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27 septiembre 2020 7 27 /09 /septiembre /2020 23:00
Filosofía y Política del Buen Vivir (109)

Si cesara la cría de animales y su sacrificio como fuente de alimento, quedaría disponible una cantidad mucho mayor de alimentos para los humanos que, distribuida adecuadamente, eliminaría del planeta la muerte por hambre y desnutrición

Peter Singer

Bien, un primer principio que el Animalismo (y el Antiespecismo) señalan, renunciando a la visión antropocéntrica, es que dejemos de considerar a los animales como cosas que podemos poseer, o sobre las que podemos ejercer un determinado control. Los animales no son juguetes, no son mascotas, no son cosas, no son objetos ni bienes, sobre los que tengamos determinada potestad. Los animales, de todas las especies que habitan el planeta, son seres vivos al igual que nosotros los humanos, y debemos verlos en un mismo plano de igualdad. Son seres sintientes como nosotros, y en algunas especies el grado de complejidad del cerebro y del sistema nervioso se parece mucho al nuestro. Pero aún prima una consideración sobre los animales como seres inferiores a nosotros, cuando son simplemente distintos. Todo ello ocurre porque la cultura occidental en general y más en concreto la cultura jurídica nos han inducido a la idea, basándose en argumentaciones falaces, de que los animales no humanos son simples cosas u objetos, y así están considerados con ese estatus en las legislaciones civiles respectivas de la mayoría de los países del mundo, y así está instalado en el imaginario colectivo de la mayoría de las personas. Únicamente las personas que son más sensibles tienen la capacidad de no ver en una paloma, un gato o un caballo a cosas o seres inferiores, sino a seres vivos como nosotros. Pero como decimos, el imaginario cultural aún considera a los animales de una forma cosificada. Hemos de alcanzar, y el Buen Vivir nos insta a ello, un reconocimiento legal para todo el conjunto de animales no humanos, que les reconozca la condición de seres vivos sensibles y por tanto titulares de derechos. Para ello necesitamos un giro biocéntrico en nuestro corpus legislativo, que se sitúe en favor de la vida en todos sus aspectos. Esto ya se ha realizado en algunos países, tales como Argentina, Francia, Nueva Zelanda, Austria, Suiza, Alemania, República Checa, Cataluña y Canadá. Poco a poco se ha ido introduciendo en el lenguaje jurídico el término "persona no humana" para designar a ciertas especies de animales que poseen elevadas capacidades cognitivas y una notable inteligencia. 

 

La tendencia debe continuar en esta línea, para que el concepto de "persona" no sea solo aplicado a seres humanos. Por ejemplo, está demostrado que los chimpancés mantienen lazos afectivos, razonan, sienten, sacan conclusiones, se frustran, toman decisiones, poseen autoconciencia, poseen una percepción continuada y retrospectiva del tiempo, lloran las pérdidas, aprenden, se comunican y son capaces de transmitir lo aprendido en sistemas culturales complejos parecidos a los que usamos los humanos. Incluso son capaces de aprender la simbología de determinados lenguajes ajenos, como el utilizado por los sordomudos. Y sin embargo, muchos de ellos se encuentran injusta y arbitrariamente privados de libertad en parques zoológicos, circos, parques acuáticos o centros de experimentación científicos. Pero no obstante se está avanzando: la lucha por los derechos de los animales está revolucionando el derecho positivo en todos los aspectos en beneficio de aquéllos, y así, se está consiguiendo, entre otros muchos ejemplos, la prohibición de las corridas de toros, el cierre de zoológicos, la prohibición de usar animales en circos, la prohibición de los espectáculos con delfines u orcas, etc. En este sentido, fue un hito importante la Declaración de Cambridge sobre la conciencia animal, avalada en 2012 a través de un Manifiesto donde se establecen las conclusiones alcanzadas en un ciclo de conferencias, donde los científicos que debatieron sobre el tema llegaron y publicaron la siguiente conclusión: “La ausencia de un neocórtex no parece impedir que un organismo experimente estados afectivos. Evidencia convergente indica que los animales no humanos poseen los sustratos neuroanatómicos, neuroquímicos y neurofisiológicos de estados conscientes, así como la capacidad de exhibir comportamientos deliberados. Por consiguiente, el peso de la evidencia indica que los seres humanos no son los únicos que poseen los sustratos neurológicos necesarios para generar conciencia. Animales no humanos, incluyendo todos los mamíferos y pájaros, y muchas otras criaturas, incluyendo los pulpos, también poseen estos sustratos neurológicos”. La evidencia científica es, pues, concluyente. Ignorarla o negarla no es un buen camino. Lo mejor es enfrentarse a ella, reconocerla y reaccionar en consecuencia, de forma justa y equilibrada.

 

