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30 junio 2020 2 30 /06 /junio /2020 23:00
Viñeta: Eneko

Viñeta: Eneko

En la época pre-colonial, eran pueblos autónomos los que vivían en el Continente, con sus cosmovisiones, sus saberes, sus representaciones, su racionalidad; todo en correspondencia con su situación material y su modo de relacionarse con la naturaleza

François Houtart

El Requerimiento, redactado por el jurista Juan López de Palacios Rubios en 1512, fue un texto creado en las Leyes de Burgos que anunciaba y autorizaba por mandato divino la conquista de las tierras y el sometimiento de aquellos pueblos indígenas que se negaran a ser evangelizados. El texto advertía en cada pueblo que conquistaban: sométanse a nuestro Dios y nuestro rey o serán esclavizados. La gente era arrastrada a la plaza, se les leía el texto, obviamente en español, idioma que los lugareños no conocían, y después de eso arrasaban

CAOI (“La visión de los hijos de la Madre Tierra”)

Bien, la pregunta, llegados a este punto, podría ser: ¿somos el español el único pueblo que ha difundido un falso relato en cuanto a su pasado, y que proyecta festejos y celebraciones que no debería en función a ello? La respuesta es NO. Existen muchos más países en el mundo que también se han dedicado a esconder las aberraciones de su pasado colonial, que han difundido relatos injustos, equivocados y pretenciosos a su población, que poseen estatuas, plazas, calles y monumentos que homenajean a auténticos verdugos de la historia, y que aún no han aprendido a valorar su historia en sus justos términos. La razón última es bien sencilla: el poder ha de mantenerse (nos referimos al poder de los Estados) invocando la conciencia patriótica de los propios explotados y oprimidos, y qué mejor conciencia patriótica que celebrar como gestas heroicas los terribles acontecimientos del pasado. Podríamos poner muchos ejemplos (en general los países de oscuro pasado colonial se ajustan a este perfil), pero tomaremos el de Estados Unidos, y su Día de Acción de Gracias, acudiendo como referencia a este artículo de la siempre magnífica Ilka Oliva Corado. El Día de Acción de Gracias es la segunda Fiesta Nacional en USA, tras el 4 de julio. Sigo a Ilka Oliva: "Amparados en una historia falsa, escrita por los genocidas que invadieron este país y exterminaron a los nativos del norte del continente, se celebra cada noviembre el Día de Acción de Gracias. Peregrinos, dicen los libros de texto, peregrinos inmigrantes que fueron socorridos por los nativos. No cuentan que se impusieron, que los torturaron, que violaron a sus mujeres, que los exterminaron en uno de los genocidios más sangrientos que han vivido los Pueblos Originarios y que después, satisfechos se sentaron a celebrar la matanza a la que llamaron Día de Acción de Gracias. Este día debería ser recordado como el del genocidio caucásico contra los nativos del norte del continente". Un país que, como sabemos, también asienta sus raíces sobre el exterminio de sus pueblos originarios, y que también, como el nuestro, lo celebra a lo grande. 

 

