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30 agosto 2020 7 30 /08 /agosto /2020 23:00
Viñeta: Omar Pérez

Viñeta: Omar Pérez

Toda la humanidad comulga en la misma creencia. Un solo Dios, el Progreso, un solo dogma, la economía política, un solo edén, la opulencia, un solo rito, el consumo, una sola plegaria: Nuestro crecimiento que estás en los cielos...En todos lados la religión del exceso reverencia los mismos santos-desarrollo, tecnología, mercancía, velocidad, frenesí, -persigue a los mismos heréticos- los que están fuera de la lógica del rendimiento y del productivismo-, dispensa una misma moral-tener, nunca suficiente, abusar, nunca demasiado, tirar, sin moderación, luego volver a empezar, otra vez y siempre. Un espectro vuela sus noches, la depresión del consumo. Una pesadilla le obsesiona: los sobresaltos del Producto Interior Bruto

Jean Paul Besset (Diputado del partido Europe Écologie)

El concepto de sustentabilidad se funda en el reconocimiento de los límites y potenciales de la naturaleza, así como la complejidad ambiental, inspirando una nueva comprensión del mundo para enfrentar los desafíos de la humanidad en el tercer milenio. El concepto de sustentabilidad promueve una nueva alianza naturaleza-cultura fundando una nueva economía, reorientando los potenciales de la ciencia y la tecnología, y construyendo una nueva cultura política fundada en una ética de la sustentabilidad –en valores, creencias, sentimientos y saberes – que renuevan los sentidos existenciales, los mundos de vida y las formas de habitar el planeta Tierra

Manifiesto por la Vida (Principio 4º)

Bien, vamos a comenzar a partir de esta entrega número 107 con la recta final de esta serie de artículos, donde vamos a tratar a fondo el Especismo y el Animalismo, dos conceptos que ya hemos expuesto de pasada en varias entregas anteriores, pero que requieren un estudio más detallado. De entrada, digamos que el Animalismo es uno de los puntos básicos donde descansa el Buen Vivir, uno de sus puntales fundamentales. De hace unos cuantos siglos acá, con la extensión del capitalismo, la Revolución Industrial y los nuevos valores que el ser humano va asimilando, su alejamiento de la Madre Tierra, de la Naturaleza, y del resto de animales y seres vivos que la habitan ha sido progresivo. Hasta el punto de que hoy día, nos podemos encontrar con personas que practican un rechazo absoluto hacia determinados animales y/o insectos que habitan en el ámbito urbano, tales como animales domésticos (perros, gatos...), pero también, por ejemplo, tórtolas o palomas. Por otra parte, esta civilización industrial-capitalista que hemos creado es absolutamente agresiva contra todas las especies animales, y está provocando una muy preocupante extinción masiva de especies, vitales para el equilibrio de los ecosistemas naturales. Necesitamos, pues, abordar una visión animalista. Los animales pueden existir sin nosotros, la humanidad, pero nosotros no podemos sobrevivir sin ellos. Necesitamos, en resumidas cuentas, abandonar los preceptos económicos donde descansa la civilización industrial-capitalista para evitar el avance de la extinción de especies, pero también necesitamos dotar a todas las especies animales (tanto domésticas como salvajes) de un marco de reconocimiento y defensa de sus derechos. El Animalismo viene a proclamar la urgente necesidad de abordar todo ello. Básicamente, se trata de mirar a los animales con una mirada de respeto, no con una mirada de agresión. Comenzaremos con un recorrido histórico por la evolución del reconocimiento de derechos a los animales, y tomaremos para ello como referencia uno de los capítulos del texto "Capital y Derechos de la Naturaleza en México y Nuestra América", concretamente el desarrollado por Gretel Monserat, titulado "Una verdad instintiva". 

