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27 abril 2014 7 27 /04 /abril /2014 23:00

"Hay cinco millones de personas que se levantan sin trabajo. Hay dos millones que no tienen absolutamente nada y que no saben dónde enviar a sus hijos. Hay siete u ocho millones de jubilados perdiendo poder adquisitivo. Hay millones de científicos que no tienen qué investigar porque no se invierte en I+D+i y cientos de miles de jóvenes sin trabajo tratados como mercancía. La corrupción se ha incrustado en los aparatos del Estado: ayuntamientos, diputaciones, autonomías, gobierno central y la casa del rey. Este país atraviesa un diluvio universal, pero de mierda"

(Armando López Salinas)

 

 

 

Retomo las palabras del brillante intelectual de izquierdas, recientemente fallecido, para continuar con la exposición que estamos haciendo de las clases trabajadoras en nuestro país, centrándonos en esta entrega en los/as trabajadores/as jóvenes, y sus diferencias por edad. Las diferencias por grupo de edad dentro de nuestra clase trabajadora son también muy importantes, sobre todo entre la juventud trabajadora y el resto de la clase. Es fundamental, con respecto al conjunto de la clase obrera, analizar la fractura producida por la ruptura generacional. Derechos garantizados tras largos años de lucha para la clase obrera de la generación anterior no existen hoy en día para nuestra juventud. El derecho de sindicación y la participación en la demanda colectiva, pueden desaparecer bajo la actual dictadura del empleo precario y la amenza del despido. Esta fractura que está en aumento, va a suponer que los y las jóvenes vivan peores condiciones de vida que sus padres y madres, no sólo en materia laboral, sino también en derechos sociales, accesibilidad a la vivienda, acceso a la educación pública, etc.

 

capitalismo291.jpgLos jóvenes de hoy en día, en el intervalo de edad entre los 18 y los 30 años, disponen de escasas capacidades de emancipación de su familia, de muy pocas posibilidades laborales (el paro juvenil sobrepasa el 50%, en algunas Comunidades Autónomas es aún superior), de muchas posibilidades de adquirir un trabajo precario (mal pagado, a tiempo parcial, de carácter temporal, sin derechos), disponen de muy poca conciencia de clase, y de grandes mensajes publicitarios que les hacen plantearse la posibilidad de emigrar a otros países, fundamentalmente de la Unión Europea. Eso que el PP denomina con gran desvergüenza como la "movilidad laboral", es de hecho la única salida que a muchos jóvenes se les ofrece dentro de una sociedad desestructurada, que no es capaz de ofrecer a los jóvenes las mínimas garantías para que puedan realizar un proyecto de vida digno. Ausencia de futuro, necesidad de emigración, dependencia de sus familias, precariedad laboral, minijobs, son algunos de los componentes de esta vida juvenil al que este injusto sistema les ha relegado.

 

capitalismo292.jpgA la desarticulación de la organización de los trabajadores y las trabajadoras dentro de la empresa, hoy hay que añadirle un nuevo factor decisivo a la hora de alejar a la juventud de la lucha obrera: la falsa creencia de que se pertenece a la artificial "clase media" y la gran capacidad de consumo, cuestión ésta que afecta cada vez en mayor medida, ya que la juventud no dispone de capacidad de endeudamiento, como consecuencia de la precariedad, que sí han tenido las anteriores generaciones. Esta concepción errónea de pertenencia a un estrato superior, desvincula a la juventud de las reivindicaciones de clase, condición sine qua non de la supervivencia del neoliberalismo. Así, la juventud trabajadora, despojada de su condición de clase, se aboca a un consumismo desenfrenado (sobre todo de las nuevas tecnologías) y a una búsqueda de salidas cada vez más ausentes. La precaria situación generada provocada por esa actitud les deja temerosos de afrontar luchas cuyo desenlace, en caso de ser negativo, haría imposible mantener su falso estatus.

