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25 marzo 2015 3 25 /03 /marzo /2015 00:00

No caracterizar la fase actual del capitalismo como un intento de vuelta a la esclavitud y/o a los mecanismos feudales de acumulación y desposesión nos parece miopía o, simplemente, demagogia

Joaquín Miras y Joan Tafalla

Contra los Tratados de Libre Comercio (III)

Bien, comencemos por la propaganda manipulada que los negociadores del TTIP han vertido a la opinión pública, para legitimar el supuesto efecto beneficioso que el susodicho tratado va a provocar. Según dichos datos, el TTIP crearía en los Estados Unidos y la Unión Europea hasta dos millones de nuevos puestos de trabajo (no es una errata, dos millones), y estimularía el crecimiento económico incluso un 1% anual. Por otro lado, la Comisión Europea también señala entre los supuestos beneficios del tratado la bajada de precios. Bien, dejemos esta última apreciación para más adelante, y vamos a examinar la primera de ellas. Las predicciones en torno a la estimación de puestos de trabajo no son en absoluto creíbles, dado que se han extraído de modelos econométricos que dependen a su vez de unas hipótesis de partida, digamos, poco realistas.

Como se sabe, la estadística económica siempre es manipulable, y es posible torturar las hojas de cálculo con todo tipo de suposiciones de partida que hagan converger los datos donde a nosotros nos interese, hasta alcanzar que los indicadores nos digan lo que queremos. Por tanto, desde la izquierda no damos ninguna veracidad a los datos que se refieren a la estimación de puestos de trabajo creados con la implantación del tratado. Pero como además resulta que tenemos estupendos precedentes en los que basarnos, nos parece mucho más riguroso tirar de experiencias pasadas de tratados similares, antes que esbozar modelos estadísticos manipulados. Por ejemplo, el conocido como Acuerdo de Libre Comercio de Norte América (NAFTA), cuando se firmó por Canadá, Estados Unidos y México en 1993 se anunció que crearía un total de 20 millones de empleos, ahí es nada. Transcurrido el tiempo, la propia Cámara de Comercio USA ha reconocido que tal promesa nunca ha llegado a materializarse. De hecho, las estimaciones independientes más razonables apuntan a que finalmente ha habido una pérdida neta de empleos (diferencia entre los puestos de trabajo creados y perdidos) cercana al millón de personas, debido sobre todo a las deslocalizaciones de las empresas beneficiadas por el propio tratado. Estos datos nos parecen más fiables, ya que representan la evolución del capitalismo transnacional durante las últimas décadas.

Contra los Tratados de Libre Comercio (III)

Siguiendo con ese razonamiento, ¿debemos concluir que el TTIP pueda destruir puestos de trabajo, en vez de crearlos? Por supuesto, y de hecho, incluso la propia Comisión Europea asume que esto va a ocurrir. Aunque por supuesto, maquilla esta afirmación, considerando que será un efecto parcial circunscrito a algunos sectores económicos y zonas geográficas determinadas, y que será compensado por otros efectos positivos en otros sectores económicos y regiones. Pero más allá de la propia discusión sobre los posibles puestos de trabajo que este TTIP pueda o no crear, nosotros nos planteamos la idoneidad de dichos puestos, la calidad de los mismos, y su posible sostenibilidad en el modelo capitalista y neoliberal que el propio TTIP consagra y perpetúa.

Es decir, nos planteamos qué tipo de puestos de trabajo se crearían (en caso de ocurrir esto), bajo qué modelos de protección social, bajo qué modelos de negocio, bajo qué condiciones laborales, y qué efectos colaterales tendrían sobre los modelos productivos continentales, y sobre la sostenibilidad social, económica, laboral y medioambiental. Y la respuesta está clara: si el TTIP consagra el modelo capitalista de última generación, es decir, completamente desregulado y salvaje, no tenemos ninguna duda de que los posibles puestos de trabajo que se vayan a crear bajo el paraguas del tratado serán completamente indeseables, porque insistirán sobre los modelos productivos caducos e insostenibles que han provocado las últimas crisis, y que han servido como excusa (a Gobiernos y empresas) para desmantelar el poco desarrollo que tenían los Estados de Bienestar europeos (y no hablamos del norteamericano, bastante menos desarrollado que el nuestro). La conclusión es clara: no sólo no pensamos que el tratado vaya a tener como consecuencia la creación neta de empleos, sino que incluso en ese supuesto, será un empleo indeseable.

Pero incluso más allá de los propios empleos que se puedan crear o destruir, tenemos otros problemas que hacen que el tratado venga a acrecentarlos aún más. Al apoyar el TTIP a las grandes empresas transnacionales, en vez de al pequeño comercio local, o a las PYMES, lo que se va a producir con el tiempo es un trasvase progresivo de las ventas desde estas pequeñas empresas locales hacia las grandes empresas (las auténticas beneficiarias del tratado), que son las únicas que pueden mantener estructuras de costes y precios reducidos a lo largo del tiempo, es decir, de forma sostenida, hasta que hayan logrado eliminar a prácticamente toda la competencia local. Conclusión: el pequeño comercio minorista, la producción local, de proximidad y cercanía será afectada letalmente por el TTIP. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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