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14 octubre 2013 1 14 /10 /octubre /2013 23:00

Hace pocos días que hemos asistido estupefactos a la mayor manifestación de tragedia y desgracia humana, que es aquélla que puede ser evitada, y sin embargo no lo es. En la isla de Lampedusa, al sur de Italia, aparecieron cientos de cadáveres de inmigrantes africanos, que no habían hecho daño a nadie, que sólo querían escapar de su país, de la pobreza y de la miseria, para abordar a un mundo mejor, para ellos y sus familias. Personas necesitadas, personas frustradas, personas denigradas por este injusto y cruel sistema capitalista, al que se llama "globalizado". Y gracias a esa globalización, hoy las fronteras son menos fronteras, pero este principio parece ser que se aplica únicamente a las mercancías y a los capitales, al dinero, a las fortunas, a las posesiones, en última instancia, al poder, al poder de esas grandes corporaciones que comercian hasta con el aire que respiramos.

 

lampedusa1.jpgPero este principio de la globalización parece que no se aplica a las personas, a ésas es mejor mantenerlas a raya, en sus respectivos países, en sus respectivas fronteras, para que no salgan de su mundo cruel, de su miserable mundo. De su mundo de fatigas y necesidad, de su mundo sin horizontes, de su atroz mundo sin esperanzas. Y si a ello le seguimos añadiendo algunos detalles de la macabra personalidad humana, podemos entender que a los inmigrantes muertos se les reconociera "a título póstumo" la nacionalidad italiana, mientras que a los pocos supervivientes que quedaron, se les multara con 5.000 euros. Por si no tuvieran ya bastante. Por si la vida todavía les hubiera gastado pocas malas pasadas. La capacidad humana de cinismo, de hipocresía y de falta de valores no tiene límites. Y así, seguimos viviendo día a día esta oleada de capitalismo insolidario, de capitalismo de barbarie, que permite que grandes directivos de empresas puedan manejar sueldos astronómicos, mientras otros seres humanos son condenados a una muerte civil, como ya dejara dicho Miguel de Cervantes.

 

lampedusa2.jpgEllos, los inmigrantes muertos en Lampedusa, como tantos otros, como los que murieron antes que ellos, como los que seguirán muriendo después (a los dos días de la tragedia apareció otra barcaza con 50 cadáveres más) son los chivos expiatorios de este capitalismo salvaje que condena nuestras vidas, a unos a la represión, al desempleo, a la precariedad, a la exclusión social, y a otros, todavía más, a la miseria, al hambre, a una travesía fatal, a la muerte. Nuestro Gobierno, al tiempo que lamenta las muertes en Lampedusa, hace todo lo posible para que no entren subsaharianos por Ceuta y Melilla. También toma decisiones como dar un permiso de residencia a los extranjeros que hagan inversiones de 500.000 euros en España, o que adquieran lujosos pisos o mansiones, pero niega el acceso a la sanidad pública a los extranjeros sin papeles. Muchos de ellos son los que vinieron a España a trabajar durante la burbuja inmobiliaria y después se quedaron sin trabajo. ¿Y a quién le importa?

 

lampedusa3.jpgSeñores dirigentes de la Unión Europea neoliberal: no se molesten ustedes en disimular, no se molesten en fingir el dolor y la desolación que les provocan estos espectáculos dantescos. No se molesten en disimularlo. No hace falta. Sabemos perfectamente que ustedes no van a hacer nada por evitarlo. Sabemos perfectamente que, en el fondo, ustedes lo justifican. Lo comprenden. Lo explican. Pero no lo cambian. No van a mover ni un dedo en cambiar la podredumbre de la actual sociedad capitalista donde vivimos en este primer mundo, para que los que viven en el segundo o tercer mundo vivan un poquito mejor, y no necesiten embarcarse en inmundas pateras que sólo les conducen a un destino incierto. Quizá a la muerte, como a los de Lampedusa. En Europa estamos sembrando, se constata cada día, un odio civilizatorio, un odio racial, un germen de lucha de todos contra todos. Vivimos una época de racismo de Estado, donde los inocentes inmigrantes se utilizan como chivo expiatorio para proteger a los auténticos responsables de la crisis.

 

lampedusa4.jpgPero no podrán engañarnos. Sabemos que el problema no son los inmigrantes, sino los banqueros insaciables y desalmados, y los políticos corruptos, que han desestabilizado toda la economía de este capitalismo globalizado. Mientras los Gobiernos protegen a los banqueros, apuntan con el dedo acusador a los inmigrantes de toda Europa. Se ponen al día las deportaciones, como las de gitanos romaníes en Francia. Y todo este panorama está sirviendo como estupendo caldo de cultivo para el auge de la extrema derecha, hecho que está sucediendo cada vez más en esta Europa del Capital. Horror, guerra, odio, muerte, destrucción, son sus credenciales. En Grecia tenemos el ejemplo de Amanecer Dorado. En España, los ataques fascistas se están multiplicando, y en Francia tenemos al Frente Nacional. Y en Noruega ya han llegado al Gobierno. Mientras no seamos capaces de acabar con este cáncer del capitalismo, que corroe las entrañas de todas las sociedades donde se instala, seguiremos asistiendo impasibles a espectáculos como los de Lampedusa.

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Published by Rafael Silva - en Política
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