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14 diciembre 2020 1 14 /12 /diciembre /2020 00:00
Filosofía y Política del Buen Vivir (118)

Todos los seres vivos tienen derechos. Incluso los seres vivos más sencillos, radicalmente desprovistos de subjetividad y conciencia, pueden vivir bien o mal: vivir bien, para uno de estos seres, será poder realizar óptimamente sus funciones vitales en un medio ambiente adecuado (…) Todos los seres vivos son pacientes morales que poseen un bien propio, un conjunto específico de capacidades, vulnerabilidades y condiciones de florecimiento que definen lo que para ellos es una buena vida

Jorge Riechmann

Estamos viendo hasta qué punto el Animalismo, entendido básicamente como una filosofía (y una política, pues ambas van también unidas) de comprensión y acercamiento al mundo animal, de armonía, respeto y compasión hacia el mundo animal, es absolutamente imprescindible bajo los marcos del Buen Vivir. Hemos de superar el "tradicionalismo" a que constantemente se refieren quienes pretenden perpetuar sus bárbaras prácticas, pero también hemos de incorporar el Animalismo como una más de las disciplinas que se unen al corpus teórico y práctico de la izquierda, al igual que el Pacifismo, el Ecofeminismo, el Ecosocialismo, el Decrecimiento, etc. En el fondo, como tantas veces hemos insistido en esta serie de artículos, se trata de una lucha encarnizada contra el feroz antropocentrismo que todo lo domina, y que se proyecta igualmente en esta sociedad capitalista, patriarcal, desarrollista y explotadora de todas las formas de vida. Y es que "para la izquierda clásica, los animales han sido considerados como meras unidades de producción, mientras que la derecha mantiene un distanciamiento antropocéntrico con raíces teocráticas, donde los animales han sido meros recursos con los que satisfacer y vanagloriarse de su posición como centro de la Creación; de ese modo, abusando de los animales, recalcan y refuerzan su idea de superioridad de origen divino", como nos explica Luis Víctor Moreno Barbieri, Vicepresidente de PACMA, en este artículo para el medio digital Contrainformacion. Y continúa: "Manteniéndonos al margen de esas caducas corrientes ideológicas, avanza imparable una nueva manera de comprender la realidad, en la que incluimos a los animales en nuestro círculo de consideración moral, en una forma evolucionada de relacionarnos con la naturaleza y con el resto de habitantes con los que convivimos en este planeta. Incluimos el respeto a sus derechos y consideramos los intereses de los animales en una nueva corriente política que no está adscrita a ninguna ideología anterior y que marca una diferencia y una Re-Evolución del pensamiento". Hoy día, la cosificación y explotación animal no tiene límites. Es por ahí por donde debemos comenzar, justamente por abolirla. 

 

Como nos explica Nuria Menéndez, Abogada y Directora del Observatorio Justicia y Defensa Animal en este artículo: "El sistema de explotación animal es el infierno en la tierra. No hay humanidad ni contemplaciones, solo kilos, litros y cifras económicas. Para estos seres esclavizados que se cuentan por billones nada de lo que les espera en su corta vida va a ser dulce o amable. Ni la muerte que pondrá fin a su mísera existencia". La Revolución Animalista persigue en primer lugar esta Liberación Animal, esta descosificación de los animales por parte del hombre, y en segundo lugar, una contemplación, un estatus y un tratamiento armónico y justo con el resto de animales no humanos que habitan la Tierra. Nuria Menéndez califica el trato que damos a los animales como "pandemia ética global", calificación con la que estamos muy de acuerdo. Tenemos que desandar parte de la historia de la humanidad, ya que la cosificación animal comenzó cuando nuestra relación con los animales dejó de ser simbiótica y se volvió parasitaria. Pero es que además, existe una clara y estrecha relación entre el bienestar animal y el cuidado medioambiental, o si se prefiere, el propio bienestar de la Naturaleza y del planeta. Veamos: muchos animales salvajes son explotados con objetivos de comercialización (pieles, colmillos, etc.). Pues bien, además del propio perjuicio animal, mediante estas prácticas también se daña al medio natural, pues éste es parte de un ecosistema y en el mismo, cada especie ejerce un rol determinado. Entonces, como resultado de estas prácticas humanas agresivas, se genera una pérdida de biodiversidad, hecho que impide el mantenimiento de un planeta saludable, rico y equilibrado. El bienestar animal se asocia de esta forma a un concepto holístico dado que comprende lo social y lo natural. Cuando atentamos contra el bienestar de los animales, en verdad estamos atentando contra el bienestar de todo y de todos. El mantenimiento de la biodiversidad es un aspecto sumamente importante para conservar los equilibrios naturales, y el hecho es que la acción humana la está alterando gravemente. En este artículo de Damian Carrington (editor de la sección de Medio Ambiente del diario The Guardian) para el medio digital Sin Permiso, que vamos a tomar como referencia, se da cuenta de que la humanidad ha eliminado a más del 60% de los animales (mamíferos, aves, peces y reptiles) desde el año 1970. 

