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31 agosto 2014 7 31 /08 /agosto /2014 23:00

"Nos están obligando a creer que los intereses de las multinacionales españolas son nuestros intereses, cuando es precisamente lo contrario"

(Olga Rodríguez)

 

 

 

 

 

Bien, una vez finalizada la exposición sobre la disección de las clases sociales en nuestro país (que bien puede ser extrapolable a otros países), sus desigualdades y sus luchas, y sobre los orígenes y evolución del capitalismo español, vamos a abordar ahora el capitalismo en su vertiente internacional, para tener aún más elementos de juicio, si cabe, a la hora de sacar conclusiones sobre la necesidad de abolirlo. Porque aunque la revolución que derribe al capitalismo ha de comenzarse a nivel nacional, la lucha contra el capital es, en realidad, una lucha internacionalista. Seguramente, no podremos acabar con el capitalismo mundial, globalizado, sin ser partícipes de una lucha internacionalista. Hoy día, podemos afirmar sin lugar a dudas que el continente que más y mejor está luchando para abolir el capitalismo es América Latina, así que ahí tenemos un buen espejo donde mirarnos. Pero vamos a echar un vistazo, como decimos, al gran monstruo del capitalismo internacional, para comprenderlo en su auténtica dimensión.

 

capitalismo371.jpgLas cifras son escalofriantes. Las tres familias más ricas del mundo poseen una fortuna superior a la de los 48 países en desarrollo más pobres. El 4% de toda la riqueza de las 225 familias más ricas del mundo, permitiría que toda la población mundial pudiera cubrir sus necesidades básicas, y dispusiera de los servicios sociales elementales a nivel de salud, educación y alimentación. En el mundo, más de 1.200 millones de personas subsisten con menos de un dólar al día; 2.000 millones no tienen electricidad; más de 3.000 millones de personas viven con menos de dos dólares diarios, y carecen de servicios de saneamiento básico; 4.000 millones viven con una renta anual inferior a los 1.500 dólares; más de 800 millones de personas carecen de acceso a los servicios de salud y 2.000 millones no poseen medicamentos; 924 millones no tienen techo; 1.600 millones se hallan sin electricidad; de acuerdo con la FAO (Organización dependiente de Naciones Unidas para la Alimentación), 854 millones de personas padecen hambre y desnutrición; 2.400 millones no tienen acceso a los servicios primordiales, 1.200 millones carecen de agua potable, y esta carencia genera 3.350 millones de casos anuales de enfermedades que conducen a la muerte. De continuar los patrones de crecimiento y consumo actuales, 2 de cada 3 personas vivirán con gravísimos problemas de agua hacia el año 2025.

 

capitalismo372.jpgPero las desigualdades ni las aberraciones capitalistas no terminan aquí. En los países más ricos, las personas consumen cuatrocientas veces más que la gente en los países más pobres; queremos decir, por ejemplo, que los habitantes de Suiza consumen más en un solo día que los habitantes de Mozambique en todo un año. Todo esto son valores promedio. Los directores de las grandes empresas industriales de los países ricos, ganan tanto en un minuto como la gente en los países pobres durante toda su vida. Y los ingresos de los propietarios son más altos aún: un propietario de minas en Sudáfrica gana unos dos mil millones de dólares al año, esto es tres veces el ingreso anual de los cinco millones de habitantes del Chad. Son tiempos del capitalismo internacionalizado, globalizado, que ha instaurado sus pautas y sus reglas, y que ha ido creando violentos escenarios de barbarie para que la Humanidad viva al borde del vacío y del abismo, sumida en una profunda crisis material y moral, de ámbito mundial. La economía de los países imperiales, particularmente la estadounidense, sufre las consecuencias de su propio sistema: además del choque del petróleo y de la crisis inmobiliaria, una crisis crediticia, desempleo agresivo, subida de los precios de las materias primas alimentarias, una crisis financiera, monetaria y ambiental, con un dólar a la deriva, EE.UU. vive su peor crisis desde 1929. El FMI estimaba en marzo de 2008 que el coste de la crisis ascendía a 945.000 millones de dólares, mientras los especuladores ganaban fortunas. Asímismo, ahora, en Estados Unidos, el 10% más rico de la población posee el 85% de la riqueza nacional, mientras que el 90% de la población restante, endeudada, nunca antes había dependido tanto de los ricos.

 

capitalismo373.jpgHoy día, podemos afirmar de manera fehaciente que poco más de 800 grandes empresas transnacionales son las que gobiernan el mundo, y tienen que ver con la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. El 48% de las empresas y bancos más grandes del mundo son de EE.UU., el 30% son de la Unión Europea y el 10% son japoneses. Cinco de los diez principales bancos a nivel mundial son de Estados Unidos, seis de las empresas farmacéuticas y biotecnológicas, cuatro de las diez mayores corporaciones de gas y petróleo, nueve de las diez compañías gigantescas de seguros, y nueve de los principales megamonopolios de comercio, nueve de las diez compañías de software, cuatro de las diez de telecomunicaciones, y siete de las más grandes compañías de seguros. Asímismo, el 80% de las principales compañías de petróleo y gas son estadounidenses y europeas. Estamos hablando, por supuesto, de los grandes monstruos del capitalismo, con accionistas y capital repartidos por todo el mundo, que no tienen patria, sino sólo intereses,  y que aunque quieran hacernos confundir dichos intereses con los nuestros, sólo obedece, como decía nuestra cita inicial, a un intento de tergiversación de la realidad, usando loables objetivos para fines perversos.

 

capitalismo374.jpgEl 90% de estas colosales corporaciones, dueñas de los sectores industrial, bancario y comercial, son estadounidenses, japonesas y europeas, y por tanto, deducimos que el poderío económico se concentra en estas tres fracciones imperialistas. A ellas les debemos lo que comemos, las prendas con las que nos vestimos, los productos que consumimos, los hogares que poseemos. En realidad, la vida occidental de los países industrializados está pensada, bajo estos parámetros, para que se proyecte en función del consumo constante a estas grandes empresas. A ellas les debemos también la depredación medioambiental, las fluctuaciones de las monedas, y las grandes crisis cíclicas que sufre el capitalismo. Tales corporaciones transnacionales, de hecho, cuentan con el poder político real, debido a que su poder económico imperialista controla a los Estados de sus países de origen y de implantación. Bajo este poder omnímodo, el mercado mundial capitalista ha sido transformado en un verdadero casino, con un reducido y selecto equipo de jugadores. El carácter improductivo del capital imperialista es relevante. Ya a mediados de la década de los 90 del siglo pasado, el 95% de las inversiones transnacionales se destinaban a la pura especulación. Y ya sabemos que en ésta, unos pierden mientras que otros ganan; la riqueza no aumenta, aunque sí se concentra con rapidez. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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