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16 diciembre 2015 3 16 /12 /diciembre /2015 00:00

Es soñando con lo imposible que el hombre ha realizado siempre lo posible. Los que se han conformado con lo que les parecía posible no han avanzado nunca ni un solo paso


Bakunin

Ya no hay nadie que se presente a las elecciones diciendo que no pagamos la deuda, por eso seguimos en la calle, la lucha es el único camino


Víctor Jiménez (Marchas de la Dignidad)

No basta con ganar las elecciones, hay que tumbar al capitalismo, un modelo insostenible en lo social, lo económico y lo ambiental


Manuel Millera (ATTAC-Nafarroa)

PODEMOS es alternativa electoral al bipartidismo. Al poder, me parece mucho decir. El poder no lo tienen los partidos, lo tienen los bancos, el Banco Central Europeo (BCE) y Alemania


Carlos Fernández Liria

Hoy, una España caciquil, corrupta, explotadora, depredadora, destructora de la vida, se está muriendo, pero en los últimos estertores se aferra a lo que todavía posee, arrasando con lo que queda, mintiendo y manipulando; mientras que una España libre, honesta, solidaria, cooperadora y creadora de ilusiones y dignidad, intenta abrirse camino en medio de la adversidad, tratando de dar a luz una mejor vida, más decente y más fértil


Andrés H.

Y así podríamos continuar, citando pequeñas yojas del pensamiento demostrativas del título de nuestro artículo. El hipotético Gobierno de PODEMOS tendría mucho trabajo por hacer. Han de comenzar derogando todas las contrarreformas antisociales que este indecente Gobierno del PP ha llevado a cabo durante los últimos cuatro años, y esto incluye a las leyes que decretan la austeridad a los tres niveles de la Administación Pública, la Reforma Laboral, la Reforma de las Pensiones, las reformas parciales en Justicia, la Reforma Fiscal, La Ley Mordaza, la Ley de Seguridad Privada, la Reforma del Código Penal, la LOMCE, la Reforma Universitaria, y además han de revertir las subidas del IVA, así como reintegrar a los funcionarios y resto de trabajadores públicos todo el poder adquisitivo perdido por medio de todas las oleadas de recortes practicadas. Han de revertir igualmente las privatizaciones de la Sanidad Pública, y todas las reformas parciales llevadas a cabo en el sector energético, no reconociendo el denominado "déficit de tarifa" de las transnacionales eléctricas, y derogando además la Ley de Costas y la Ley de Montes, que abrían la puerta a peligrosas prácticas privatizadoras.

 

Asímismo, debe asegurarse la recuperación para el sector público de todas las ayudas a la banca privada que se han venido practicando durante estos años, además de desarrollar los pilares para un sistema de banca pública. De igual forma, ha de dotarse de cuerpo presupuestario a leyes a las que se les ha despojado de fondos, como la Ley de la Dependencia, o la Ley Integral para la Violencia de Género, y han de establecerse nuevas reformas de calado, como la reforma de la Ley Electoral vigente, sobre todo para que el algoritmo que calcula el reparto de escaños atendiendo al número de votos de cada formación política, sea auténticamente proporcional. Igualmente, debe declararse la intención de auditar el conjunto de la deuda pública de nuestro país, y proceder al impago de la parte ilegítima de la misma, así como asumir el compromiso de implantar una renta básica de ciudadanía, para que progresivamente adopte las características de individualidad, incondicionalidad y universalidad, que es la única forma no de consolar a los pobres, sino de que no haya pobreza. 

 

Deberían además definirse de forma más completa y precisa todo un conjunto de medidas que en el anterior Programa para las pasadas Elecciones Autónomicas quedó un tanto confuso, incompleto o desdibujado, perfeccionando los fundamentos del nuevo modelo productivo, o las medidas de corte ecologista y animalista que pensamos deben contemplarse, entre otros aspectos. El Programa Electoral de alcance para las Elecciones Generales debería centrarse, en mi modesta opinión, en el reconocimiento de los tres grandes y principales sujetos de derecho, a saber: los derechos humanos (de todas las personas individualmente, objetiva y subjetivamente), los derechos de los pueblos (como derechos de las colectividades humanas que los forman, atendiendo a su soberanía), y los derechos de la naturaleza (la naturaleza como sujeto de derechos figura ya en algunas Constituciones modernas). Éstos deberían ser los tres grandes pilares sobre los que se asentara todo programa de gobierno de izquierdas que se precie, incluyendo las corrientes de pensamiento feministas, ecologistas, animalistas y pacifistas. 

 

Además de todo ello, han de atacar los diversos frentes que no estuvieron contemplados en los Programas Electorales de las pasadas Elecciones Autonómicas de mayo, simplemente porque no cabían allí, dado el ámbito competencial de las mismas. En este sentido, cabe aquí referirse a una decidida acción contra el inmenso poder de que goza la Iglesia Católica en nuestro país, a medidas para ir desmantelando las bases militares de la OTAN que tenemos instaladas en nuestro territorio, o a medidas para incrementar la acción del Estado en pro de la recuperación de nuestra Memoria Histórica, y así dotar de verdad, dignidad y reparación a los familiares de las víctimas del franquismo. Todo ello, por supuesto, enmarcado dentro de un Proceso Constituyente que ofrezca un camino a la ciudadanía para que pueda finalmente romper con el actual régimen proveniente de la Constitución de 1978, declarando para nuestro país una República (la Tercera), con organización territorial de corte Federal, y con un régimen económico Socialista, reconociendo la plurinacionalidad del Estado Español, así como el derecho de autodetermnación de todos sus pueblos. Y el momento es ahora, ya que, además tenemos muy preparado al líder de CIUDADANOS, Albert Rivera, para ejercer de tercera pata del bipartidismo, dispuesto a contemplar, llegado el caso, una gran coalición con PP y PSOE, que él ya bautizó como una especie de "Pactos de la Moncloa del Siglo XXI". Y el PP, por su parte, se deja querer. No lo podemos permitir. 

