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25 junio 2020 4 25 /06 /junio /2020 23:00

Como venimos comentando durante las últimas entregas de esta serie, en lo referente a los contenidos de los libros de texto que llegan a nuestros escolares, toda una serie de mentiras, errores y ocultaciones se dan en los mismos. De forma generalizada, y remito a mis lectores y lectoras a las entregas anteriores para verlo con más detalle, los libros de texto ocultan la existencia de la crisis ambiental y, en general, cualquier tipo de problema o efecto negativo del actual modelo económico, social y productivo en los territorios y en las personas. En los textos no se mencionan los riesgos que el actual ritmo de destrucción y deterioro suponen para la supervivencia de la especie humana. En el tratamiento de la ciencia y las diferentes tecnologías se explican “los indudables beneficios” que producen, pero se ocultan los efectos adversos. Los libros de texto no ayudan a descubrir que otras sociedades son más sostenibles y viven de forma más armónica con la naturaleza. Plantean la sociedad occidental como la mejor posible, ocultando bajo una imagen de atraso la existencia de culturas que no se basan en la economía de mercado, en la extracción y destrucción, en el consumo y en la generación de beneficios inmensos a corto plazo. Todo ello contribuye a legitimar, como venimos concluyendo, el modelo capitalista, excluyendo cualquier crítica al mismo. En su mayor parte, los libros de texto ocultan cualquier contestación al modelo económico, político y social. Así, por ejemplo, se silencia el movimiento antiglobalización o los conflictos ecológicos-distributivos de los pueblos de la Periferia (Bolivia, Venezuela, Palestina, Colombia, Nigeria o la India) que se resisten a ser esquilmados por un Centro depredador...Se invisibilizan los problemas propios de las sociedades ricas: las bolsas de pobreza, la insatisfacción e infelicidad propia de los ritmos de vida, el deterioro de la vida comunitaria y el aislamiento, la falta de participación, el secuestro de muchas horas delante de la televisión...Los contenidos actuales, por tanto, dejan mucho que desear, y entendemos que son un aspecto fundamental que una Reforma Educativa debería abordar en profundidad. 

 

Observamos que en muchos libros de texto se hace el intento de mostrar problemas sociales y ambientales que están presentes en la opinión pública. Sin embargo, más allá de estos lugares comunes de consenso social, se elude nombrar los temas más duros. Esa mirada sensibilizadora no se dirige al machismo, al etnocentrismo o al androcentrismo, no nombra la devastación del medio natural, los efectos del capitalismo ni el intercambio desigual, la propiedad privada o el paro estructural, la precariedad laboral, la inseguridad alimentaria provocada por las multinacionales, la biopiratería o la privatización de los servicios públicos y los recursos naturales, por poner algunos ejemplos clave para entender el presente y el futuro. Todas las asignaturas son susceptibles de corregir sus contenidos, aunque unas más que otras. La asignatura de Historia, por ejemplo, entendemos que debe ser revisada. La historia que presentan los manuales analizados es en general una historia del poder. Y dentro de este es una historia de la formación de los Estados y de las relaciones de poder entre éstos. Por ello los libros de texto están llenos de mapas de fronteras entre Estados o Imperios, de fechas y actores del poder. Poco debate suscitan los libros de texto en cuanto a las razones de nuestro devenir histórico. Más bien es una asignatura de memorizar. Como la historia se puede escribir desde muchas perspectivas, podemos afirmar que no es una historia de los territorios, ni de las sociedades, ni de los ecosistemas, ni de las culturas, ni de las relaciones entre géneros. No hemos encontrado ni una foto, ni un esquema de la evolución de los territorios, dato absolutamente clave para entender lo que está pasando desde la perspectiva de la sostenibilidad. De forma latente y en ocasiones manifiesta el sujeto de la historia no es el ser humano, ni sus diferentes formas de colectividad, ni las culturas en relación a sus territorios, sino los Estados, sus líderes y luego ya los mercados. Puede decirse que no existe un concepto de la historia ecológica, ni una perspectiva ecológica de la historia. Simplemente, esta mirada está ausente en los libros de texto de la asignatura de Historia. La historia se cuenta como algo que va de menos a más, de atraso a progreso, de salvajismo a civilización, de ignorancia a conocimiento, de simplicidad a complejidad. Es una historia en la que las convulsiones son excepciones en una linea en la que las cosas van necesariamente a mejor. No se contempla en ningún momento que podría ser una historia de la destrucción (ecológica o cultural), una transición de la eficiencia al derroche energético. O de la aceleración de costes asociados a las transformaciones tecnológicas. Al no contemplarse el territorio físico/biológico en la historia, nada de esto aparece. Ni en las guerras, ni en las revoluciones industriales se menciona la desorganización y destrucción del territorio. 

