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23 abril 2014 3 23 /04 /abril /2014 23:00

"Un fantasma recorre Europa..."

(C. Marx y F. Engels, "El Manifiesto Comunista")

 

 

 

El próximo 25 de mayo se celebran Elecciones al Parlamento Europeo. Y en el presente artículo, vamos a cuestionarnos si, a la luz de la actual arquitectura europea, bajo los palios del presente proyecto europeo, merece la pena hacer "campaña" por alguna fuerza política, o bien promover la abstención y difundir un discurso "antieuropeo", en el sentido de la salida de nuestro país del euro y de la UE. La situación hacia la que nos dirigimos en todo el continente, con las políticas de austeridad, y de hegemonía del gran capital, es evidente: una total precarización del mercado de trabajo, y un empobrecimiento masivo de la población, con el desmontaje paultino de los servicios públicos, y una masiva privatización de todas las empresas públicas. La disciplina fiscal, la deuda pública y el paro masivo están haciendo estragos en la población europea, y todo ello controlado, supranacionalmente, por estructuras de poder nada democráticas (como la Comisión Europea, o el Banco Central Europeo), que imponen unos Tratados que a su vez no dejan resquicio a una mayor apertura democrática hacia la ciudadanía europea.

 

elecciones_europeas_20141.jpgY en este contexto, nos preguntamos: ¿tiene sentido votar el próximo 25 de mayo? ¿Tiene sentido dar nuestro apoyo electoral a alguna fuerza política, aún a sabiendas de que lo único sensato que puede proponerse es nuestra salida de dicho "club europeo"? ¿Puede ayudarnos en algo Europa a reducir los niveles de desempleo, a conseguir unos niveles de vida dignos, a proporcionar una mayor cobertura social a la población, a reducir los índices de pobreza y precariedad? Parece que no. Más bien, lo que parece es que las intenciones de la oligarquía europea que nos gobierna pretenden ahondar en las mismas políticas que nos han traído hasta aquí, profundizando por tanto las consecuencias de las mismas. Y como nos indica Joan Tafalla: "Europa no es el problema. Cierto, el problema es el capitalismo. Pero el mecanismo concreto mediante el cual el capitalismo ha creado en nuestro país unos escandalosos niveles de paro estructural, de desarrollo desigual y de dependencia económica y social se llama Unión Europea".

 

Por tanto, afrontemos la cruda realidad y no nos engañemos: la dramática situación social española, es producto de nuestra entrada en la Unión Europea, del Tratado de Maastricht y de todos los subsiguientes tratados, de la Unión Monetaria, del Euro y del Pacto de Estabilidad. ¿Tiene sentido seguir apoyando toda esta estructura? ¿Merece la pena continuar dando nuestro apoyo a un proyecto europeo agotado, injusto y antisocial? Nuestra soberanía ha sido secuestrada, nuestros presupuestos intervenidos, nuestra capacidad de implementar políticas de redistribución de la riqueza ha sido cooptada. No se trata por tanto de ser antieuropeísta, sino de concluir que las bases del actual proyecto europeo no son las correctas, y que, por tanto, dicho proyecto no nos interesa, no es el nuestro. Y quien piense que dichas normas y tratados pueden cambiarse desde dentro, en mi opinión está mostrando una ingenuidad tan supina que no merece mayor comentario. Ello sólo sería posible si de verdad la UE dispusiera de mecanismos democráticos de participación, que evidentemente brillan por su ausencia.

 

elecciones_europeas_20142.jpgY mientras tanto, mucho se alardea de las políticas de "crecimiento económico" y de "creación de empleo". Más allá de nuestra negación hacia la propaganda sobre la supuesta "recuperación económica" que desde el Gobierno actual se nos difunde, lo que tenemos que denunciar es que esta forma de presentar las cosas contribuye a alimentar la esperanza de que, una vez superada la crisis (mensaje que algunos grandes empresarios se han apresurado ya a lanzar), volverán los buenos viejos tiempos en que florecerá el crecimiento económico y con él el empleo. Y todo ello, además, sin haber cambiado un ápice ninguna de las bases de nuestro caduco y depredador modelo productivo. Pero lo cierto es que esta visión es falsa. Es un burdo engaño, una mentira masiva difundida para sembrar confianza sobre una población masacrada socialmente, y que necesita de buenas dosis de optimismo social para volver a creer que podrá recuperarse del pozo donde está metida.

