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30 octubre 2020 5 30 /10 /octubre /2020 00:00
Imagen: Portada del Manifiesto del Foro de Sevilla

Imagen: Portada del Manifiesto del Foro de Sevilla

Todo el desarrollo de las ideas-fuerza y de las propuestas concretas que deseamos implementar para la Reforma Educativa que propugnamos se encuentra en Internet, dentro del sitio web "Por otra política educativa", ya reseñado en el artículo anterior, pero más concretamente en la página "Documento de Bases para una nueva Ley de Educación. Acuerdo Social y Político Educativo", cuyo contenido se divide en un total de 9 puntos generales (Introducción, Principios, Universalidad, Inclusión, Currículo, Profesorado, Autonomía, Financiación, Evaluación y Medio Ambiente), a los que se accede desde un menú interactivo, más el acceso al documento completo (compendio de los 9 puntos generales anteriores), y un decálogo inicial, donde se recogen los cambios e inspiraciones fundamentales para la nueva Reforma Educativa que deseamos para nuestro país. Iremos exponiendo y desarrollando aquí únicamente lo más reseñable del mismo (dejo la lectura completa de las propuestas y reflexiones a mis lectores y lectoras en dicho sitio web), que junto con todo lo ya expuesto en los artículos precedentes de esta serie, conforman la propuesta completa y final de la nueva Ley educativa que pretendemos impulsar. Básicamente, la educación que queremos se fundamenta en el principio básico del derecho humano fundamental a la educación, desde el nacimiento y a lo largo de toda la vida, así como en los principios de igualdad, laicidad, diversidad, inclusión, sostenibilidad, autonomía, convivencia, participación democrática, solidaridad, antiautoritarismo y coeducación. Todo ello con un aprendizaje cooperativo que sea participativo, colaborativo y nunca competitivo, implicando en su consecución a toda la comunidad. Nosotros aquí nos referimos a una Ley educativa de ámbito estatal, pero entendemos que el carácter plurinacional del Estado Español debe reconocer las peculiaridades concretas de cada Comunidad Autónoma, con sus aspectos comunes y diferentes, y con sus propias leyes educativas contempladas dentro del ámbito de sus competencias. En este sentido, creemos que es muy importante que los alumnos/as de cada lugar conozcan la realidad histórica, lingüística, cultural, folklórica y patrimonial de su lugar de origen, y que son las leyes educativas autonómicas las que deben contemplar dichos conocimientos. 

 

Por su parte, las finalidades de la educación que queremos, en plena sintonía con todo lo anterior, priorizan la formación intelectual para comprender el mundo en que vivimos y participar en su mejora; la formación para una ciudadanía responsable, crítica, solidaria y democrática en un mundo pluricultural; el desarrollo emocional y la búsqueda del bienestar personal y colectivo de la comunidad de la que el alumno/a forma parte; la eliminación del sistema patriarcal y el fomento del respeto de las múltiples identidades sexuales; la formación para el conocimiento, respeto e implicación en la defensa del medio natural del que dependemos; el desarrollo de la creatividad y de la estética y el respeto profundo a las necesidades, los ritmos y la intimidad de las personas que implica la individualidad de cada niño o niña y el ofrecimiento de una respuesta educativa ajustada y a la vez integral. Ésta es nuestra visión integral de la educación, la que pretende formar personas libres y ciudadanía crítica. Le asignamos una especial importancia a los primeros tramos educativos, como son Educación Infantil, Primaria y Secundaria. Hay que favorecer la escolarización temprana (0 a 3 años, para fomentar todos los sentidos, la emocionalidad y la personalidad de los pequeños/as), universalizando una oferta gratuita de calidad, dando a la Educación Infantil y Primaria la importancia que merecen como pilares básicos de todo el proceso educativo y asegurando una educación comprensiva de atención personalizada en todos los niveles. Para ello hay que rebajar la ratio de alumnado por grupo hasta alcanzar los valores recomendados internacionalmente para poder satisfacer las características antes expresadas. Y para ello a su vez también es imprescindible ampliar la dotación de personal docente y de otros profesionales del ámbito educativo (personal no docente, psicólogos, etc.) para poder así reducir el número de escolares por grupo y por docente. La escuela pública debe proporcionar los servicios y recursos suficientes para que todo el alumnado reciba los apoyos necesarios, y poder así progresar educativamente de acuerdo a su ritmo personal de maduración y aprendizaje a lo largo de la enseñanza básica.

 

Entendemos que solo en circunstancias y condiciones muy excepcionales se recurrirá a la repetición de curso en la enseñanza obligatoria. Antes de recurrir a ella, se deben proporcionar medidas de apoyo y de refuerzo educativo a quienes muestren necesidades específicas en su proceso de aprendizaje. Es imprescindible también crear las pasarelas necesarias para lograr que los y las jóvenes puedan incorporarse a cualquier tipo de acciones formativas para alcanzar la certificación de la ESO (Educación Secundaria Obligatoria) y el posterior acceso a cualquier tipo de estudio de forma accesible. Como máxima y principio general de la educación inclusiva, hay que considerar que la diferencia es un valor, asignando los recursos necesarios a quien lo necesite. La inclusión es lo contrario de la segregación y de la discriminación, y también del elitismo. Bajo el modelo educativo que proponemos, todos los escolares, de todos los barrios, de todas las clases sociales, de todas las capacidades, de todos los orígenes, podrán compartir escuela, clase y grupo. Para ello, un primer principio es la gratuidad en el acceso a la educación. Creemos que el Estado debe ser capaz de recaudar lo necesario para dotar al sistema educativo de los recursos integrales que necesita y distribuirlos a centros, profesores, familias y estudiantes, sin necesidad de cobrar nada por ello. La gratuidad de la enseñanza básica incluirá la dotación a los centros públicos de libros, recursos pedagógicos, soportes tecnológicos y materiales didácticos que utilice el alumnado y el profesorado, así como la utilización del transporte escolar. La gratuidad también incluirá las ayudas, en su caso, de los servicios de comedor, desplazamientos y residencia, junto a un sistema de becas-salario para el alumnado que lo necesite, y evitar que los hijos o hijas deban dejar los estudios para contribuir a los ingresos de la familia. También extendemos la gratuidad a la educación postobligatoria no universitaria. Hay que dotar de becas suficientes para el acceso a los estudios universitarios de toda la población, reduciendo las tasas significativamente. En general, hay que tender hacia la gratuidad total de la educación pública, desde la primera infancia hasta la universidad. 

