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23 febrero 2015 1 23 /02 /febrero /2015 00:00

"El Socialismo es el campo de batalla dentro de cada territorio nacional entre una civilización dominante, el capitalismo aún vigente, aún dominante, pero decadente, enfrentado contra la nueva civilización comunitaria emergente desde los intersticios, desde las grietas y contradicciones del propio capitalismo. Comunitarismo inicialmente minoritario como gotas en el desierto; luego como diminutos hilos de agua que a veces se secan, se interrumpen abruptamente, y luego renacen, y  a la larga se suman y se vuelven riachuelo; luego río; luego lago; luego mar"

(Álvaro García Linera)

 

 

 

 

 

socialismo611.jpgComo último gran eje del modelo productivo que proponemos, en el último artículo de la serie nos quedamos hablando sobre la revolución a nivel personal, individual y social, en torno a la asunción de una nueva escala de valores, de comportamiento y actitudes más acordes con la nueva filosofía productiva que estamos proponiendo. Comenzamos a hablar allí de  la austeridad, entendida no en el concepto manido y manipulado que nos quiere imponer la derecha, aprovechando para desmontar todas las conquistas laborales y sociales de la clase obrera, sino en el sentido real del término, que no es otro que volver a recuperar la cordura, la mesura y el control sobre nuestros propios hábitos de producir, de distribuir, de consumir y de desechar. De dar valor a aquéllo que se es, en vez de a aquéllo que se posee. Hemos de revolucionar los conceptos ligados a la economía, desligar lo productivo de aquéllo que es medible y cuantificable, abandonar los modelos productivos que se basan en el crecimiento económico (aunque el capitalismo lo llame contradictoriamente "sostenible"), y entender la economía productiva como la economía real, como la economía ligada a la satisfacción de las necesidades humanas.

 

socialismo612.jpgPero es el propio capitalismo quien controla lo que para nosotros son nuestras necesidades, por lo que resulta evidente que tendremos que practicar una revolución con nuestra escala de valores. Alejarnos del consumismo compulsivo, y tender hacia un consumo responsable, basado en la economía de proximidad y en el comercio justo. Hemos de entender que la economía está sujeta a la historicidad, aunque los poderes dominantes nos quieran hacer entender otra cosa. De hecho, el modelo económico actual se desarrolla en un momento específico del siglo XIX, que comienza con la revolución agraria inglesa, aunque el capitalismo como tal sea un poco más antiguo. Luego no podemos concluir que la economía como ciencia exacta nos dicta lo que hay que hacer, sino entender la economía como una ciencia social interpretable y dirigible por el hombre, en función de sus necesidades e intereses. La economía actual está basada en tres principios que se aceptan como un dogma: el mercado, la productividad y el crecimiento "sostenible". No se le presta atención a las necesidades ni a los derechos humanos, que deberían primar sobre cualquier otro criterio. Si comenzáramos a aplicar dichos parámetros, la economía funcionaría atendiendo a otros objetivos, y cambiaría radicalmente sus prioridades.

 

socialismo613.pngPero todo esto tan fácil aparentemente, el pensamiento dominante (capitalista) no nos deja verlo. Hemos asumido una forma de entender el mundo y nuestra vida completamente excluyente de otras, y no queremos ver, nos resistimos a comprender que nuestro modelo civilizatorio, toda esa concepción de la vida, todo esa concepción económica, se están acabando. Y que si no somos capaces de reaccionar, nos llevará al abismo definitivo como civilización humana. Necesitamos imperiosamente otro paradigma de funcionamiento económico, y eso, donde primero tenemos que asumirlo, es a nivel personal y a nivel social, como comunidad, olvidando los valores capitalistas y viviendo de otro modo, consumiendo de otro modo, pensando de otro modo. De ahí arrancaría la fuerza social para imponer la necesidad de que los mercados ya no pueden decidir. Los mercados, bajo una distinta fórmula, tendrán que ser los encargados de poner en marcha las directrices, los acuerdos y los objetivos que se marque la sociedad a través de la política. Pero como digo, todo esto no lo podremos aceptar socialmente ni antes no lo aceptamos personalmente, individualmente. Será difícil, porque nuestra sociedad está imbuida, resultado de tantas décadas de neoliberalismo imperante, de una serie de valores personales y sociales que lo reflejan en cada uno de nuestros pensamientos, de nuestros deseos, de nuestras actitudes.

 

socialismo614.jpgPor tanto, ir eliminando estos comportamientos y estas actitudes, e ir sustituyéndolos por otros más acordes con la filosofía política y económica que propugnamos, será algo que tendremos que practicar bastante, y quizá nos cueste bastante tiempo alcanzar. Hemos de abandonar, ya se ha dicho, el consumismo desaforado e irracional de nuestra sociedad, convirtiendo los hábitos consumistas actuales en prácticas que tiendan hacia ese (verdadero) concepto de austeridad personal y colectiva, y hacia los nuevos valores de ciudadanía responsable, como hemos desarrollado más a fondo en nuestra breve y reciente serie de artículos "Hacia un nuevo concepto de Ciudadanía". Han de primar ciertos ejes transversales en la base de nuestra economía productiva, como el feminismo y el ecologismo. Hemos de trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Hemos de cultivar la filosofía del equilibrio, del reparto del trabajo, justamente para que todos podamos trabajar. Hemos de primar las posibilidades de alquiler sobre las posibilidades de propiedad, porque hay que tender (ya lo hemos explicado en artículos anteriores) a la propiedad social, en vez de a la propiedad privada. Y hemos de implantar hábitos de producción, consumo, reciclaje y desecho que sean profundamente respetuosos con el medio ambiente.

 

socialismo615.pngAsímismo, deberemos abandonar los valores imperantes del capitalismo y de la filosofía neoliberal, para que podamos aprender a convivir en armonía, con pleno respeto hacia nuestros conciudadanos, para que la sociedad sea realmente armónica y no una lucha constante de todos contra todos, y en este sentido, la competitividad, el individualismo, el egoísmo, y el culto a la propiedad privada y a las leyes del mercado deberán ser reemplazados paulatinamente por la solidaridad, la justicia social, la cooperación, el igualitarismo, y el culto a la propiedad social, a la propiedad colectiva. En última instancia, de lo que se trata es de instalar una máxima, una impronta de respeto personal y colectivo hacia el bien común, hacia la dimensión pública, hacia lo que es de todos. Sólo bajo estos mimbres será posible que el conjunto de la ciudadanía asuma, practique y respire bajo unos principios de dinámica social, de convivencia, de justicia, de libertad, de igualdad y de fraternidad. Bien, entendemos que ya hemos contado lo fundamental sobre las características del nuevo modelo productivo, así que continuaremos en siguientes entregas desarrollando otros aspectos que ya han sido mencionados, pero que necesitan una exposición un poco más detallada.

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Published by Rafael Silva - en Política
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