 

Históricamente, la cuestión de la consideración moral que debemos adoptar frente a los animales no humanos (su trato, reconocimiento, protección y derechos) no es un asunto nuevo. Ya Pitágoras, el del famoso Teorema que lleva su nombre (580-500 a.C.), fue considerado como el primer filósofo de los derechos de los animales por su creencia de que animales y humanos estamos equipados con el mismo tipo de alma. Pensaba que el alma de los animales era inmortal, hecha de fuego y aire, y reencarnada de humano a animal y viceversa. De hecho, Pitágoras fue vegetariano y un “liberador” de animales, a los que compraba en el mercado para luego darles libertad. Por su parte, en Roma, en el “corpus iuris civilis” (año 529), ya se encontraba registrada la consideración hacia los intereses de los animales. De hecho, Justiniano aseguraba: “El derecho natural es aquello que es dado a cada ser vivo y que no es propio al ser humano”. Además, se pueden encontrar consideraciones de relevancia moral hacia los animales en los poetas de la época, tales como Virgilio, Lucrecio y Ovidio, y en la filosofía de los pensadores Plutarco, Plotino y Porfirio. De Porfirio se conserva su tratado “De Non Necandis ad Epulandum Animantibus” (De la Impropiedad de matar Seres Vivos para la Comida). No obstante, todos estos preceptos no calaron mucho en la mentalidad de la antigua Roma. Como sabemos, se mataron a cientos de miles de animales solamente por diversión en los famosos Juegos del Circo Romano. Y esto fue una constante durante toda la vigencia del mundo romano. Otro tratamiento distinto tuvieron, sin embargo, los derechos de los animales bajo el Hinduismo y el Budismo. Las sociedades hindúes y budistas, desde el siglo III a.C., ya proclamaron un vegetarianismo amplio refiriéndose al principio de no violencia.

 

Estos pueblos desarrollaron un marco de amplio respeto hacia los animales no humanos, incluso aceptaron cierto grado de equivalencia moral, de tal forma que, por ejemplo, matar a una vaca era un delito tan serio como matar a un hombre de alta casta, y matar a un perro era un crimen tan serio como matar a un intocable. Los budistas desarrollaron amplios códigos de reconocimiento hacia los animales, hasta tal punto que no solo renunciaban a comer carne animal, sino que hasta incluso desistían de provocar cargas innecesarias a los mismos, como por ejemplo montar a caballo. Quizá haya sido el budismo la religión más “amiga” de los animales, de todas las que ha practicado el ser humano, ya que su reconocimiento y respeto hacia todos los seres vivos es total. Si tuviéramos que elegir una religión que se acercara más al Buen Vivir (además de la de los pueblos indígenas), seguramente elegiríamos al budismo. Por su parte, el Islam sí consideraba permisible matar animales, aunque hacerlo sin necesidad aparente o con crueldad estaba prohibido. Ya durante la Edad Moderna, la consideración moral hacia los animales no humanos tomó cierta relevancia a través del filósofo Descartes, pero una relevancia negativa, ya que éste consideraba a los animales como autómatas complejos sin almas, sin mentes, sin razonamiento y sin las capacidades de sufrir o sentir. Tuvieron que llegar los años 1635, 1641 y 1654 para que aparecieran las primeras leyes conocidas que protegían a determinados animales: fueron establecidas en Irlanda (1635) y prohibían esquilar lana de ganado ovino y atar arados a las colas de los caballos, basándose en la crueldad practicada frente al animal. En 1641 la colonia estadounidense de Massachusetts Bay aprobó un sistema de leyes que protegían a animales domesticados. Esta ley fue considerada muy destacable precisamente por oponerse a las teorías de Descartes, que tenían gran influencia en aquel momento.

