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27 agosto 2014 3 27 /08 /agosto /2014 23:00

Con mi absoluto respeto por la gente de Carboneras, quiero mediante esta carta hacerles reflexionar un poco sobre la situación del Hotel El Algarrobico, sobre todo a los vecinos de dicha localidad que han manifestado, muy legítimamente, su deseo de que dicha construcción no se derribe, y pueda seguir adelante en su construcción, y en su funcionamiento futuro. Creo, bajo mi modesta opinión, que dichos vecinos miran con luces muy cortas, que alumbran sólo la inmediatez del camino, pero no ven más allá, sobre todo en lo concerniente a los efectos colaterales que construcciones de este tipo conllevan de cara al respeto medioambiental. Vamos a explicarnos.

 

En efecto, un numeroso grupo de vecinos de la localidad almeriense de Carboneras, en cuyas playas se sitúa el dichoso Hotel de la discordia, maravilloso enclave dentro del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, se han manifestado recientemente en contra de la última decisión de la Junta de Andalucía (ejercer el derecho de retracto sobre los terrenos donde se encuentra el Hotel, para proceder posteriormente a su demolición) en el sentido de negarse a su derribo, argumentando el gran paro que sufre la región, y que la puesta en funcionamiento de esta construcción pudiera traer al pueblo muchos puestos de trabajo, que tanta falta hacen. Y bajo ese prisma, pudieran tener razón. Pero esto ocurre sólo si se piensa con la cabeza. Pero para llegar a la auténtica verdad de las cosas, hay que pensar no sólo con la cabeza, también con el corazón, y con las manos, con las piernas, con todo el cuerpo. Sólo si se analizan todos los frentes, con sus pros y sus contras, de una manera que contraponga ventajas e inconvenientes, a corto y largo plazo, puede entenderse la auténtica dimensión del problema.

 

Mediante esta carta abierta no quiero convencerles de nada, sólo quiero que reflexionen, pero que reflexionen sobre el problema en todas sus dimensiones, profundamente, antes de pronunciarse en un sentido u otro. Las ONG's y grupos ecologistas llevan alertando desde hace mucho tiempo de la inconveniencia de este tipo de construcciones, que destruyen parte del hábitat natural de las playas, tirándose (con perdón) un pedo de cemento, y construyendo grandes moles de hormigón para disfrute de unos turistas, cuyo único modelo de "turismo" consiste en la violación constante de los parámetros de la naturaleza. Un tipo de turismo agresivo y depredador de los recursos naturales. Evidentemente, se crearían puestos de trabajo para cubrir los diferentes servicios del Hotel, pero ¿a qué precio lo estaríamos haciendo? Ya sabemos que existe mucho paro, pero ¿queremos empleo a cualquier precio? ¿A los vecinos de Carboneras les da igual el precio que tengan que pagar por conseguir empleo? ¿Los vecinos de Carboneras acudirían a empleos donde tuvieran que matar personas o animales? ¿donde tuvieran que aniquilar el equilibrio del medio ambiente? Si todo vale para reducir el desempleo, ¿porqué no nos dedicamos a traficar con drogas? ¿Porqué no nos dedicamos a las mafias del tráfico de órganos, o del tráfico de armas, o del tráfico de personas? Seguramente, porque entendemos que dichas actividades son ilícitas, son delictivas, son peligrosas, son moralmente reprochables. Pues habilitar el Hotel El Algarrobico, naturalmente en una dimensión distinta a los ejemplos mencionados, también es una actividad ilícita y delictiva para con la naturaleza.

