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27 agosto 2020 4 27 /08 /agosto /2020 23:00

¿Por qué necesitamos una Reforma Educativa? ¿Por qué no un "Pacto de Estado por la Educación", como tantas veces se reclama? La respuesta pensamos que es bien sencilla: dicho pacto no es posible, y si los lectores y lectoras aún tienen dudas de ello, sigan esta serie de artículos desde el principio, y lo comprenderán. La Educación Pública es un gran bastión político, una gran baza que jugar para formar a los futuros ciudadanos/as del país, y por ello la pelea partidista es inevitable, porque cada uno, desde nuestras posiciones, entendemos que la Educación debe desarrollar un determinado papel. Desde la etapa "democrática", tras la muerte del dictador, muchas han sido las Reformas Educativas llevadas a cabo, precisamente porque la formación e información que entendemos se debe proporcionar al alumnado varia muchísimo según el trasfondo político, y la concepción educativa que izquierda y derecha poseen. El tan cacareado Pacto educativo pensamos que no será posible nunca. Detrás de tantas palabras bonitas y llamamientos al consenso, cuando comenzamos a entrar en materia, nos vamos dando cuenta de que no es posible alcanzar ningún acuerdo, porque las posturas son muy distantes. Incluida la actual LOMCE del PP (2013), se han elaborado en nuestro país un total de 9 leyes educativas, y ha habido tres intentos de pacto, todos fallidos. Porque por mucho que se intente alejar de la divergencia política la educación, y se intente entender como una cuestión de Estado, esto no es posible. La educación es parte esencial de la política, no puede ser alejada de ella. Tómese el siguiente ejemplo ilustrativo: uno de los sectores más atacados (quizá el que más) durante la dictadura franquista fueron los maestros y maestras simpatizantes con la II República...por algo sería. Miles de maestros y maestras fueron expedientados y/o expulsados de la profesión, porque el régimen entendía que su enseñanza, simplemente, era incompatible con los valores que el franquismo promovía e imponía. La educación por tanto no puede quedarse al margen de la política, y todo intento de promover dicho alejamiento constituirá un fracaso. 

 

Toda la concepción educativa es distinta, según nos situemos desde el punto de vista neoliberal o desde el punto de vista socialista. Los enfoques son tan diametralmente opuestos que son absolutamente incompatibles: nosotros defendemos la Religión fuera de la escuela, ellos/as no. Nosotros defendemos la escuela 100% pública, sin conciertos educativos privados sostenidos con fondos públicos, ellos/as no. Nosotros defendemos una educación abierta al mundo, fuera de las influencias de los mercados, ellos/as no. Nosotros entendemos los contenidos curriculares de una forma, ellos/as de otra. Nosotros intentamos ver la educación como la semilla de la duda, del debate y de la reflexión, ellos/as entienden la educación como la obediencia al sistema. Nosotros pretendemos dotar a la escuela pública de más medios materiales y humanos, de mayores recursos, de ratios más reducidos, ellos/as por el contrario pretenden recortar en todos los ámbitos educativos. Nosotros creemos en el poder democrático de la comunidad educativa, ellos/as solo creen en la imposición que la Administración y los Directores de los centros lleven a cabo. Nosotros no creemos en la privatización y mercantilización de la enseñanza, ellos/as apuestan por estos procesos. Nosotros creemos en la educación pública, gratuita y universal, desde infantil (0-3 años) hasta la Universidad, ellos/as apuestan por la creación de centros de élite y educación privada. Nosotros creemos que los hijos no son propiedad ideológica de los padres, ellos/as lo creen a pies juntillas. Nosotros, en definitiva, creemos firmemente en una política educativa pública, gratuita, de calidad, laica, inclusiva, integradora y multicultural. Ellos/as no creen en ninguno de estos valores educativos. Por tanto, la derecha educativa y la izquierda educativa están en mundos antagónicos...¿cómo va a ser posible de este modo un Pacto de Estado por la Educación? Los que tanto lo reclaman o quieren simplemente marear la perdiz, y eternizar el problema educativo en nuestro país, o bien simplemente no entienden el verdadero alcance del hecho educativo en una determinada sociedad. Lo que tenemos que conseguir, entonces, y esta serie de artículos pretende contribuir a ello, es una mayoría social y ciudadana, que arrastre a una mayoría parlamentaria a asumir estos principios y valores educativos. Y aún alcanzando esta situación, habrá que defenderla en la calle, en las instituciones y en las urnas, con movilizaciones sociales amplias, pues, como tantas veces hemos advertido, ni la derecha política, social y mediática, ni la Iglesia Católica van a permanecer en silencio cuando vean atacados sus privilegios de décadas y siglos. 

