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16 febrero 2015 1 16 /02 /febrero /2015 00:00

"El objetivo socialista que queremos alcanzar es la sustitución de la sociedad burguesa basada en la lucha de todos contra todos por una sociedad comunitaria sin clases, en la cual la solidaridad social reemplace el deseo de enriquecimiento individual como móvil esencial de actividad, y en la cual la riqueza de la sociedad asegure el armonioso desarrollo de todos los individuos"

(Ernest Mandel)

 

 

 

 

 

Habiendo tratado los tres grandes ejes del nuevo modelo productivo en los artículos anteriores de esta serie (relativos al aspecto laboral, al aspecto del modelo de negocio y al aspecto energético), nos queda por exponer el cuarto y último eje, aunque no menos importante que los anteriores. De hecho, podemos afirmar categóricamente que este cuarto y último gran factor del modelo es el último garante de los demás, porque se refiere al cambio en nuestras estructuras mentales, en nuestro pensamiento, en nuestras actitudes, en nuestro modo de entender el mundo y nuestra vida dentro de él, en nuestras inquietudes, nuestras metas y nuestros objetivos personales y sociales. En efecto, no podrá darse cambio en el modelo productivo, y por tanto, cambio en los pilares de nuestra actual sociedad capitalista, si no somos capaces de abandonar sus propios valores, si no somos capaces de optar por otra escala de valores, más acorde con el resto de propuestas, medidas y opciones que estamos incorporando a esta visión socialista del siglo XXI.

 

socialismo601.jpgEl último factor relativo al modelo productivo somos por tanto nosotros mismos, nuestra capacidad de pensar, de reflexionar, de comportarnos, de entender la vida, de proyectarnos socialmente, de estar sujetos a una nueva escala de valores, en definitiva, de evolucionar hacia un nuevo concepto de ciudadanía. Para empezar, habría que comenzar a desarrollar el auténtico sentido de la austeridad. Hasta ahora, nos han vendido un concepto de austeridad equivocado, tergiversado, deformado, prostituido. Nos han hecho creer que austeridad significa que tenemos que sufrir recortes en todos nuestros servicios públicos y sociales, en nuestros sueldos, es decir, que tenemos que vivir casi en la miseria. Ello les ha valido para imponer un modelo económico neoliberal, que sacrificaba a la ciudadanía, a la satisfacción de sus necesidades, en función del beneficio de las grandes empresas y de las grandes fortunas. Pero eso no es la austeridad. Ese es un concepto manipulado de la austeridad, para convencernos de que hay que vivir mal para que otros vivan muy bien. Es un concepto de una austeridad miserable, donde escasea la protección social, y se ataca a los sectores más desfavorecidos y vulnerables de la sociedad. No tenemos que creer en ese concepto (que no es tal) de la austeridad, porque austeridad significa una cosa bien distinta.

 

Por ejemplo, austeridad significa que abandonemos la filosofía y la práctica del consumismo desaforado, excesivo, compulsivo, que tenemos actualmente como sociedad, para aprender a consumir únicamente lo que es necesario. Eso no significa vivir pasando necesidades, sino tener todas nuestras necesidades básicas cubiertas, y aprender a valorarlas. No debe faltarnos nada de lo esencial, y para ello muchos tienen que abandonar todo lo superfluo. Olvidar los sueños de cambiar de coche cada 4 años, tener un chalé en otro sitio más lujoso, disfrutar de más comodidades, de más lujos, llevar un tren de vida elevado, disfrutar de un patrimonio cada vez mayor...Todo ello está en el horizonte de millones de personas, porque desde que eran pequeños, tanto en el ambiente familiar, social y educativo que vivieron, eso fue lo que se les inculcó, por activa o por pasiva, expresamente o sibilinamente, de forma patente o de forma oculta...Y cuando llegamos a adultos, nuestras metas y nuestros objetivos personales, familiares y sociales casan perfectamente con dicha escala de valores, que ofrece culto al dinero, a las posesiones materiales, al nivel de vida, al patrimonio personal, etc. Y tan inculcado tenemos estos valores que, las personas más avispadas, pícaras y delincuentes (incluso enfermas socialmente) son capaces de corromperse y de corromper a terceros, con tal de conseguir sus objetivos. Tenemos que acabar con este modelo de imaginario social, con este comportamiento aberrante, con estas prácticas mezquinas.

 

socialismo602.jpgEn el ideario social figuran el egoísmo personal, el individualismo, la picaresca, el culto a la propiedad privada, la competencia, la insolidaridad, la rivalidad, el desprecio a lo público, la infravaloración de lo común...La austeridad está justo en la orilla contraria a todos estos valores. La austeridad parte de la base de entender que existe la sociedad, no los individuos, justo la teoría contraria a la que sostenía Margaret Thatcher, la Primer Ministro británica que impuso a sangre y fuego, durante más de una década, los planteamientos neoliberales a la sociedad inglesa de los años 70 y 80 del siglo pasado, consiguiendo justamente lo mismo que ahora está consiguiendo este Gobierno del PP: desprestigiar lo público, eliminarlo, volverlo insostenible, fomentar la iniciativa y la propiedad privada, los negocios y las empresas privadas, y con todo ello, derrocar la fuerza del movimiento obrero, de la lucha sindical, de la negociación colectiva, de los sindicatos de clase, alcanzando una sociedad que (casi) liquidó completamente el Estado del Bienestar, y relegó a mucha gente a la pobreza, al desempleo, a la precariedad. Justo lo que ahora estamos sufriendo en nuestro país, porque nuestros dirigentes políticos son hijos ideológicos del neoliberalismo más salvaje. Y por ello nos venden ese concepto engañoso y malévolo, disfrazado de austeridad. Pero como decimos, esa no es la auténtica austeridad.

 

¿Qué sería entonces, la verdadera austeridad? Pues básicamente, la austeridad no es, ni más ni menos, que una visión del ordenamiento de la riqueza para que se la disfrute de otra forma, y para que la disfrute toda la sociedad, toda la humanidad. Y esto significa que los recursos económicos, naturales, culturales, sociales, incluso mentales, se ponen al servicio del disfrute en común, pero sin caer en el despilfarro. La verdadera austeridad nos convoca a disfrutar de todas nuestras necesidades y nuestros derechos fundamentales, pero sin llegar a más, y haciéndolo de forma común, valorando lo público, entendiendo la importancia de la sociedad, siendo conscientes de nuestra limitación de recursos, y repartiendo de forma justa y equilibrada la riqueza, redistribuyéndola de otro modo, con justicia social. De esta forma, en una sociedad realmente austera, los gastos presupuestarios faraónicos quedan suprimidos, no existen, y el conjunto de las Administraciones Públicas funcionan de verdad para toda la ciudadanía. Se reducen o eliminan los gastos suntuarios, y se lleva a cabo una justa administración de todos nuestros recursos naturales, del consumo de agua, de electricidad, de todos los servicios básicos, que se disfrutan con racionalidad, mesura y equilibrio, sin excesos, justamente para que todos podamos disfrutarlos. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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