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16 diciembre 2020 3 16 /12 /diciembre /2020 00:00

Como una superviviente de la prostitución respondió a la afirmación de que la prostitución no es ni mejor, ni peor que darles vueltas a las hamburguesas en un McDonald’s: “En el McDonald’s tú no eres la carne; en la prostitución tú eres la carne”. El término “trabajadora sexual” es un arma retórica en la normalización de la prostitución

Rachel Moran

Tomaremos como referencia para esta entrega, por su estupenda exposición, este artículo de Ignacio Aiestaran para el medio digital Rebelion (que ya referenciamos en nuestra entrega anterior), del cual hemos recogido incluso su misma cita de entradilla. Bien, en primer lugar, Aiestaran expone hasta diez razones por las cuales la prostitución no puede ser normalizada ni regularizada. Algunas de ellas ya las hemos comentado en anteriores entregas, pero siempre se aportan visiones, argumentos y perspectivas nuevas. Vamos a ellas: 

 

1.- En todo trabajo asalariado hay explotación, pero la explotación sexual no es un trabajo más, en contra de la propaganda que pretende normalizarla y regularizarla. La explotación sexual se asemeja más a las condiciones de esclavitud que a un trabajo. En un trabajo asalariado hay un centro de trabajo, pero en la explotación sexual el propio cuerpo de la víctima es el centro de trabajo, lo cual marca una diferencia absoluta. Por eso, hablar de "trabajo sexual" es incorrecto y resulta más apropiado hablar de explotación sexual, sin idealizaciones, ni eufemismos para denominar su carácter invasivo y abusivo. 

 

2.- La explotación sexual se asemeja a otras explotaciones que son inadmisibles, por mucho que haya consentimiento de la víctima o un contrato voluntario. Por ejemplo, hay actividades invasivas, como la explotación reproductiva (vientres de alquiler o gestación subrogada) y la explotación quirúrgica (extracción y venta de órganos), que no resultan admisibles, por mucho que la víctima firme su consentimiento y reciba compensación económica por ello. En la explotación sexual ocurre otro tanto. En la explotación sexual, la reproductiva y la quirúrgica es el propio cuerpo la medida de la explotación y por eso estas explotaciones invasivas resultan ser prácticas perjudiciales y totalmente abusivas, si no ilícitas.

 

3.- Otro factor que impide que la explotación sexual sea un trabajo normalizado es que, como a veces han expresado los tribunales, si se acepta como un empleo más, se admite entonces que puedan existir contratos de trabajo donde no haya libertad sexual. Este es un derecho laboral básico que no se puede suprimir. Ningún empresario tiene derecho a decidir sobre la libertad sexual de sus empleados o empleadas, ni tiene tampoco derecho a incluir ninguna cláusula contractual en la que la persona explotada tenga que renunciar a su libertad sexual. Hacerlo así sería retroceder de forma brutal en derechos. La libertad sexual nunca se puede ver limitada, ni afectada por un contrato de trabajo. 

 

4.- No se puede romantizar la explotación sexual como una actividad laboral más. Ignacio Aiestaran lo expresa en los siguientes términos: "Una actividad de felaciones y penetraciones impuestas no tiene encaje siquiera en los servicios públicos de empleo de las economías capitalistas. En el 2013 una agencia de empleo de Augsburgo le ofreció a una joven que solo tenía 19 años un puesto de trabajo en un burdel de la ciudad. Cuando la oferta salió a la luz pública, el servicio de empleo tuvo que disculparse. ¿De verdad deseamos un mercado laboral inundado de ofertas y anuncios de explotación sexual? ¿Ese es todo el futuro que se les ofrece a las adolescentes y mujeres jóvenes sin empleo? Si un día se consiguiese acabar con el capitalismo y se alcanzase un sistema económico justo, algunos de los actuales oficios podrían pasar perfectamente a ese nuevo tipo de organización de la sociedad, pero, desde luego, la explotación sexual no tendría cabida en él".

 

5.- El derecho a la sindicación es básico en la actividad laboral. En la explotación sexual, sin embargo, no puede haber sindicatos. Para que haya sindicatos es necesario reconocer una patronal empresarial, pero no puede haber un empresario o un jefe en este tipo de explotación, porque eso sería tanto como dar reconocimiento y cobertura al proxenetismo, lo cual además constituye un delito. Este fue el motivo principal por el que la Audiencia Nacional de España impidió en 2018 que la organización OTRAS se constituyera en sindicato, porque, de haberse aprobado sus estatutos, se hubiera amparado el proxenetismo directamente. Y añade Aistaran: "Que una parte del activismo feminista más mediático, desde Silvia Federici y Rita Laura Segato hasta Nancy Fraser, hiciese campaña por la legalización de esos estatutos que dejaban espacio para el proxenetismo es representativo de la romantización de la explotación sexual realmente existente". 

 

6.- Nunca deberíamos olvidar que la explotación sexual rompe todo principio de igualdad, sobre todo entre hombres y mujeres, teniendo en cuenta que sus víctimas mayoritariamente son mujeres vulnerables, empobrecidas y necesitadas económicamente. Este tipo de explotación rompe cualquier principio de solidaridad y justicia en igualdad, aunque se quiera disfrazar como un trabajo y un consumo más. Lo resumió perfectamente Alexandra Kollontay en su informe sobre las mujeres y cómo combatir la prostitución de 1921: "La prostitución destruye la igualdad, la solidaridad y el compañerismo de las dos mitades de la clase obrera. Un hombre que compra los favores de una mujer no la ve como una camarada o como una persona con iguales derechos". La explotación sexual y su consumo contribuyen al desclasamiento y a la división de la clase explotada y desposeída. 

