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17 agosto 2014 7 17 /08 /agosto /2014 23:00

"La expropiación es una característica estructural del capitalismo cuya finalidad siempre ha consistido en convertir a los seres humanos en trabajadores asalariados, en parias, en objetos desechables y/o en consumidores. En una perspectiva histórica amplia, pueden identificarse cinco grandes procesos de despojo perpetrados en los últimos cinco siglos, que están asociados a la emergencia y expansión mundial del capitalismo: la expropiación de la tierra y sus bienes comunes (la naturaleza); la expropiación del cuerpo de seres humanos para somterlos en sus propios territorios (amerindios) o convertirlos en esclavos y llevarlos con violencia al otro lado del mundo (africanos); la expropiación del producto del trabajo de artesanos y campesinos; la expropiación del tiempo de los trabajadores y de sus costumbres; y la expropiación de sus saberes"

(Renán Vega Cantor, "Capitalismo y despojo")

 

 

 

 

Vamos a ir finalizando en la presente entrega con las características de la clase trabajadora en nuestro país, para ir pasando a la exposición, en los siguientes artículos, de las características del capitalismo español, y más concretamente, sobre la formación del capitalismo inmobiliario y financiero en España, con lo cual ya tendremos una visión de conjunto sobre qué ha pasado hasta ahora, y por tanto, poder sacar conclusiones sobre qué hacer para que esto no pueda volver a pasar. Entrando en un aspecto clave de las condiciones de trabajo, como son los accidentes laborales, la correlación positiva entre pésimas condiciones, temporalidad, otras formas de precariedad y grado de siniestralidad laboral, es algo que, de una forma u otra, está casi universalmente reconocido. La increíble cantidad de accidentes laborales que se dan en nuestro país, 1 millón anual de media durante la última década, mil de ellos mortales, se dan porque sus víctimas pertenecen a una clase obrera en la que la precariedad es la norma, y se convierte en un elemento diferenciador más entre grupos de trabajadores, afectando de manera especial, y en este orden, a inmigrantes, jóvenes y trabajadores/as precarios/as.

 

Y al analizar las retribuciones salariales, el primer y fundamental apunte a recordar es el progresivo y constante deterioro de la participación de las mismas en el PIB en beneficio de las rentas no salariales. Los salarios son valorados por los trabajadores/as como el elemento clave que marca su posición dentro de la sociedad, y su posición dentro de la clase. Los salarios son, por ello, un elemento fundamental para diferenciar a grupos de trabajadores/as entre sí, en primer lugar por el género. Por citar algunos ejemplos, el salario de las mujeres se sitúa alrededor del 70% del de los varones de su mismo grupo, la segunda gran diferenciación es por grupo de edad, los asalariados jóvenes, entre 20 y 29 años, apenas alcanzan el 70% de la media. Los salarios medios también marcan diferencias por el tamaño de la empresa. Por lo tanto, éstos marcan diferencias importantes dentro de la clase trabajadora en función de la precariedad, el género y a los correspondientes grupos de edad.

 

Por su parte, la jornada de trabajo en nuestro país es una de las más largas, si no la más, de nuestro entorno, refiriéndonos a los países de la UE-15, y va acompañada de uno de los más bajos niveles salariales, mientras que la jornada está fijada como límite en las 40 horas semanales. En 2001, el 67,5% de los/as asalariados/as del sector privado trabajaba más de 40 horas semanales; por sectores de actividades, salvo en casos muy puntuales, más del 50%, y en algunos casos más del 75%, trabajaban más de 40 horas a la semana, y con la reforma laboral, al incluir en los contratos a tiempo parcial la posibilidad de prolongar la jornada laboral con horas extraordinarias, está teniendo consecuencias devastadoras tanto en lo económico, como en lo humano. La tendencia, como las estadísticas están demostrando, es hacia un aumento de la economía sumergida, así como a unas jornadas laborales en condiciones de semi-esclavitud. Poco a poco, y gracias sobre todo a la reforma laboral del Gobierno del PP, se han ido introduciendo los "minijobs", que llegan a ser incluso "microjobs", pues pueden tratarse de contratos no sólo temporales (1 mes, 3 meses) y con bajos salarios, sino además con jornadas recortadas de 2, 3 ó 4 horas a la semana.

 

Y todo esto se forma bajo la dominación de una clase capitalista, la española en este caso, que como hemos dicho, muta en nuestro país fundamentalmente hacia la formación de un capitalismo de tipo inmobiliario y financiero, sectores muy aliados hasta el estallido de la actual crisis. La lógica de acumulación imperante en la actualidad en nuestro país tiene su origen en la imposición a finales de la década de los años 70 del siglo pasado y principios de los 80, de un modelo de inserción exterior a través de nuestra entrada en la llamada (por aquél entonces) Comunidad Económica Europea (CEE), por medio de una especialización productiva en los sectores del turismo y de la construcción. Dicha especialización productiva supuso la reducción de nuestra capacidad de producción industrial en sectores hasta entonces clave en nuestro país, tales como el sector naval, los bienes de equipo o la siderurgia, afectados por un proceso de deslocalización, por un lado de las ramas intensivas en fuerza de trabajo hacia terceros países con menores costes laborales, y por otro de aquéllos sectores intensivos en tecnología a favor de los países del centro y del norte de la Unión Europea.

 

Para financiar este proceso conocido como "reconversión" o "modernización", nuestro país acude al ahorro exterior (capital financiero internacional), para lo cual lleva a cabo una política de desregulación, bajada de impuestos y "flexibilización" del mercado de trabajo, con un objetivo central: atraer inversión extranjera a nuestro territorio. La estructura productiva se modifica, y ya a mediados de la década de los 90, se asienta el nuevo patrón de acumulación basado en la construcción, el turismo, las finanzas y la inmigración (vinculada a la economía sumergida). Cuando estalla la crisis, debido sobre todo a un grado excesivo de financiarización de la economía, junto a la concesión a los banqueros de un poder desmesurado, los motores de la economía comienzan a pararse, y los sectores ligados a ella (construcción y hostelería, fundamentalmente) comienzan a despedir personal, disparando el paro y contribuyendo a una caída del consumo, que a su vez incide en la supervivencia de terceras empresas, en primer lugar del sector servicios, subsidiarias de las anteriores, y en segundo lugar, del resto de sectores económicos, llevando al caos y al declive la economía productiva. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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