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12 julio 2020 7 12 /07 /julio /2020 23:00
Viñeta: Falcó

Viñeta: Falcó

Es la primera vez que una noción [el Sumak Kawsay] que expresa una práctica de convivencia ancestral respetuosa con la naturaleza, con las sociedades y con los seres humanos, se posiciona de manera visible en el debate político y se inscribe con fuerza en el horizonte de posibilidades humanas

Mónica Chuji

El crecimiento se ha convertido en el cáncer de la humanidad

Dominique Belpomme

En la frontera del centenar de artículos (ya comienza a estar en el rango de las más largas series de artículos que en este Blog hemos publicado), los seguidores de esta serie ya deben tener claras muchas ideas. Hemos analizado el Buen Vivir desde muchos puntos de vista, presentando en primer lugar diagnósticos del mundo en que vivimos, presentando la problemática que nos condena a un abismo civilizatorio, y exponiendo los motivos que nos han traído hasta aquí. Pero sobre todo, hemos presentado el Buen Vivir como una alternativa al desarrollo, basada en otros pilares ideológicos, en otros objetivos humanos, en otros sentires sobre la Naturaleza y los seres vivos que la comparten con nosotros. Los autores Máximo Luffiego García y Julio Soto López, en su artículo "Hacia un programa común: ¿Decrecimiento o resiliencia?", nos proponen, de entrada, el paulatino desarrollo e implementación de los tres grandes puntos siguientes, como bases para un programa sostenible desde los puntos de vista humano, social y medioambiental: 

 

1.- Mayor intervención del Estado: Frente a la tendencia actual hacia la privatización, más nacionalización; frente a la desregulación, mayor control estatal; frente a la mercantilización, imposición de límites y más derechos ciudadanos y obligaciones del Estado. 

 

2.- Las sociedades humanas son Ecodependientes: Los ecosistemas poseen límites. Aplicación de principios de sostenibilidad para compatibilizar las actividades humanas con la protección de los recursos renovables y los ecosistemas. Desmaterialización, en la medida de lo posible, de la economía. 

 

3.- El ser humano vive en sociedad, es Interdependiente. Promoción de la vida en comunidad y de la solidaridad y la cooperación frente al individualismo instalado en la sociedad. Profundización de la democracia. La economía social al servicio de la población. 

 

Este trío de grandes ejes de medidas políticas, sociales y económicas bien podrían poner un suelo firme donde asentar después, poco a poco, los grandes cambios civilizatorios que el Buen Vivir necesita. Como eje rector transversal de todas estas políticas, la filosofía del Decrecimiento. Para la teocracia mercantil, bienestar es consumo creciente y sin límite en el marco de los mercados. Pero esta noción de bienestar, además de ser medioambientalmente de todo punto insostenible, genera insatisfacción porque la dedicación creciente de nuestro tiempo de vida a ganar dinero o a gastarlo no deja espacio para otras actividades satisfactorias e instala el estrés y la presión como aspectos centrales de la vida moderna. Frente a esta loca carrera, cobre pleno sentido la contrapropuesta decrecentista: se puede vivir mejor consumiendo menos en el mercado, teniendo por lo tanto que trabajar menos horas a cambio de un salario y liberando más tiempo para dedicarlo a otras actividades. Este cambio es condición fundamental para reducir el impacto ambiental de nuestros modos de vida. "Mejor con menos" es, según José Manuel Naredo, un eslogan que hace referencia a "una ética de la contención voluntaria, no solo medida en términos físicos, sino también pecuniarios y de poder, a la vez que afirma el disfrute de la vida". El Buen Vivir se asienta sobre esta filosofía. Este potente eslogan nos abre la pregunta: si ya no aspiramos al consumo ilimitado...¿qué convierte una vida en significativa? ¿Qué hace que merezca la pena vivirla? ¿Qué necesidades podrían conformar un horizonte compartido de Buen Vivir? Hemos de estar convencidos de que podemos lograr muchas cosas sin la necesidad de crecer indefinidamente (cómo mejorar las condiciones de vida de la población o alcanzar niveles de dignidad sin afectar a la Naturaleza). Este es el gran reto. 

 

Y esto significa que hemos de abandonar la idea persistente de que hay que crecer para resolver nuestros problemas sociales y económicos. Pero tampoco nos engañemos: el decrecimiento exige una profunda y justa redistribución de la riqueza y del ingreso, y sobre todo de la ganancia. He ahí una de los caballos de batalla fundamentales. No bastará con desmercantilizar la Naturaleza, desmaterializar la producción, y poner la vida en el centro. Debemos redirigir la producción hacia otro tipo de estructuras de consumo. Esto es clave para avanzar hacia otro tipo de civilización más sostenible. Debemos debatir profundamente sobre la esencia del trabajo humano, valorando los trabajos tanto productivos como reproductivos, tanto remunerados como no remunerados, tanto rentables como no rentables, tanto globales como locales. Necesitamos vidas más simples y frugales: a grandes rasgos, la simplicidad voluntaria puede ser entendida como un estilo de vida que implica minimizar conscientemente el consumo derrochador e intensivo en recursos. Pero también comporta reimaginar "la buena vida" dedicando progresivamente más tiempo y energía a perseguir fuentes no materialistas de satisfacción y de significado. En otras palabras, la simplicidad voluntaria implica adoptar un nivel material de vida mínimamente "suficiente", a cambio de más tiempo y libertad para perseguir otras metas vitales, tales como compromisos comunitarios o sociales, más tiempo con la familia, proyectos artísticos o intelectuales, producción doméstica, empleo más gratificante, participación política, exploración espiritual, relajación, búsqueda del placer, etc., ninguna de las cuales tiene por qué depender del dinero, o de mucho dinero.

 

Diversamente promovida por sus defensores por motivos personales, sociales, políticos, humanitarios y ecológicos, la simplicidad voluntaria se basa en asumir que los seres humanos podemos tener vidas llenas de sentido, libres, felices e infinitamente diversas sin, a la vez, consumir más que su cuota equitativa de naturaleza. Muchos movimientos concretos se han configurado como opciones de vida y modelos que responden a dichos objetivos. Recientemente, de varios años acá, los movimientos de Ciudades en Transición, de Permacultura y de Ecoaldeas también han defendido un distanciamiento de los estilos de vida consumistas y hacia formas de vida con menos consumo y menos intensidad energética. Pueden ser catalogadas como variantes de ecocomunidades. Estos movimientos están tratando de construir variantes concretas de la sociedad alternativa practicando la solución, poniendo en práctica los postulados que hemos comentado de forma concreta, aunque hasta ahora su influencia y difusión sea modesta. Ha habido también teorías más específicas de la simplicidad, proponiendo economías para la suficiencia, o la propuesta llamada "La Vía Simple", de Ted Trainer. Estas teorías plantean, de formas diversas, la necesidad de una reestructuración de la sociedad con la finalidad de lograr economías menos exigentes en energía, más locales y en estado estacionario, basadas en una cultura política del vivir con sencillez. Mis lectores y lectoras podrán encontrar en Internet amplias referencias a estos modelos y a sus respectivos autores. Continuaremos en siguientes entregas.

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