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14 abril 2014 1 14 /04 /abril /2014 23:00

"El sistema capitalista, insaciable, no se conforma con la obtención de la plusvalía de los trabajadores, sino que pone en práctica nuevas fórmulas de explotación a través de las cuales arrebata los ingresos de las clases populares incitándoles de manera permanente al consumo de bienes absolutamente innecesarios para un modelo de vida más natural, racional y coherente"

(Antonio José Gil Padilla)

 

 

 

 

 

Este impulso a consumir de forma constante nos condena a ser pobres permanentemente, ya que siempre parece, tenemos la impresión, de que nos está faltando algo, no basta con que hayamos comprado alguna cosa que esté a la moda, en poco tiempo se convertirá en anticuada. Eric Fromm ya afirmaba estas cosas antes de la aparición de los primeros ordenadores personales, de los teléfonos móviles, de los televisores de plasma, de las cámaras digitales, etc. Es decir, que en la actualidad, toda esta filosofía consumista se ha exacerbado aún más, porque se ha acelerado exponencialmente el tiempo en que las cosas envejecen y deben ser desechadas por antiguas. Y lo apostillaba en los siguientes términos: "Aunque la mayoría de las personas en este sistema económico tienen mucho más de lo que necesitan, se ven a sí mismos como pobres, porque no logran seguir el ritmo y aprovechar la masa de bienes disponibles: de este modo se fortalece la pasividad, también la envidia y la avidez, y finalmente el sentimiento de debilidad íntima, de impotencia, de sumisión. El Hombre vive sólo como lo que tiene, no como lo que es".

 

sociedad_consumo31.jpgMucha gente se aburre en las vacaciones, o cuando finalizan están tan estresados que el regreso es un alivio. Otras veces pasamos el fin de semana tirados en un sillón frente a un televisor, tragándonos pasivamente toda una sarta de programas absurdos y alienantes. Mientras esto ocurre, las estadísticas nos dicen que se ha producido una reducción radical de la lectura de libros y de la concurrencia a los teatros. En la sociedad capitalista moderna, no sólo se generan bienes, sino que también se crean constantemente nuevas necesidades para inducir a las personas a incrementar el consumo, ese es el objetivo de la propaganda. Muchos de los deseos que parecen surgir espontáneamente desde nuestra propia voluntad, en verdad son generados desde fuera, no obstante se hace de una forma sutil, de manera que uno tenga la ilusión de que posee "la libertad de elegir", aún cuando resulta evidente el bombardeo mediático al que estamos sometidos.

 

sociedad_consumo32.jpgY cómo no, nuestra alocada sociedad de consumo también se internacionaliza, al igual que el propio capitalismo salvaje. Como pieza de este capitalismo globalizado, el consumo también se globaliza. En su reciente e interesante artículo "La mercancía totalitaria", Pablo Batto nos indica lo siguiente: "El mercado global de mercancías es el movimiento autónomo del fruto del trabajo humano, que en vez de ser dominado por sus propias productoras, las somete a sus leyes económicas. Un campesino pakistaní trabaja en las plantaciones de algodón que procesa una maquiladora haitiana, para hacer una camiseta que compra una adolescente italiana en un centro comercial por menos de 10 euros. Esta impresionante cooperación planetaria resulta por completo menospreciada: a la consumidora le son indiferentes las personas que están detrás de su producto. Lejos de reforzar una solidaridad intercontinental, este intercambio supone pobreza y explotación para los países productores, y la ansiedad patológica del consumo a los países consumidores, grotescos privilegiados de todo el sistema. Las personas han perdido la capacidad de influir sobre el producto de su trabajo. Al contrario: son esclavas de éste".

