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8 agosto 2012 3 08 /08 /agosto /2012 23:00

Desde que se iniciara la crisis, allá por las postrimerías de 2007, venimos oyendo hablar sobre la mal llamada "confianza" de los mercados financieros. ¿Qué significa esto? Pues vamos a intentar demostrar, o al menos apoyar, la idea de que se trata, como tantas otras, de una gran falacia, esto es, una gran mentira, una gran manipulación, una gran estafa, como la propia crisis. Efectivamente, la palabra "confianza" es una palabra sagrada, o al menos debe serlo, para aquéllas personas u organizaciones que intentamos ser serias y dignas. La confianza permite establecer relaciones humanas de todo tipo, y ser un puntal para las relaciones afectivas, sociales y económicas.

 

Podemos decir que la palabra "confianza" comenzó a ponerse en crisis cuando las Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones (las famosas TIC) llevaron al mundo virtual lo que ya existía en el mundo real, es decir, cualquier transacción comercial, que se desarrollaba normalmente en el mundo real, precisamente porque había confianza, era proclive al engaño en el mundo virtual, justamente porque faltaba aquélla. Imaginémonos el típico escenario donde un consumidor entra a una tienda, pide un producto (un pantalón, por ejemplo), se lo prueba, y al final, lo paga. ¿Porqué ocurre esto? Porque nuestro tendero tiene confianza en nosotros (aunque no nos conozca), y piensa que vamos a pagarle el producto...¿nos imaginamos lo que sucedería si no existiera esa confianza? El tendero no confiaría en nosotros, porque pudiera pensar que no íbamos a pagarle, así que no nos daría el pantalón hasta que no le hubiéramos pagado, pero además si la desconfianza fuese recíproca, nosotros tampoco pagaríamos hasta no recibir el producto, entrando en una cadena de desconfianza mutua sin límites...

 

confianza_mercados1.jpgBien, pero la confianza que aquí nos ocupa es la que tiene que ver con nuestra financiación pública, la de España (o la de cualquier otro Estado). Y se nos viene diciendo por activa y por pasiva que el objetivo final de todas las medidas de ajuste y de recorte que se nos piden es para "recuperar la confianza" de los mercados, es decir, de aquéllos que nos tienen que prestar el dinero. Y lo primero que se nos ocurre es preguntarnos: ¿es que existe desconfianza? Porque cuando teníamos la peseta nunca hablamos de confianza de los mercados, y se supone que nuestros Gobiernos de entonces también pedían financiación...se puede argumentar que ya no tenemos la peseta, tenemos el euro, nuestra moneda común europea, y que por tanto los mecanismos son diferentes...sí, pero, ¿porqué existe esa supuesta desconfianza? ¿Es que alguna vez hemos dejado de pagar el dinero que nos prestan?

 

Parece por tanto que hay que buscar las causas en otros orígenes bien distintos. Se argumenta entonces que tenemos una deuda pública y privada muy grandes (como saben los lectores, este nivel se mide sobre porcentaje del PIB, Producto Interior Bruto). Pero cuando vamos a analizar estos porcentajes al comienzo de la crisis, nos damos cuenta de que aunque son porcentajes elevados, la mayoría de los países de nuestro entorno nos superan en este nivel de deuda...¿Qué ocurre entonces? Pues la razón tiene que ver con el comportamiento irresponsable que han tenido las entidades financieras, principales causantes de la gran crisis que padecemos. Nuestros bancos se han endeudado durante años con otros bancos extranjeros (sobre todo alemanes y franceses) en productos ligados a la burbuja inmobiliaria, y cuando ésta ha explotado, todos los objetivos se han concentrado en que nuestros bancos puedan devolver el dinero a sus acreedores.

 

confianza_mercados3.jpgDe esta forma, dicha supuesta "desconfianza" de los mercados no es tal, así como tampoco está justificada la estabilidad presupuestaria que pregonan nuestros gobernantes, y han convertido dicho mandamiento en la piedra angular de toda su política económica. Es una imposición del Gobierno alemán (forzado también por sus propios bancos, que son los que en realidad mandan), del Banco Central Europeo y del resto de Instituciones, para asegurar el pago de la deuda  a toda costa. Todo este entramado es el motivo de la famosa y urgente Reforma Constitucional del verano pasado, para incluir el mandato de pagar la deuda antes que atender los servicios que se prestan a la ciudadanía, así como de las exigencias y plazos para reducir el déficit público de nuestras Administraciones, negociado con Bruselas, y cuyo plazo se ha ampliado recientemente un año más (hasta 2014).

 

confianza_mercados4.jpgLo peor de todo es que este conjunto de medidas se convierten en una espiral diabólica, porque con el tiempo causan justo el efecto contrario al objetivo que pretenden cubrir. Es decir, si para conseguir la estabilidad presupuestaria y el pago de la deuda se toman esta serie de medidas de recortes en inversiones y gasto público que están realizando nuestros gobernantes, el efecto que se consigue es la caída del consumo y la contracción de la economía, debido también al creciente desempleo derivado de tales medidas de recortes. Por tanto, con un Estado en recesión, difícilmente se consiguen los ingresos para hacer frente al pago de la deuda, y entramos en un círculo vicioso que precariza cada vez más el bienestar social de la población. Precisamente, en esta situación es donde dicen los mercados que cae la "confianza", ante el temor de que el Estado no pueda hacer frente al pago de sus deudas.

 

Así se explica que ninguna de las medidas que se están adoptando en política económica sirva para nada, más que para hacer caer más todavía a nuestra economía, que ya se encuentra en caída libre desde hace meses. Y se comprende por pura lógica económica, pero también por puro sentido común, que ninguna de las medidas que se adoptan sirvan para recuperar esa "confianza" de los mercados, y así se ve en todos los indicadores que se manejan: índices bursátiles, prima de riesgo, o intereses de nuestros bonos del Tesoro, que ya los tenemos a un interés 21 veces más alto que los bonos alemanes. Por tanto, todo es un montaje y una falacia para, a través de hacer el juego a nuestros Bancos, y propiciar su recapitalización y que puedan pagar sus deudas, hundir el sistema de protección social, las relaciones laborales, los servicios públicos y todo atisbo de democracia que pueda irnos quedando. Pero no nos preocupemos, luego sale papá Mario Draghi, el salvador del euro, diciendo que "estamos en un proyecto irreversible", y que se tomarán "medidas extraordinarias" para "aliviar la crisis de deuda". Simplemente intolerable. Este señor debería estar procesado. 

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