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10 noviembre 2014 1 10 /11 /noviembre /2014 00:00

"La ley de la jungla funciona espontáneamente, la civilización hay que construirla"

(José López)

 

 

 

 

 

marxismo_sigloxxi474.jpgParece claro, por tanto, que la alternativa existe, pero no está dentro del sistema, no puede encontrarse mediante reformas, parches o normativas dentro del capitalismo. Entonces, lo que la sociedad debe hacer es tomar lo que ya existe y transformarlo. El propio desarrollo de la economía nos ofrece ya los mimbres, los fundamentos para poder hacerlo. No hay que ir muy lejos, la experiencia ha demostrado que suministrar agua o atender la salud se puede hacer desde el sector público mejor que desde el sector privado, al contrario de lo que afirman los voceros del capitalismo, que sólo abogan por el desmantelamiento y el expolio de los recursos públicos. Pero eso es extrapolable a todos los grandes sectores productivos: metalurgia, transporte, comunicaciones, constructoras, químicas, distribución, banca, energía, y un largo etcétera. ¿Qué son las grandes empresas? Son una minoría del total, pero mueven la parte decisiva de la economía real de un país. Millones de trabajadores/as y una producción vital para la sociedad, porque determinan totalmente la producción, las prioridades económicas y las condiciones de vida de todos. Es ridículo hablar de libre competencia en este terreno, ya que se trata de oligopolios controlados por una minoría de grandes accionistas y directivos con un único objetivo: la obtención del máximo beneficio.

 

marxismo_sigloxxi471.jpg¿Qué ciudadano puede crear una empresa petroquímica para competir con Repsol? Nadie. Se trata de grandes medios de producción cuya gestión no puede dejarse en manos privadas. Lo mismo ocurre con la banca, con la energía, con el transporte, con el agua, con la educación, con la sanidad, y con todos los sectores estratégicos de la economía. Hoy día, las fuerzas productivas han alcanzado tal envergadura, su integración y despliegue internacional han alcanzado tal magnitud, sus beneficios han sobrepasado todos los límites, que aún siguen deseando ganar más y más. Y llega el momento en que deja de importar todo: dejan de importar las condiciones laborales, deja de importar si se destruye el planeta, todo se enmarca en el objetivo final de la maximización del beneficio económico. La macroeconomía domina a la microeconomía, y todos los indicadores por los que se mueve un país se encauzan hacia lo que ellos denominan el "crecimiento económico", que es el eufemismo más típico detrás del que se esconde esta falacia capitalista. Se esquilman los recursos naturales, los recursos humanos, los recursos públicos, con tal de conseguir el sacrosanto objetivo. Y por supuesto, si alguna de estas grandes empresas transnacionales quiebra, debido a las malas prácticas de sus dirigentes o a la propia evolución del sagrado mercado, entonces es cuando se acuerdan del sector público, de los recursos del Estado, para que acuda en su rescate. Se trata, por tanto, de legitimar todo un andamiaje consagrado a la socialización de las pérdidas, y a la privatización de los beneficios, dando como resultado una sociedad salvaje, cruel, injusta y despiadada.

 

marxismo_sigloxxi472.jpgBasta comprobar cómo en esta crisis, prácticamente todo el sistema financiero mundial hubiese quebrado si no fuese por las ingentes ayudas públicas que los Gobiernos han recetado en su ayuda. Y bajo las falacias de que "son demasiado grandes para caer", o de que "si caen dejan de garantizarse los recursos de los depositantes", se legitima de nuevo el sistema, que viene al rescate de sus desalmados dirigentes, que se retiran con pensiones millonarias o escandalosas indemnizaciones, mientras las víctimas descansan en la mayoría social, que ven recortados sus derechos sociales y laborales, ya que además el Estado se endeuda y aumenta su déficit para ayudar a restablecer las caídas del sistema. Pero las salvan y continúan en manos privadas, o con la intención de devolverlas a manos privadas. En realidad, no están salvando al sistema financiero, sino su dominio y control sobre todos los ahorros de la sociedad. En una palabra, salvan a los banqueros, no a los bancos. Pero como decimos, la situación de los bancos no es distinta a la del resto de las grandes empresas que, de una forma u otra, se apoyan en el Estado. En la época de bonanza económica, la cantidad de gasto público creció en todo el mundo, en contra del supuesto ideario neoliberal. Por supuesto, las más beneficiadas de ello fueron las grandes empresas, que además son las que menos pagan en impuestos proporcionalmente, las que más defraudan y las que más se benefician de contratos públicos y ayudas de todo tipo. En otras palabras, el capitalismo no podría subsistir sin la intervención del Estado, o mejor dicho, de "su" tipo de Estado.

 

marxismo_sigloxxi473.jpgY como nos venimos preguntando, ¿existe solución para todo esto, sin transformar la sociedad desde sus propias bases? ¿Se puede todo esto solucionar por medio de pequeños parches o reformas? ¿Tiene sentido humanizar el capitalismo? Creemos firmemente que no. La solución pasa entonces por desarrollar la propiedad social, habilitando y migrando hacia su gestión pública y democrática por parte de los trabajadores de estas grandes empresas, y del conjunto de la sociedad. Por tanto, el objetivo es sustituir el mecanismo del mercado, con su anarquía, su poder y sus crisis, por una sociedad que administre colectiva y democráticamente el conjunto de las grandes fuerzas productivas. Sólo de esa forma será posible construir una sociedad que funcione de otra forma, y que se asiente sobre otros valores. Porque por supuesto, los valores de esta otra sociedad no pueden ser los mismos que los del capitalismo. Se han de sustituir los valores del egoísmo, de la competencia, de la propiedad privada, por los de la cooperación, la solidaridad, o la propiedad democrática, comunitaria o social. Y sobre todo, se ha de sustituir el valor de la obsesión insaciable por la riqueza, por el placer, por los lujos, por el despilfarro, todo ello se ha de sustituir por las prácticas de una vida austera, simple, que no significa miserable, sino cubierta de todos los derechos humanos, cada uno de los cuales estará garantizado por un bien o servicio público. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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