adaptar dicho ámbito a las necesidades sociales de su población. El Buen Vivir, por tanto, es un Buen Convivir Comunitario, entendiendo éste en la realización material y espiritual del individuo-comunidad. Con ello se relaciona la "Vida en Plenitud" a la que el Buen Vivir también alude, bajo un sentido más ético que material, como fundamento básico que permitirá la construcción y posterior materialización tanto del Estado Plurinacional (donde bajo un mismo Estado conviven varios pueblos, naciones o nacionalidades) como de la Sociedad Intercultural (donde se integran perfectamente todas las razas y culturas, y donde no tienen cabida los sentimientos de odio o rechazo frente al diferente). El Otro soy yo, y yo soy el Otro. Este Estado Plurinacional es otra de las grandes características del Buen Vivir, otro de sus puntales básicos. De manera clara, este concepto se enfrenta a la visión de un Estado uninacional, homogéneo, uniforme y excluyente, donde normalmente se refuerza un sentimiento identitario que conduce inexorablemente a planteamientos y políticas racistas. El Estado uninacional normalmente es también un Estado monocultural, que oculta la diversidad, la margina o la excluye a expensas de una cultura dominante y hegemónica. Esta visión es la imperante en los grandes imperios y potencias occidentales. 

 

Por el contrario, el Estado Plurinacional puede concebirse como una forma de organización de gobierno integrado por la unión de varios pueblos y nacionalidades de un territorio, siendo respetuoso con todos/as ellos/as; implica el reconocimiento de que en un mismo Estado pueden cohabitar diferentes pueblos y nacionalidades. La diversidad de elementos presentes en cada pueblo o nacionalidad, en lo referente a sus concepciones económicas, políticas, culturales, etc., es lo que otorga un carácter singular a cada espacio, de ahí que en el Estado Plurinacional, a pesar de la diversidad y la heterogeneidad, el reconocimiento de derechos en igualdad de condiciones ocupa un papel central. Por tanto, el plurinacionalismo implica la coexistencia y el reconocimiento de diferentes naciones dentro de un mismo Estado, pero no implica el fraccionamiento del país, sino que lo configura como una entidad en la diversidad, porque el Estado Plurinacional "es la posibilidad de una convivencia real entre las diferentes culturas construyendo y participando de manera conjunta en ese Estado" (Luis Maldonado, 2010). La construcción del Estado Plurinacional demanda intervenciones diferenciadas territorialmente en ámbitos como la salud, la educación, la vivienda y todos aquéllos derechos fundamentales que consagren el bienestar comunitario, acorde a la cosmovisión de cada pueblo o nacionalidad. Y ello implica también una nueva institucionalidad, que sea flexible y se adapte a la diversidad cultural, económica, social, etc., de cada nación y que funcione en articulación con el resto de naciones del Estado, y ello no es posible bajo el modelo del Estado-nación. Luis Macas, otro líder indígena, lo ha expresado en los siguientes términos: "La propuesta de la plurinacionalidad pasa necesariamente por la reconstrucción y la reconstitución de los pueblos originarios, es decir, que atraviesa por la autodeterminación de los pueblos y por la identidad política con amplios sectores sociales, en base a la crítica a las estructuras del Estado y el cuestionamiento del modelo y el sistema vigente". 

 