 

Entendemos que nunca hay que segregar al alumnado por criterios de capacidad, sexo, diversidad cultural o social, o cualquier otra causa. Hay que formar al profesorado para que esté capacitado para estas funciones inclusivas y adaptadas al ritmo y capacidad de cada alumno/a, así como reconocerle el ejercicio de superación que supone el llevarlas a cabo. El fracaso escolar debe ser combatido con fuerza, recursos y objetivos, de tal forma que se establezca un plan de medidas para favorecer el éxito escolar de todo el alumnado en la educación obligatoria, concretando actuaciones de apoyo a quienes presenten dificultades de aprendizaje, desde el momento en que éstas se detecten. Hay que garantizar un incremento en la dotación de recursos a las zonas y centros educativos con mayor escolarización de alumnado con dificultades y/o en desventaja social. Para ello, como hemos enunciado, el sistema educativo debe ser inclusivo y solidario. No caben las competiciones entre centros, la educación debe ser la misma en una escuela pública de Vallecas que en una del barrio de Salamanca, refiriéndonos por ejemplo a Madrid (extiéndase esto al conjunto del Estado Español). No cabe el elitismo, no cabe la selección de alumnado ni el favoritismo escolar. Solo cabe la educación universal, en el más pleno sentido de la palabra. Por su parte, el currículo escolar, es decir, los contenidos en la educación, lo que se enseña en una palabra, es un aspecto importantísimo al que le hemos dedicado mucho espacio en artículos anteriores de la serie, dada su importancia. Como norma general, hemos insistido en que debe ser un currículo sin idearios particulares. Ello implica para el mismo las siguientes características: currículum laico, para la vida, pluricultural, integral, adaptado al contexto, que potencie el conocimiento libre, abierto y compartido, no competitivo y ecológico. Desarrollaremos un poco más algunas de estas características a continuación. El sentido laico del currículo escolar ya fue discutido y desarrollado a fondo en las primeras entregas de esta serie, por tanto remito allí a mis lectores y lectoras que deseen una mayor fundamentación pedagógica sobre dicha condición. Pero hay que insistir en ello, pues es uno de los puntales educativos que, dada la fuerza y el respaldo sociológico de la Iglesia Católica en nuestro país, más difícil y complicado resulta conseguir. 

 

Veamos: el carácter laico debe respetarse no solo en el aula, sino en todo el conjunto del sistema educativo. Es decir, debemos alcanzar un sistema educativo que respete plenamente la libertad de conciencia, eduque sin dogmas y elimine toda forma de adoctrinamiento hacia los estudiantes. En consecuencia, la religión (nos referimos evidentemente a sus formas confesionales, no a un posible conocimiento sobre la historia de las religiones, que es tremendamente interesante como cualquier otro aspecto de las civilizaciones humanas), TODAS LAS RELIGIONES, incluyendo sus actos y simbología, deben abandonar el currículo y el propio ámbito escolar. Para ello, como ya hemos mencionado en anteriores entregas, debemos conseguir derogar los Acuerdos con el Vaticano, así como eliminar también los acuerdos con las diferentes confesiones que permiten la presencia del adoctrinamiento religioso en las aulas. Por su parte, la educación integral es otro de los puntales donde debe basarse el currículo: contra la tendencia a un currículo cada vez más científico, práctico e instrumental, orientado sobre todo a los futuros puestos de trabajo, nosotros apostamos por un currículo para la vida, esto es, un currículo que reúna e integre el conocimiento de las ciencias y de sus aplicaciones tecnológicas, pero también de las humanidades, de las ciencias sociales, de las artes, de los saberes populares y tradicionales y aquéllos que componen o se necesitan en la vida cotidiana, de forma que sirva al cuidado de las personas, de la naturaleza y de la vida comunitaria. Un currículo que también facilite la deliberación de problemas controvertidos, y ayude a comprender el medio natural en el que se habita, para poder construir con todo ello una (futura) ciudadanía formada, informada y crítica. Aspectos como la educación sexual, la educación vial, la educación ecológica, etc., constituyen grandes hitos a alcanzar si de verdad queremos formar a personas críticas y éticas, que sean capaces de pensar, comprender y analizar el mundo en el que viven, y no se conviertan en meras piezas sumisas y obedientes a las posibles tendencias dominantes. Sólo una verdadera educación crítica e integral será capaz de conformar una personalidad adulta libre y crítica, capaz de mejorar el mundo que le toca vivir. Continuaremos en siguientes entregas.

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