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13 noviembre 2014 4 13 /11 /noviembre /2014 00:00

"...ser coherente entre lo que se dice y lo que se hace, no negociar con los principios, priorizar siempre los valores de la ética comunista (la solidaridad, la generosidad, la amistad, la lealtad, el compañerismo, el estímulo moral, el hacer lo que se debe sin medir ni calcular) por sobre la mugre del dinero, el interés mezquino y material, "lo que conviene", el respeto a lo establecido, el cálculo egoísta, el acomodo personal. ¿Esa ética no es acaso el corazón del marxismo y el antídoto frente a tanta mediocridad?"

(Néstor Kohan)

 

 

 

 

 

En efecto, como nos decía el autor de "Nuestro Marx", en el fondo, se trata de una cuestión de valores, de principios. Pero comencemos por el diagnóstico de la situación. Estamos hartos de la corrupción. Diariamente, un nauseabundo parte de noticias nos actualiza nuestra base de datos de corruptos nacionales, de miserias humanas de políticos y empresarios, cuyas tramas y complicidad han contribuido a hundir a este país, a hundirlo no sólo económicamente (que también), sino a hundirlo emocionalmente, y a crear este permanente y creciente descrédito hacia la clase política que tenemos la ciudadanía. Un hedor que lo cubre todo, las Instituciones públicas y privadas, la política local, autonómica, nacional, donde parece que ha prevalecido la práctica del pillaje, del saqueo y del expolio de lo público, al albor de la filosofía y de la praxis capitalista más vulgar. Un capitalismo de amiguetes del alma, que se forraban el bolsillo a costa de desmantelar los servicios públicos, y de contratarlos a sus colegas de las empresas privadas, para terminar difundiendo el aberrante y vergonzante mensaje de que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades.

 

pp_corrupcion.jpgY bien, ante tanta cloaca, ante tanta putrefacción de nuestros representantes, y de sus socios, la clase empresarial, veamos las típicas reacciones que podemos encontrar de los dirigentes de este país: el Presidente del Gobierno tildaba de "algunas cosas que no nos gustan" (estaba hablando de la primera preocupación del país según las últimas encuestas del CIS), aunque posteriormente afirmaba "pero unas pocas cosas, no son 46 millones de españoles, ni el conjunto de España". Y se quedaba tan fresco. Claro, él lo soluciona todo diciendo que "hemos cometido errores, pero España es un gran país". Parece que desde que Rita Barberá le enseñara la luna de Valencia, el señor Rajoy continúa en ella. Por su parte, su lideresa en Madrid, Esperanza Aguirre, uno de los personajes más esperpénticos de este país, siempre nos da una de cal y otra de arena: se muestra compungida y avergonzada, "asumiendo su responsabilidad" (¿cómo?), para después volver a situar la bandera del Partido Popular en el mástil más alto. ¿Pero de verdad esta señora no se da cuenta de la tremenda contradicción de sus hechos y sus palabras? ¿Acaso no fue ella la que eligió y nombró a la inmensa mayoría de los corruptos que han ido saliendo en los últimos tiempos?

 

pp_corrupcion2.jpgBien, después tenemos la reacción quizá más extendida, emitida por Ministros (como el de Justicia), altos cargos (como el señor Posadas, Presidente del Congreso), y otros dirigentes, que consiste lisa y llanamente en afirmar que "el Estado de Derecho funciona: quien la hace la paga". Parece que tampoco esa declaración es del todo cierta, porque de las mil y pico causas por corrupción abiertas en España, con sus correspondientes imputados, que crecen diariamente, menos de 20 personajes están encarcelados en la actualidad. Y también tenemos las declaraciones más "valientes" de todas, que son las que, por ejemplo, hacen los dirigentes del PSOE (a los que también la mierda les llega al cuello) que afirman que sus corruptos "son expulsados desde el minuto uno, que el partido se vuelve aún más decente si cabe, y que las demás fuerzas políticas deberían hacer lo mismo". Se lo hemos escuchado, por ejemplo, a Pedro Sánchez y a César Luena, su Secretario de Organización. Como puede apreciarse, el conjunto de la reacción política ante el tremendo panorama de la corrupción es un constante insulto a la ciudadanía. No sólo es que las medidas que se proponen son completamente ridículas, sino que las personas que las proponen ya no gozan de credibilidad.

 

pp_corrupcion3.jpgParece que no se enteran de que el hartazgo de la ciudadanía es tal que ya no nos basta con que el Estado de Derecho funcione, con que la Justicia (aunque tremendamente lenta) funcione, con que incluso al final todos estos personajes acaben en la cárcel (como hemos dicho, acabará en ella un porcentaje mínimo, teniendo en cuenta los aforados, los jueces afines al régimen, o los posibles indultos que puedan aplicarse). Pero todo esto no nos basta. No nos basta, porque lo que queremos, a ver si se enteran de una vez, es que no exista la corrupción. Lo que queremos es vivir en un país donde las noticias diarias de portada no sean las cuentas en paraísos fiscales que tienen nuestros dirigentes políticos, el último pelotazo urbanístico de tal o cual Ayuntamiento, o la última trama de comisiones ilegales que afecte a tal o cual partido. Es que no queremos vivir en una sociedad así, al igual que no queremos vivir en una sociedad machista, donde se cometen crímenes contra las mujeres, o en una sociedad insensible para con los animales, o en una sociedad maltratadora del planeta y de los recursos naturales. No queremos vivir en sociedades así. Queremos transformarlas, para que estas "conductas" sean erradicadas de la faz de nuestra sociedad. Estos comportamientos corruptos no deben ser escondidos o minimizados, sino que deben ser combatidos y erradicados.

 

pp_corrupcion4.jpgY ante esto, no caben componendas, parches, frases hechas, ni mirar para otro lado. Tampoco cabe el pedir perdón, actitud muy respetable para las personas religiosas, ya que el perdón se pide ante Dios y en las Iglesias. La actitud de esperar a que escampe, de mirar hacia otro lado, de desentenderse de los que hasta hace dos días eran grandes dirigentes de los partidos y compañeros de los dirigentes actuales, no sólo no mitiga el problema, sino que lo acrecienta, así como la propia indignación de la ciudadanía. No se puede tener la fría, cínica e hipócrita actitud de darnos la imagen de que los ahora imputados en casos de corrupción era gente que, simplemente, pasaba por allí. La ciudadanía ya no se lo cree, ni nos basta con soflamas dirigidas al corazón, ni con endurecimiento de penas, ni con medidas de "regeneración democrática" que no se cree nadie, entre otras cosas, porque están pensadas por la misma gente que protege a los corruptos. No se enteran de que la corrupción no va de hacer públicas declaraciones de bienes, rentas e ingresos, ni de las subvenciones a los partidos y fundaciones, ni a un código de buenas prácticas, sino que estamos hablando de un problema de comportamiento social, fuertemente arraigado desde hace varias décadas a todo un imaginario colectivo, a todo un entramado social de principios y valores, que legitiman, protegen y sostienen dichas conductas.

 

pp_corrupcion5.jpgSe nos podrá argumentar fácilmente que la corrupción es difícilmente erradicable, ya que depende de los comportamientos humanos. Entonces nosotros responderemos que NO, que los comportamientos humanos son moldeados por los criterios, principios y valores de la sociedad donde esos miembros se insertan. Pongamos un simple ejemplo. ¿Porqué la tasa de múltiples asesinatos callejeros es muy superior en Estados Unidos que en nuestro país? Pues entre otras muchas cosas, por su política en relación a la posesión personal de armas de fuego, a la política de licencias de armas, y al conjunto de valores personales y sociales de los norteamericanos, que aceptan con total normalidad su "necesidad de defensa propia" para legitimar la posesión de armas. ¿Es que en la sociedad norteamericana hay más asesinos que en la francesa, en la canadiense o en la china? No, simplemente estas conductas están avaladas por unas políticas públicas y un conjunto de valores sociales que las protegen y las amparan. No estamos queriendo decir que el Gobierno norteamericano premie a los asesinos, lo que afirmamos es que las normas y valores de su sociedad son más proclives a la existencia de dichos comportamientos que la nuestra. Pues la corrupción, al igual que el resto de conductas sociales, puede corregirse y erradicarse.

 

pp_corrupcion6.jpg¿Y cómo lo podremos conseguir? Básicamente, desmontando gran parte de los valores y principios imperantes en nuestra sociedad, que son los mismos principios y valores del capitalismo. La premisa básica es aceptar que existen corruptos porque son un producto, un "efecto colateral", de la propia sociedad capitalista. Por supuesto que para acabar con la corrupción hacen falta medidas de auténtica transparencia y controles democráticos, pero no sólo con ello conseguiremos erradicarla, porque ya sabemos que "quien hace la ley, hace la trampa". La verdadera solución no podrá venir de otro frente que no sea una demolición de los actuales pilares que definen nuestros comportamientos y valores sociales (cosa que naturalmente no se consigue de un día para otro, hará falta mucho tiempo), con prácticas y actitudes que vayan desmontando en nuestro imaginario colectivo, digamos, la "necesidad del pensamiento corrupto". ¿De dónde viene el pensamiento de alguien que corrompe y de alguien que se deja corromper? Básicamente, del culto a los valores del capitalismo, esto es, del culto al individualismo, a la competitividad, a la iniciativa y a la propiedad privada, al egoísmo personal y colectivo, a la insolidaridad, y sobre todo, el culto al dinero, al poder y a la riqueza desmedida. La gente ha sido educada no para estudiar y desarrollar los trabajos para los cuales pudieran estar más capacitados, sino para aquéllos que pudieran reportarles más beneficios.

 

Y frente a todo ello, causa última de la corrupción, como una distorsión, una perversión de comportamientos justamente para alcanzar dichos objetivos, tenemos que migrar a una sociedad con otros valores, con otras escalas, con otros deseos, con otros objetivos, con otros comportamientos. Una sociedad austera, pero en el buen sentido de la palabra. Una sociedad donde sus personas, sus individuos, sus colectivos, sus representantes, sus asociaciones, no persigan el lucro personal o social, no persigan la riqueza privada, sino la riqueza colectiva. Una sociedad basada en los valores de la cooperación, de la colaboración, no de la competencia entre unos y otros. Una sociedad de la solidaridad, entre sus propios miembros y de sus propios miembros para con los demás, una sociedad abierta, cooperativa, no egoísta, no encerrada en sí misma. Una sociedad que vele por el desarrollo de lo público, de la propiedad social, de los valores comunes, de la riqueza colectiva. Una sociedad que defienda el trabajo y la ocupación de sus miembros en las tareas que realmente desean hacer, porque son las que les gustan, porque están más capacitados para llevarlas a cabo, para disfrutar con ellas, y hacer disfrutar a los demás. Una sociedad, en fin, en la que sus miembros no tengan por objetivo poseer más bienes y más renta, más ingresos y más capitales, en detrimento de los demás, sino que aspiren a obtener, de forma igualitaria y cooperativa, los ingresos suficientes para una vida digna, pero una vida digna para todos. Sólo una sociedad esculpida bajo estos mimbres dejará atrás los comportamientos corruptos, simplemente porque ya no cabrán en su seno.  

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Comentarios

Pedro Mary 10/22/2017 14:43

Hola
Excelente artículo, concuerdo contigo que la corrupción es una cuestión de principios así como de concordancia a la hora de gobernar.
Por ello cree el Movimiento Global contra la Corrupción
www.yonomuerdo.com Te invito a que lo conozcas, te mando un saludo.

Rafael Silva 10/22/2017 22:05

Pues muchas gracias por tu invitación, Pedro Mary. Un saludo.

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