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2 febrero 2015 1 02 /02 /febrero /2015 00:00

"Sólo cuando la clase trabajadora recupere el protagonismo y su verdadera unidad de acción (sustentadas en la conciencia de clase, en la solidaridad y en la verdadera democracia), será posible cambiar el sistema"

(José López)

 

 

 

 

 

socialismo_sigloxxi581.jpgContinuando con la exposición profunda y en detalle de todos los puntales donde pretendemos basar los cimientos de nuestro nuevo modelo productivo, en el artículo anterior de esta serie ya detallamos los principales aspectos de la Reforma Empresarial (que no Reforma Laboral, ya que dijimos que los principales cambios, sobre todo de mentalidad, se han de dar en la clase empresarial), e insistimos varias veces en que había que proporcionar a la ciudadanía posibilidades de trabajo digno, en todos los sentidos, precisamente como una premisa fundamental para que la economía real sea reactivada, ya que mediante los aumentos de salarios, estimularemos el consumo, y esto retroalimentará en cadena que las empresas puedan vender mejor su conjunto de bienes, productos y servicios, lo que redundará a su vez en mayores necesidades de contratación, cerrando el círculo y procurando unas mejores condiciones de vida para la clase trabajadora. Bien, en el presente artículo insistiremos con mayor detalle en los fundamentos de los empleos o trabajos dignos que debemos fomentar.

 

socialismo_sigloxxi582.jpgBásicamente, recuperar el trabajo digno significa sólo una cosa: dejar de considerar al trabajo humano como una mercancía, y dotarlo de todas las dimensiones y connotaciones humanas y sociales que posee. Frente al mantra extendido por la clase dominante de que "cualquier empleo es mejor que nada", bajo el cual se están validando todos los ataques a los derechos de la clase obrera, y promoviendo los trabajos de precariedad más absoluta, hemos de reivindicar el mensaje de que no todo empleo nos sirve, de que no todo tipo de trabajo es adecuado, de que no todo vale para reducir la tasa de desempleo. Por tanto, ¿qué características definen un trabajo digno bajo el nuevo socialismo del siglo XXI? Pues es muy fácil responder a esta pregunta: básicamente, todo aquél trabajo que responda a los principios generales recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la Carta de la Tierra, y en la Carta Social Europea. Veamos: partimos de la base de que el trabajo humano es la principal fuente de riqueza, junto con la propia naturaleza. Pero como ya hemos venido contando desde los primeros artículos de esta serie, el sistema capitalista, en su empeño en introducir los parámetros mercantilistas en todos los aspectos de la vida, ha prostituido el trabajo humano, lo ha desvirtuado, despojándolo completamente de su función social.

 

socialismo_sigloxxi583.jpgY esta es la raíz de nuestros males actuales. Desde el momento en que la fuerza de trabajo humano se mercantiliza, pasa a regirse bajo las leyes de la oferta y la demanda, esto es, al libre mercado, que además, últimamente, ha sido casi completamente desregulado, en aras a su máxima "flexibilización" (un eufemismo para indicar su completa precariedad). Por tanto, resulta imperioso volver a recuperar la visión decente del trabajo humano. Desde este punto de vista, los puestos de trabajo que se creen bajo el nuevo modelo productivo que proponemos deben ser caracterizados como decentes de acuerdo a los estándares de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Esto implica que han de generar unos ingresos estables y dignos, seguridad en el lugar de trabajo, protección social para los trabajadores y sus familias, perspectivas de desarrollo personal e integración social, libertad para que las personas expresen sus opiniones, participación en las decisiones que afectan a sus vidas, e igualdad de oportunidad y trato para mujeres y hombres. A todo lo cual nosotros le añadimos que deben ser trabajos pertenecientes a los sectores identificados o incluidos en los nichos de actividad del nuevo modelo productivo, habiendo de desechar los sectores cultivados antes del estallido de la crisis, que han resultado a todas luces contraproducentes para la sostenibilidad económica, social, y medioambiental.

 

socialismo_sigloxxi584.jpgDe esta forma, la precariedad ha de extinguirse por decreto, fomentando las nuevas características de los empleos dignos del nuevo modelo productivo, a saber: la participación salarial tiene que crecer recuperando el peso perdido en los últimos años, en contraposición con la participación de los beneficios empresariales. Esto se puede conseguir coordinando políticas salariales, y entrando de lleno en la determinación salarial fortaleciendo la centralización de la negociación colectiva. Apostamos por el desarrollo de una política de coordinación salarial para que vayan de la mano los aumentos del SMI (Sueldo Mínimo Interprofesional) y pensión mínima, ambos aumentados a un nivel mínimo que asegure la dignidad de pensionistas y trabajadores. De igual forma, también se mencionó en anteriores artículos la necesidad de establecer sueldos máximos, tanto en la empresa pública como en la privada, contribuyendo con todo ello a la disminución de la tremenda desigualdad social existente, que es la principal premisa para una sociedad justa e igualitaria. Si a ello le sumamos una lucha decidida contra la economía sumergida (que tendrá menos justificación al haber dignificado las condiciones laborales) y la evasión fiscal (sobre todo de grandes empresas y grandes fortunas), habremos sentado buenas bases para conseguir dichos fines.

