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15 enero 2014 3 15 /01 /enero /2014 00:00

Me da la impresión, y esto me lleva ocurriendo desde hace mucho tiempo, de que tenemos una izquierda en nuestro país bastante ingenua. Quiero aclarar en primer lugar que, cuando hablo de izquierda, me refiero sobre todo a la coalición Izquierda Unida, representada actualmente en el Congreso de los Diputados mediante el Grupo Parlamentario de la Izquierda Plural, en el Gobierno de la Junta de Andalucía en coalición con el PSOE de Andalucía, y en otros muchos consejos de gobierno locales, donde tenemos algunos concejales, y algún que otro alcalde o alcaldesa. Evidentemente, no hablo del PSOE, que ya sabemos que está en otra onda, ni tampoco de otras organizaciones de la izquierda política, social o mediática de este país, que puedan coincidir o no en los diversos planteamientos con Izquierda Unida.

 

izquierda_ingenua1.jpgDicho esto, vamos al asunto. Me parece que los planteamientos generales, incluso concretos muchas veces, que parten de IU, adolecen del arresto necesario para ser coherentes con sus programas, haciendo gala en  muchos casos, incluso, de una tremenda ingenuidad. Y la ingenuidad es mala consejera para una organización política, pues le aleja de la realidad, y le hace ofrecer un planteamiento muy simplista e idílico de la misma, lo cual puede resultar contraproducente de cara al posible apoyo de las personas votantes o simpatizantes con su ideario. En una palabra, le resta credibilidad. Hace poco se celebró el IV Congreso del PIE (Partido de la Izquierda Europea), que reúne a todos los grandes partidos y coaliciones que representan a la izquierda en Europa (y en el Parlamento Europeo mediante el Grupo del GUE/GNL), y los planteamientos vienen a ser los mismos. No quiero decir con ello que sean incorrectos o incoherentes, sino que son profundamente ingenuos. Podemos citar muchas fuentes, porque como digo, no es sólo una opinión personal. Por ejemplo, voy a entresacar algunos fragmentos de uno de los últimos artículos del economista malagueño Alberto Montero Soler, del Departamento de Economía Aplicada de la UMA.

 

izquierda_ingenua2.jpgY dicha ingenuidad creo que tiene su máxima representación en el ideal, proclamado por IU, de cambiar Europa desde dentro de Europa. Existen corrientes, aún no mayoritarias dentro de IU, a las que me adscribo, que entienden que esto simplemente es una gran barbaridad. No porque sea disparatado lo que se propone, que no lo es en absoluto, sino porque responde, como decimos, a un acto de tremenda ingenuidad. ¿Queremos esta Europa del Capital y de los Mercados? No. ¿Queremos construir la Europa Socialista de los Pueblos y de los Ciudadanos? Si. Hasta aquí coincidimos. ¿Cómo podemos hacerlo? ¿Lo podemos hacer dentro del actual marco normativo europeo, dentro del Euro y de sus Tratados? Creemos que no. Por tanto, creemos que hay que estar previamente fuera de dicho marco, para poder implantar y liderar un amplio proceso de transformación socialista en primer lugar para nuestro propio país, y por ende, poder extenderlo a una nueva Europa, refundada sobre otros cimientos.

 