Sin duda, esta declaración representa la base y fundamentación científica para que las distintas legislaciones de los países del mundo, y todo tipo de convenciones, normas, tratados y constituciones, reconozcan y declaren que los animales son seres sintientes y por tanto, respeten sus derechos y dejen en paz y en libertad a todas las personas no humanas. Alcanzar este hito en los cuerpos jurídicos correspondientes será señal de un claro avance y evolución de los Estados de Derecho, sentando un antes y un después de estos reconocimientos. Y a partir de ahí, diversas leyes integrales de protección y bienestar animal, de carácter transversal, deberán implementarse para regular todas las situaciones concretas en las que los animales sufren el maltrato del ser humano, para que puedan ser reconocidos en sus derechos, y liberados de dichas situaciones injustas, criminales, vejatorias y degradantes. Leyes que garanticen que los animales no pueden servir como objeto de espectáculo, negocio, o carne de cañón para experimentos científicos. Leyes que garanticen que los animales no pueden ser maltratados o sacrificados abanderando ningún tipo de cultura o tradición. Leyes que garanticen que la libertad de los animales, como la libertad de las personas, es sagrada. Es lógico que así sea: si estamos apostando por los Derechos Humanos y por los Derechos de la Naturaleza, con la misma lógica debemos pensar en defender los Derechos de los Animales, albergados por la Pachamama al igual que la propia especie humana. Ello supondrá toda una revolución jurídica de carácter biocéntrico, a la altura de lo que el Buen Vivir proclama y reconoce. Y es que nuestra mirada hacia los animales no humanos tiene que cambiar. En este artículo sobre nuestra relación con los animales, David Cañedo explica:La relación de nuestra sociedad industrial con los demás animales con los que compartimos este planeta es claramente disfuncional. Básicamente, consiste en que las especies que nos sirven para algo las dejamos que existan, en las condiciones que a nosotros nos parezca y mientras lo consideramos conveniente, y las que no nos sirven para nada o no les encontramos alguna utilidad, o nos estorban o nos fastidian, pues simplemente las destruimos”.

 

Es justo esta mirada la que ha de cambiar, hacia una mirada de respeto absoluto hacia todas las especies de animales. Es justo la mentalidad que permite que existan los cazadores furtivos por placer la que tiene que cambiar. Es justo la mentalidad que permite que a un toro bravo se le torture y asesine por placer en una plaza de toros la que tiene que cambiar. Es justo la mentalidad que permite que cualquier animal sea salvajemente sacrificado en una determinada localidad, simplemente porque sea tradición popular de sus festejos, la que tiene que cambiar. Es justo la mentalidad que permite que cerdos, vacas o gallinas estén hacinados por miles en enormes angares, en jaulas en las que apenas pueden moverse, simplemente para que produzcan alimentos para el ser humano, la que tiene que cambiar. Es justo la mentalidad que somete a millones de animales a experimentos en laboratorios, muchos de los cuales significan enormes torturas y dejan secuelas, solo para elaborar medicamentos para humanos, la que tiene que cambiar. Es justo la mentalidad que permite que se cacen determinadas especies simplemente para fabricar con sus pieles abrigos para la especie humana la que tiene que cambiar. Es justo la mentalidad que permite que, solo para el divertimento humano, miles de animales sean sacados de sus hábitats, de la compañía de los suyos, para ser encerrados de por vida en recintos cerrados, la que tiene que cambiar. Y podríamos poner miles de ejemplos más. Esta mentalidad de uso y abuso constante de los animales, como objetos de usar y tirar a nuestra conveniencia, tiene que cambiar. Y a dicho cambio se llega mediante educación y mediante legislación. Ambos aspectos son los que crean conciencia, en este caso la conciencia animalista. Pero también se les ataca en su propio medio natural, ya que la vida silvestre está desapareciendo poco a poco en todos sitios, incluso regiones que se las arreglaron para mantenerse relativamente agrestes desde siempre están ahora atacadas. Y es un ataque redoblado, ya que nuestra necesidad insaciable de recursos y el crecimiento poblacional exponencial de los últimos dos siglos han provocado que ya no haya rincón del planeta donde no se sienta nuestro impacto.

 

Y así, jabalíes moviéndose deseseperados por las calles de los pueblos y ciudades, osos polares que ya no tienen con qué alimentarse ni dónde refugiarse, especies de aves a las que interrumpimos sus ciclos migratorios, nuevas especies que llamamos “exóticas” que son extraídas de sus entornos para viajar miles de kilómetros hasta otros entornos hostiles, y otras muchas especies son prácticamente desalojadas de sus hábitats naturales, simplemente porque nosotros, la especie humana, estamos destruyendo esos hábitats. Estamos conduciendo a miles de especies a la extinción, acabando con su hábitat, cazándolos o capturándolos indiscriminadamente, destruyendo sus modos de vida y rompiendo ciclos y equilibrios naturales que garantizan también nuestra propia supervivencia. Y al provocar la extinción de cada especie, hacemos desaparecer una pieza del puzzle, una pequeña pieza que tenía también su función, función que ahora ya no se desempeña, y forzamos a la Naturaleza a recomponerse, a reequilibrarse de nuevo sin dicha pieza, a suplir las funciones por otras especies, o simplemente a funcionar sin dar cumplimiento a dicha función. ¿Hasta cuándo podremos continuar así? Es lógico pensar que llegará un momento, si continuamos esta perversa evolución, donde las masivas extinciones causarán tanto daño a la Naturaleza, tanto desequilibrio a los ecosistemas, que ya no serán capaces de reequilibrarse, de reconstituirse, y ello se traducirá en un colapso de tal envergadura que desencadenará una serie de reacciones donde todos los ecosistemas naturales se verán afectados, y por supuesto, también la especie humana. Pero nuestro letal comportamiento, nuestra absoluta falta de respeto hacia el resto de especies de animales continúa día tras día, año tras año, siglo tras siglo. Comprender y asimilar el Animalismo es, pues, tarea fundamental para la comprensión y asimilación del Buen Vivir, ya que éste, como propuesta de integración del ser humano con su entorno natural y con el resto de seres vivos con los que comparte el planeta, debe abandonar este suicida comportamiento. El Buen Vivir no puede alcanzarse sin un clima de absoluto respeto hacia los animales no humanos. Y ello no ocurrirá hasta que todos seamos conscientes de que debemos dejar de comportarnos como lo hacemos, y de que debemos reconocer derechos al resto de personas no humanas que, al igual que nosotros, solo intentan vivir en su entorno. Continuaremos en siguientes entregas.

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