En Estados Unidos, el Día de Acción de Gracias es una fiesta familiar. Millones de estadounidenses se sientan a la mesa con sus familias a celebrar la unidad, el amor, los valores humanos, que por lo visto inspiran los principios fundacionales de aquélla nación. La hipocresía es tan tremenda como antigua. Porque no es una fiesta fraternal, ya que incluso en este día la desigualdad es brutal y manifiesta. Existe una gran parte en la población estadounidense que es pobre, y que no tiene qué llevarse a la boca en ese Día de Acción de Gracias. Como tampoco pueden celebrarla los afrodescendientes y los latinoamericanos indocumentados. Este sector pobre de la población no posee siquiera calefacción en sus apartamentos, mucho menos dinero para comprarse una cena de lujo. ¿Cómo es posible entonces celebrar valores como la unidad, el amor, la familia o los derechos humanos cuando a la vez existe una parte de la población que oprime, manipula, y se aventaja de las circunstancias de otros? ¿Cómo es posible celebrar esos valores cuando se trata de una sociedad que apoya guerras, que avasalla países, que aplaude cada vez que su país lleva a cabo una injerencia internacional? ¿Es posible estar celebrando esos valores mientras la policía estadounidense mata a afroamericanos al detenerlos por las calles? El relato falso del imperialismo es, simplemente, así de incongruente, así de absurdo, así de contradictorio, así de vergonzante. El Día de Acción de Gracias norteamericano, como nuestro 12 de octubre, son celebraciones aberrantes. Son festejos auspiciados por los poderosos que apoyan el hecho de tener a la población alienada, subyugada y enajenada por ciertos relatos falsos de la historia, para poder continuar su atropello a los más débiles y desfavorecidos. Está claro, por tanto, como asegura José Miguel Martínez Postigo en este artículo para el medio Contexto, que necesitamos otra fiesta nacional, completamente distinta a la actual. Una fiesta como nuestro 12 de octubre, con la parafernalia y el trasfondo que posee, es absolutamente intolerable para cualquier país democrático que se precie, supuestamente comprometido con la defensa de los derechos humanos y la justicia internacional. Basta ya de relatos rancios e imperialistas del pasado. 

 

José Miguel Martínez Postigo explica sobre nuestra Fiesta Nacional (12-O): "Pasada la coyuntura del 92 y su pertinaz resaca, nos hemos quedado con una efeméride que conecta mejor con los delirios imperiales del franquismo que con las aspiraciones democráticas de los españoles y las españolas de hoy. El 12 de octubre no conmemora la fundación, siquiera mítica, de una nación libre, soberana y democrática, sino que liga el sentido histórico de nuestra comunidad plural a un pasado imperial de imposible gestión en la esfera de la historia pública. Construimos un relato con el que, al margen de mostrar nula sensibilidad hacia los legados modernos de los imperios del pasado, nosotros mismos nos encadenamos. Podríamos decir con relativa tranquilidad que las españolas de hoy no son responsables de las abyectas servidumbres y violencias que generó el colonialismo (a pesar de la enorme complejidad de los debates sobre las reparaciones); si no fuera porque al congregarnos públicamente en torno a la fecha que lo representa nos las atribuimos nosotros solos". Es una celebración completamente injusta, absurda, anacrónica, que debe ser revisada y superada. Es una celebración de nuestro más oscuro pasado, que debe ser enseñada a los ojos de una nueva historiografía humana. Por tanto, somos nosotros, el conjunto de la sociedad española de hoy, en pleno siglo XXI, el que debe decidir democráticamente qué pasado nos representa mejor. Únicamente los hombres y mujeres de nuestro tiempo debemos ser soberanos para decidir esto, y no continuar siendo siervos de decisiones tomadas en el pasado. Frente al manido argumento de que no debemos juzgar los hechos del pasado en función de los valores del presente, nosotros reivindicamos justo lo contrario: el pasado no tiene sentido si no lo juzgamos con los valores del presente. Son los valores del presente los que nos permiten precisamente una valoración justa sobre los hechos del pasado. En caso contrario, continuaríamos celebrando las expulsiones (como hacen los de Vox) de gitanos y moriscos, o la Reconquista de Granada. Los iconos públicos de la historia colectiva, como afirma Martínez Postigo, se deciden en Parlamentos donde reside la soberanía popular, y se implementan mediante leyes, que no son sino representaciones del conjunto de valores y derechos que en cada momento histórico se reconocen como tales. 