izquierda_ingenua3.jpgEn palabras de Montero Soler: "Frente a quienes mantienen que existen vías de reforma capaces de enfrentar la actual situación de deterioro económico y social, la realidad se empeña en demostrar que la viabilidad de esas propuestas requiere de una condición previa inexcusable: la modificación radical de la estructura institucional, de las reglas de funcionamiento y de la línea ideológica que guía el funcionamiento de la Eurozona". Seamos realistas. Tenemos en las actuales políticas de austeridad el mayor ejemplo de su fuerza, que nos conducen a una clase trabajadora cada vez más desprotegida, precarizada, desideologizada, desestructurada e indefensa, caldo de cultivo ideal para la extensión de sus macabras políticas. Y más adelante continúa: "El problema esencial es que la Eurozona es un híbrido, una extraña mezcla que sólo avanza en un único frente. No avanza en lo federal, con y por todas las consecuencias que ello tendría en materia de cesión de soberanía, y se mantiene solamente en el terreno de lo monetario, porque esa dimensión, junto a la libertad de movimientos de capitales, de bienes y servicios, basta para configurar un mercado de grandes dimensiones (...). Por lo tanto Europa, y con ella su expresión de integración más avanzada que es el euro, se ha convertido en un proyecto exclusivamente económico puesto al servicio de las oligarquías industriales y financieras europeas con el agravante de que, en el proceso, han cooptado a la clase política, tanto nacional como supranacional, secuestrando con ello los mecanismos de intervención pública sobre la dinámica económica y restringiendo los márgenes para cualquier tipo de reforma que no actúe en su beneficio".

 

izquierda_ingenua4.jpgPero en cambio, esto no se dice. Se sigue manteniendo la idea de que, desde dentro del Euro y de los actuales Tratados Europeos, estas premisas podrán conseguirse, y estos cambios podrán alcanzarse y aplicarse. Aquí es donde creemos que reside (y queremos pensar bien, y descartar otras motivaciones) la tremenda ingenuidad de la izquierda española (al menos de una parte de la misma). La estructura organizativa de la Unión Europea, proceso que se extiende hace varias décadas, se gesta fundamentalmente a raíz del Tratado de Maastricht, firmado en 1992, que sienta las bases, junto con el resto de Tratados posteriores, para la actual arquitectura europea. Dicha arquitectura es la que nos lleva al Euro como moneda única, pero sin asentarla sobre bases políticas y fiscales comunes, sino únicamente obedeciendo a un planteamiento de unificación monetaria, donde Alemania ejerce su presión como locomotora europea, y dicta su política fiscal y monetaria, con el principal aliado, el Banco Central Europeo (BCE), responsable de las políticas que impiden atacar la crisis de deuda de los diferentes países. El Euro, digámoslo claramente, es la expresión más acabada del capitalismo neoliberal. Un tipo de capitalismo que se desarrolla en el marco de un mercado único dominado por el imperativo de la competitividad, y en el que, además, se ha producido un vaciado de las soberanías nacionales, en beneficio de una tecnocracia que actúa permanentemente en favor de las élites europeas, y en perjuicio del bienestar de las clases trabajadoras.

 

izquierda_ingenua5.jpgLa Constitución Europea fue un proyecto fallido, pero se ha intentado introducir subliminalmente a través de los diferentes Tratados (incluido el de Lisboa celebrado en 2007), que plantean toda esta arquitectura europea. El Parlamento Europeo no tiene prácticamente poderes, los órganos de gobierno de la UE no son instancias democráticas, pero sin embargo, son los que de verdad dictan las políticas macroeconómicas que hay que llevar a cabo en los países miembros. El Banco Central Europeo se define como una entidad independiente (de los Estados, pero no de los Mercados), y en base a esta premisa, los Tratados prohíben expresamente que el BCE pueda financiar directamente a los Estados miembros, pero sí pueda hacerlo con la banca privada, a los que presta dinero muy barato, para que éstos a su vez puedan intervenir en los procesos de subasta del Tesoro y de la deuda pública, emitidos por los diferentes Gobiernos. Los hechos nos lo demuestran bien claramente: todas las políticas encaminadas a "salvar el euro" son políticas dirigidas a salvaguardar y preservar los intereses de la élite económica europea, en contra del bienestar de las clases populares. El escenario de la moneda única, al no poder devaluar la misma, nos ofrece sólo la solución de devaluar la fuerza interna de trabajo, los tipos de salarios directos, indirectos y diferidos, lo cual nos lleva irremisiblemente hacia el abismo del subdesarrollo y del neoesclavismo.

