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13 agosto 2020 4 13 /08 /agosto /2020 23:00

Vamos a hacer en esta entrega número 44 nuestra última aportación a los contenidos curriculares que debería contemplar la Reforma Educativa que proponemos, como es la Educación Vial. En efecto, pensamos que se trata igualmente de otro aspecto olvidado, precisamente cuando la falta de una Educación Vial correcta y desde edades tempranas genera después, cuando somos adultos, y en las carreteras fundamentalmente, un reguero de víctimas insoportable. Una sociedad madura no puede permitirse dichos trágicos listones, derivados de un uso incorrecto, frívolo y banal de los medios de transporte, principalmente del automóvil privado. Es, por tanto, desde una educación básica, desde donde fundamentalmente hay que acabar con la violencia en el tráfico, con ese terrorismo vial de quien se sienta al volante para usar el vehículo como un arma contra los demás, y esto solo se consigue mediante una buena Educación Vial contemplada en el sistema educativo y en sus contenidos y programas curriculares. Nuestros estudiantes deben conocer y debatir sobre la cultura de los transportes, el uso correcto de los mismos, su financiación, sus limitaciones, y el comportamiento que los usuarios y las propias Administraciones públicas deben adoptar frente a ellos. Nos cuenta el inolvidable Eduardo Galeano en su libro "Patas Arriba", sobre los coches privados en los Estados Unidos, lo siguiente: "En Estados Unidos, de cada 6 dólares que se gasta el ciudadano medio, uno se consagra al automóvil; de cada 6 horas de vida una se dedica a viajar en auto o a trabajar para pagarlo; y de cada 6 empleos, uno está directa o indirectamente relacionado con el automóvil (y otro con las armas). Los accidentes de tráfico matan, cada año, más norteamericanos que todos los norteamericanos muertos y heridos a la largo de la guerra del Vietnam. Estados Unidos genera el 25% de los gases que más envenenan la atmósfera. Cuanta más gente muere a los pies de las armas y los coches, y más naturaleza arrasan, más crece el Producto Nacional Bruto". Pero esto no ocurre solo en el imperio estadounidense, aunque ellos sean la punta de lanza mundial, sino que es parte de una cultura capitalista globalizada. 

 

La mitad de las 60 mayores empresas del mundo pertenece a petroleras, fabricantes de automóviles o neumáticos, o trabajan para ellas. Mientras había 53 millones de coches en todo el mundo en el año 1950, la cifra es hoy de 800 millones. El coche privado se convirtió en una extensión más de la persona, pues el "desarrollo" industrial-capitalista generó las infraestructuras y las necesidades oportunas para que ello fuera así. Debido a ello, el porcentaje de hogares donde existe algún vehículo viene aumentando considerablemente, así como la frecuencia con la que estos automóviles son cambiados. De esta forma, trabajamos durante muchos años de nuestra vida para pagar letras, seguros, reparaciones, gasolina, revisiones periódicas...¿Poseer un automóvil nos da verdaderamente libertad? Por otra parte, en el Estado Español murieron en accidentes de tráfico una media de 14 personas a la semana durante la última década (unas 5.000 al año). Y también hay que considerar las profundas transformaciones del paisaje urbano y rural que el avance de la industria automovilística genera: extensión de las vías rápidas y autovías, transformación de las ciudades, pérdida de zonas libres para el paseo, disminución de las zonas verdes, estrés, humo, ruido, prisas, extensión de la cultura de las largas distancias...Todo ello transforma poderosamente nuestra forma de vivir, no necesariamente hacia mejor, y debe ser objeto de exposición, estudio, debate, alternativas y conclusiones en el aula, para que los estudiantes tengan plena conciencia del fenómeno. Como vimos en entregas anteriores (cuando expusimos el estudio sobre los libros de texto de Ecologistas en Acción), los libros de texto actuales son completamente acríticos con este fenómeno, y nos presentan los coches privados únicamente como objeto de culto, progreso y bienestar de las personas, sin entrar en los aspectos que aquí estamos presentando, ni fomentar siquiera una buena Educación Vial. Por su parte, la contaminación del aire en las ciudades debido a las emisiones del tráfico rodado causa, según la OMS, el doble de muertes prematuras que los accidentes de tráfico. Quizá, después de la introducción a todos estos asuntos, el primer debate que se debiera ofrecer en el aula podría ser: ¿Realmente necesitamos tanto transporte?