 

capitalismo293.jpgLa situación de la juventud trabajadora en el Estado Español se encuentra en unos límites que suponen la mayor situación de riesgo de la Historia para una generación sin expectativas. En el Estado, como hemos indicado, las tasas de paro juvenil se encuentran desde hace ya algo más de un año en torno al 50%, y la tasa de temporalidad en torno a un 70%. Tras ser aprobada la última Reforma Laboral del PP, el paro y la precariedad siguen aumentando, y sin vistas a plantear un plan de empleo juvenil integral y estratégico que pueda dar solución a estas dramáticas cifras. Desde la Unión Europea, se aprobó recientemente dedicar un conjunto de recursos económicos completamente ridículos (en torno a los 8.000 millones de euros) para el paro juvenil, receta a todas luces insuficiente para conseguir paliar el problema. El recorte de becas imposibilita además que los alumnos universitarios puedan continuar haciendo frente a sus estudios, lo que, unido a la dramática situación de sus respectivas familias (paro de larga duración, ausencia o recorte de prestaciones, etc.) lleva a un panorama desolador.

 

capitalismo294.jpgLas y los jóvenes menores de 30 años en edad de trabajar son, en España, casi 7,5 millones, casi el 20% de la población, de los que más de 4,6 millones "trabajan". La característica básica de su situación laboral es la precariedad, casi la mitad (48%) tiene un trabajo temporal, y casi uno de cada cuatro (23,5%) un trabajo a tiempo parcial. Pero por supuesto, existen más peculiaridades de los y las jóvenes dentro de la clase trabajadora que surgen al descender más al detalle. Todo ello refuerza la afirmación de que la precariedad laboral es ante todo juvenil, manteniéndose unas diferencias de género en detrimento de las mujeres, si bien más atenuadas que en el resto de los grupos de edad, es decir, hay un cierto acercamiento entre géneros, dentro de su pésima situación laboral. Sobre la posición de clase, la salarización es del 92%, casi 10 puntos superior a la total. Descendiendo al desglose por ramas, las feminizadas y las masculinizadas coinciden con las vistas para el conjunto de la clase. Surge, de nuevo, su mayor precarización, y también la de las mujeres y jóvenes en comparación con los varones de su edad, así como el mantenimiento de la división patriarcal del trabajo.

 

capitalismo295.jpgLa mayoría de trabajadores y trabajadoras jóvenes, en torno al 80%, se encuentran empleados/as en el sector servicios, soportando las mayores tasas de estacionalidad, temporalidad, rotación y contratos encadenados, a través de subcontratas y ETT's, jornadas parciales y bajos salarios. En general, el conjunto de la juventud trabajadora en España, independientemente de su nivel de estudios, encarna el paradigma de trabajador/a forjado/a por el post-fordismo y por la economía de servicios. Este patrón es aplicable tanto a quienes realizan trabajos intelectuales como a quienes lo hacen en el sector servicios en grandes cadenas comerciales. Si su situación sociolaboral a mediados de 2007, en el umbral de la crisis, era ya de una clara precariedad, durante estos años de crisis económica, de la cual ni se ha salido ni nadie es capaz de pronosticar la salida (se escuchan sandeces y previsiones de todo tipo), hace ya algún tiempo que ha llegado al borde de lo insostenible, la actividad supera a la media, es decir, poseen una mayor propensión al trabajo, la ocupación está 15 puntos por debajo de la media, la salarización 10 por encima, la temporalidad es el doble de la media, y en cuanto al paro, uno de cada tres jóvenes no tiene empleo.

 

Cuestiones en las cuales se ha ahondado tras la última reforma laboral y que afectan directamente a la juventud son el contrato de formación, que ya fue modificado por el PSOE, y ahora el PP le ha dado otra vuelta de tuerca al permitir que los/as jóvenes, desde los 16 a los 30 años, puedan tener varios contratos de este tipo para la misma o distinta empresa. La entrada de las ETT (Empresas de Trabajo Temporal) con capacidad de contratación en sectores públicos, y la posibilidad de compatibilizar parte del salario con la prestación por desempleo, unido a que no existe ningún tipo de control sobre los ERE por parte de las Administraciones Públicas, y a la ampliación de las causas objetivas por despido, suponen otra nueva vuelta de tuerca que va a seguir aumentando la precariedad y desprotección de los/as jóvenes en nuestro país. Para darse cuenta de su precariedad laboral, tenemos un dato demoledor: el 82% del total están inactivos/as, en paro, temporales, a tiempo parcial o en la economía sumergida. A ello hay que añadir sus dificultades de acceso a una vivienda, el retraso en la emancipación del núcleo familiar, los bajos salarios y el permanente encadenamiento de contratos temporales que sufren. Como ocurre en todos los tramos de edad y en todos los grupos laborales en función del género, siempre en detrimento de las mujeres, en función de la procedencia étnica, y siempre en detrimento de las personas inmigrantes por razones económicas. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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