 

sociedad_consumo33.jpgY posteriormente añade: "En las sociedades de consumo, la devoción de las personas por las mercancías (aparentemente la única sustituta posible a la pérdida de identidad, pertenencia, autoestima, comunidad, reconocimiento, etc.) llega a niveles que superan el amor religioso o el culto a un líder. Asesinatos por un par de zapatillas de marca, televisores de plasma en infraviviendas, logos tatuados o personas que han muerto aplastadas por la multitud en las rebajas de un centro comercial, son sólo algunos ejemplos entre otros muchos". Y así llegamos a una sociedad mundial de consumo cruel y despiadada, como el mismo capitalismo que la genera, y donde se enmarca. De hecho, podemos afirmar que hoy en día, cualquier situación de explotación, represión, guerra, miseria o genocidio en el mundo, está provocada, financiada, o como mínimo tolerada, por el ansia de producir mercancías baratas y de controlar las materias primas, recursos naturales, y reservas energéticas necesarias para ello. Podemos ver ejemplos en multitud de situaciones.

 

sociedad_consumo34.jpgPor ejemplo, la fabricación de un dispositivo móvil de última generación requiere la extracción de unos veinte minerales diferentes, que provienen de canteras de países donde se toleran serias violaciones de los Derechos Humanos, y donde existe escasa o nula protección social o laboral (China es la principal productora de indio y coltán, dos minerales extraídos generalmente mediante mano de obra infantil, y el coltán es uno de los intereses geoestratégicos que alimentan el conflicto armado en la República "Democrática" del Congo), con el desastre ecológico que conlleva la minería, y que se transforman y ensamblan en un proceso que deja importantes residuos tóxicos y se lleva a cabo en condiciones de trabajo realmente lamentables. El inmenso poder e influencia de las empresas transnacionales que controlan estas etapas de extracción, producción y distribución es capaz de presionar a los diferentes gobiernos para que adapten sus economías a las necesidades corporativas privadas. Dado que, en este sentido, no existe un dispositivo que no esté manchado de sangre, todo el negocio de la telefonía móvil y la industria que gira en torno a ella, sus aplicaciones, sus innovaciones, su tecnología, sus ofertas, tarifas, márketing, películas y discos para descargar, suponen un expolio a la Naturaleza y una violación de la vida y la dignidad humanas.

 

sociedad_consumo35.jpgPero la cadena consumista continúa, no se detiene ante nada. En las sociedades de consumo, la publicidad, el modelo de los macrocentros comerciales, o de los supermercados (cuya estrategia comercial está calculada al milímetro, véase al respecto el magnífico artículo de Esther Vivas "Gran Hermano en el supermercado"), y la necesidad (real o ideológica) de gastar lo menos posible en los productos básicos, llevan a las personas a la órbita de influencia de las grandes marcas. Y por supuesto, detrás de las grandes marcas, están las grandes empresas transnacionales, responsables de toda la criminal y perversa política consumista que nos invade, con la complicidad de sus serviles gobiernos. Por ejemplo: un municipio semi-rural en el que el desempleo, los bajos salarios y las deudas, así como la publicidad y el márketing, llevan a la población a comprar en grandes cadenas de supermercados en las que todos los productos pertenecen a un pequeño grupo de imperios multinacionales, mientras agricultores y productores locales, usando criterios éticos, no encuentran cómo dar salida a sus productos, por no poder asumir los precios de éstos.

 

Y por su parte, la competencia entre las empresas es feroz y desquiciada. La finalidad última de la maquinaria económica y social a nivel global es la concentración cada vez mayor de riqueza y recursos en menos manos. La competencia es el mecanismo imparable que se asegura de que nadie altere esta dinámica: superado cierto nivel de acumulación, la empresa que no continúe creciendo no permanece con su propia entidad, sino que es devorada y absorbida por otra. "Crecimiento o muerte" es por tanto la cruel consigna, y cuando las empresas competidoras utilizan lobbies para conseguir mayor influencia política en la defensa de sus espúreos intereses, mano de obra semi-esclava, externalización de costes, despidos masivos, deslocalización de sus sedes, y un volumen de producción completamente insostenible, es imposible conseguir su volumen de capital sin continuar recurriendo a esas mismas estrategias. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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