 

No parece que una vida sana tenga que necesitar cubrir tantas distancias, ni para trabajar, ni para disfrutar del ocio (centros comerciales), ni para recibir alimentos del último confín del mundo, cuando podríamos cultivarlos de forma cercana. Entonces...¿por qué moverse tanto? ¿Por qué cuanto más rápido mejor? ¿Por qué cada vez más lejos? ¿Por qué trabajar lejos de casa, o vivir lejos del trabajo? ¿Aumenta nuestra calidad de vida con todo ello, o disminuye? ¿Favorecemos al entorno, o lo atacamos? ¿Es rentable socialmente a largo plazo, o provocamos por el contrario más daño? Sería conveniente realizar una buena exposición al alumnado sobre las ventajas e inconvenientes de los distintos medios de transporte (bicicleta, tranvía, tren, autobús, barco, metro, moto, tren de alta velocidad, taxi, coches de alquier, automóvil privado, avión...), y que sean conscientes de la necesidad de utilizar el más correcto en cada caso, desde los puntos de vista humano, social y medioambiental. La Educación Vial debe contemplar también el debate sobre el necesario aumento de la peatonalización de las ciudades, del aumento de los carriles bici, y de la necesidad de reducir los pasos elevados y subterráneos, y en general, de instalar en nuestro imaginario colectivo la necesidad de tener menos prisa, y de reducir las distancias. Todo ello ha de ir paralelo al aumento y la mejora de los transportes públicos, así como al coto al coche privado, para hacer descender su uso significativamente. En sentido general, la Educación Vial nos ha de enseñar fundamentalmente que hay que desplazarnos menos y mejor. Las compras pueden hacerse en las tiendas de barrio, de proximidad, en lugar de en los grandes centros comerciales, que nos inducen a llenar los maleteros de nuestros coches. En general, como estamos viendo, la Educación Vial ha de fomentar una crítica profunda y radical al modelo "desarrollista", responsable último del nefasto modelo de transportes actual, tan insostenible desde todos los puntos de vista. 

 

Pero la Educación Vial no debe quedarse únicamente en la crítica al modelo de transporte. Los estudiantes serán adultos, y muchos de ellos aprenderán a conducir un coche, y también, los que puedan, adquirirán en propiedad o alquiler alguno, para poder desplazarse al trabajo, o usarlo para el ocio y la diversión. En este caso, la Educación Vial debe enseñar a ser buenos conductores. Los buenos conductores, desde este punto de vista, no son los que mejor saben manejar los artilugios de los automóviles, ni siquiera los más hábiles o diestros al volante, sino los que son más responsables ante lo que llevan entre sus manos. Es justamente lo que la Educación Vial debe enseñar a los alumnos y alumnas, futuros (en su caso) conductores y conductoras. Y esto pasa por tener plena y amplia conciencia del poder de un automóvil. Hay que educar para el mismo acto de la compra, valorando los diversos aspectos que hay que tener en cuenta, pasando por el consumo energético, el mantenimiento, y sobre todo, como decimos, uso y conducción responsables. Y ello incluye usar el vehículo solo si realmente es necesario, y llevar a cabo una conducción segura. Hay que resaltar los peligros de las bebidas alcohólicas y de las drogas, de la conducción sometido a los efectos de la fatiga y del sueño, así como a la conducción rápida, que generan la inmensa mayoría de los accidentes de tráfico. Se trata de acabar, y la Educación Vial es el instrumento idóneo para ello, con esta cultura del riesgo, de la velocidad y del uso agresivo del coche por las vías públicas, que tantas víctimas generan. La Educación Vial ha de servir para concienciar a los futuros usuarios de vehículos privados sobre el peligro que tienen entre manos, sobre la forma correcta y responsable de usarlos, y sobre todo, intentar disminuir en lo posible los comportamientos kamikazes, agresivos y temerarios al volante. Con esta entrega finalizamos todo lo relativo a los contenidos curriculares que entendemos que una buena Reforma Educativa debería contemplar, y a partir de la siguiente, comenzaremos con la recta final de la serie, tratando otros aspectos complementarios. Hasta entonces.

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