 

Sigo de nuevo al autor del referido artículo: "Mediante ciertos aprendizajes históricos, mediante la conquista de ciertos consensos vueltos derecho internacional, hemos llegado a estar de acuerdo en que el sometimiento de unos pueblos por otros no demuestra la superioridad de los segundos; en que el valor y la virilidad del guerrero no constituye un modelo incuestionable de virtud pública; en que la creencia en la superioridad de unas formas de vida no legitima su imposición violenta sobre otras formas de vida. Todas estas razones por las que los conquistadores podrían haber sido celebrados por muchos de sus contemporáneos, pero estoy seguro de que la mayoría de los defensores del 12 de octubre hoy día no se atreverían a verbalizar que éstas son en realidad las razones de su validez presente". Es imperiosamente necesario, pues, someter a debate los cimientos donde se asienta esta celebración, remozarla y cambiar su significado, u olvidarla para los restos. Pero ojo, porque no queremos que se nos interprete mal: no estamos afirmando que dicho pasaje de la historia quede oculto o silenciado. En ningún caso debemos dejar de estudiar (y enseñar a nuestros escolares) los trascendentales procesos históricos que desató el primer viaje de Cristóbal Colón a tierras americanas. Sería un tremendo error dejar de enseñar nuestro pasado imperial en las escuelas españolas (aunque seguramente sea un error mayor seguir enseñándolo como hasta ahora). Debemos, sin duda, seguir debatiendo públicamente sobre los sentidos interpretativos de la historia, sobre todo en sus etapas más complicadas. Pero lo que no podemos es seguir contando la historia imperial sintiéndonos orgullosos de ella, porque son acontecimientos que responden a la máxima expresión de la barbarie. Una cosa es que los expliquemos y justifiquemos desde las creencias y actitudes de la época, y otra cosa muy distinta es que nos sigamos enorgulleciendo cinco siglos después. El privilegio retrospectivo del presente nos da la posibilidad de analizar los hechos históricos desde otra perspectiva, de elegir nuestros propios símbolos, nuestros iconos compartidos, de construir nuestros imaginarios colectivos, de formar y definir los hilos que mejor conectan lo que queremos ser con lo que fuimos. 

 

Nuestra memoria histórica y democrática está para eso, para ajustarla a los tiempos actuales, y analizar y conceder su justo valor a los hechos del pasado desde los valores del presente. Sólo esta actitud crítica con el pasado nos permite comprender realmente quiénes hemos sido, y proyectar en el futuro lo que queremos ser. En este sentido, hemos de reconocer que el franquismo fue un período terriblemente desperdiciado y violento de nuestro pasado reciente, que contribuyó en gran medida a establecer los iconos históricos que hoy nos alumbran, y a difundir el macabro relato dominante. Carlos de Urabá nos cuenta: "El franquismo utilizó la ideología de la hispanidad como el eje principal de sus relaciones exteriores. El nacionalcatolicismo proclamó la consigna del "Imperio hacia Dios" como parte del evangelio fascista que transmitía las virtudes de la unidad de destino en lo universal. La hispanidad es sinónimo de fortaleza, furia, valentía y arrojo. Los españoles demostraron ser los más fuertes, los más arriesgados guerreros que lograron emular al Imperio Romano en su magnificencia". Bajo la falsa bandera de la "civilización cristiana occidental" se difundió dicho relato, y se reforzó el imaginario colectivo que aún hoy día, vergonzosamente, mantenemos. Es aberrante y ridículo que sigamos manteniendo dicha celebración, pues como dice Eduardo Galeano, con irónica interpretación: "En 1492, los nativos descubrieron que eran indios, descubrieron que vivían en América, descubrieron que estaban desnudos, descubrieron que existía el pecado, descubrieron que debían obediencia a un rey...". Celebrar esto, celebrar el genocidio americano, celebrar la violenta colonización y la expansión histórica de nuestra riqueza a costa del saqueo y empobrecimiento de los pueblos originarios, es absolutamente inmoral. Basta ya de convertir y alabar las matanzas como si fueran una oda épica, basta ya de recordar las brutalidades del colonialismo como si fueran un cantar de gesta, basta ya de considerar los abusos y violaciones como si fueran una proeza, basta ya de seguir con la efeméride festiva de un genocidio como si fuera una odisea inolvidable. Cada 12 de octubre se nos vuelve a atragantar la historia...¿hasta cuándo seguiremos permitiéndolo? Continuaremos en siguientes entregas.

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