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13 octubre 2020 2 13 /10 /octubre /2020 23:00

Vivimos en una sociedad sexista, androcéntrica y patriarcal que cuenta, por tanto, con diversas instituciones que aseguran el dominio de los hombres sobre las mujeres y la prostitución es una de esas instituciones, al igual que lo es el amor romántico, el matrimonio, el modelo del trabajador a tiempo completo sin responsabilidades familiares y la jerarquía dentro de las empresas

Magdalena López y Ruth Mestre

Iniciamos aquí una nueva serie de artículos, donde vamos a abordar la prostitución, como su título indica, desde una perspectiva abolicionista, es decir, fijando éste como el objetivo deseable. Haremos un recorrido y un análisis por las diversas manifestaciones del fenómeno de la prostitución, intentando desarrollar todos sus aspectos, y abordándolo de la forma más justa posible. De entrada, ya avisamos de que, hoy día, la postura abolicionista, aún siendo la más extendida entre la izquierda, no es unánime, sino que existen determinados colectivos y corrientes de pensamiento que proponen otras soluciones. Pero nosotros, como aquí iremos exponiendo, nos situamos en la corriente abolicionista, que como su nombre indica, aboga por erradicar el fenómeno de la prostitución de una manera integral, es decir, no solo mediante un marco legal propicio y adecuado, sino también construyendo un modelo social al que le repugne la prostitución y por tanto, comprenda y asimile que dicho fenómeno no puede tener cabida en una sociedad avanzada, justa y democrática. Somos perfectamente conscientes de que el fenómeno de la prostitución ha cambiado muchísimo a lo largo de las últimas décadas, y que enfrentarse a él implica, hoy día sobre todo, enfrentarse en una lucha sin cuartel contra las poderosas organizaciones criminales y mafiosas que se dedican a la trata y explotación de seres humanos, un lucrativo y execrable negocio internacional con poderosos tentáculos. Pero además de ello, también hay que luchar contra los patrones sociales permisivos hacia la prostitución, hijos a su vez de los patrones machistas y patriarcales, que también contribuyen a sostener el fenómeno, como ya algunos países vienen demostrando a través de sus políticas. Comenzaremos con la falacia de la vertiente "laboral" de la prostitución, basándonos en este artículo de la escritora sueca Kajsa Ekis Ekman, autora de algunos trabajos sobre el tema, y miembro del Centro Sueco de Estudios Marxistas.

 

En primer lugar, entendemos que, bajo el auspicio y brutalidad del capitalismo, el discurso del supuesto "trabajo sexual" ha provocado mucha confusión (otro tanto le ha ocurrido, salvando las oportunas distancias, al fenómeno de los vientres de alquiler, es decir, a la gestación subrogada), ya que la bandera de los supuestos "derechos de las trabajadoras del sexo" cada día se utiliza más como peligroso eufemismo de los derechos de los proxenetas, los propietarios de burdeles y los hombres que pagan por tener sexo. Como en tantos otros aspectos de la política, la batalla del lenguaje es una batalla importante, y es aquí donde hemos de incidir, y volver a llamar a las cosas por su nombre. Y simplemente, lo que es explotación (en este caso, sexual) no puede estar de ningún modo regulado. Habrá quien diga que en todas las relaciones laborales existe explotación bajo el capitalismo, y que ésta está regulada, y es cierto, pero iremos viendo cómo en el caso de la prostitución actúan una serie de elementos que no podemos aceptar bajo parámetros regulatorios. Gracias por tanto a este discurso podríamos decir "laboralista" de la prostitución, hoy día el discurso de aceptación del supuesto "trabajo sexual" ha hecho posible que el otrora "oficio más antiguo del mundo" se convierta en la profesión más moderna. De esta forma, para la mayoría de los/as que sostienen ese discurso, la prostitución ya no es considerada como un vestigio medieval de carácter patriarcal, sino como una actividad subversiva, liberadora, incluso feminista. Nosotros no estamos de acuerdo con ese enfoque. Explica la autora del artículo de referencia: "A los movimientos feministas se les vendió la prostitución como el derecho de la mujer a su propio cuerpo; a los neoliberales, como un símbolo del libre mercado; a la izquierda, como "trabajo sexual" que necesita sindicatos y derechos laborales; a los conservadores, como un acuerdo privado convenido entre dos personas al margen de toda intervención social; al movimiento LGTB, como sexualidad que exige su derecho a expresarse. La prostitución se convirtió en un camaleón capaz de adaptarse a todas las ideologías. Y cuando la izquierda abraza la prostitución como "trabajo", lo hace pasando por alto que el marxismo considera el trabajo como algo intrínsecamente alienante que debería ser abolido y el resultado de la pérdida de la capacidad de trabajadores y trabajadoras a decidir sobre sus propias vidas. Otro elemento ausente es la conciencia sobre la forma utilizada por el capitalismo para expandirse de manera incesante en cada vez más dimensiones de nuestra vida, haciéndonos ver nuestros cuerpos y mentes como meras mercancías". 

