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5 julio 2020 7 05 /07 /julio /2020 23:00
Filosofía y Política del Buen Vivir (99)

La crisis ambiental es la crisis de nuestro tiempo. No es una crisis ecológica, sino social. Es el resultado de una visión mecanicista del mundo que, ignorando los límites biofísicos de la naturaleza y los estilos de vida de las diferentes culturas, está acelerando el calentamiento global del planeta. Este es un hecho antrópico y no natural. La crisis ambiental es una crisis moral de instituciones políticas, de aparatos jurídicos de dominación, de relaciones sociales injustas y de una racionalidad instrumental en conflicto con la trama de la vida

Fragmento del “Manifiesto por la Vida”

¡Naturaleza!, estamos rodeados y abrazados por ella, incapaces de abandonar sus dominios, incapaces de penetrar más profundamente en ella. Ella nos toma consigo en los ciclos de su danza, sin preguntar ni avisar con antelación y nos arrastra consigo hasta que, cansados, caemos de sus brazos... Los hombres están todos en ella y ella está en todos... Incluso lo más antinatural es naturaleza, la más burda pedantería tiene también algo de su genio. Se obedecen sus leyes aún cuando se las contradiga; se trabaja con ella aunque se quiera trabajar contra ella... Ella lo es todo. Se recompensa a sí misma, se alegra y se tortura a sí misma... Ella me ha situado en su interior, ella será también quién me saque. Me confío a su cuidado. Ella puede hacer conmigo a su capricho; no odiará su obra

J-W Von Goethe

Continuando con el importantísimo concepto de soberanía alimentaria, diremos que integra, igualmente, componentes multiétnicos y culturales, la gestión del territorio, la prioridad a la alimentación de la población local y de los sectores más vulnerables, la reforma agraria, la agroecología, la comida sana, la protección de las semillas criollas, el control sobre las políticas de distribución de alimentos (para que no estén sometidas a las exigencias del mercado), el rescate de saberes y conocimientos ancestrales, y mucho más. En este artículo del medio digital Rebelion se explican los siguientes principios que expresan la soberanía alimentaria: 

 

1.- Los alimentos no son mercancía. Los alimentos deben ser suficientes, nutritivos y culturalmente adecuados para los pueblos y sus comunidades. No podemos permitir el control ni la apropiación privada sobre los elementos de la cadena alimentaria.

 

2.- Los productores/as de alimentos, mujeres, hombres pequeños agricultores, pueblos indígenas, pescadores artesanales, habitantes de los bosques y trabajadores/as agrícolas, deben ser revalorizados/as por ser actores y actrices claves para su construcción. Estos agentes no deben ser subestimados por la aplicación de medidas y programas que los/as coloquen únicamente como destinatarios/as de políticas asistencialistas. 

 

3.- Quienes producen y consumen alimentos deben ser el centro de la toma de decisiones sobre las cuestiones alimentarias, rechazando los acuerdos y prácticas que otorgan poder a las corporaciones transnacionales para decidir sobre nuestra alimentación. 

 

4.- La producción de los alimentos debe ser localizada (producción y consumo locales, de cercanía, de kilómetro 0 y de temporada) para evitar enormes desplazamientos hasta llegar a los/as consumidores/as finales, y el control del sistema alimentario debe ser local. Los/as productores/as y la propia comunidad tienen que tener el control sobre el territorio donde se produce, las semillas que se utilizan y demás bienes comunes, con el propósito de evitar su privatización y preservar la biodiversidad. 

 

5.- La soberanía alimentaria recupera las habilidades y los conocimientos y saberes tradicionales y ancestrales del campesinado (memoria biocultural de los pueblos) y de las comunidades indígenas, favoreciendo su transmisión a las futuras generaciones. 

 

6.- El sistema alimentario debe interactuar con la Naturaleza, respetando sus ciclos, para lo cual son necesarios métodos de producción agroecológica que maximizan las funciones beneficiosas de los ecosistemas. Esta característica implica un claro rechazo a los monocultivos, las explotaciones ganaderas de factoría y la industrialización a gran escala.

