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27 octubre 2014 1 27 /10 /octubre /2014 00:00

"Normalizar la pobreza es normalizar la violencia estructural del sistema"

(Esther Vivas)

 

 

 

 

 

Tenemos ya por tanto el retrato (casi) completo, la triste radiografía, la terrorífica imagen del capitalismo del siglo XXI, como un increíble y gigantesco monstruo concebido únicamente para la generación sin escrúpulos del máximo beneficio, sin importar siquiera mínimamente el respeto a los Derechos Humanos, ni las posibilidades (que ya son un hecho contrastado) de destrucción de la Naturaleza. Con el apoyo de los bancos, como gran epicentro del sistema, pero secundados por las diferentes generaciones de empresas capitalistas, que hemos venido comentando en las últimas entregas, y con la inestimable colaboración de las grandes fortunas y de los serviles partidos políticos que contribuyen a los mismos intereses, se ha ido instalando una sociedad corrupta, implacable, monstruosa, globalizada bajo los intereses del capitalismo más despiadado. En palabras de Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón, en su obra "La crisis financiera": "Bancos centrales y gobiernos han permitido la opacidad y falta de transparencia, la creación de productos financieros extremadamente arriesgados y peligrosos para la estabilidad económica, una burbuja inmobiliaria que antes o después iba a estallar, la especulación con alimentos o productos estratégicos para la producción, como los energéticos o medioambientales, todo lo que al ir encadenándose ha provocado la crisis. Han creado condiciones de falta de control alguno sobre los movimientos de capital, de modo que el dinero de los financieros se mezcla con el de los terroristas, proxenetas globales, traficantes de droga y de armas, han permitido la existencia de paraísos fiscales donde evaden impuestos y donde preparan el asalto a los mercados financieros. Y les han bajado o eliminado impuestos para que no tengan límite alguno a su búsqueda enfermiza y criminal de beneficio".

 

capitalismo451.jpgY ésta es la situación. Albert Recio lo expresa en los siguientes términos: "Detrás de estas empresas-pantalla están los ricos, los grandes capitalistas y las entidades financieras, pero este modelo organizativo hace más difícil su control social, diluye responsabilidades, mixtifica la relación que existe entre la propiedad capitalista y los efectos sociales de su gestión. Con estos mecanismos de delegación-camuflaje la verdadera clase dominante toma cada vez más la forma de una casta de parasitarios-rentistas". Y de esta forma, la ola de neoliberalismo que nos invade es asfixiante, imparable, gigantesca. Parece que no tenemos medios para paralizarla, por lo menos mientras la inmensa mayoría de la población la legitime como la "única alternativa" posible. Y este proceso de globalización neoliberal es el último responsable de los flagrantes ataques a la democracia que se perpetran en diferentes lugares del mundo, auspiciados en la sombra por los grandes think-tanks o "centros de pensamiento" neoliberales, con las complicidades ya señaladas. El neoliberalismo, como última generación de la evolución del capitalismo, tiene sus bases históricas y científicas, que no estudiaremos aquí, sino en otra próxima serie de artículos, que vamos a titular "Liberalismo y Neoliberalismo: una visión histórica", donde expondremos las concepciones y tesis de sus autores primigenios, y su evolución y expresión a lo largo del tiempo.

 

capitalismo452.jpgEn resumen, y siguiendo a Camilo Valqui, creo honestamente que hemos demostrado hasta aquí, con todo lo dicho, que "El capitalismo del siglo XXI exhibe altos niveles globales de miseria y pobreza, expolio de recursos energéticos, agua y biodiversidad, violencia, armamentismo, prostitución, corrupción, mentira mediática, narcotráfico, despotismo imperialista, tecnocracia, impunidad, demagogia y pragmatismo político, democracia de mercado, racismo, exclusión social, especulación financiera, perversión y capitalización de la ciencia, la tecnología, la ética y los valores, dictadura del pensamiento occidental y estadounidense, guerras preventivas, destrucción de la naturaleza, fundamentalismo, pérdida de identidad cultural, permanente violación al derecho interno e internacional, y de los derechos humanos, perversión de organismos como las Naciones Unidas, terrorismo de Estado, recolonización y miseria moral saturada de agresividad, mezquindad, hipocresía, cinismo, intriga, plagio, monopolio de recursos, bienes y conocimiento, egoísmo, simulación, engaño, competencia mercantil, tortura, pragmatismo, chovinismo, acoso sexual, violencia intrafamiliar, discriminación, desaparición forzosa, sevicia, machismo y los crímenes de lesa humanidad, que empujan a la humanidad hacia la barbarie y al riesgo del exterminio, y han desencadenado una compleja crisis de valores que ameritan una conciencia crítica y una praxis liberadora". A partir de aquí, nos encontramos básicamente a dos tipos de personas: aquéllas que (con mayor o menor grado de legitimación o resignación) se limitan a aceptar el capitalismo, asumiéndolo como el único sistema posible (aún cuando demanden algunos cambios cosméticos) y otras que, rechazando, no aceptando que la humanidad tenga que sucumbir a la barbarie capitalista, pretendemos erradicar este sistema.

