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8 julio 2020 3 08 /07 /julio /2020 12:00
Viñeta: Eneko

Viñeta: Eneko

La desaparición de pueblos indígenas enteros, es decir, de mano de obra barata y sometida, se cubrió con la incorporación de esclavos provenientes de África; esclavos que luego constituirían un importante aporte para el proceso de industrialización, al ser mano de obra en extremo barata. Y desde entonces, para sentar las bases del mercado global, se fraguo un esquema extractivista de exportación de Naturaleza desde las colonias en función de las demandas de acumulación del capital de los países imperiales, los actuales centros del entonces naciente sistema capitalista

Alberto Acosta

Desde que la espada y la cruz desembarcaron en tierras americanas, la conquista europea castigó la adoración de la Naturaleza, que era pecado de idolatría, con penas de azote, horca o fuego. La comunión entre la Naturaleza y la gente, costumbre pagana, fue abolida en nombre de Dios y después en nombre de la civilización. En toda América, y en el mundo, seguimos pagando las consecuencias de ese divorcio obligatorio

Eduardo Galeano (“La naturaleza no es muda”, 2008)

Como venimos afirmando desde entregas anteriores, la Conquista es un fenómeno histórico que no se acabó con los viajes de Colón y los sucesivos "descubridores" que le sucedieron, ni obedece únicamente al proceso histórico desencadenado a raíz de dicha invasión, sino que es un proceso que llega hasta nuestros días. Tomo a continuación como referencia parte de un artículo de Atawallpa Oviedo, publicado en la "Antología del pensamiento indigenista ecuatoriano sobre el Sumak-Kawsay", donde se recoge un compendio de publicaciones sobre autores indígenas. En el artículo de referencia, Oviedo nos indica que es importante tener claro que la invasión de Amaruka se produjo hace 500 años, y ahora se está produciendo su conquista. Durante esos cinco siglos los pueblos ancestrales han sido explotados, económica y políticamente, pero aún guardaban sus formas y expresiones culturales, sus estructuras de producción y convivencia tradicional, sus relaciones armónicas entre sí y con la naturaleza. Pero durante este largo proceso de cinco siglos, los pueblos originarios ya han sido incluidos, integrados, "desarrollados" y "modernizados"; es decir, se han vuelto nuevos integrantes del mercado consumista global, nuevos destructores de la naturaleza, nuevos difusores de la civilización capitalista, nuevos creyentes de las leyes de la libertad individual, nuevos feligreses de los dogmas religiosos del pecado y de la culpa. En una palabra, han sido integrados en la globalización neoliberal que domina el mundo de forma hegemónica. Una prueba evidente es que los idiomas y dialectos originales están desapareciendo: según el censo correspondiente al año de 1990 en Ecuador son muchos menos los que hablan idiomas originarios, pues se avergüenzan o prefieren "modernizarse" y aprender inglés que es "más útil y provechoso", especialmente para el bolsillo. Me viene a la memoria una frase de Laura Mintegui, que dice que cuando un idioma desaparece el mundo se empobrece. Pues eso: el mundo viene siendo más pobre. 

 