 

Básicamente, hay que desenmascarar a los verdaderos dueños de la educación, los sectores que de verdad mandan y dirigen el cotarro educativo. Porque nosotros pensamos que la educación no tiene que estar al servicio de la economía, de las empresas o del mundo financiero, tampoco de un determinado ideario religioso, que aleccione las mentes, los comportamientos y las conductas, sino que tiene que ofrecer herramientas, conocimientos y valores para que los alumnos y alumnas puedan comprender el mundo en el que viven, y sean capaces de mejorarlo. La Educación Pública debe ser entendida (nada más y nada menos) que como un derecho universal, un derecho humano básico, que se garantice por igual para todas las personas, independientemente del lugar de nacimiento, de su estatus social, económico o cultural, de su sexo, de su religión, de su orientación sexual o de su identidad nacional. La educación debe fomentar el desarrollo integral del alumnado, no utilizarlos como carne de cañón para los mercados. Una educación que imparta conocimientos y saberes, no que adoctrine en credos religiosos. Una educación que impulse valores democráticos y de participación de toda la comunidad educativa, y no que imponga desde la Administración sus criterios. Una educación universal, inclusiva e integradora, que no margine ni desatienda las necesidades del conjunto del alumnado, y no que dedique la mayor cantidad de fondos públicos a derivar a los mejores alumnos/as a centros de élite, mientras los que tengan más dificultades se quedan en una educación pública cada vez más residual. No queremos una educación que, amparada en el falso derecho de "elegir centro", vaya aumentando progresivamente la segregación, con una concentración del alumnado seleccionado por clase social y origen cultural. No queremos una educación "patrocinada" por grandes corporaciones, ni sujeta a mecenazgos de empresas, bancos y fundaciones privadas, que interfieren en los contenidos curriculares, y deciden qué hay que enseñar, cómo, con qué metodologías y tecnologías, y cómo hay que evaluar. Detrás de tanto interés por la educación por parte de estos agentes y actores privados, solo existe la obsesión de controlar las enseñanzas para dirigirlas a unos mercados cada vez más salvajes, competitivos, y adaptados a sus necesidades. 

 

Pretenden, entre otras muchas cosas, anular el espíritu crítico y sustituirlo por el espíritu emprendedor, eliminar asignaturas que enseñan a pensar o a fomentar las sensibilidades artísticas (Filosofía, Música, Literatura, Artes plásticas...) para colocar en lugar de ellas asignaturas que apoyen al sistema, como la educación financiera. Pretenden que los alumnos y alumnas dejen de desarrollarse como personas, comprendiendo y criticando el mundo en el que viven, para pasar a ser piezas determinadas del puzzle de los mercados, números en una sociedad robotizada y despersonalizada. No queremos una educación para que los futuros adultos asimilen los preceptos de una sociedad salvaje y competitiva, sino para que puedan desarrollar vidas dignas, y enfrentarse precisamente a este mundo salvaje que hemos creado, y puedan ser capaces de criticarlo y cambiarlo. Precisamente por todo ello no es posible el Pacto educativo. Nosotros estamos en contra del giro neoliberal al que se viene sometiendo la política educativa, que entiende la educación como un bien de consumo, y una ventaja competitiva en la que cada individuo invierte de cara a su inserción más exitosa en el mercado laboral. Y como afirma Enrique Díez en este artículo: "De esta forma se está produciendo una auténtica mutación en la naturaleza y fines de la educación, que de formar ciudadanos y ciudadanas provistos de valores, saberes y capacidades, pasa a subordinarse completamente a la producción de "recursos humanos" para el sistema productivo". Y más adelante explica: "En este modelo neoliberal, la función social asignada a la educación se centra en su apoyo al crecimiento económico, su aportación a la competitividad empresarial de las industrias, la formación para el trabajo y la capacitación para el desarrollo tecnológico. Estas funciones económicas priman sobre la función de socializar para participar activamente en una ciudadanía consciente y comprometida, transmitir la cultura y desarrollar la personalidad". Como vemos, ambos enfoques educativos están en las antípodas. 

 

Pero este claro sesgo ideológico hacia el papel de la educación en la sociedad, olvida que existen otros muchos aspectos importantes de la personalidad humana que este enfoque economicista ignora y desdeña: el desarrollo artístico, la reflexión crítica, la educación emocional, la formación del libre pensamiento, la participación cívica, la convivencia, etc. Estamos totalmente de acuerdo con David Berliner (2003) cuando afirma: "Deberíamos ser el número uno en el mundo en porcentaje de jóvenes de 18 años que están política y socialmente implicados. Mucho más importante que nuestras puntuaciones en matemáticas y nuestras puntuaciones en ciencia es la implicación de la generación siguiente en el mantenimiento de una democracia real y en la construcción de una sociedad más justa para los que más la necesitan: los jóvenes, los enfermos, los ancianos, los parados, los desposeídos, los analfabetos, los hambrientos y los desamparados. Se deberían identificar las escuelas que no pueden producir ciudadanía políticamente activa y socialmente útil y divulgar sus tasas de fracaso en los periódicos". Éstos y no otros deben ser los objetivos educativos. No será posible un Pacto educativo mientras tengamos enfrente gente que no entiende la educación de esta forma, sino que la entiende como una herramienta más para consolidar el salvaje y cruel sistema capitalista, y la visión neoliberal, adoctrinadora, privatizadora, segregadora y elitista de la educación. No es posible un Pacto de Estado por la Educación con personas que no entienden la misma como un derecho humano fundamental, sino que están dispuestos a mercantilizarla, y a usarla como un nicho más de negocio, sujeto igualmente a nepotismo y corrupción. No es posible un Pacto Educativo con gente que denigra la educación, que la recorta, que la segrega, que crea guetos educativos, que baja continuamente la inversión educativa, y que solo entienden la escuela como una prolongación de su visión antidemocrática y autoritaria. Por eso nosotros estamos proponiendo esta Reforma Educativa, desde los valores en los que creemos. Continuaremos en siguientes entregas.

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