 

El problema es únicamente de concienciación, en el sentido de que estamos muy concienciados de que no se puede matar ni robar a personas, pero no lo entendemos así cuando se trata de saquear, expoliar y violar los ecosistemas naturales. No tenemos todavía la plena conciencia (nuestros gobernantes son los primeros que no la tienen) de que respetar el equilibrio natural de nuestros mares, de nuestras costas, de nuestros ríos, de nuestro aire, de nuestra flora y fauna, repercute en nuestra vida humana, y de que no hacerlo, es también un ataque directo hacia la sostenibilidad de la vida humana, en todas sus dimensiones, económica, social y medioambiental. Y quizá no tenemos esa conciencia porque la naturaleza tarda mucho tiempo en quejarse, mientras una persona enferma desarrolla la enfermedad en varios días, desarrolla los síntomas en pocas horas, y se muestra claramente enfermo/a, la naturaleza tarda años, incluso siglos, en manifestar su "enfermedad". Y  naturalmente, no la apreciamos, no vemos estos síntomas, porque nuestro afán destructor de los recursos es mucho más rápido que lo que la naturaleza tarda en quejarse sobre nuestra actividad sobre ella.

 

En uno de los episodios de la fantástica serie Verano Azul, el sabio Chanquete se enfrentaba a (casi) toda la vecindad, porque se oponía a vender su casa (su barco) para que una empresa multinacional pudiera construir unos bloques de apartamentos en dichos terrenos. Mientras la inmensa mayoría de los vecinos veían únicamente las cortas miras, egoístas y equivocadas, creyendo que dicha urbanización iba a traer más progreso al pueblo, el viejo marinero contemplaba la jugada a más largo plazo, se preguntaba porqué la gente iba al pueblo a veranear, y concluía que la razón se debía a que el pueblo seguía siendo un pueblo, con su tranquilidad, su silencio, sus parajes naturales, su pequeño número de habitantes, su ambiente sano y tranquilo, su aire no contaminado, sus playas limpias, y no quería contribuir a "derribar" todo esto, para que una empresa multinacional obtuviera beneficios económicos a costa de dicha destrucción. Los nuevos apartamentos darían seguro nuevos puestos de trabajo a los vecinos del pueblo, pero el conjunto de cosas que se iban a perder significaba mucho más que los empleos que se iban a conseguir. Pero si no queremos irnos a ningún ejemplo de ficción, tenemos otra buena referencia en la realidad, y ahora mismo. Mientras la empresa REPSOL y el Ministerio de Industria argumentan que las prospecciones petrolíferas en Canarias (y en Baleares), en caso de descubrirse petróleo o gas, van a traer varios miles de puestos de trabajo a las islas, la inmensa mayoría de los canarios (incluído su propio gobierno autonómico) se muestran en contra, porque han entendido que serán puestos de trabajo envenenados, y que a largo plazo, traerán más inconvenientes que ventajas.

 

Por tanto, comprendamos que el Hotel El Algarrobico no es ninguna oportunidad de empleo, sino una auténtica monstruosidad. Una aberración del afán despiadado del hombre por conseguir actividad económica a costa de invadir los más elementales equilibrios naturales, y una afrenta que, ya multiplicada en otros muchos frentes, está causando que cada vez estemos haciendo de este planeta un sitio inhabitable, sitio que vamos a dejarle a nuestras futuras generaciones, nuestros hijos y nuestros nietos. Por ello, la mejor opción es su demolición, y además que sea una demolición simbólica, que vayan las cámaras y los reporteros de todos los medios de comunicación, y que sirva de ejemplo de lo que hay que hacer con todas estas moles de construcción invasivas, con todos estos ejemplos de la aberración humana. Y los vecinos de Carboneras, que se sientan orgullosos de dicha demolición, aunque no vayan a disfrutar de los futuros empleos derivados de su explotación. Que continúen demandando puestos de trabajo, pero que provengan de modelos productivos que no exploten la naturaleza, aunque puedan tardar más tiempo en venir. Porque el desastre ecológico que estamos sufriendo, en realidad, es el signo más inequívoco del fracaso del modelo económico actual, un modelo económico salvaje y cruel, que explota no sólo al hombre, también a los recursos naturales.

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Published by Rafael Silva - en Política
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