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16 noviembre 2020 1 16 /11 /noviembre /2020 00:00
Ilustración: Javier Ferrero

Ilustración: Javier Ferrero

El torturar a cerdas preñadas y arrancarles las crías del útero es algo indefendible, al igual que el trato a la mayoría de los millones de cerdos que se consumen como embutidos y tocino cada año. Son criados en granjas industriales sucias y abarrotadas, enjaulados y privados de todo lo que es natural e importante para ellos. A los cerdos bebé les cortan los dientes y los rabos cuando apenas tienen unos pocos días de vida (no les suministran nada para aliviar el dolor) y raramente, o nunca, respiran aire fresco o sienten el sol en sus espaldas hasta el día en que son enviados al matadero. Sufren durante toda su vida solo para darle al hombre un momento fugaz de sabor (…) Es momento de que nos desvinculemos de este ciclo cruel de maltrato animal adoptando un estilo de vida vegano

Harriet Barclay

En los artículos anteriores hemos abordado la problemática del mundo animal en las facetas de explotación por parte del ser humano, en todas sus vertientes, y en la utilización de animales domésticos o de compañía. Pero es también importante resaltar las situaciones que viven los animales en el mundo salvaje. Continuaremos tomando como referencia el sitio web Etica Animal para esta revisión. La visión que solemos tener los humanos sobre este asunto es una visión idílica: la mayoría de nosotros nos imaginamos a un mamífero de gran tamaño, sano, adulto y exótico, como un león, una pantera, una jirafa o un elefante, o quizá a cualquier otro gran vertebrado, como un ave. Pensamos en animales felices, que campan a sus anchas en su entorno natural, que disfrutan sin que ningún ser humano les cause ningún daño, y que tienen sus necesidades satisfechas. Sin embargo, la vida no es fácil para los animales que viven en la naturaleza. Desde el mismo momento en que comienzan a existir, deben enfrentarse a serias amenazas, que les hacen padecer de manera muy considerable. Los motivos de esto son muy diversos: en ocasiones, los animales sufren daños que son el resultado directo de la acción humana. Por ejemplo, las colonizaciones de nuevos territorios, las actividades de caza y pesca, los diversos negocios asociados a los productos obtenidos de los animales salvajes, o los viajes de placer que los seres humanos organizan a territorios donde viven estos animales, son típicas causas que podríamos encuadrar aquí. En otros casos, el sufrimiento y la muerte ocurre por circunstancias naturales o por una combinación de éstas con la acción humana. Entre las circunstancias que pueden ser parcial o completamente naturales se encuentran las condiciones climáticas extremas, las catástrofes naturales, los incendios, las inundaciones, el hambre y la desnutrición, la sed, una gran variedad de enfermedades, los accidentes y heridas, los conflictos con otros animales, el parasitismo o el estrés psicológico. Estas circunstancias se dan de manera habitual, y causan a los animales daños nada desdeñables, y que no son menores que los que sufrirían animales domesticados o seres humanos de estar en su lugar. De hecho, tales daños provocan que muchos animales que viven en la naturaleza tengan vidas que contienen mucho más sufrimiento que placer. La visión idílica que mostrábamos al principio, por tanto, no es tal. 

 