Y según el censo correspondiente al año 2010 ya son casi todos "mestizos" (mejoramiento racial), habiendo apenas un 7% de la población que se reconocen como "indios", incluso hay un poquito más de "negros" y "montubios", y casi igual porcentaje de "blancos". Josef Estermann (autor que hemos tomado como referencia en otros artículos) ha dejado dicho: "El individualismo hedonista, que se predica mediante la campaña neoliberal de abrir nuevos mercados, viene debilitando cada vez más el orden tradicional de solidaridad transgeneracional y comunitaria. En muchas familias, los hijos se resisten a hablar en su idioma nativo, quechua o aimara, porque lo consideran como atrasado y nocivo al progreso de tipo occidental". No solamente hemos entrado nosotros, los viejos Imperios, en la corriente globalizadora (depredadora, alienadora y aberrante), sino que además hemos obligado a hacerlo a aquellos países que otrora fueron colonias nuestras, y mantenemos ojo avizor para impedir cualquier conato de emancipación de dichos países de la escala neoliberal (véase lo que está ocurriendo en Venezuela desde la toma del poder por parte del Comandante Hugo Chávez). Factores como la discriminación institucional, las migraciones, la falta de transferencia de conocimientos y culturas ancestrales a las nuevas generaciones y la brutal imposición de los idiomas dominantes son las causas principales de dicha pérdida paulatina. Las familias ampliadas también están en proceso de desestructuración, ya que muchos de sus miembros han emigrado, y ahora viven en Estados Unidos o en Europa, en el submundo de los migrantes o indocumentados, sufriendo nuevas injusticias y discriminaciones. Como consecuencia, las comunidades originarias están desarticuladas (pueblos, clanes y familias), soñando con el "desarrollo" y el "progreso" americano o europeo, que les traen las películas y telenovelas "civilizadoras". Muchos ya cuentan con acceso a Internet, escuelas públicas y otros servicios, pero no para fortalecer su cultura (que se está perdiendo a pasos agigantados), sino para irla olvidando, para aprender a vivir dentro de las reglas del mercado explotador, para ir destruyendo sus casas de adobe llenas de vida y sustituirlas por casas de cemento llenas de enfermedad, para ir cambiando su música tradicional por las músicas foráneas, etc. 

 

En este sentido, Alberto Acosta y Esperanza Martínez afirman: "El reto de la modernización sería el de lograr que los países de historia y cultura diferentes dejen de ser diferentes, tanto por imposición como por decisión de las propias élites o clases gobernantes. Todo aquello que les es particular, específico, propio, diferente, tiene que ser negado, rechazado, reemplazado por ser un impedimento a la modernización, sea esto religión, cosmología, concepción y utilización del tiempo y el espacio, ética del trabajo o relaciones entre individuo y comunidad". Pareciera entonces que el "progreso" y el "desarrollo" no abogan por la pluralidad de culturas, por la riqueza y el bagaje del ser humano, por la diversidad de conocimientos, prácticas y saberes, sino más bien por todo lo contrario, es decir, por la uniformidad, por la unicidad, por lo universal (enfrentado este último concepto a lo pluriversal, es decir, a un "mundo de mundos"). En nuestros tiempos ya no se conquistan territorios a fuerza de violentas invasiones, ni se toma algo a la fuerza, sino que simplemente se entra a dicho país o comunidad con una carpeta de proyectos de desarrollo bajo el brazo, normalmente portada por hombres y mujeres de traje y corbata, y fácilmente, de forma sutil, van siendo integrados al mundo en "vías de desarrollo". Y así, se les hace creer a través del márketing que llegará un día en que estarán al mismo nivel de "desarrollo" que los demás, como pomposamente les venden todas estas teorías salvadoras. Paralelamente, van entrando en acción las instituciones internacionales paladines del neoliberalismo globalizado (FMI, BM, OMC, OCDE...), que van imponiendo a saco "reformas estructurales" para "sanear" las economías de dichos territorios, cuando en realidad lo que consiguen es que, al cabo de cierto tiempo, las economías de dichos países se conviertan en esclavas de dichas instituciones. Acudimos de nuevo a las sabias palabras de Josef Estermann: "La occidentalización del mundo entero ahora ya no se realiza mediante la exportación de ideas filosóficas y la evangelización cristiana, sino por la mercadería industrializada e informática que transporta a la vez ciertos valores, determinadas expresiones culturales y en general un cierto way of life (modo de vivir)...ya no necesitan ningún tipo de legitimación "trascendente", sino que se autofundamentan por la "justicia" ciega de la "mano invisible" del mercado ilimitado". 

 