 

Por todo ello, la soberanía alimentaria implica considerar a la alimentación no como una cuestión personal y dependiente del poder adquisitivo (o de organizaciones de caridad para los más necesitados, como los Bancos de Alimentos), sino que el sistema alimentario ha de implicar un proceso complejo que abarca desde la producción, pasando por el transporte, la comercialización, el consumo, las políticas económicas, sociales, culturales y científicas, y las acciones de los movimientos sociales y de consumidores, que hacen que el alimento sea considerado un derecho humano fundamental, y como tal, protegido de especulaciones, externalizaciones y privatizaciones. Es justo el modelo alimentario que persigue el Buen Vivir. Un modelo sencillo, de proximidad, justo, que garantice la alimentación para todo el conjunto de la población, pero lejos de los modelos actuales imperantes en el mundo de la globalización capitalista. El modelo alimentario al que aspiramos debe ser sostenible, no solo en el sentido de los profundos cambios que deben afectar a nuestros modelos de producción, consumo y desecho, sino también a los propios procesos que forman la cadena alimentaria, sus diferentes actores y los flujos mercantiles a los que están sujetos. Pero sobre todo, ha de ser sostenible en un punto: la tierra de nuestro planeta no podrá seguir alimentándonos a todos si no la cuidamos, y ello implica no solamente el cuidado de la tierra como tal y su protección frente a agentes nocivos, sino también al cuidado de los propios ecosistemas donde están integradas. La necesaria agenda para la preservación del medio ambiente frente al nefasto desarrollismo y el agotamiento de los recursos naturales, así como para intentar romper con los desequilibrios entre los pueblos del mundo, son así mismo elementos esenciales para el modelo alimentario que propugnamos. La inseguridad alimentaria, la pobreza y la desigualdad son provocadas también por modelos alimentarios injustos, deficitarios y desequilibrados, que hay que corregir. 

 

Por otra parte, un modelo alimentario justo y sostenible también va a depender de que seamos capaces de mantener ese frágil equilibrio entre todas las especies zoológicas y botánicas que conocemos hoy día (aunque muchas de ellas se han perdido ya), equilibrio siempre amenazado por el crecimiento económico y sus nefastas consecuencias (pérdida de biodiversidad, calentamiento global...). En el fondo, como venimos contando, debe situarse un enfoque ecocéntrico que sitúe el cuidado y el respeto a la tierra y a todo lo que en ella vive. Al fin y al cabo, cuidado y respeto son los principales ingredientes de toda relación amorosa, que es lo que practica cualquier agricultor con su cosecha. La rápida extinción de especies y los trastornos ecosistémicos que provocarán producirán a su vez problemas agrícolas a gran escala, con la consecuente amenaza de la disponibilidad de alimentos para cientos de millones de personas. Y así, en cualquier ecosistema, la desaparición de una especie afecta a todas las demás, que dependían de la especie extinguida para su alimentación y quizás otras necesidades vitales. Cuando ocurre una extinción súbita y masiva de muchas especies, como está ocurriendo ya en la actualidad, se produce una reacción en cadena de consecuencias imprevisibles. Tómese el caso de las abejas: para producir alimentos, las plantas dependen de la dispersión del polen de sus flores. Las abejas se ocupan de eso, de polinizar. Por tanto, si no hay abejas, no hay comida (o al menos, toda la necesaria). La población mundial de abejas se ha reducido al 50% durante la última década, debido al uso de agentes químicos y otros componentes de los pesticidas utilizados a gran escala en la agricultura industrial e intensiva. Se cree que dichos agentes químicos (el neonicotinoide) afectan al sentido de orientación de las abejas, lo que les impide regresar a sus colmenas. Con todos estos ejemplos intentamos demostrar hasta qué punto el sistema alimentario (vegetal, animal y humano) no existe de forma aislada, sino que es pieza entrelazada con el resto de sistemas que forman las redes de la vida en nuestro planeta, redes que estamos destrozando por medio de la acción del ser humano. Continuaremos en siguientes entregas.

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