 

De hecho, hoy día es comúnmente aceptado y deseable, desde la lógica capitalista,  incluir en el cómputo del PIB de los países las actividades repudiadas y delictivas, tales como la prostitución o el tráfico de armas o de drogas. Para los neoliberales, al fin y al cabo, todas ellas son "actividades económicas". Estamos llegando a un punto de aberración tal que las propias bases morales de las sociedades están siendo frontalmente atacadas bajo el enfoque capitalista, que todo lo inunda, y lo que es más grave, dicho enfoque se ha convertido en preferente e incluso asumido por las mayorías sociales. Y es un enfoque perverso y peligroso. El primer sindicato de "trabajadoras del sexo" se estableció en Holanda. Dicho sindicado fue fundado por el gobierno holandés y financiado con dinero público desde el momento de su creación, y su dirección estuvo siempre en manos de sociólogos/as sin experiencia en prostitución, nunca de personas que sufrieran dicha situación. De hecho, hay hoteles en Ámsterdam que poseen folletos para los turistas en los que se les insta a que no se sientan culpables por pagar por tener sexo, ya que muchas prostitutas pertenecen a este sindicato. Las referencias a este sindicato holandés fueron muy frecuentes en los libros sobre feminismo de los años 80. Y sin embargo, dicha organización sindical nunca superó los cien miembros, y jamás intervino en ningún conflicto laboral que se diera en un burdel, entre los "empresarios" y las prostitutas allí instaladas. La situación, cuando menos, es ciertamente curiosa. Y continúa la autora del artículo: "Dado que la industria del sexo ha aumentado en el mundo entero, el discurso del trabajo sexual ha adquirido un estatus hegemónico. Y así fue como segmentos de la izquierda y del movimiento feminista se tragaron el anzuelo de la propaganda con el plomo y el sedal: luchar a favor de la prostitución se convirtió en luchar por la libertad. Resulta cuando menos extraño. Hace cien años, la lucha contra la prostitución era un asunto crucial tanto para el movimiento obrero como para el movimiento de las mujeres. Recordemos aquéllos carteles del sindicato británico de estibadores que se hicieron tan populares y en los que se leía "No pararemos hasta barrer toda la miseria, la prostitución y el capitalismo" y "An injury to one is an injury to all", que las feministas convirtieron en la consigna "Nos tocan a una, nos tocan a todas". Los estibadores tenían claro que la prostitución condenaba a sus hermanas de la clase obrera a ser utilizadas por los hombres de clase alta y no estaban dispuestos a permitirlo". 

 

