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21 diciembre 2020 1 21 /12 /diciembre /2020 00:00
Viñeta: Antonio Rodríguez (A 5 años del Acuerdo de París sobre el Clima)

Viñeta: Antonio Rodríguez (A 5 años del Acuerdo de París sobre el Clima)

Si a los viajeros que ocupaban las plazas más económicas del Titanic les hubieran preguntado por sus reivindicaciones unas horas antes del naufragio, seguramente hubieran planteado cuestiones relacionadas con la precariedad de sus camarotes, la comida o el trato discriminatorio recibido, pero ninguno habría podido exigir un cambio de rumbo para evitar la catástrofe. Sencillamente, no podrían haberlo hecho porque la información de la que disponían no les permitía conocer que el rumbo del barco había sido temerariamente determinado por la naviera y conducía a un naufragio que se cobraría muchas vidas

Fragmento de “La Gran Encrucijada”

CONCLUSIONES FINALES

 

Bien, llegados a este punto, donde hemos expuesto de forma profunda los fundamentos de los principales paradigmas donde se asientan tanto la filosofía como la política sobre el Buen Vivir (visión indigenista, decrecimiento, ecosocialismo, ecofeminismo, teoría del desarrollo a escala humana, animalismo...), es hora ya de encaminarnos hacia la recta final de esta ya extensa serie de artículos. Vamos a ir, entonces, recogiendo los mensajes fundamentales que hemos intentado difundir, para ir cerrando la serie a modo de corolario. Lo primero que hicimos, durante nuestros primeros artículos, fue presentar la magnitud y envergadura planetaria de la crisis eco-social que estamos sufriendo, presentándola como una crisis civilizatoria, es decir, no como una crisis unidimensional, sino como un verdadero fenómeno multidimensional que afecta a muchas facetas de nuestra civilización capitalista, hoy día absolutamente globalizada. Para ello, en primer lugar fuimos mostrando los graves efectos del cambio climático que ya se están manifestando, así como las demostraciones de que dichos cambios se deben a la actividad humana sobre la tierra. Hemos entrado ya en un "capitalismo de catástrofe", es decir, en una fase necropolítica, donde el Capitaloceno muestra su cara más terrorífica. La distopía que las bases del capitalismo están provocando se extienden a múltiples facetas no solo de la vida humana, sino que también son causantes de la depredación que se está llevando a cabo sobre el resto del entorno natural, y del conjunto de seres vivos. Después de analizar todas las manifestaciones del cambio climático en nuestros días, así como las previsiones para el futuro próximo, comenzamos a analizar también la crisis de materiales y de fuentes energéticas a la que también estamos sometidos, comenzando por el pico del petróleo como fuente de energía no renovable fundamental en nuestros tiempos, y continuando con el resto de energías fósiles y renovables, planteando las posibles alternativas, así como la imperiosa necesidad de reducir el consumo de las mismas, y de establecer transiciones energéticas justas para otro mundo posible. 

 

Como ya expusimos, en varias décadas el petróleo comenzará a escasear, y poco después el gas natural, del que aún quedan más reservas, y el carbón. Dicha carestía provocará una escalada en los precios de los combustibles que provocará graves desajustes y crisis paralelas, especialmente en aquellos países que no cuentan con recursos propios, o bien que basan su modelo económico en gran parte en la explotación de estos combustibles fósiles. Lo peor de todo, como ya hemos destacado, es que no existe ningún Plan B, ya que las energías alternativas, cuyo auge debe fomentarse mucho más por parte de los distintos gobiernos y organismos internacionales, no pueden compensar actualmente la capacidad energética de los recursos fósiles. Esta vez, por tanto, la crisis energética no será coyuntural sino estructural, debido a su propio agotamiento. En su momento, expusimos también hasta qué punto todo ello puede causar en el futuro enormes estallidos sociales, con el riesgo incluido de aumento de los ecofascismos, que provocarán enfrentamientos sociales a gran escala por la apropiación de los recursos. Esteban Mira nos dibuja un panorama desolador en este artículo, pero perfectamente previsible, del cual recojo un extracto a continuación: "A partir del año 2025 nos podemos encontrar con un mundo superpoblado, con más de 8.000 millones de habitantes, un ecosistema profundamente alterado, un cambio climático en plena vorágine y un capitalismo industrial en quiebra por falta de fuentes de energía baratas. Ello provocará a su vez un crecimiento generalizado del precio de los alimentos, que por otro lado ya ha comenzado, así como la escasez cada vez mayor de agua dulce de calidad. Crisis energética, cambio climático, colapso ecológico, derrumbe del sistema capitalista, hambrunas y migraciones a gran escala serán, si nada ni nadie lo remedia, inevitables. Los grandes ecosistemas del mundo serán cada vez más secos y estarán más expuestos a los incendios, al tiempo que grandes oleadas víricas harán estragos en la población. En medio de la crisis del capitalismo es posible que surjan regímenes totalitarios y que la democracia vaya perdiendo terreno progresivamente". Como decimos, se trata de un panorama perfectamente previsible, por lo tanto, lo que hemos de hacer es aceptar que sufriremos el colapso civilizatorio (algo ya inevitable a estas alturas), e intentar minimizarlo, migrando lo más rápido y pronto posible hacia otras coordenadas políticas, sociales, económicas y culturales. 

