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29 abril 2013 1 29 /04 /abril /2013 23:00

Se cumplen por estas fechas 130 años de la muerte de Karl Marx, y en su honor y a su memoria vamos a dedicar, para su conocimiento y difusión, esta nueva serie de artículos, que espero sea seguida por los lectores, al menos con el mismo grado de apasionamiento con que yo la estoy escribiendo. Soy comunista, marxista, socialista, pero bajo la perspectiva política, social y cultural del siglo XXI. Eso no implica ningún grado de desnaturalización de las auténticas ideas marxistas, de la concepción comunista de la sociedad, significa únicamente que los tiempos, las culturas y las civilizaciones cambian, y que hay que adaptar las ideas buenas a los tiempos actuales. Pero como digo, las ideas del marxismo continúan teniendo hoy en día plena vigencia, quizá más que nunca, ya que la lucha de clases se ha vuelto más encarnizada si cabe que en tiempos anteriores.

 

capitalismo11.jpgVamos a analizar, como decimos en el título, el Marxismo y el Socialismo, que para el caso es lo mismo (no confundir con la S de PSOE, partido que representa desde hace décadas una adulteración de estas ideas, una prostitución de las mismas, y un engaño a la ciudadanía), pero para entender hasta qué punto debemos analizarlo, comprenderlo e implantarlo, vamos a partir de un estudio del Capitalismo, que es lo que nos ha traído hasta aquí. Luego por tanto, durante toda esta serie de artículos, iremos debatiendo e introduciendo las ideas del Marxismo y del Socialismo, pero a partir de la crítiza razonada del Capitalismo, para poder llegar a la argumentada conclusión de que debemos comprender el capitalismo para entender la crisis actual, y de que debemos acabar con él para poder implantar un cambio global en nuestra sociedad, entendido como un cambio en el más amplio sentido de la palabra, esto es, un cambio de régimen político, social, económico, productivo, ambiental, etc. En definitiva, un cambio cultural, un cambio de civilización.

 

capitalismo12.jpgBien, pues entremos en materia. Iremos citando y referenciando las fuentes documentales donde nos basamos para nuestro estudio, análisis y exposición sobre la marcha, a medida que vayan siendo utilizadas. Los lectores pueden y deben también actuar de difusores de estas ideas, para lo cual tienen completa y absoluta autorización para utilizar dichas fuentes, y los textos de estos artículos. Vivimos en una sociedad capitalista. El capitalismo es un sistema de producción en el que la población en general carece de medios de producción para subsistir por su cuenta o, lo que no es sino la otra cara de la moneda, un sistema en el que la mayor parte de la población tiene que buscarse la vida –vender su fuerza de trabajo- en el mercado laboral, a cambio de un salario. En este mercado laboral, la gente se ve obligada a trabajar en lo que sea, al precio que sea, para producir lo que sea, en la cantidad que sea y de la manera que sea, es decir, la gente está vendida a vida o muerte a una lógica de producción que se determina a sus espaldas y, además, actualmente, de forma cada vez más misteriosa incluso para los economistas más pretenciosos, en ese mundo del sinsentido y lo imprevisto al que llaman “Los Mercados”.

 

thatcher.jpgHace pocas semanas de la muerte de Margaret Thatcher, llamada "La Dama de Hierro", y la cito aquí porque fue una de las máximas exponentes del capitalismo, en su vertiente más cruda, despiadada e inhumana. Ella representó durante toda la época de sus Gobiernos en el Reino Unido, la más firme opositora a la clase trabajadora, la más firme defensora del desmantelamiento de sus derechos, del Estado del Bienestar, y una de las más fieles paladines de la privatización de empresas y servicios públicos. Se enfrentó con cruel determinación a los mineros británicos, que han festejado su muerte, como no podía ser de otra manera. Muchas cosas se han dicho sobre ella, para ansalzarla y alabarla, pero la realidad es que fue una de las dirigentes mundiales más nocivas y desastrosas para su pueblo, y una de las mejores aliadas del Gran Capital. Si alguien quiere tener una buena referencia de cómo funciona el sistema capitalista, puede estudiar las políticas de Margaret Thatcher.  

 

capitalismo13.jpgLa tendencia de las empresas a disminuir salarios para maximizar beneficios es la base de las crisis periódicas que azotan a la economía de mercado. A diferencia de las antiguas crisis económicas, en las que las malas cosechas o catástrofes naturales hundían en la más absoluta pobreza a millones de personas, la realidad en el capitalismo es la contraria: la gente no tiene casa, no come lo necesario, no puede pagar las medicinas, no por falta de necesidades o de producción, sino por falta de salario. Es la paradoja de la crisis de sobreproducción: casas sin gente, gente sin casas. Gente sin trabajo y empresas funcionando al 30%. Inmensas necesidades insatisfechas, millones de euros de beneficios en pocas manos.

 

Y como el capitalismo convierte este mundo en una pocilga, en lugar de estar contra el capitalismo, estamos contra el mundo. La verdad es que el capitalismo no deja títere con cabeza, ha envilecido todos los aspectos de la vida humana y malversado el sentido de todas las instituciones ciudadanas. La escuela y la sanidad públicas son las dos únicas que resisten aún a la lógica del mercado. Y por eso están siendo destruidas. Ante este panorama, lo más estúpido que se puede hacer es colaborar con el capitalismo en su labor destructiva y empezar a derribar instituciones como quien lucha contra molinos de viento,  mientras un ejército de gigantes avanza por la espalda.

 

capitalismo14.jpgSi bajo el capitalismo la Democracia se convierte en una farsa, el Derecho en un instrumento del capital, el Estado en una maquinaria de represión, los Tribunales de Justicia en una ignominia, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad en aparatos torturadores, el Parlamento en un mercado de intereses, los Municipios en un nido de corrupción, etc., lo más absurdo que podemos hacer es empeñarnos en que lo ideal sería un mundo no capitalista en el que no existieran ninguna de esas cosas. Eso no es estar contra el capitalismo, es estar contra el mundo. Y es empeñarse, además, en la absurda tarea de construir un mundo nuevo a partir de las ocurrencias de un hombre nuevo. Esto es pura religión, y en todo caso, al mezclarse con la política, es puro fascismo. No caigamos en la demagogia, en el oportunismo barato, en la facilona crítica, en el desprestigio de la política y de lo público, porque precisamente, eso es lo que quieren los defensores del capitalismo. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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