 

7.- Un argumento típico que emplean quienes quieren normalizar la explotación sexual es que la prostitución siempre ha existido, que es "el oficio más viejo del mundo" (y otras expresiones por el estilo), y que nunca se va a erradicar, como si fuese un hecho natural del mundo. Tiene mucho que ver con la gente que "describe" las maldades del mundo para intentar convencer de que "es lo que hay", cuando en realidad están encubriendo que simpatizan con ellas. Es el mismo argumento que empleaban los esclavistas algodoneros para poseer esclavos y esclavas en sus plantaciones, con el fin de naturalizar y normalizar la peor opresión y explotación. Pero no hay que dejarse engañar: que una práctica abusiva tenga muchos siglos de historia no quiere decir que sea natural, o que no pueda ser cambiada, o que tengamos que seguir aceptándola porque haya existido durante mucho tiempo. Cada derecho nuevo siempre ha sido conquistado contra prácticas abusivas que en el pasado se consideraron naturales e inalterables. 

 

8.- Unido al punto anterior, hay personas, especialmente hombres, que quieren justificar la explotación sexual como una necesidad masculina. Es cierto que los seres humanos tenemos necesidades sexuales (tanto hombres como mujeres), pero afirmar que la satisfacción de esas necesidades pasa por legitimar la explotación de otras personas, especialmente mujeres, es una forma abusiva y opresora a todas luces, que rompe con cualquier principio de igualdad y que además se adentra peligrosamente en el terreno de la cultura de la violación, porque presenta a la persona que utiliza sexualmente a otra como alguien que no tiene más remedio que hacer lo que hace, como si no pudiera controlar o suprimir el deseo de posesión y dominio. Una perspectiva ciertamente muy peligrosa. 

 

9.- El lobby de la prostitución y de su entramado empresarial quiere vender la idea de que existe una explotación sexual buena (la prostitución) y otra mala (la trata de personas con fines sexuales). Pero en realidad, esto es otra falacia. No existe una explotación buena y otra mala. Todo tipo de explotación sexual es violenta por sí misma y vulnera derechos fundamentales, como la libertad sexual. De todos modos, sí que es cierto que la trata de personas (con todo su entramado criminal y mafioso) resulta más cruel, porque en ella concurren delitos tan graves como el secuestro y la "venta" de personas. Por otro lado, es cada vez más frecuente que la prostitución realmente existente (no la romantizada en películas como por ejemplo Pretty Woman) se vea unida a la trata de personas, porque el proxenetismo desplegado por estas mafias se expande mucho más violentamente, sobre todo allí donde los Estados y las autoridades poseen políticas más permisivas, hacen la vista gorda, no poseen medios para luchar contra ellas, o simplemente lo toleran cada día con hipocresía y cinismo. 

 

10.- Por último, como décimo punto, tenemos que señalar un aspecto fundamental: la hipocresía y el cinismo de nuestras Administraciones, tanto locales, como nacionales, supranacionales e internacionales. Como venimos afirmando, la abolición de la prostitución implica luchar contra estas poderosas organizaciones mafiosas que secuestran y trafican con las mujeres, las esclavizan, las prostituyen y las amenazan continuamente. Para ello hacen falta medios, evidentemente, pero también hace falta otra cosa: valentía y ausencia de cinismo, que se traduce en estos casos en complicidad. Porque en cuanto se trata de alterar las estructuras del capital que permiten la explotación y abolirlas, normalmente los gobiernos y las instituciones ya se echan atrás de forma cobarde, y comienzan a argüir absurdas razones, exponiéndolo todo como algo "muy complicado". Nunca hemos dicho que abolir la prostitución sea una tarea fácil, ni lo afirmaremos jamás, pero si nos quedamos en esa postura pasiva, es seguro que jamás se abolirá. Ignacio Aiestaran lo ejemplifica en los siguientes términos: "Un buen ejemplo de esta hipocresía progresista la tenemos también en la Unión Europea, que cada año celebra el 8 de marzo para reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres, pero al mismo tiempo desde el 2013 impone el Sistema Europeo de Cuentas Nacionales, que obliga a sus Estados a incluir en el cálculo del Producto Interior Bruto actividades fuera de la ley como la explotación sexual, el tráfico de armas y el tráfico de drogas. En el capitalismo todo cuenta como productividad y riqueza, incluidas las actividades más destructivas, legales o ilegales". 

 

En efecto, la lucha por la abolición de la prostitución es una tarea titánica, pero precisamente por la gravedad de los derechos contra los que atenta, es absolutamente imprescindible que los Gobiernos, los Estados y los organismos internacionales aúnen esfuerzos, aumenten medios y dedicación, y contribuyan a su erradicación, en vez de practicar estas políticas contradictorias, tibias y cobardes, que al final únicamente consiguen reforzar al sector de las "empresas" que se enriquecen con la explotación sexual, así como empoderar cada día más a estas extensas y peligrosas redes mafiosas que despliegan su deleznable actividad por todo el mundo. Por eso la postura abolicionista es vista como "muy complicada", porque necesita grandes dosis de valentía para enfrentarla. Continuaremos en siguientes entregas.

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