Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
6 julio 2014 7 06 /07 /julio /2014 23:00

"Trasladen una semana a una favela a un economista del Fondo Monetario Internacional y regresará blasfemando contra el neoliberalismo"

(Pierre Bourdieu, sociólogo francés)

 

 

 

Porque en efecto, la atalaya desde donde se ven las cosas normalmente influye mucho en el contenido del mensaje. Y o bien tenemos una profunda asociación del mensaje con nuestra realidad, con la realidad del mundo que nos rodea, o nuestros mensajes no tendrán ningún valor. Podemos volver como ejemplo a la fuerza del mensaje publicitario, que ya hemos mencionado en la presente serie de artículos, porque cada vez se nos machaca y se nos abruma con la fuerza de la publicidad, en prácticamente todas las tareas y actividades cotidianas. Un buen ejercicio podría ser anotar en un papel todos los mensajes publicitarios, expresos o subliminales, con los que nos bombardean a diario, desde que nos levantamos de la cama hasta que nos volvemos a acostar. Seguramente nos sorprendería la capacidad integradora e interpretadora de nuestra mente.

 

Quizá la publicidad sea el arma más contundente para penetrar en la sociedad de consumo, frenética y obsesiva, cualquier bien, producto o servicio que se quiere hacer llegar a la ciudadanía. De ahí que, su introducción en el recorrido por todas nuestras actividades cotidianas va en aumento. Por ejemplo, fue actualidad hace unos meses la decisión de Metro de Madrid de adoptar el nombre de Vodafone Sol para su estación más emblemática. Durante tres años, la estación tendrá esta nueva denominación, figurará con dicho nombre en toda serie de guías, carteles y mapas, e incluso la Línea 2 se llamará Línea 2 Vodafone. A cambio, la empresa pública recibió de la operadora de telecomunicaciones tres millones de euros. Por su parte, las Universidades, tanto las privadas como las públicas, publicitan sus cursos de más alto nivel, másteres y cátedras con el nombre de las empresas patrocinadoras. De esta forma, asistimos a una toma literal del espacio público por parte de las empresas publicitarias.

 

Con ello, nuestra mentalidad capitalista se vuelve cada vez más dócil, más permisiva y más sumisa, eleva el ratio, el nivel, el umbral de "normalidad" en la aceptación de la publicidad en prácticamente todas las actividades a las que asiste: intermedios de programas televisivos, carteles en fachadas de edificios, toldos de cafeterías, puertas de taxis y autobuses, portadas de revistas y periódicos, folletos adjuntos a todo tipo de cartas, pantallas de televisión de metro, autobuses, aviones, trenes, neones luminosos de grandes edificios, llamadas telefónicas de agentes comerciales, etc. Nuestra vida es un conjunto de experiencias relativas a la publicidad. Y se ha ido introduciendo sin prisa pero sin pausa, que ya nos parece algo completamente normal, nos hemos habituado a ello. Y lo aceptamos con resignación, con la misma resignación que aceptamos los grandes dogmas neoliberales: la competitividad, el crecimiento, los mercados, etc. Lo aceptamos con esa aparente "normalidad" que legitima las cosas mediante esa especie de anestesia social que sufrimos.

 

A todo ello ayuda la literatura de evasión, las drogas sociales, el fútbol, la manipulación informativa, que embrutecen constantemente al pueblo, y consiguen que pueda verse como normal algo que es una pura aberración del sistema. Las técnicas publicitarias se inyectan desde muchos púlpitos, y todas están pensadas para conseguir el dominio de la mente, su adormecimiento, su sumisión. La publicidad masiva va uniformizando el pensamiento, va creando seres sociales clones, que piensan igual, que sienten igual, cuyos objetivos y valores en la vida son iguales. Es inmensa la fuerza de la publicidad. Mediante la publicidad se fomenta la resignación, y se anula el espíritu crítico. El sistema va creando de esta forma seres que no son capaces de reflexionar, de pensar, de proponer o de ver alternativas. La sociedad de consumo se impone, impone sus modos y sus formas. Se fomenta la cultura de la hipocresía, que miente a sabiendas, que afirma "verdades" que nadie cree, que difunde proyectos que nunca llegarán a su puerto. Y de esta forma, la sociedad de consumo y la publicidad nos conducen a un estado que pudiéramos definir como de "muerte social", que consiste en la alteración de los valores, y en la aniquilación del pensamiento libre. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post

Repost 0
Published by Rafael Silva - en Política
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías