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31 diciembre 2013 2 31 /12 /diciembre /2013 00:00

"Si no decrecemos voluntaria y racionalmente, tendremos que hacerlo obligados por las circunstancias de carestía de la energía y cambio climático que acompañan hoy al despliegue del capitalismo global"

(Carlos Taibo)

 

 

 

Continuando desde el artículo anterior, primero de la serie, y retomando la disyuntiva que planteábamos allí, tenemos dos caminos encontrados, pareciera que la garantía de todos los derechos laborales implicaría más consumo de bienes, situación que produndizaría la crisis ambiental. Por otro lado, encontramos que esa crisis ambiental pareciera solventarse con la privatización de bienes comunes y con la promoción de actividades ecológicas que generen ganancias para el capital...¿Hay alguna salida ante semejante panorama? Pues bien, desde la postura ecosocialista, pensamos que la anterior tensión puede resolverse si renunciamos al marco de sentido que la posibilita, pues la tensión se genera precisamente si se asume desde la lógica del capital.

 

ecosocialismo21.jpgNosotros no creemos ni en nuevos sacrificios de los trabajadores, ni en la privatización de bienes comunes, ni en la inevitabilidad del colapso ambiental. Hacerlo sería poco menos que asentarse en una posición fatalista y determinista, que nos abocaría a aceptar el sistema que tenemos. La solución estriba en ir más allá del capital para pensar en una posible transición que permita romper la tensión entre quienes ponen el acento en la distribución de la riqueza, y quienes lo ponen en la defensa del ambiente. La garantía de los derechos sociales para las personas que trabajan debe pensarse superando la sociedad salarial y la racionalidad capitalista, pues en caso contrario, esa garantía de derechos se convierte en una excusa para que, en lugar de generar transformaciones reales de la forma de vida, se alimente la sociedad de consumo.

 

ecosocialismo22.jpgVeamos las alternativas. En primer lugar, es crucial cuestionar las reivindicaciones propias de la sociedad salarial, ello implica redefinir y resignificar las necesidades, así como pensar en otras formas de acceder a los bienes que sostienen las sociedades humanas. No tiene sentido garantizar derechos laborales si los trabajadores encuentran su redención en la estética del consumo, por eso nuestra primera tarea es redefinir las necesidades sociales. En segundo lugar, es necesario ensayar múltiples y creativas formas de producción, distribución y consumo, superando las actuales matrices de sostenimiento planetario: insistir en otras formas de acceder a la energía, de producir los alimentos, de gestionar los materiales para la construcción en las ciudades, etc. Apuntar a la transformación de la sociedad, o a salir del extractivismo sin pensar en estas salidas, sería soslayar la base misma del problema de la crisis ambiental de nuestro tiempo.

 

ecosocialismo23.jpgEn tercer lugar, ante la extensión de la relación social capitalista que convierte en valores de cambio los bienes de la Naturaleza, es imperativo construir perspectivas desde los valores de uso. Aquí los planes de vida y de desarrollo alternativo, los procesos de justicia ambiental, los nuevos mercados solidarios y justos, la defensa colectiva de los bienes comunes y una economía, reparto y racionalización del trabajo tienen mucho que decir y aportar. Todo ello, claro está, apoyado por un cambio en el conjunto normativo, esto es, de leyes y reglamentos sociales, para que ciertas prácticas no sólo dejen de estar penalizadas, sino que se constituyan en prototitpo de buenas prácticas sociales. Sólo tenemos que ver las multas que recientemente han impuesto a los jornaleros y activistas del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), por la ocupación de fincas y tierras abandonadas.

 

ecosocialismo24.jpgEn cuarto lugar, debemos abandonar la famosa tentación ecologista que sostiene que "lo pequeño es hermoso". Las apuestas por los pequeños proyectos y las microconstrucciones económicas resuelven los problemas a muy pequeña escala, pero no plantean alternativas para los grandes conglomerados de personas que hoy viven en las grandes ciudades. Las transiciones que impliquen otras gobernabilidades tienen que enfrentar duras realidades, como por ejemplo cómo proveer alimento, energía, agua o materiales a millones de personas. Los avances en el cooperativismo social y en la configuración socialista de las empresas, así como la nacionalización de los grandes sectores estratégicos de la economía (banca, energía, telecomunicaciones, transportes, etc.) pueden ayudar mucho en este sentido. Necesitamos por tanto entrar en la civilización ecosocialista.

 

Y todo ello porque consideramos que en nuestra época es preciso ganar otro sentido de la vida y la sociedad, apostar por otros modos y modelos de fabricar, producir, distribuir, disfrutar, consumir y desechar. Y es ahí cuando una concepción nueva, renovada, ecológica y democrática del socialismo recobra toda su potencialidad transformadora. A nuestro juicio, el ecosocialismo es un referente de sentido para construir otra manera de habitar con la naturaleza, retomando el debate y la crítica al modelo civilizatorio actual, y sus modelos de desarrollo, puestos en crisis en todas sus facetas. Retomando otro horizonte como sentido de vida y sociedad, y construyendo otras lógicas, otras interacciones y otras sinergias en la organización de la economía, la política y las relaciones ambientales. Todos estos planteamientos son perfectamente reales y posibles, sólo hace falta la voluntad política para ir caminando en esta dirección. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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