Si miramos aún más atrás en la historia, acabar con la trata de esclavos y esclavas era lo más urgente y prioritario. Hoy día, la prostitución sigue el mismo patrón: sigue siendo la misma industria, los mismos hombres con dinero comprando mujeres pobres, la misma explotación, la misma violencia y la misma trata. La misma repugnancia. Podemos citar, en nuestro contexto, el caso de Alemania, donde la industria de la prostitución es la más importante de Europa, con más de un millón de mujeres vendiendo sexo todos los días. Pues bien, Alemania intentó igualmente la regulación, y sus resultados fueron también decepcionantes: tan solo el 1% de las mujeres prostituidas en dicho país se registraron como "trabajadoras sexuales". En una encuesta realizada posteriormente, la mayoría de las mujeres prostituidas manifestó su intención de dejar la prostitución en cuanto pudieran. No tenía sentido, pues, "afiliarse" a ningún sindicato que las representara. Según las investigaciones de la autora del artículo citado, no existe ni una sola organización que funcione verdaderamente como un sindicato de prostitutas. A veces llegan incluso a albergar los intereses de los proxenetas y de los dueños de los clubs de alterne. Lo lógico es que un sindicato esté compuesto por personas expertas en el sector de referencia, que sea financiado por sus miembros, y que tenga como adversarios naturales a los empresarios de dicho sector, cuyos intereses se enfrentan. Entonces...¿cuál es el sentido de la existencia de estos "sindicatos de las trabajadoras del sexo"? Pues lo cierto es que la mayoría de estas organizaciones forman parte en realidad de un lobby que pretende sobre todo legalizar todos los aspectos posibles de la industria del sexo a través del etiquetado de la prostitución como "trabajo". Y hay que decir que, sin embargo, el ejercicio de la prostitución presenta unos índices de riesgos laborales que pocas ocupaciones poseen: un 82% de las personas en situación de prostitución han sido físicamente agredidas, el 83% han sido amenazadas con un arma y el 68% han sufrido violación. Parecería, pues, que un verdadero sindicato de las "profesionales del sexo" tendría mucho trabajo, ¿verdad? En fin, la tasa de mortalidad entre las mujeres (la representación masculina es ínfima) que se dedican a la prostitución es más elevada que la de cualquier otro grupo femenino, incluso mayor que la de mujeres sin techo o mujeres toxicómanas. 

 

¿No debería cualquier "sindicato" que representara de verdad a las mujeres en situación de prostitución ocuparse en rebajar estas terribles cifras? Pues lo cierto, sin embargo, es que muchas de las organizaciones que se definen como tales no solo no las combaten, sino que hacen justo lo contrario: enmascaran los problemas. Sólo dicen lo mucho que empodera a las mujeres el hecho de dedicarse a la prostitución, que ésta es una verdadera liberación del patriarcado, y una excelente forma de desafiar sus límites. No parece por tanto que ahí tengamos la solución para ayudar en su vida a las mujeres que son explotadas por esta lacra social. Y entonces nos preguntamos...¿por qué ocurre todo esto? Pues, sencillamente, porque la industria internacional del sexo es una de las más poderosas del mundo, y debido a ello, la prostitución se ha colocado en el corazón mismo del capitalismo, tal como afirma el título del libro de la escritora feminista Rosa Cobo, Profesora de Sociología de la Universidad de A Coruña, a la que seguimos en este artículo. Dicha industria del sexo incluye una gran variedad de negocios, es decir, está "diversificada", siguiendo el lenguaje capitalistas de las grandes corporaciones: la componen desde macroburdeles o locales de streptease hasta editoriales, desde casas de masaje hasta agencias de "acompañantes", desde películas hasta revistas de pornografía, desde sitios web hasta las mafias del turismo sexual. Pero además, la industria del sexo no acaba en el conjunto de negocios que forman parte del propio sector de la prostitución, sino que también otros muchos actores y agentes económicos se lucran de esta industria y contribuyen a su crecimiento. En efecto, diversos negocios cuya función no está directamente vinculada a la prostitución, también sirven a sus intereses y se sirven de esta industria para incrementar sus beneficios. Entre ellos se encuentran hoteles, empresas de bebidas alcohólicas, periódicos, farmacias, taxis o karaokes. Se pregunta Rosa Cobo: "¿Qué ocurriría si las empresas productoras o distribuidoras de bebidas alcohólicas se negasen a surtir a los burdeles o los periódicos no aceptasen publicar anuncios de locales o pisos en los que se ejerce la prostitución? Lo que quiero señalar es que la prostitución es el eje de todo un sector económico que se articula en torno a los cuerpos de las mujeres prostituidas. El centro de la industria del sexo son los cuerpos de las mujeres, que se han convertido en las mercancías sobre las que se ha edificado esta industria global. Y más concretamente, toda esta actividad económica se sustenta sobre la vagina y otras partes del cuerpo femenino, que se han convertido en el fundamento de un negocio organizado a escala global". Continuaremos en siguientes entregas.

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