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8 junio 2014 7 08 /06 /junio /2014 23:00

"En la Tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos"

(Ghandi)

 

 

 

 

sociedad_consumo61.jpgYa hemos visto que en este capitalismo centrado en el consumo desaforado, las mercancías tienen un valor de uso real y otro valor de uso ficticio creado por la publicidad, embaucando a los consumidores con toda clase de datos sin sentido, con mujeres provocativas, u ofreciendo una vida plena de éxito con sólo comprar determinado producto. Pero esta manera de consumir tiene como consecuencia que nunca lleguemos a estar plenamente satisfechos, porque poco a poco, las ansias de consumir han perdido toda relación con nuestras necesidades reales. Nuestras necesidades son fomentadas por el sistema, pero al principio del capitalismo, se suponía que consumir más y mejores cosas estaba relacionado con proporcionar al hombre una vida más feliz. El consumo era, en aquéllos tiempos, un medio, pero ahora ha pasado a ser un fín en sí mismo. La carrera consumista del actual capitalismo es desatada, incontrolada. Ya Marx señaló hace mucho tiempo que intentar imponer una necesidad en los demás era una forma de tratar de someterlos a una dependencia.

 

sociedad_consumo62.jpgPero sabemos que comprar el último modelo de algún producto no está relacionado con el placer real, para muchos el cielo debería ser como un gran shopping donde se pudiera comprar de todo. El consumo también determina el tiempo libre, en el cual seguimos siendo consumidores pasivos y enajenados, y de esta forma, consumimos partidos de fútbol (sobre este tema abundaremos más en nuestra serie de artículos "Retrato de una sociedad alienante"), películas, lugares de ocio, etc. Durante una actividad productiva como leer un libro, ver una obra de teatro o charlar con un amigo, se produce un efecto mediante el cual se podría decir que después de ocurrido ya no somos los mismos, es decir, que estas experiencias nos han dejado algo, nos han aportado algo, en cambio, bajo las formas enajenadas de placer, nada cambiará en nosotros después de las mismas, porque estamos ante una experiencia intrascendente. Un ejemplo de lo que estamos exponiendo puede ser cuando vamos en viaje de turismo, y nos pasamos sacando fotos sin prestar la debida atención a lo que ocurre ante nuestros ojos, entonces la cámara ve por nosotros, el resultado son las fotos tomadas, en vez de la experiencia vivida. Y lo mismo puede ocurrir ante el continuo uso de los dispositivos móviles de almacenamiento (usados sobre todo para escuchar música) que nos alejan de la realidad cotidiana que vivimos (pasear, disfrutar de un día de playa, etc.).

 

sociedad_consumo63.jpgEl filósofo alemán Eric Fromm, al que estamos citando muchas veces en la presente serie de artículos, por ser un especialista en el tema, a lo largo de sus diversas obras, consideraba que no podía haber felicidad en el marco de la presencia de una cierta pasividad interior, ni en la actitud de consumidor enajenado, sino que la felicidad debería relacionarse con un sentimiento de plenitud, no en la forma de un vacío que deba llenarse. A pesar de las enormes posibilidades de diversión que nos presenta nuestra moderna sociedad, existe gran cantidad de gente deprimida. Es ese aburrimiento crónico, esa apatía galopante y genérica, la que muchas veces lleva a iniciarse a ciertas personas en experiencias como el consumo de drogas, la violencia y la destrucción como una opción desesperada de superar el hastío, y según Fromm, también puede adoptar la forma de la extraña atracción por los relatos de crímenes y accidentes, que ocupan cada vez más espacio en los medios de comunicación, o bien en el cultivo de la llamada psicología de autoayuda, cuyos libros de bolsillo llevan minando desde hace mucho tiempo los estantes de todas las librerías. En este sentido, podemos poner como paradigma a la sociedad norteamericana, modelo del capitalismo más salvaje, donde ocurren cada cierto tiempo matanzas civiles entre sus propios ciudadanos. Es el reflejo de una sociedad desnortada, a la que además contribuye el escaso control sobre la posesión de armas de fuego.

 

sociedad_consumo64.jpgY por su parte, Mathilde Niel nos decía que para que las masas acepten el fracaso, se les promete una felicidad que se conquista poseyendo bienes materiales, de tal forma que la adquisición de un automóvil o de cualquier otro producto se ha convertido casi en una religión, en una especie de culto moderno a las novedades sustentado en la publicidad desmedida, que permite que el hombre se evada de un presente carente de significado. Algunos intentos de sectores juveniles por cuestionar esta anajenación por el consumo, tales como los movimientos hippies de los años 60 y 70 del siglo pasado, o el interés por el budismo zen, concluyeron paradójicamente fagocitados por la publicidad, se prostituyeron ideas y mensajes del tipo "conócete a ti mismo", y hasta el psicoanálisis de Sigmund Freud. Desde falsos gurúes hasta profetas del sexo, todo concluyó contaminado por el veneno social de la publicidad y el mercado, produciendo en muchos de los sectores que forjaron dichos intentos la reasignación o la vuelta a los valores tradicionales y conservadores. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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