 

Dicho artículo se basa en un Informe elaborado por 59 científicos para la organización WWF, donde los autores recalcan que dicha pérdida no es solamente una tragedia en sí misma, sino que también amenaza la propia supervivencia de nuestra civilización humana. El informe señala que el vasto y creciente consumo de comida y recursos por parte de la población global está destruyendo las redes de vida y destruyendo miles de millones de años de actividad, de la que la propia sociedad humana depende en última instancia para el aire limpio, el agua y los nutrientes. Según Mike Barret, Director Ejecutivo de Ciencia y Conservación de WWF: "Somos sonámbulos hacia el borde del abismo (...) Si fuera un 60% de la población humana, sería equivalente a destruir la totalidad de Norteamérica, Sudamérica, África, Europa, China y Oceanía. Esta es la escala de lo que hemos hecho". Algunos científicos predicen que incluso si esta destrucción masiva se detuviese hoy mismo, tomaría de 5 a 7 millones de años al mundo natural para recuperarse de tanta aniquilación, y volver a restaurar los equilibrios perdidos, así como la riqueza natural existente antes del comienzo de esta Sexta Extinción. El Índice Planeta Vivo, realizado por WWF para la Sociedad Zoológica de Londres, maneja datos de 16.704 poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios, representando en total más de 4.000 especies, para registrar el declive progresivo de la vida salvaje provocada por la acción humana. Entre 1970 y 2014, los últimos datos disponibles, dichas poblaciones cayeron en un promedio del 60%. Cuatro años antes, el declive fue del 52%. El Profesor Bob Watson, uno de los científicos del medio ambiente más eminentes del mundo, y actualmente Presidente de un Panel Intergubernamental sobre Biodiversidad, ha afirmado lo siguiente: "La naturaleza contribuye al bienestar cultural y espiritual humano, así como a través de la producción de comida, agua limpia y energía, y a través de la regulación del clima terrestre, contaminación, polinización e inundaciones (...) El Planeta Vivo reporta claramente manifestaciones de que las actividades humanas están destruyendo la naturaleza a un ritmo inaceptable, amenazando el bienestar de las generaciones presentes y futuras". 

 