Por ejemplo, podemos pensar en un polluelo que se haya caído del nido y que se encuentre agonizando, muriendo de inanición durante días en el suelo, sufriendo a causa del frío, la angustia y el dolor de las heridas causadas por la caída. O bien en una cría de pez que muera por inanición tras ser totalmente incapaz de conseguir comida. Estos casos son muy comunes entre los animales jóvenes de muchas especies. Otros pueden ser capaces de sobrevivir durante más tiempo y llegar a adultos, pero experimentan dolor crónico, o mueren tras un gran sufrimiento. Un ejemplo de esto podría ser un ciervo infectado por gusanos de la nariz. Estas larvas crecen en las cavidades nasales del ciervo, hasta que son tan numerosas y grandes que el ciervo no es capaz de respirar, y se asfixia lentamente hasta morir. Ejemplos como éstos nos sugieren que no siempre es correcta la idea de que lo mejor que podemos hacer por los animales en el mundo salvaje es abandonarlos a su suerte. Es cierto que en muchos casos no podremos hacer nada por ayudarles. E incluso en otros casos, darles ayuda puede suponer un daño mayor para otros animales. Pero también existen otras muchas situaciones en las que es posible actuar de formas que resulten beneficiosas para los animales en su conjunto. Por tanto, como una extensión de la preocupación hacia los animales que sufren por culpa de los seres humanos, también debería preocuparnos la situación de los animales que viven en el mundo salvaje, y a los cuales podríamos ayudar. Algunas personas podrían argumentar que no deberíamos ayudar a los animales salvajes que viven en la naturaleza porque hacerlo "no sería natural". Sin embargo, deberíamos tener en cuenta que cuando los seres humanos sufren de formas parecidas a las que afectan a los animales salvajes, por lo general apoyamos que se les preste ayuda. La cuestión entonces es: ¿por qué deberíamos tener una diferente actitud en el caso de los animales? Si podemos salvar a un humano para que no pierda una pierna...¿por qué no a un lobo? Si podemos desparasitar a un niño...¿por qué no a un águila? ¿Salvamos de una riada a una persona humana pero no a un ciervo? Esta parece ser, de nuevo, una forma de discriminación hacia los animales que viven en la naturaleza. Como ya dejamos establecido, los animales no están interesados en sufrir, por lo que deberíamos darles ayuda tanto si los responsables de sus daños son seres humanos como si no. 

 

De hecho, deberíamos tener en cuenta también que nosotros los humanos somos la especie que más alteramos el medio natural, nosotros intervenimos con frecuencia en la naturaleza, para promover nuestros propios intereses (en esta serie de artículos hemos abordado en profundidad las falacias del "desarrollo" y del "crecimiento económico", factores que toman la naturaleza como destino para su expolio, saqueo y destrucción, además de aniquilación del hábitat de multitud de especies animales). Construimos pueblos, urbanizaciones, casas, hospitales, escuelas, bibliotecas, edificios de todo tipo, infraestructuras variadas (oleoductos, gaseoductos, puentes, puertos, aeropuertos...), autovías, también plantamos la comida que necesitamos consumir, y un largo etcétera. Para poder llevar a cabo todo ello necesitamos transformar el medio natural (montañas, valles, ríos, etc.), para que éste se adapte a nuestros objetivos. Si apoyamos entonces transformar nuestro entorno para cubrir nuestras supuestas necesidades, también deberíamos estar de acuerdo y apostar por hacerlo para otros seres igualmente sintientes, como los animales salvajes, cuando necesiten ayuda, ya que muchas veces estamos interviniendo y transformando sus medios de vida. Afortunadamente, las ciencias se han ocupado de estudiar las especies y las poblaciones animales, su anatomía y su neurología, para poder ocuparnos también de ellos. La ciencia veterinaria ha evaluado el bienestar de los animales domesticados, pero también ha examinado el de los animales salvajes. Y en biología animal se ha investigado la dinámica poblacional de muchas especies, sus historias de vida, y las formas en que interactúan con otros animales y con su entorno. Todo ello nos proporciona una base científica sobre la que actuar y desarrollar programas para ayudar a los animales del mundo salvaje. En resumen, no existen motivos para tener hacia los animales salvajes que viven en la naturaleza actitudes diferentes a las que tendríamos si se tratara de animales domesticados o seres humanos, por lo que deberíamos intentar ayudar a los animales que viven en la naturaleza siempre que sea posible. Básicamente, el ser humano puede y debe ayudar a todos los animales que pueda en las situaciones que más arriba hemos descrito, y para ello solo necesitamos más conciencia animalista, es decir, considerar y conceder la importancia adecuada a sus vidas, y actuar en consecuencia. 

 