 

capitalismo453.jpgEstamos de acuerdo con Camilo Valqui, por tanto,  cuando concluye: "Entonces, no se trata de conservar, mejorar o humanizar al capitalismo, ni de darle un rostro humano a este sistema explotador y dominante, como cínica o ingenuamente sueñan y se proponen los nuevos ingenieros social liberales, sino de superarlo de raíz a fin de fundar una comunidad superior de hombres y mujeres libres, se trata de afirmar la humanidad humanizada, que significa el reencuentro de la humanidad consigo misma". Porque en efecto, no podemos reformar el capitalismo, ni refundarlo (como proclamaba en su propaganda Nicolas Sarkozy), ni tan siquiera parchearlo, sino que sólo cabe abolir sus fundamentos, reconstruir otra sociedad, otra comunidad, otros puntales de comportamiento, ética y objetivos, derrocar este vil, execrable e injusto sistema, y comenzar a migrar, poco a poco, a otro sistema más social y humano, más evolucionado, más justo, más ético. ¿Y esto cómo se hace? se estarán preguntando los lectores. Ya hemos dicho que, en primer lugar, nuestra mente ha de estar abierta, convencida del horror que el capitalismo representa, pero eso sólo no basta. Muchas personas podrían reconocer esto, y quedarse únicamente aquí. Hemos de estar también dispuestos a recorrer el camino, en primer lugar intelectual, para poder diseñar un nuevo sistema, un sistema distinto, fundado sobre otras bases. Para poder concebir que las alternativas existen, que son viables, que son factibles, que no son utopías, y por fin, poner todos los medios a nuestro alcance, todas nuestras energías, todo nuestro poder, todas nuestras ganas y nuestras ilusiones, en derrocar el capitalismo, y levantar, sobre sus cenizas, una nueva sociedad.

 

capitalismo454.jpgEl objetivo es internacionalista, la lucha de un sólo país, incluso de un sólo continente, no será nunca suficiente como para barrer del mapa la actual extensión globalizada del capitalismo, sus tentáculos en todas partes del mundo, sus intereses, sus complicidades, su poder. La Historia nos lo demuestra. Pero también nos demuestra que, dado un país, o una colectividad, o un pueblo que puedan demostrar que el camino existe, que puede ser recorrido, que los objetivos se pueden alcanzar, que el capitalismo no es indestructible, dicha semilla podrá fructificar y extenderse por todo el mundo. Y demostrar que sí se puede. Que tenían razón tantos y tantos filósofos, políticos y activistas de la Historia, que dieron incluso su vida por el ideal de derrocar al capitalismo, y sentar las bases de otra humanidad. Al menos, por reconocimiento hacia ellos, a los verdaderos líderes de la Historia, debemos plantearnoslo, debemos intentarlo, con todas nuestras fuerzas. Porque las alternativas no son fáciles, pero existen. No es cuestión de cambiar el sistema en un año, ni en cinco, pero se pueden ir poniendo las bases perfectamente. Al final, la lucha local puede ser el germen de la lucha internacionalista, de la lucha mundial por acabar con este demencial sistema capitalista. Pero hay que estar convencidos de ello. Por tanto, a partir de la siguiente entrega, comenzaremos la segunda parte de esta serie de artículos, la más extensa (hasta ahora) con diferencia que estamos publicando en este Blog, para comenzar a relatar la auténtica alternativa: el socialismo y el marxismo del siglo XXI. A los lectores interesados de verdad en concebir una verdadera alternativa, van dedicados el resto de los artículos.

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Published by Rafael Silva - en Política
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