La principal causa de pérdidas de vida silvestre es la destrucción de los hábitats naturales, muchos de ellos para crear plantaciones. Esto provoca el éxodo de animales desde su hábitat original en busca de otros, muchas veces provocando numerosos peligros para ellos en dicha búsqueda. Tres cuartas partes de toda la tierra del planeta están ahora significativamente afectadas por las actividades humanas, en mayor o menor grado. Matar para comida es la siguiente gran causa (300 especies de mamíferos están siendo comidas por el ser humano hasta la extinción), mientras que los océanos son masivamente sobrepescados, con más de la mitad en la actualidad siendo pescados industrialmente. La destrucción forestal, la caza indiscriminada, los vertidos contaminantes de las grandes empresas, la destrucción de ríos y lagos, etc., son las causas principales de extinción de muchas especies: elefantes africanos, orangutanes, tiburones ballena, albatros errante, jaguar, gaviales (un tipo de cocodrilo), salamandra china gigante, erizos, etc., son algunas de las especies que están siendo diezmadas brutalmente por todas estas causas mencionadas. Por su parte, la contaminación química y el comercio globalizado introducen nuevas enfermedades y especies invasivas en los ecosistemas, que alteran también los equilibrios naturales, provocan nuevos éxodos y disminuyen las poblaciones. Tanya Steele, Jefa Ejecutiva de WWF, ha sentenciado: "Somos la primera generación en conocer que estamos destruyendo nuestro planeta, y la última que puede hacer algo al respecto". Según este artículo de EcoPortal, la actividad humana pondrá en riesgo de extinción a 1.700 especies animales en el año 2070. No podemos permitirlo. Sería una destrucción de una magnitud absolutamente irreversible. Dicho riesgo de extinción será debido al expansivo uso de la tierra por parte de los humanos, que privan a los animales de cada vez más lugares donde vivir. Dentro de 50 años, según los científicos, el hábitat natural de algunas especies del planeta se verá reducido hasta en un 50%. Las zonas más afectadas para los animales serán el centro y el este de África, Mesoamérica, América del Sur y el sureste de Asia, debido sobre todo al desarrollo económico, al crecimiento demográfico esperado, y a los cambios en el uso de la tierra. La situación es, pues, ciertamente dramática. Otros modos de vida son y deben ser posibles. Han de ser posibles forzosamente si pretendemos no caer en el abismo civilizatorio, y el Animalismo es uno de los puntales que debemos preservar para ello. 

 

Y el Animalismo incluye también, como ya hemos citado en anteriores entregas, la actitud humana que debe desplegarse, en el sentido de intervenir en la naturaleza con objeto de ayudar a los animales no humanos. Por ejemplo (como ya se hace en algunos países, como India, Estados Unidos o Canadá), podemos distribuir comida a animales salvajes que se encuentren hambrientos debido a la escasez de recursos provocada por un clima extremo. El problema consiste en que estas actitudes no son generalizadas, sino que la ayuda normalmente se restringe a los animales que pertenecen a una especie amenazada, o solo se lleva a cabo si existe riesgo de que su aflicción se extienda a los humanos. Aquéllos que no satisfacen estas condiciones no reciben el mismo tratamiento y consideración, a pesar de experimentar los mismos niveles de sufrimiento. Pero como nos explican en este artículo para eldiario.es: "...la intensidad del sufrimiento de un individuo no depende del tamaño poblacional de su especie ni de los riesgos que suponga para otros seres sintientes. Así que no parece que existan razones que no sean arbitrarias para excluir a la mayoría de los animales de ser ayudados de esta forma y hacerlo cada vez que esté en nuestro poder prevenir o aliviar los daños que padecen". Como ya explicamos en alguna entrega anterior, es equivocada la visión idílica que muchas personas tienen sobre la vida de los animales salvajes, placentera y feliz. Y además, tampoco debemos pensar en ayudarles únicamente cuando su sufrimiento sea provocado por el ser humano, sino en ayudarles sin más, en sentido general, cuando lo necesiten. El mismo altruismo, consideración y empatía que desarrollamos con los humanos, hemos de desarrollarlo también hacia los animales. Todos ellos son seres sintientes, y nuestra consideración moral debe ser la misma, aunque establezcamos una especie de graduación en la valoración de unas vidas sobre otras cuando se presenten conflictos. En definitiva, el rechazo al Especismo, junto a la extensión de nuestro universo moral (para superar el Antropocentrismo), que ya hemos debatido en anteriores entregas, nos obliga a extender nuestra ayuda hasta incluir a todos los animales en situación de necesidad, tanto humanos como no humanos, tanto domésticos como salvajes. Continuaremos en siguientes entregas.

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