 

Para conseguir el traslado a estas nuevas coordenadas, nosotros hemos propuesto desde esta serie de artículos los postulados filosóficos y políticos del Buen Vivir, originalmente parte del paradigma de convivencia de los indígenas de América Latina, pero ya extrapolado al resto del mundo y completado con la aportación de otros paradigmas occidentales, por todo lo cual entendemos que es la multiplicidad de sus propuestas, y no una sola de ellas, la que puede minimizar los efectos del colapso y hacernos cambiar hacia otras coordenadas civilizatorias más justas y sostenibles. El plano cultural es en este punto fundamental, pues es imprescindible dejar de creer en determinados dogmas culturales que la llamada Modernidad y sobre todo la civilización capitalista globalizada nos han impuesto, tales como la fe ciega en la tecno-ciencia, es decir, la creencia fanática de que los avances tecnológicos solucionarán todos los problemas del presente y los que se puedan presentar en el futuro. Hemos de abandonar la visión hedonista e insolidaria del mundo actual, dejar de adorar los supremos valores del individualismo y la competitividad, para comenzar a abrazar los valores de la ayuda mutua, de la solidaridad, de la justicia social y ambiental, de la igualdad, de la cooperación y de la frugalidad, para que nuestros esquemas mentales sean coherentes con nuestras prácticas políticas. De la concienciación de todos depende que el cambio sea más o menos traumático. Si pretendemos sobrevivir al abismo civilizatorio, el capitalismo debe ser desterrado, activamente o de forma subrepticia, es decir, migrando colectivamente a otros modos de pensar, de producir y de consumir. En esencia, a otros modos de vivir. Y ello porque el capitalismo, lejos de implosionar debido a sus contradicciones internas, se está reconfigurando y continúa su búsqueda implacable de nuevos mecanismos para seguir incrementando su tasa de ganancia hasta exprimir la última gota de sangre a la humanidad, a los animales y al planeta. Todo puede ser mercantilizado. Todo se convierte en una "oportunidad" para nuevos negocios. Los desastres naturales, la especulación financiera, el militarismo, la trata de mujeres y niños, los mal llamados "servicios ambientales" de los bosques, el agua...No existen límites para el capitalismo, un sistema sin piedad, sin honor y sin ética. 

 

La sobreexplotación, el sobreconsumo y el derroche son los principales motores de este sistema que requiere de la falacia del "crecimiento sin límites" en un planeta finito, ignorando los límites biogeofísicos del mismo. El aumento de las desigualdades y la destrucción de los ciclos vitales de la Naturaleza son su legado. Y con ellos, la aniquilación de todas las formas de vida. Pero el capitalismo no es el único gran puntal que hay que superar, porque en realidad estamos amenazados por el tipo de civilización capitalista-patriarcal-colonialista-desarrollista-extractivista-antropocéntica que hemos creado durante los últimos siglos. El Buen Vivir, como hemos venido exponiendo profundamente, nos invita a superar todos los cimientos de esta perversa civilización, que nos conduce ya al precipicio. El Buen Vivir nos insta a descolonizarnos de todos estos valores, desmantelando dichos sistemas políticos, económicos, sociales, culturales y mentales que imperan de forma hegemónica, gozando del sustento de la mayoría de las comunidades del planeta. Pero como tantas veces hemos repetido durante esta ya extensa serie de artículos, el Buen Vivir no es un tratado definido, sino un concepto en continua construcción y debate. El Buen Vivir no es un conjunto de recetas culturales, sociales, ambientales y económicas, sino una mezcla compleja y dinámica que abarca desde una concepción filosófica del tiempo y el espacio hasta una cosmovisión sobre la relación entre los seres humanos y la Naturaleza. Como puntales fundamentales para el cambio hacia otro modelo alternativo de sociedad bajo los parámetros más generales posibles del Buen Vivir, que bien pudieran adaptarse a cualquier país, nación, Estado o comunidad, podríamos establecer los siguientes (propuestas tomadas del Seminario de Economía Crítica Taifa):

 

1.- UN RÉGIMEN DE PRODUCCIÓN COMUNITARIO: Que no explote a las personas ni a los animales, ni derroche recursos del sistema. Un sistema que potencie el valor de uso en la producción y la desmercantilización de la Naturaleza. Se ha de comprender que la justicia es más importante que el crecimiento, la eficacia y la eficiencia. 

 

2.- UN RÉGIMEN DE PROPIEDAD COLECTIVO: Que deje de alabar el sacrosanto concepto de la "propiedad privada", y comience a pensar de forma comunal, y en función de los valores de uso, y no de los valores de cambio. 

 

3.- UN SISTEMA DE DISTRIBUCIÓN EQUITATIVO: Que el acceso a los bienes que satisfacen las necesidades básicas esté asegurado, aunque no se trabaje. No se puede tolerar la pobreza. Todos tenemos derecho a vivir dignamente, independientemente de nuestras circunstancias personales, laborales, familiares, etc. 

 

4.- QUE LOS PROCESOS DE TRANSFORMACIÓN SE INICIEN DESDE LA BASE: Es decir, de abajo hacia arriba. Ello implica que la gestión del poder sea horizontal, igualitaria, participativa, abierta, democrática, plural y no jerárquica. 

 

5.- UN SISTEMA DE VALORES BASADO EN EL BIEN COMÚN: Que el sistema de afectos y valores proponga, potencie y gire en torno al bien común. El bienestar social y colectivo debe ser prioritario sobre el bienestar individual, aunque éste también sea importante. 

 

Continuaremos en siguientes entregas.

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