En este mundo globalizado, éste es el modo de colonización del siglo XXI. Es una conquista que no impone religión, que no busca necesariamente nuevas tierras para su saqueo y expolio (que también, véase la agresión contra los países que albergan petróleo, el famoso oro negro en su subsuelo), y que no toma lo que no es suyo, sino que simplemente lo compra a través de proyectos de desarrollo e integración. Según Alberto Acosta y Esperanza Martínez: "En esta lógica cabe perfectamente la dicotomía desarrollo-subdesarrollo, pues quienes utilizan estas estrategias se autodefinen como desarrollados, e imponen ese modo de sociedad a sociedades que operan bajo otras dinámicas a las que denominan subdesarrolladas, es decir, por debajo de aquellas sociedades también caracterizadas como modernas". Y para que las nuevas generaciones vayan asumiendo estos valores según la filosofía capitalista (progreso, bienestar, desarrollo, riqueza, etc.) se enseña a los estudiantes en las escuelas toda esta lógica colonizadora, inculcando a los alumnos y alumnas conceptos lineales sobre la evolución de las sociedades (de más atrasado a más desarrollado, de más atrasado a más avanzado, de más manual a más tecnológico...),  para que los adultos del mañana tengan asumidos estos conceptos y comprendan que efectivamente ese es el único camino posible. Todo un nuevo vocabulario impregnado de los valores dominantes se impone también a estos países, de tal forma que hoy día las palabras mágicas son integración, participación, desarrollo, progreso, ciencia...Quien no asuma estas palabras o hable un lenguaje diferente es tildado automáticamente de atrasado, romántico, infantil, idealista...Y el desarrollo solo están pensando en la rentabilidad, para la cual lo importante son esas palabras "divinas" que ahora todo lo impregnan: productividad, competitividad, eficacia, eficiencia, emprendimiento, innovación, etc. En este sentido, Pablo Dávalos ha explicado: "Se pueden cuestionar las asimétricas relaciones de poder que genera el desarrollo, e incluso las derivas antiecológicas del crecimiento económico, pero no está permitido cuestionar los supuestos civilizatorios del desarrollo. Se pueden proponer visiones culturalistas del desarrollo, como aquellas que hacen referencia al carácter, al ethos, o a las anacrónicas tradiciones de una cultura determinada, pero no se permite el debate y el cuestionamiento al marco que estructura esa forma de ver el mundo y a las sociedades desde el desarrollo, la modernización y el progreso". 

 

Paradójicamente, los antiguos terratenientes mantenían en sus haciendas a los pueblos ancestrales, incluso como esclavos, pero la cultura atávica sobrevivía. En cambio, ahora salieron de las haciendas pero pasaron a ser parte de las haciendas de las grandes corporaciones transnacionales. Ya no son esclavos de los gamonales sino del mercado teleológico. Siempre guiados por "buenas intenciones", pero en los resultados, la debacle de la cultura ancestral que ahora se juega entre la vida y la muerte, como es el caso de la desaparición de muchos pueblos, culturas, idiomas, conocimientos, etc., como así mismo de multitud de especies de animales y plantas en el mundo entero. Según un informe de las Naciones Unidas (2010), más de 200 lenguas indígenas ya han desaparecido, y más de la mitad de las 6.000 lenguas que se hablan en el mundo están en proceso de extinción. Uno de los autores de dicho estudio ha sentenciado: "Los pueblos indígenas sufren las injusticias históricas, incluida la colonización, la expropiación de sus tierras, recursos, la opresión, la discriminación y el excesivo control sobre sus formas de vida. Su derecho al desarrollo ha sido negado durante mucho tiempo por los Estados coloniales y modernos en pro del crecimiento económico". El informe referido acota que los pueblos indígenas, que suman en total unos 370 millones de personas, constituyen el 5% de la población mundial, el 15% de los pobres del mundo y la tercera parte de los 900 millones de indigentes en las zonas rurales del planeta. Todas estas comunidades indígenas ocupan un 20% de la superficie terrestre, y representan la mayor diversidad cultural del planeta. Sin embargo, el resto de la humanidad "globalizadora", en vez de conservar estos pueblos como un tesoro, los ataca, humilla y denigra. Su riesgo de extinción es cada vez mayor, debido a la pérdida de sus tierras, de sus hábitats y de los recursos naturales que les sirven de sustento, lo que supondría la desaparición de entre 6.000 y 7.000 lenguas. El informe calcula que el 90% de las lenguas del mundo podrían desaparecer durante este siglo, y con ellas, conocimientos relevantes sobre la Naturaleza. ¡Viva el desarrollo y la homogeneización! La primera piedra de todo este andamiaje destructivo se puso hace 500 años, y el Imperio Español de entonces fue pionero en dicha despreciable tarea. Continuaremos en siguientes entregas.

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