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7 enero 2015 3 07 /01 /enero /2015 00:00

"Todo se hace con tanta sutileza que se empieza jugando con el lenguaje y no se para hasta que interiorizamos el mensaje que se nos quiere imponer"

(Rafael Burgos)

 

 

 

 

Continuando desde el artículo anterior, y basándonos en la misma fuente, vamos a enumerar algunas de las técnicas más habituales de lo que pudiéramos denominar como "retórica de la desinformación", y las vamos a ilustrar con ejemplos, siempre que sea posible. Aunque se nos quedarán otras muchas en el tintero, las que vamos a recoger aquí constituyen el principal arsenal de técnicas que la clase dominante utiliza para "convencernos" de su discurso. Al tratarse de un grupo de técnicas bastante numeroso, vamos a comenzar a hablar de ellas en el presente artículo, pero dejaremos algunas para el artículo siguiente:

 

1.- Apelación al miedo. Un público o audiencia presa del miedo está en situación de receptividad pasiva y admite más fácilmente cualquier tipo de adoctrinamiento, o bien la idea que se le quiera inculcar. Se recurre normalmente a sentimientos instalados en la psicología del ciudadano por prejuicios escolares y de educación, pero no a razones ni a pruebas (por ejemplo, "si gobernara tal partido volvería la crisis").

 

2.- Apelación a la (supuesta) autoridad. Consiste en citar referencias a personajes importantes para sostener o apoyar una idea, un argumento o cierta línea de conducta, menospreciando otras posibles opiniones (por ejemplo, "nuestras reformas han sido avaladas por todas las Instituciones y Organismos internacionales: FMI, CE, OCDE, etc.").

 

3.- Testimonio. Consiste en mencionar, dentro o fuera de contexto, casos particulares, en vez de situaciones generales para sostener una política o una tesis. Un experto o figura pública respetada, un líder en un terreno que no tiene nada que ver...Se explota así la popularidad de ese modelo por contagio. Puede apelarse también a la Historia, y así por ejemplo, se tira mucho del fracaso del comunismo soviético, para desprestigiar completamente las ideas marxistas.

 

4.- Efecto acumulativo. Consiste en intentar persuadir al auditorio para que adopte una idea insinuando que un movimiento de masas irresistible está ya comprometido en el sostenimiento de dicha idea, aunque sea falso. Se da por sentada una idea mediante la falacia de la petición de principio. Esto es así porque todo el mundo prefiere estar siempre en el bando de los vencedores. Esta táctica permite preparar al público para encajar la propaganda. Es preferible juntar a la gente en grupos para eliminar oposiciones individuales y ejercer mayor coerción, principio de mercadotecnia o márketing que ejercen los vendedores. Por ejemplo, para convencernos del uso de facebook o twitter, nos pueden argumentar que ya lo usan cientos de millones de personas en el mundo.

 

5.- Redefinición y revisionismo. Consiste en redefinir las palabras o falsificar la Historia de forma partidista para crear una ilusión de coherencia. La clase dominante, por ejemplo, en diccionarios y libros de texto, nos lleva contando una historia manipulada sobre la Transición, sobre la Segunda República, o sobre el franquismo.

 

6.- Demanda de desaprobación o poner palabras en la boca de uno. Consiste en sugerir o presentar que una idea o acción es adoptada por un grupo adverso sin estudiarla verdaderamente. Sostener que un grupo adopta una opinión y que los individuos indeseables, subversivos, reprobables y despreciables la sostienen también. Eso predispone a los demás a cambiar de opinión. Por ejemplo, para desprestigiar a PODEMOS, como la clase dominante sabe que ha extendido una imagen del gobierno venezolano como una dictadura (lo cual es absolutamente falso), se le ataca bajo el argumento de que los dirigentes de dicha fuerza política han aconsejado a los dirigentes bolivarianos. Pero puede usarse también al contrario. Un buen ejemplo de ello es la apropiación que la gente del PP hace de la supuesta "normalidad" ("esto es normal", "esto no lo hace la gente normal", "queremos lo que es normal", etc).

 

7.- Uso de generalidades y palabras virtuosas. Las generalidades pueden provocar emoción intensa en el auditorio. Por ejemplo, el amor a la patria, el deseo de paz, de libertad, de gloria, de justicia, de honor o de pureza permiten demoler el espíritu crítico del auditorio, sacrificado a la grandilocuencia de estos conceptos. Y aunque el significado de estas palabras pueda variar según la interpretación de cada individuo, su significado connotativo general es positivo, y por asociación, los conceptos y los programas del propagandista serán percibidos como grandiosos, buenos, deseables y virtuosos. Por ejemplo, ¿cuántas formaciones y líderes políticos utilizan en sus discursos la palabra "progreso"? ¿Significa esto que de verdad todos están usando el mismo concepto de dicha palabra? ¿Que todos tienen la misma visión del "progreso"?

 

8.- Imprecisión intencional. Se trata de referir hechos deformándolos o citar estadísticas sin indicar las fuentes de donde se obtienen, o el resto de datos. La intención de esta técnica es dar al discurso un contenido de apariencia científica, sin permitir analizar su validez o su aplicabilidad. Acaba de ocurrir por ejemplo en la manipulación que muchos políticos y periodistas han hecho de las propuestas económicas de PODEMOS, avaladas por economistas de reconocido prestigio, pero que no pertenecen a la escuela dominante, es decir, a la escuela neoliberal. Y por tanto, se manipulan sus propuestas sobre la renta básica, o sobre la necesidad de recuperar el empleo público.

 

9.- Transferencia. Esta técnica sirve para proyectar cualidades positivas o negativas de una persona, entidad, objeto o valor (individuo, grupo, organización, nación, raza, religión...) sobre algo, para hacer esto más (o menos) aceptable mediante palancas emotivas. Ocurre continuamente con los gitanos, los inmigrantes, los homosexuales, los musulmanes, etc., sobre los cuales se vierten opiniones sesgadas o manipuladas.

 

10.- Simplificación exagerada. Consiste en recurrir a generalidades típicamente usadas para contextualizar problemas sociales, políticos o económicos complejos. Por ejemplo: "El socialismo sirve sólo para repartir la miseria", "Los servicios públicos gratuitos no son sostenibles", etc.

 

11.- Quidam. Para ganar la confianza del auditorio, el propagandista emplea el nivel de lenguaje y las maneras y apariencia de una persona común. Mediante el mecanismo psicológico de la proyección, el auditorio se encuentra más inclinado a aceptar las ideas que se le presentan así, ya que el que se las presenta, se les parece. La clase dominante, por ejemplo, ha recurrido al fichaje de personajes populares, por su protagonismo social, para que sean vehículo de propagación de sus ideas. Por ejemplo, el PP fichó al padre de la niña asesinada Mari Luz Cortés.

 

12.- Estereotipar o etiquetar. Esta técnica utiliza los prejuicios y los estereotipos del auditorio para rechazar algo. Frente a la ausencia de argumentos, el estereotipo recurre a ciertos mensajes enlatados, como por ejemplo, en el caso del PP, a la "herencia recibida" del PSOE. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Psicología
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