 

Por su parte, los puritanos también crearon leyes de protección animal en Inglaterra, a mediados del siglo XVII. De hecho (y hasta que Carlos II subió al trono en 1660), estuvieron prohibidas las peleas de gallos, de perros o de toros. Los puritanos ya enfrentaron la posesión de animales como una tarea de tenencia responsable. En 1693, oponiéndose a la demencial postura de Descartes, el filósofo John Locke argumentó que la crueldad con los animales tendría efectos negativos sobre la evolución ética de los niños, quienes más tarde transmitirían dicha brutalidad a la interacción con seres humanos, pero no consideró ningún concepto sobre derechos de los animales. También es de destacar la postura de Arthur Shopenhauer, quien señalaba ya en pleno siglo XIX (1839) sobre los derechos de los animales que “la supuesta ausencia de derechos de animales, la zoantropía que nuestra actuación hacia ellos no tiene relevancia moral, o como se dice en el lenguaje ético no hay deber frente a la criatura, es una de las barbaridades de occidente”. De hecho, este enfoque de Shopenhauer y la preferencia de una filosofía asiática hacia la tradición cristiana han caracterizado el movimiento de derechos de los animales y la legislación sobre la protección de intereses de éstos durante todo el siglo XIX y hasta mediados del siglo XX. Y desde entonces, ha habido grandes avances en la teoría, aunque bien pocos en la práctica. El filósofo Jeremy Bentham postuló que los animales, por su capacidad de sentir agonía y sufrimiento, independientemente de que pudieran diferenciar entre el “bien” y el “mal” (muy debatible por otra parte, no solo porque algunas personas discapacitadas psíquicas tampoco poseen este discernimiento, sino porque dicho “bien” y “mal” son construcciones humanas que varían según culturas y civilizaciones), deben tener derechos fundamentales como el derecho a la vida, a su seguridad y a estar libre de sufrir cualquier tortura o esclavitud. También dedujo que un perro, por ejemplo, es más aprehensivo que un recién nacido humano, por lo que estaría más cercano al humano adulto que un bebé. Sus tesis y comparaciones dieron mucho que hablar, y fueron criticadas masivamente, ya que fueron revolucionarias en su momento (por ejemplo: “Si miramos a miembros de nuestra propia especie, los cuales carecen de calidad de personas normales, parece imposible que su vida fuera más válida que la de unos animales”, opinión sostenida hoy por muchos filósofos, como Peter Singer).

 

Este autor, Peter Singer, Profesor de Ética, es reconocido como el desencadenante de los movimientos por los derechos de los animales, a raíz de su publicación en 1975 del clásico “Liberación Animal”, donde además de proponer reflexiones en torno al tema de los derechos hacia los animales no humanos, exponía con detalle el horror y la brutalidad a la que son sometidas muchas especies para satisfacer la cadena productiva, industrial o científica que el capitalismo ha creado. Únicamente la capacidad de padecimiento, según Singer, otorga a un ser vivo el derecho a consideración moral, y aquí interviene el principio de igual consideración de intereses, que denuncia el especismo que practicamos, consciente o inconscientemente. Básicamente, este especismo consiste en dar preferencia a nuestra especie (la humana) sobre cualquier otra albergada en el planeta. Especialmente, el derecho a no sufrir, lo cual cataloga a todo ser como sintiente, interviene en esta consideración. Al hablar sobre el derecho a la vida, Singer profundiza en el concepto de “persona”, que para él serían todos los seres vivos capaces de anticipar su ser en el pasado y en el futuro, es decir, que tengan capacidad retrospectiva sobre su existencia, y sean capaces de proyectarla en el futuro. De acuerdo con Singer, existen seres humanos que, desde este punto de vista, no constituyen una “persona”, por ejemplo los recién nacidos o los discapacitados mentales profundos. Por otro lado, existen multitud de animales no humanos que sí encuadrarían con este término, seguramente los homínidos, y quizá todos los mamíferos. Peter Singer es el primer gran autor preocupado por los derechos de los animales, que denuncia y señala los ataques a la libertad, y los maltratos y sufrimientos causados a muchos animales en el desarrollo de las industrias farmacéuticas, cosméticas, químicas, alimentarias, etc. Tan revolucionarios han sido sus mensajes, sus análisis, sus críticas y sus conferencias, que de hecho ha sido vetado para hablar o publicar en determinados países. Entendemos que Singer, por tanto, es un autor fundamental en la evolución del ser humano en torno al reconocimiento de derechos a los animales no humanos, que debe ser tenido en cuenta siempre que de este asunto se hable. Continuaremos en siguientes entregas.

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