 

socialismo_sigloxxi585.jpgCon todo ello, la actividad productiva ha de estar orientada a la satisfacción de las necesidades colectivas y al mantenimiento de una sociedad cohesionada y equitativa, de tal forma que la riqueza nacional se redistribuya justamente, por lo cual se han de imponer los topes salariales referidos, a fin de romper con la tendencia de desigualdad que conlleva la dinámica capitalista. Por su parte, el papel de la negociación colectiva es clave para facilitar las condiciones económicas justas para todos los trabajadores. Ello aseguraría, asímismo, un elemento sólido de demanda interna que fomentaría el consumo, y por tanto, el crecimiento económico, pero de forma ciertamente más sostenible que el que tenemos hoy día. Por su parte, el tiempo, los turnos, el reparto y las jornadas de trabajo también han de valorarse y transformarse bajo el nuevo modelo productivo. Pensamos que el avance de la productividad tiene que incidir positivamente en las condiciones de vida y de trabajo de los ciudadanos/as, y tiene que repercutir en una mejor conciliación de ambos aspectos, esto es, de la vida laboral y de la vida familiar. La economía (real, productiva) ha de quedar subordinada a los principios sociales de sostenibilidad, trabajo decente, equidad y democracia. Actualmente, la cantidad de personas desempleadas, fruto de la progresiva implantación de políticas desreguladoras del mercado laboral, es mucho más elevada de lo que el sistema puede absorber a corto plazo a través de cualquier política de estímulo, por lo que procede repensar también todo lo referente a jornadas y repartos del trabajo.

 

socialismo_sigloxxi586.jpgEn consecuencia, el trabajo decente ha de apostar también por la reducción de la jornada laboral, paralela al crecimiento de la productividad. Se trata de repartir y de reorganizar el trabajo existente, más todo el trabajo nuevo que seamos capaces de crear, para que podamos trabajar todos. Por otra parte, hay que acomodarse también a los límites del planeta, reduciendo el impacto del consumo material desmedido, y ajustando la capacidad de producción a los recursos existentes, fomentando un consumo responsable y un comercio justo y de proximidad. Los nichos productivos de las 4 R (Reajuste, Reciclaje, Reconversión, Reparación) deben contrarrestar también la paulatina pérdida de materiales y recursos naturales a que el masivo extractivismo actual nos conduce (por ejemplo, sabemos que disponemos de uranio sólo para los próximos 65 años). Los principales sectores extractivos han de ir siendo eliminados, dejando paso a los nuevos sectores productivos sostenibles desde puntos de vista humanos, naturales y ecológicos. No obstante, la exposición de dichos sectores productivos, y de los nuevos nichos de actividad, la dejaremos para siguientes artículos, por ir con un poco de orden.

 

socialismo_sigloxxi587.jpgEs urgente poner la economía al servicio de las personas, pensando en el largo plazo, de tal modo que la implantación de medidas de reparto del trabajo se vuelve imprescindible para aspirar al pleno empleo bajo el marco de este nuevo modelo de producción y consumo, y desde el punto de vista del trabajo digno y decente. Pero un reparto del trabajo que se haga sobre la base de un incremento de la participación salarial en la renta, es decir, manteniendo sueldos, y reduciendo los márgenes de beneficios y ganancias empresariales. En definitiva, este es el tipo de trabajo al que tenemos que aspirar bajo los cimientos del nuevo modelo productivo, y siguiendo las pautas de transformar la lógica del ajuste duro y del recorte por la de la expansión, la lógica de la competencia por la lógica de la cooperación, y la lógica de la desigualdad por la lógica de la redistribución. Empleos y trabajos decentes, con derechos, con protección social, estables, que permitan llevar a cabo proyectos de vida individuales o colectivos mínimamente dignos. Un tipo de trabajo que no esté sujeto al mercantilismo ni al darwinismo social, que responda a otro patrón de crecimiento, que sea respetuoso con el medio ambiente, y que contribuya a la sostenibilidad desde todos los puntos de vista. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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