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3 agosto 2014 7 03 /08 /agosto /2014 23:00

"Tenemos un sistema donde a los banqueros se les rescató y a sus víctimas se les abandonó para que se arreglen como puedan"

(Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía)

 

 

 

 

 

Bien, como hemos podido comprobar durante todos los artículos de la presente serie, que aquí finalizamos, capitalismo y sociedad de consumo van de la mano, y ambos son negativos. Pueden considerarse como las dos caras de una misma moneda, que se manifiestan en el plano político y en el plano social. El capitalismo no habría llegado donde está sin una sociedad consagrada al desaforado consumo como la nuestra, y dicho consumo irracional e irresponsable no se hubiese dado sin un entorno económico como el capitalismo. Ambas facetas se necesitan, se complementan, y son parte de un todo que delimita los aspectos económicos, sociales y políticos de nuestra sociedad. Para acabar con el capitalismo, hemos de acabar con la sociedad de consumo, y para acabar con ésta, hemos de cambiar nuestros esquemas mentales, nuestros comportamientos sociales,. nuestros patrones de acumulación, nuestra filosofía sobre la vida y la existencia humanas.

 

    sociedad_consumo101.jpgEllo lo podemos llevar a cabo de forma individual y grupal, pero en última instancia, el único camino es concienciarnos de una nueva cultura de la posesión, de una nueva práctica anticonsumista, que ha de revolucionar también el concepto de la propiedad privada, para contribuir a primar la función social de la misma. La sociedad capitalista es una sociedad individualista, egoísta y egocéntrica, que se centra en descansar la responsabilidad del éxito o el fracaso personal y social del individuo sobre él mismo. De esta forma, se prima lo individual sobre lo colectivo, se fomenta la competitividad frente a la cooperación, se prioriza lo privado sobre lo público. Mientras no seamos capaces de dar la vuelta a estas ecuaciones, de invertir estos valores, de pensar colectiva y públicamente en vez de individual y privadamente, no seremos capaces de vencer al monstruo del consumismo, y a su razón de ser, el capitalismo.

 

sociedad_consumo102.jpgUn estadío final de esta superación nos llevaría al escenario en que el Estado debe garantizar a todos los ciudadanos/as el conjunto de derechos y servicios que se consideren imprescindibles, mínimos y necesarios para desarrollar una vida digna, garantizando los mismos a todas las personas por el hecho de serlo, de forma pública, gratuita y universal. De esta forma, frente a la competencia social por la posesión de estos bienes y servicios, la garantía por parte del Estado frena el afán consumista, y anula la competitividad empresarial para dichos productos y servicios básicos. Tomemos el ejemplo paradigmático de la vivienda. Partamos de la base de que la vivienda es un derecho básico y fundamental, y de que por tanto, el Estado ha de garantizar una vivienda digna a todo ciudadano/a, como además reconoce nuestra Constitución en su art. 47. Bien, pues vamos a ver qué ha pasado hasta ahora, y vamos a comentar, desde nuestro punto de vista, qué debería ocurrir en una sociedad anticonsumista y anticapitalista.

 

sociedad_consumo103.jpgEn primer lugar, se fomentó la cultura de la propiedad sobre la cultura del alquiler, por lo cual a los ciudadanos/as se les inculcó la importancia de adquirir una vivienda en propiedad. Pero al no garantizarla el Estado, los ciudadanos/as se vieron en la obligación o necesidad social de adquirir una por sus propios medios. Por su parte, las inmobiliarias y los bancos comenzaron a oler el negocio sobre un bien de primera necesidad, lo cual fomentó el negocio de las hipotecas. El Estado, por su parte, favoreció este enfoque, promulgando una serie de leyes que facilitaban la construcción recalificando el suelo, y permitiendo que empresas constructoras y bancos hicieran el agosto con los negocios inmobiliario e hipotecario. La fiebre social para adquirir una vivienda en propiedad se fue retroalimentando desde todos sus frentes, y al estallar la crisis y comenzar la pérdida de puestos de trabajo (crisis donde han tenido mucha responsabilidad precisamente las entidades financieras), muchas de las personas que tenían una hipoteca no han podido continuar haciendo frente a los pagos, y han terminado siendo deshauciados/as por los bancos. Se ha primado, por tanto, el afán consumista, la propiedad privada, el apoyo público a la iniciativa privada, la mercantilización de derechos básicos de las personas, etc., el conjunto de todo lo cual ha conducido a la actual situación.

 

sociedad_consumo104.jpgBien, ¿cuál sería la postura de un país/nación/gobierno que no se rigiera por dichos patrones capitalistas-consumistas, sino por los contrarios? En primer lugar, se fomentaría la cultura del alquiler sobre la cultura de la propiedad. Pero al tratarse de un bien de primera necesidad, como es la vivienda, el Estado garantizaría, mediante un inmenso parque público de viviendas en alquiler social, que toda persona/familia tenga garantizada, de acuerdo a sus posibilidades económicas (la Renta Básica garantizaría en dicha sociedad que ninguna persona/familia carece de recursos), una vivienda digna y adecuada. Nuestra vivienda no sería nunca una "propiedad privada" nuestra, pero el Estado nos garantizaría que la podríamos disfrutar durante toda nuestra vida. Pensándolo bien, ¿para qué queremos la vivienda una vez muertos, máxime cuando nuestros descendientes también tienen garantizado este derecho? Siendo coherentes con este planteamiento, jamás se dejaría que ninguna entidad/empresa/organización de carácter privado pudiera negociar con base en este bien, es decir, pudiera mercantilizar el derecho de todas las personas a una vivienda digna. Las inmobiliarias y las hipotecas de los bancos podrían continuar existiendo, pero sólo podrían afectar al sector de las viviendas de segunda, tercera, etc., residencia, o bien al sector de las viviendas de lujo. De esta forma, jamás ocurrirían deshaucios sobre la vivienda principal, ni las personas perderían su casa, ni tendríamos que recurrir a la dación en pago (salvo para las excepciones indicadas anteriormente, etc.).

 

De esta forma, justo al contrario que en el caso anterior, se elimina (o minimiza) el afán consumista, se desincentiva la propiedad privada, se fomenta la dimensión social de la misma, y no se permite la mercantilización de los derechos básicos de la ciudadanía. Y este ejemplo puede ser extrapolado a otros bienes, productos o servicios, bajo el mismo razonamiento. En fin, esperamos que este ilustrativo y actual ejemplo haya servido para constatar los dos enfoques, y para hacer reflexionar a los lectores sobre el conjunto de todos aquéllos bienes, productos y servicios que nos rodean, que usamos en nuestra vida, que poseemos, que consumimos, que nos pertenecen, porque los compramos, pero que podríamos también consumir, poseer, o disfrutar, de otras formas, bajo otra dimensión distinta. Otra dimensión más pública, más social, más cooperativa, más justa, más solidaria, más garantista, para poder ir cambiando con el tiempo este chip consumista y capitalista que nos ahoga, que nos asfixia y que acaba con miles de vidas diarias. Espero por tanto que la presente serie de artículos haya contribuido a este fin.

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Published by Rafael Silva - en Política
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