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13 diciembre 2012 4 13 /12 /diciembre /2012 00:00

Vamos a abordar en esta entrega el segundo eje rector de esta LOMCE, que ya habíamos adelantado que tenía que ver con la cantidad de pruebas selectivas implementadas durante los diferentes ciclos, recorridos o itinerarios. En efecto, esta contrarreforma apunta a convertir la educación en una carrera constante de obstáculos y superación de pruebas y reválidas al final de cada etapa: "evaluación a todos los alumnos al finalizar tercer curso de Primaria" (se trata de la primera reválida realizada por el profesorado. Aunque no tendrá carácter eliminatorio, sí constará en el expediente académico del estudiante). "evaluación al finalizar sexto curso de Primaria" (la segunda reválida, realizada por especialistas externos al centro, ya que parece que el profesorado de sexto no está preparado para ello).

 

revalidas1.jpgY seguimos. "Al finalizar el cuarto curso de la ESO, los alumnos realizarán una evaluación por la opción de enseñanzas académicas o por la de enseñanzas aplicadas" (tercera reválida, aplicada también por especialistas externos al centro, desconocedores del alumnado, de su realidad, de su estilo de aprendizaje, e incidiendo como en las otras, en que el profesorado de secundaria tampoco parece estar capacitado para evaluar a su alumnado. Quienes no aprueben serán expulsados del sistema educativo, invalidando el trabajo hecho durante cuatro años de escolarización). "Evaluación final de Bachillerato" (cuarta reválida, después del segundo curso, para obtener el Título de Bachiller). Todo lo que hemos expuesto lo pueden encontrar los lectores en los artículos 20, 21, 28, 29 y 38 de la LOMCE. De las cuatro pruebas de evaluación externas (en 3º y 6º de Primaria, 4º de ESO y 2º de Bachillerato), las de Secundaria tendrán efectos académicos graves, pues de su aprobación dependerá la obtención de los títulos correspondientes.

 

A partir de Secundaria, estos exámenes serán un castigo para quien no los apruebe, no buscando luchar contra el fracaso escolar, como ellos argumentan, sino más bien certificarlo, sirviéndose de él para legitimar un sistema que segrega al alumnado y produce y reproduce las desigualdades sociales (Fernández Enguita, 2012). Pero todas las pruebas estandarizadas que se proponen, tanto al final de la Primaria, como de la ESO y del Bachillerato, son de carácter censal; es decir, afectarán a todo el alumnado. No son pruebas de diagnóstico, sino reválidas que abren o cierran la posibilidad de continuar estudiando y sacar el título correspondiente, o bien marcan (como en Primaria) al alumnado para el resto de su escolaridad (Angulo, 2012). Son pruebas que afectan al expediente del alumnado (clasificándolo) y que tienen consecuencias académicas, pues se dan resultados de forma individual, y el alumno o alumna puede llegar a repetir curso en función de sus resultados al valorar en Primaria "la viabilidad del tránsito del alumno a la siguiente etapa" (Art. 21.1). No se trata, pues, de pruebas para conocer el estado o la situación del sistema, sino pruebas para descartar al alumnado.

 

revalidas2Además del coste adicional que implicarán estás reválidas, pues serán realizadas por las respectivas Administraciones educativas y aplicadas y calificadas por especialistas externos al centro, abren aún más la educación pública a la privatización y externalización hacia empresas y consorcios de evaluación privados. Pero, sobre todo, suponen una vergonzante desconfianza en el profesorado, y la merma de su autoridad respecto al alumnado, pues el Ministerio de Educación considera que el profesorado que impartió las clases no está capacitado para evaluarles. Este tipo de reválidas centran la enseñanza, sobre todo en estos cursos, en "preparar para los exámenes", para que el alumnado obtenga buenos resultados en los mismos y el centro no baje en el ranking. Se tiende a enseñar focalizándose en los contenidos y procedimientos que en el examen se piden, que se convierten en el eje del currículum: lo que se mide es lo que importa (Inzunza, 2009). Pero aprender "para superar una prueba", como sabe cualquier estudiante, no es lo mismo que aprender para conseguir el dominio y la comprensión de una materia (Angulo, 2012; Stake 2006; Stobart 2010; Gimeno Sacristán 2012).

 

Hemos de comentar que todos los trabajos, informes e investigaciones que están en la vanguardia educativa, como los de los autores que estamos citando, y de los que daremos cumplida referencia en el último artículo de esta serie, apuestan por una evaluación no como una herramienta selectiva para el alumnado, sino como una compartición, una publicación y una comprobación de los conocimientos adquiridos, por lo que debe ser una herramienta de carácter consensuado, continua en el tiempo, que se realice de forma ética y crítica. La evaluación no debe ser un filtro, sino una constatación de que el alumno/a asimila los conocimientos, los comprende, y los defiende o critica desde un punto de vista formal. Por tanto, creemos que nunca la evaluación entendida como se está planteando en la LOMCE será una herramienta educativa apropiada.

 

revalidas3.jpgEs necesario señalar también que el Anteproyecto de Ley suprime el examen de Selectividad (precisamente, al cerrar este artículo el Ministerio se reúne con todos los representantes universitarios de las Comunidades Autónomas), pero permite que cada Universidad pueda plantear sus propias pruebas de acceso, según ellos, para ciertas carreras universitarias de gran demanda. Según el artículo 37.bis, "cada Universidad podrá hacer una evaluación específica de conocimientos y/o de aptitudes personales", para admitir al alumnado (quinta reválida). Quienes no superen esta prueba y tengan 45.000 euros, podrán matricularse en una Universidad privada, y obtener la Titulación en Medicina, por ejemplo, pudiendo ejercer su profesión sin ninguna reválida más. Parece pues que las reválidas y el control exhaustivo emprendido desde Primaria desaparecen si se tiene dinero para pagar.

 

Este sistema de evaluación selectiva de las Universidades supondrá la sustitución de un sistema de acceso objetivo e igualitario, por otro que permitirá la selección con criterios dispares, no homogéneos y propicios a todo tipo de disfunciones. Todo ello, unido al aumento de tasas y la reducción de becas, propiciará la clasificación de las Universidades en las de élite y en las de, digamos, segunda categoría. Se apuesta así en definitiva por un modelo de enseñanza basado en la presión del examen, frente a un modelo educativo más centrado en las necesidades y motivaciones del alumnado. Es lo que el PP entiende por "cultura del esfuerzo", y "carrera meritocrática", y que obedece, junto con otros puntos de la reforma que iremos comentando, a los deseos del sector más recalcitrante de la derecha, así como a los sectores religiosos.

 

En vez de buscar estrategias y formas de motivar y entusiasmar al alumnado por el conocimiento y el aprendizaje, se concibe la educación como un camino de penitencia y sufrimiento, salpicado de pruebas y exámenes continuos, que convierte el sistema educativo en un auténtico via crucis, recuperando el espíritu franquista que abogaba por que "la letra con sangre entra" (sólo falta que a los escolares les vuelvan a dar reglazos en las manos, como antaño), en el que las condiciones culturales y socioeconómicas familiares van a ser determinantes del éxito escolar, ya que la aplicación de todo este periplo de reválidas puede suponer un aumento del abandono y el fracaso de un sector de la población escolar. No les interesa por tanto el fracaso escolar, sino el éxito y la supervivencia de las personas con medios suficientes como para poder pagarse sus estudios. El resto no importa. Continuaremos en siguientes entregas.

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