 

Y como decimos, la reversión de esta situación no se producirá. A las pruebas nos remitimos. Incluso si el tímido crecimiento vuelve y se crea algo de empleo, éste será (ya lo está siendo) de una ínfima calidad, de una precariedad constante, de unas indignas condiciones. Y ello porque toda la tanda de reformas laborales (en realidad contrarreformas) impuestas por el FMI, por la CE y por el BCE, bajo la connivencia y complicidad de nuestros serviles Gobiernos bipartidistas, habrán impedido la instalación de condiciones de vida dignas para la clase trabajadora europea, y por ende, española. Habrán hundido las esperanzas de futuro de la población. No permitirán que la mayoría social se recupere de esta situación. Más bien al contrario, consolidarán los estados de pobreza, precariedad y exclusión social de forma permanente. Los viejos y buenos tiempos no volverán. Los cimientos europeos construidos lo hacen imposible. Habrá por tanto que construir un nuevo proyecto europeo sobre nuevas bases, previa renuncia expresa al actual, dominado por las élites económicas europeas.

 

elecciones_europeas_20143.jpgNacho Álvarez Peralta se expresa en los siguientes términos: "A pesar de las graves consecuencias que tendría la salida del euro (fuerte devaluación de la moneda nacional, con el consiguiente incremento de la deuda externa, depreciación de los ahorros de las familias, salidas de capitales del país, probables ataques de los mercados financieros, etc.), la situación actual es aún peor, dado que se condena a las economías más débiles a un largo período de estancamiento, austeridad, recortes sociales y retrocesos salariales". En esta misma línea coinciden también otros economistas críticos, como Pedro Montes o Alberto Montero Soler, sin mencionar los cinco Premios Nobel que en los últimos años han recomendado también la salida del euro: James Mireless (1996), Joseph Stiglitz (2001), Paul Krugman (2008), Christopher Pissandas (2010) y Thomas Sargente (2011).  El euro por tanto no es reformable, y la pertenencia a la Unión Económica y Monetaria (UEM) sólo permite, en la práctica, el blindaje de todo el programa neoliberal, llevado hasta sus últimos extremos, mediante la permanente dictadura de los mercados. Ningún avance en protección social será tolerado, ninguna garantía de bienestar colectivo será permitida bajo estos mimbres.

 

La presión permanente de la Troika en el sentido de continuar por la mal llamada "senda reformista" tiene como único objetivo una salida de la crisis por el camino de la pérdida de poder adquisitivo de la clase trabajadora, a base de privatizar las ganancias de las grandes joyas del Estado (como los servicios públicos básicos) y de socializar las pérdidas generadas por las instituciones financieras, bajo un modelo que tiene como único objetivo la devaluación laboral permanente, cuyos fundamentos son la precarización, el despido libre y gratuito, la disminución de los salarios, el aumento del paro, y la rebaja del conjunto de los costes laborales. Tanto el PP como el PSOE son simples instrumentos, meros ejecutores, cada uno con sus matices, de la política económica que interesa al gran capital español y europeo (dos facciones del mismo interés de clase), así que las sucesivas reformas laborales impulsadas por ambos partidos, la reacción ante el estallido de la burbuja inmobiliaria, o la sumisión constante a los dictados de la patronal y de la banca española, y sobre todo alemana, ponen de manifiesto las coincidencias en torno a las mismas políticas, que obedecen en el fondo al desarrollo del dogma neoliberal. Políticas en las cuales se insta a profundizar desde todas las instancias europeas, cada vez con menos margen de maniobra desde las políticas locales de cada Estado miembro de la Unión.

 