 

El problema es que, llegados a este punto, nos damos cuenta de que ninguna formación o coalición política de las que se presentan a los próximos comicios del 20D está por la labor de llevar a cabo todas estas medidas y transformaciones sociales, por lo cual la conclusión está clara: ¿Podemos? Sí, claro que podemos, el problema es que no queremos. No nos lo acabamos de creer. Por su parte, incluso aunque más de 500 ONG's, después de múltiples análisis de los programas electorales de las diferentes opciones políticas que se presentan al 20D, han concluido que el programa de la formación de Pablo Iglesias es el mejor con diferencia (aunque por supuesto, es manifiestamente mejorable en multitud de aspectos), continúa en cuarta posición en las encuestas que todos los medios de comunicación están publicando durante estos días. Y el peor programa con diferencia, el del PP, continúa como opción más votada según las mismas encuestas. No queremos creernos estos datos, porque si nos los creemos, o si se confirman el día de las elecciones, sólo podremos pensar que es lo lógico en un país que cultiva las plazas de toros, las iglesias y los campos de fútbol, mientras que recorta en Universidades, en sanidad, en dependencia o en cultura, que aún no ha alcanzado la madurez intelectual suficiente como para votar a las fuerzas políticas que defienden los intereses de la clase trabajadora, inmensamente mayoritaria. Así nos va. Lo dicho: Podemos, pero no queremos.

 

Y con respecto a esta Unión Europea de la que formamos parte desgraciadamente, la cuestión está clara: es imposible dejar de aplicar políticas de austeridad sin romper con el marco del euro, sin romper con la deuda, sin romper con la hegemonía de la banca privada y de las grandes empresas transnacionales. No es, como sostienen algunos autores, una cuestión de tener euros o pesetas en el bolsillo, es cuestión de estar o no sometidos al control de una serie de Instituciones antidemocráticas, gobernadas por el gran capital, que no rinden cuentas ante nadie, y que sólo buscan permanentemente precarizar la vida de las clases trabajadoras. ¿Y, entonces, podemos? Sí, claro que podemos, el problema es que, como los griegos, no queremos. Es imperativo por tanto expropiar a las empresas que gestionen los grandes sectores estratégicos de la economía (banca, alimentación, energía, transportes, comunicaciones, etc.), para poder poner al servicio del pueblo sus bienes, servicios y productos básicos, y poder así recuperar y garantizar como derechos humanos un conjunto importante de ellos, que hoy día se han convertido en mercancía, accesible sólo para quien puede pagarla. Es absolutamente imprescindible recuperar la soberanía monetaria, para, en base a ella, poder recuperar también la soberanía política, la económica, la energética, la alimentaria, la tecnológica, etc...¿Podemos? Sí, pero no queremos. 

 

Y al no querer, al no estar convencidos realmente de nuestro potencial como pueblo, como país, no disponemos de la fuerza social necesaria para apoyar a la fuerza política concreta que propusiera dichas transformaciones. Las revoluciones no se dictan por Decreto-Ley, sino que nacen "en callejones sin salida" (como dejó dicho Beltolt Brecht), porque la Historia nos enseña que las profundas transformaciones sociales no surgen de la noche a la mañana, sino que se gestan a lo largo del tiempo, durante años de trabajo y esfuerzo, a través de un largo camino no exento de problemas y obstáculos, que podrán vencerse únicamente desde un inmenso apoyo popular. Por tanto, sin la concurrencia de todos estos factores difícilmente podremos, porque no queremos, es decir, porque aún no estamos en el nivel de madurez social y política necesaria para disponer de la fuerza, como sociedad, que nos permita alcanzar dichas metas. Incluso contando con un programa electoral como el que necesitamos, los cambios no tendrían lugar de un día para otro, porque obtener una victoria en las urnas, no implica obtener el poder, porque el auténtico poder fáctico que nos gobierna, que es el poder económico, se resistirá e intentará impedir por todos los medios posibles que dicho programa se lleve a cabo. 

 

Y ello porque dicho poder económico posee las grandes fortunas, es dueño de los grupos financieros e industriales, de los grandes medios de comunicación, de las grandes empresas, de la banca, del gran comercio, de las grandes tecnologías, etc., y todo ello pertenece, es propiedad de una élite de la población, la auténtica "casta" que hay que asaltar. Llevar a cabo un programa de acción popular requiere ir en contra de los intereses de esta élite social, que no está dispuesta a ser desalojada del poder. Y su poder es inmenso. Dicha élite capitalista controla el Estado y todos sus resortes, ya que la clase gobernante (el bipartidismo y sus acólitos) le obedece, y por tanto controla el poder judicial, el poder político, el poder de la comunicación, y por tanto, un nuevo Gobierno que pueda (antes, como hemos dicho, tiene que querer, y  tiene que estar masivamente apoyado por la ciudadanía), debe estar dispuesto a enfrentarse a todos estos resortes del auténtico poder, entrando en conflicto con los intereses del poder económico y de todos sus agentes, y debilitando su capacidad de influencia sobre los grandes medios de producción, de servicios, de comunicación, y sobre todos los aparatos del Estado....La pregunta no es por tanto, ¿podemos?, sino más bien...¿queremos?

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Published by Rafael Silva - en Política
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