 

Las asignaturas de Ciencias (Matemáticas, Física y Química, Conocimiento del Medio, Ciencias Sociales, Economía...) presentan también muchas lagunas en su exposición, enfoques erróneos y conceptualizaciones que deberían ser revisadas. En general, la ciencia es presentada como aquello que permite controlar y dominar el mundo. En general, todos los libros de texto revisados presentan la ciencia como el conocimiento objetivo y exacto. La práctica científica se considera como neutral y al margen de cualquier asomo de duda. Los textos ocultan la ciencia como una interpretación cultural de la realidad y, por tanto influida por múltiples intereses. Los libros de texto no mencionan en ningún momento el papel de las multinacionales ni las empresas privadas en la financiación de la investigación y la experimentación. La Física y la Química se presentan normalmente asociadas a la tecnología, de la cual se ofrece únicamente su parte amable, o la más fantástica. De todos los analizados en el informe de referencia de Ecologistas en Acción, ningún texto (salvo Física y Química 1º de Bachillerato Santillana) relaciona los principios de la termodinámica con los problemas ambientales. Igualmente, en ninguno de ellos la presentación de las diferentes fuentes de energía (a excepción de este mismo texto ya citado) es aprovechada para evidenciar la insostenibilidad del modelo de consumo y la imposibilidad de hacerlo extensivo a todos los habitantes del planeta. La asignatura de Economía muestra claramente la función de los libros de texto, que es más legitimar el sistema dominante que conocer la realidad. El principal problema es que ignora que el sistema tecno-industrial destruye necesariamente los recursos de la vida para manterner sus tasas de crecimiento. Que la superficie cementada crece a costa de desorganizar y destruir los ecosistemas. Que los principales recursos -que son los de la vida- son los que se están destruyendo de manera irreversible sin que la economía lo contemple como un asunto principal. 

 

El mecanismo para hablar de riqueza y crecimiento allí donde sólo se produce saqueo y empobrecimiento del planeta consiste en visibilizar sólo los bienes monetarizados e invisibilizar los procesos no monetarizados (externalidades). Como los bienes monetarizados aumentan, aunque los bienes en general disminuyen -pero no se visibilizan-, se puede mantener la ficción de crecimiento de la riqueza. El desorden no sólo no contabiliza negativamente sino que se saca fuera del sistema económico. Se enseña a nuestros escolares, por tanto, una economía absolutamente dogmática, nada crítica. Hay muchas formas de concebir y estudiar la Economía, pero en los libros de texto que hemos analizado solamente hay una perspectiva: la de la escuela neoliberal. Numerosas cuestiones clave para entender el problema de la insostenibilidad quedan silenciadas: la concentración de poder, las relaciones entre el sistema financiero y la transformación del territorio, la destrucción de los sistemas de propiedad colectiva, la satisfacción de necesidades fuera del sistema monetarizado, la producción creciente de desigualdades en el acceso a los recursos para sobrevivir, la deuda ecológica...Pero sin embargo, los postulados que aparecen no lo hacen bajo la propuesta de una determinada escuela sino como una parte incuestionable del saber económico. La economía es tratada como ciencia exacta, no como ciencia social. Reconocen que existen problemas, pero se interpretan exclusivamente como imperfecciones, sin plantear que acaso el primar la obtención de beneficios monetarios por encima de cualquier otro criterio, puede estar en la raíz del problema. Se consideran fallos los monopolios, la manipulación de la publicidad ¡y hasta el deterioro de los recursos naturales! Es una economía centrada en el valor de cambio, y no en el valor de uso, ni en la función social de la propiedad, y que hace caso omiso de las iniciativas de propiedad colectiva. En la teoría de la oferta y la demanda se oculta el hecho de que las empresas pueden configurar la demanda. No se suele mencionar el uso que la publicidad, y el sistema económico en su conjunto, hace de la parte irracional del ser humano, al servicio de que unos pocos acumulen beneficios, para satisfacer a su vez su propia irracionalidad. 

 

Las propias necesidades humanas tampoco entran en debate o discusión. En efecto, los libros de texto evitan entrar en la discusión sobre qué son las necesidades, pero asumen un supuesto no cuestionado en el que si algo es producido es porque se necesita. Cuando se mencionan temas delicados como FMI, Unión Europea, y Política Ambiental se habla de los objetivos teóricos de estas instituciones, confundiendo al alumnado al tratarlos casi como si fueran hechos. Los alumnos y alumnas no solo han de entender la finalidad teórica con que se creó tal o cual institución concreta, sino sus postulados reales y las políticas que apoya o con las que discrepa. Se oculta la crítica bien conocida de la función del sector público como detractor de recursos a favor del gran capital, o su función militar para que la economía de mercado funcione. Así mismo se oculta el papel del sector privado en el establecimiento de las normas (el poderoso papel de los lobbies). Más que ninguna otra ciencia social, la Economía pretende revestirse del prestigio de que gozan las ciencias experimentales o exactas, mediante un lenguaje pretendidamente técnico. Su terminología es la propia de los economistas neoliberales. Veamos algunos ejemplos tomados de Economía 1º de Bachillerato Edebé. Se llama integración económica al crecimiento del comercio internacional p.236, ignorando que si bien unas partes se integran (las menos) otras partes se desintegran (las más). También en la p.37 se equipara (para el caso de Cuba) abrirse al mundo con integrarse en una economía de mercado. Se denomina "ingresos extraordinarios" a la venta del patrimonio público p.193. Al beneficio, el texto le llama "estímulos económicos": "la carencia de estímulos económicos hace que las empresas socialistas sean inficientes". El uso de la estadística pretende darle a la economía un estatus científico. Pero es bien sabido que la estadística económica puede ocultar tanto como muestra, y que los números pueden ser "torturados" hasta que "confiesen" la situación que pretendemos, equivocadamente, mostrar. No existe en estos manuales referencia a la Economía Ecológica, ni tampoco una preocupación por la sostenibilidad. En ningún momento se plantea cómo la gestión de recursos medida en dinero y orientada al "beneficio" puede ser un cáncer para la gestión del territorio y de la vida. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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