elecciones_europeas_20144.jpgEsas mismas políticas que dejan sin futuro a cada uno de los ámbitos de la economía productiva del país: la industria, la ciencia, la cultura, se ven recortadas en su capacidad para actuar como motores del crecimiento económico. El empleo público se deteriora, el Estado pierde su papel como garante del bienestar colectivo, se va degenerando la cohesión social, y los colectivos más desfavorecidos aumentan su precariedad y su exclusión: jóvenes que se ven forzados a emigrar, pensionistas que ven mermado su poder adquisitivo, parados de larga duración que ven recortadas o anuladas sus prestaciones, personas dependientes que ven cómo no llegan los recursos destinados a sus cuidados, y la órbita de actuación de los servicios públicos decrece a marchas forzadas: la sanidad deja de ser universal, la educación deja de ser pública y gratuita, los servicios sociales se ven circunscritos al cumplimiento de un galimatías de requisitos que dejan excluídos a sus posibles beneficiarios. Y es que bajo este proyecto europeo, todos los parámetros del Estado Social se anulan, todas las garantías de protección social se resquebrajan, y todos los ámbitos de cobertura pública se privatizan. El resultado final es una sociedad deprimida e insolidaria, donde al lado de una minoría social pudiente, cuyas riquezas aumentan progresivamente, intenta sobrevivir una mayoría social empobrecida y deshauciada. Éste es el dantesco panorama al que nos ha conducido la Unión Europea y el euro.

 

Rescato de nuevo las palabras de Joan Tafalla, cuando afirma: "Hoy, la realidad es que tanto el euro como la propia Unión Europea son instrumentos para la dominación imperialista del gran capital, básicamente alemán, sobre el conjunto del espacio europeo. España es irremisiblemente un país periférico, dependiente, una suerte de neo-colonia. Crear empleo en España es imposible sin salir de esta dependencia y de esta dominación imperial. Es imposible sin recuperar la soberanía, es decir, la democracia". Por tanto, nuestro país no puede salir de la crisis en el marco del euro. Sin recuperar la soberanía monetaria es imposible hacer frente al drama social, humano y económico, tanto más cuanto que la política fiscal también ha quedado intervenida con el Pacto de Estabilidad. Y esto, como primera condición inexcusable para poder desarrollar una política avanzada de control público de los sectores estratégicos de la economía, entre ellos la nacionalización de la banca, la reconstrucción del tejido industrial, y la defensa de unos servicios públicos fundamentales sufragados mediante un auténtico sistema fiscal progresivo, para conseguir una redistribución de la riqueza que pueda paliar los efectos que todos estos años de crisis han generado.

 

elecciones_europeas_20145.jpgPor otra parte, el montante de la deuda pública (otro de nuestros grandes lastres, cercana ya al 100% del PIB) es realmente impagable. Su mayor parte es deuda generada por el sector privado, incluido el sector financiero, el más comprometido de todos ellos. Consideramos que esta es una deuda de carácter ilegítimo, pues no ha sido generada mediante parámetros de mínima inversión social. Por ello, el Estado debe llevar a cabo una produnda auditoría de la deuda y reestructuración de la misma (quita, moratoria, conversión en moneda nacional) que alivie la presión presupuestaria que la deuda representa. En consecuencia, no es posible seguir compartiendo el proyecto europeo, sobre sus mismas bases, sin llegar a alcanzar niveles de gigantesca hecatombe social. La involución y degradación de las condiciones de vida de la mayoría social no pueden ser atajadas sin una renuncia expresa a la complicidad con un proyecto europeo injusto y antisocial.

 

En definitiva, y desde un sector crítico de la izquierda, creemos que el voto a cualquier fuerza "europeísta", entendiendo por tal toda coalición política que no plantee abiertamente la ruptura con el actual marco europeo y con el euro, no es la mejor opción. Incluso aquéllas que plantean (como la SYRIZA griega o la Izquierda Unida española) la remodelación del actual proyecto europeo, no caen en darse cuenta de la imposibilidad manifiesta de llevar a cabo tales propósitos, debido al grado de encorsetamiento político que los actuales Tratados definen. Se podría entonces argumentar que lo que deberíamos hacer es cambiar dichos Tratados, y esto estaría muy bien, pero nos topamos entonces para ello con dos nuevos problemas: la poca fuerza del Parlamento Europeo a la hora de implementar proyectos legislativos, y el mandato antidemocrático de las actuales Instituciones europeas, dirigidas por una serie de burócratas que sólo obedecen a las instituciones financieras y al gran capital europeo. La ausencia de caminos, de vías para profundizar en un cambio radical de las estructuras de poder europeas es manifiesta. Y por tanto, nuestro apoyo, aún con toda la buena voluntad del mismo, a dichas formaciones u opciones políticas, es complemente inútil. La única opción sensata, coherente e íntegra frente a los próximos comicios europeos es, por tanto, la abstención, y la apuesta por la movilización popular que consiga poner fin a nuestra pertenencia a la actual Unión Europea y a su moneda única.

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Published by Rafael Silva - en Política
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