Habría formas de dar una mayor ayuda a los animales salvajes si tuviésemos un mayor conocimiento y más medios para poder hacerlo. Para que esto sea posible, lo más importante es que exista una gran conciencia generalizada en nuestra sociedad de que deberíamos ayudar a los animales en la naturaleza. El Buen Vivir, en su discurso y mensaje sobre la armonía en la coexistencia entre todos los seres vivos que formamos la Pachamama (Gaia como el gran ecosistema planetario), así nos lo advierte. De lo contrario, es posible que si nunca se considera que esto es algo que deberíamos promover, los animales no sean ayudados en muchos casos en los cuales sería factible hacerlo. Por lo tanto, el activismo (en el plano práctico) y la investigación (en el plano teórico) son de gran importancia para ayudar a que la sociedad se dirija en esta dirección. En la práctica, miles de casos se nos presentan para poder ayudar a los animales que viven en el medio natural: rescatar a animales que se encuentren atrapados, vacunar masivamente a diferentes poblaciones de animales para prevenir enfermedades, tratar a los animales enfermos o heridos, ayudar a los animales en situaciones de incendio o desastres naturales (huracanes, tifones, sequías, olas de calor...), ayudar a los animales a cubrir sus necesidades básicas, adoptar animales que hayan quedado huérfanos, etc. La Biología del Bienestar es un campo de investigación que se ha propuesto para estudiar la situación de los animales en general en lo que respecta a su sufrimiento y bienestar, pero centrándose especialmente en aquellos animales que se hallan en la naturaleza. El potencial de la Biología del Bienestar en lo que se refiere a la reducción del sufrimiento animal podría resultar muy significativo. Esto sería así no solamente porque facilitaría tomar medidas dedicadas a ayudar a los animales y a desarrollar políticas de gestión medioambiental, sino también porque le daría a esta causa la atención y reconocimiento que necesita. En Etica Animal se explica: "La biología del bienestar se puede definir como el estudio de los seres vivos y su entorno con respecto a su bienestar, y representa un enfoque diferente al estudio tradicional de las vidas de los animales en sus ecosistemas. Incorporando el conocimiento de la ciencia de la ecología, la ciencia del bienestar animal, la zoología, y otros campos académicos bien establecidos, esta nueva área de investigación tiene el potencial de mejorar nuestro entendimiento de la situación de los animales que viven fuera del control humano y, de este modo, incrementar nuestras posibilidades de desarrollar estrategias efectivas para darles la ayuda que necesiten". 

 

En concreto, la Biología del Bienestar está centrada en adquirir un mayor conocimiento acerca de los animales como individuos sintientes, y de lo que puede ser positivo o negativo para ellos, así como las formas en que los humanos podemos ayudarles a vivir felices y desarrollar sus capacidades. Como decíamos al comienzo del artículo, hemos de desterrar la visión idílica de los animales salvajes en la naturaleza, simplemente porque no es cierta. La falsa creencia de que los animales disfrutan de vidas placenteras en sus entornos naturales (y de que por tanto no necesitan nuestra ayuda) ha sido la principal causa por la que esta nueva disciplina del conocimiento no se ha desarrollado más hasta ahora, pero esperemos que esto cambie de cara al futuro. Y como hemos explicado hasta la saciedad en los artículos anteriores de la serie, todas estas disciplinas aliadas al Buen Vivir parten de un precepto fundamental, como es considerar a los animales (en general a todos los seres vivos) como seres con dignidad que merecen ser respetados y protegidos. Solo desde este punto de vista podremos avanzar en estas tareas. Y un siguiente paso es ir desterrando de nuestras prácticas sociales todas aquellas donde los animales son protagonistas. Los animales no han de convertirse en objeto de nuestra burla, de nuestra diversión, de nuestra tradición, de nuestro ocio, de nuestros espectáculos, de nuestra impotencia o aburrimiento. Como nos indica Federico Velázquez de Castro González, Presidente de la Asociación Española de Educación Ambiental, en este artículo para el medio Contrainformacion: "Queda mucho por hacer en nuestra sociedad, en la que aún persisten ciertas tradiciones bárbaras, y en donde la educación, la ética y la respuesta social tienen que ir desplazándolas hasta su supresión definitiva". Pues bien, entre todas estas actividades a erradicar, que iremos desarrollando en los próximos artículos, tenemos a las fiestas populares, las corridas de toros, la caza y la pesca deportivas, la cautividad de los animales en determinados recintos habilitados para tal fin, y por supuesto, la explotación que de los animales hacemos para nuestro interés y beneficio, asuntos que ya hemos comentado en estas últimas entregas. En este sentido, la Alimentación (vegana), la Educación (ambiental), la Ética (ecológica) y el Ambiente (la Naturaleza), forman un cuarteto indisoluble de imprescindible valor, que debemos cultivar bajo los parámetros del Buen Vivir, independientemente de la forma que éste muestre en cada territorio concreto. Continuaremos en siguientes entregas.

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