Es conveniente volver a retomar, en este punto, el asunto de la ética ambiental o ecológica. Algunas entregas atrás hicimos ya una primera aproximación al tema, y ahora lo volveremos a abordar desde la cosmovisión andina de la PachaMama, así como bajo la referencia, entre otras que iremos citando, de la magna obra de Eduardo Gudynas "Ecología, Economía y Ética del Desarrollo Sostenible". Gudynas es uno de los más prestigiosos expertos internacionales en el asunto, y lo plantea en su obra de una forma completa y profunda. Pero vayamos en primer lugar al planteamiento que de la Naturaleza hace la propia cosmovisión indígena, de donde surge el pensamiento sobre el Buen Vivir. El paradigma de los pueblos indígenas se enfrenta al paradigma occidental ampliamente dominante, que es acientífico, arrogante y suicida (porque no tendremos futuro si continuamos con el proceso de colisión con el planeta), propio de seres poco desarrollados (aunque sus artífices presuman de lo contrario), y contrario a la sabiduría tradicional de todas las comunidades primitivas y a la visión de la gran mayoría de las religiones y filosofías en relación con la esencia de la especie humana y su relación con el resto de la Naturaleza. La Naturaleza no es un caos lleno de violencia, sino un orden maravilloso e infinitamente complejo construido a lo largo de unos 3.500 millones de años. La sabiduría ancestral afirma que nos convertimos en seres disfuncionales e infelices al buscar la felicidad fuera de nosotros (acumulando bienes y compitiendo con otros por el acceso a ellos y al poder), por lo que tenemos que encontrarla en nosotros mismos (en continuo desarrollo personal que permite vivir en paz con nosotros mismos, con los demás y con la Naturaleza). A lo largo de la historia de la humanidad, muchas civilizaciones han sintetizado esta visión de la esencia humana y de su relación con el Cosmos en conceptos muy semejantes, que han sido nombrados según las culturas de formas diferentes: R'ta en la India de los vedas; Dharma para los budistas; Tao en China; Maat en el antiguo Egipto; Nomos en la antigua Grecia, etc. Por su parte, los pueblos indígenas americanos entienden la Naturaleza, con una perspectiva holística, como un ente vivo que lo engloba todo, incluyendo a los seres humanos. La Naturaleza es la vida y la vida está en todos los elementos de la misma. 

 

Tomemos en primar lugar los puntales de lo que podríamos llamar la "Pachasofía" andina (unión de los términos Pachamama y Filosofía, es decir, una "Filosofía sobre la Madre Tierra"), expuestos magistralmente por Josef Estermann en su artículo "Crisis Civilizatoria y Vivir Bien" (aportación a la Revista de la Universidad Bolivariana, Volumen 11, Nº 33, año 2012, págs. 149-174): para Estermann, dichos puntales quedarían definidos en los 13 puntos siguientes (aquí solo expondremos los tres primeros, dejaremos los demás para la próxima entrega):

 

1.- Todo tiene vida, nada es simplemente materia inerte. Este principio implica que el universo o Pacha no es una máquina o un gigantesco mecanismo que se organiza y mueve simplemente por leyes físicas y mecánicas, tal como afirmaron en su momento los filósofos europeos modernos, sobre todo Descartes y sus seguidores. Pacha es más bien un organismo vivo en el que todas las partes están relacionadas entre sí, en constante interdependencia e intercambio. El principio básico de cualquier "desarrollo" (lo ponemos entre comillas porque la Pachasofía es contraria a esta concepción del pensamiento occidental) debe ser, entonces, la vida (kawsay, qamaña, jakaña) en su totalidad, no solamente del ser humano o de animales y plantas, sino de toda la Pacha. 

 

2.- Esto quiere decir, en segundo lugar, que los mal llamados "recursos naturales", tales como la tierra, el aire, el agua, los minerales y los hidrocarburos, la energía solar, eólica y geotérmica, no son simples "recursos" que están a disposición del ser humano, sino seres vivos, órganos en el gran organismo cósmico, vida y fuentes de vida. Para la Pachasofía andina (al igual que para la gran mayoría de las sabidurías indígenas) el intento de "privatizar" estos recursos es una idea absurda, una aberración y un sacrilegio. Como no se vende a su propia madre, tampoco se vende a la Pachamama, al agua o a los minerales del subsuelo (uray o manqha pacha). La vida es justamente el resultado de un intercambio armonioso entre todos los seres, y no de la usurpación y soberbia de algunos por encima de otros. 

 

3.- Y de ahí llegamos a la conclusión de que el ser humano no tiene su dignidad por ser "mejor" o "superior" que los demás seres vivos y supuestamente "inertes", sino por su lugar específico, es decir, por su función, que tiene y cumple en este orden cósmico llamado Pacha. El ser humano, para la filosofía andina, no es propietario ni productor, sino "cuidante" (arariwa), "cultivador" y "facilitador". La única fuerza productora en sentido estricto es la madre tierra, la Pachamama, y sus diferentes seres como el agua, los minerales, los hidrocarburos, los energéticos en general. El ser humano no "produce" o "crea", sino que cultiva o cría para que la Pachamama produzca. El ser humano es "transformador" de elementos y procesos que de por sí no dependen de él. El "desarrollo" no puede orientarse solamente al bienestar humano y al mejoramiento de las condiciones de vida para los humanos. Además, no se guía por el "crecimiento" económico de bienes y productos, sino por el equilibrio cósmico que se expresa, entre otros, en el equilibrio ecológico y social. 

 

Continuaremos en siguientes entregas.

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