 

izquierda_ingenua6.jpgBien, con este escenario, ¿es posible desarrollar un programa de izquierdas?  ¿Es posible plantearse, siquiera sea mínimamente, la asunción de una serie de medidas que restablezcan las privatizaciones de los servicios públicos? ¿Es posible abandonar las políticas mal llamadas de "austeridad"? ¿Es posible sin salir de Europa, sin abandonar este club de fanáticos neoliberales, poder llegar a plantearse políticas de redistribución de la riqueza? ¿Es posible revertir las políticas que nos han anulado derechos sociales y laborales en nuestro país? ¿Sería posible poner en práctica una auténtica reforma fiscal progresiva? ¿Es posible avanzar en la nacionalización de los grandes sectores estratégicos de la economía? ¿Alguien se cree que desde esta Europa nos van a dejar nacionalizar la Banca, las eléctricas, las telecomunicaciones, la alimentación, la industria? ¿Podemos plantearnos siquiera dentro de esta Europa, esclava del capital financiero, la quita, renegociación o auditoría de la deuda pública? ¿Podemos plantear la negativa a pagar la deuda? A muchos nos parece que no. Nos parece que todos estos planteamientos, que son los únicos que nos sacarían realmente de la crisis, y además asentarían los mecanismos para que no se dieran crisis futuras, no caben dentro de la actual Unión Europea, y dentro del Euro.

 

izquierda_ingenua7.jpgAlberto Montero plantea la siguiente paradoja: "¿Que podría hacer un gobierno de izquierdas que alcanzara el poder en un único país de la eurozona? ¿Debería esperar a que estuvieran dadas las condiciones objetivas en el resto de la eurozona para proceder a sus reformas, siendo conscientes de que ello exige el voto unánime de 27 Estados, o debería aprovechar la ventana de oportunidad que la historia le ha permitido abrir y promover la salida de ese Estado del euro?". Nosotros abundamos en ello. ¿Porqué entonces no se da este mensaje a la ciudadanía? ¿Porqué no tenemos una izquierda menos ingenua, más realista, más valiente, aunque ello pueda hacerle perder un buen puñado de votos? Desde la izquierda estamos por un Proceso Constituyente, que replantee todo nuestro modelo de convivencia hacia un modelo republicano y federal, pero resulta un contrasentido reclamar procesos de tamaña envergadura, sin reclamar la ruptura con el marco institucional, político y económico que el euro nos impone. El Proceso Constituyente no podría conducirnos a una auténtica refundación, pues partiría de unas condiciones previas inasumibles, que van en contra de los intereses de esas mismas clases que estamos proclamando dicho proceso.

 

izquierda_ingenua8.jpgEn defintiva, plantear una sociedad socialista dentro de esta Unión Europea, y dentro del euro, representa una contradicción en sí misma, un oxímoron. La izquierda de verdad, la auténtica izquierda progresista, transformadora y revolucionaria, no puede andarse con paños calientes, menos aún con sospechosas colaboraciones con partidos del régimen (como el PSOE en Andalucía). Necesitamos una izquierda más agresiva, que no tenga miedo a exponer, tanto en público como en privado, el auténtico ideario socialista, revolucionario, pero sin tapujos, sin falsas ilusiones, sin ingenuidades, sin parches, sino abordando el problema desde su raíz, esto es, siendo radicales en nuestros planteamientos. La tarea es la de convencer, la de difundir, la de explicar, la de hacer continua pedagogía, desde todos los frentes, en todos los sectores, desde todos los foros, mediante todos los colectivos, aunados con los movimientos sociales, para que el ideario de izquierdas cale entre la ciudadanía, y podamos ejercer de facto un contrapoder ciudadano desde donde balancear e incluso romper la hegemonía del pensamiento dominante. Pero esto no se consigue desde la prudencia, desde la ingenuidad, desde las medias tintas, sino desde la sinceridad, desde la autenticidad, desde la coherencia y desde la valentía.

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Published by Rafael Silva - en Política
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