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2 marzo 2015 1 02 /03 /marzo /2015 00:00

"En una economía así [socialista], los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño"

(Albert Einstein)

 

 

 

 

 

El siguiente aspecto que vamos a comentar en cuanto al enfoque de nuestra sociedad socialista, la que proponemos desde la izquierda transformadora, tiene que ver con un punto que también hemos mencionado muchísimas veces, pero siempre de pasada. Ha llegado el momento de exponerlo con mayor profundidad. Como nos decía la cita de Einstein: "...distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados...". Es decir, se refiere a la posibilidad de repartir el trabajo existente, para que todos podamos trabajar. Con ello conseguiríamos varios objetivos, todos ellos muy loables: que haya trabajo para todos, buscando la tendencia al pleno empleo, que rompamos con la línea de explotación laboral a que el gran capital nos somete, y que nos vayamos sumergiendo en ese mundo de la austeridad que ya hemos venido reclamando en artículos anteriores. Pero vayamos por partes.

 

socialismo621.jpgAntes que nada, tenemos que partir de un hecho evidente. Pregunta inicial: ¿Incluso poniendo en práctica desde el minuto 1, todas las medidas que se han sugerido para nuestro modelo de sociedad, el sistema tendría capacidad para ofrecer trabajo a los más de cinco millones de personas inactivas de nuestro país? Respuesta: NO. Pero la rotundidad de nuestra respuesta no debe desanimarnos, ni llevarnos a pensar que nuestras medidas están equivocadas. Lo único que ocurre es que, de nuevo, tenemos que continuar cambiando el chip, esto es, nuestra manera de pensar, de administrar los recursos, de producir, y nuestra tasa o ratio de actividad. Los sectores laborales que constituyen los nuevos nichos de mercado, mencionados en artículos anteriores, tardarían algún tiempo en madurar, y mientras tanto, continuaríamos teniendo una gran masa laboral inactiva en el país. Mediante mecanismos como la Renta Básica (a la que le dedicaremos también una exposición profunda más adelante en esta serie de artículos) será posible que, al menos, estas personas y familias no tengan que vivir en la miseria y la exclusión social,  pero evidentemente, no es una panacea sobre la que podamos colocar nuestro foco.

 

No debemos pensar que no hay trabajo para todo el mundo, pues eso iría en contra de la tesis que hemos sostenido desde el principio, que afirmaba que estamos en una crisis de sobreproducción. Por tanto, ¿cuál es la solución? Pues repartir el trabajo existente. De entrada, este concepto, esta idea despierta recelos y prejuicios (injustificados) entre la gente, porque (de nuevo y como siempre) aplicamos los preceptos de nuestra sociedad capitalista. Pensamos por tanto que cuando hablamos de "reparto" queremos decir que, por ejemplo, si Manuel está 8 horas en su fábrica de coches y gana x euros al mes, vamos a hacer que su trabajo y su producción se divida, dándole a Manuel la mitad de lo que hacía (incluyendo la mitad de sus x euros mensuales), y la otra mitad reservándola a Luis, un nuevo compañero, que cobrará el resto de lo que antes cobraba Manuel. Evidentemente, esto significaría que haríamos más pobre a Manuel, que no tiene para nada la culpa de que no exista trabajo para los demás. Pero como decimos, si es éste el razonamiento a emplear, seguro que la medida de reparto del trabajo causa recelos desde el primer momento. Necesitamos, como siempre, explicar la medida con todos sus fundamentos, para así comprenderla, y aceptarla desde nuestra nueva mentalidad "no capitalista".

 

capitalismo_vs_humanismo.jpgBueno, pues entonces, de lo primero que tendríamos que hablar es de la explotación. El compañero José López nos puede ayudar en esto, si leemos su artículo "La explotación capitalista", que recomiendo a los lectores. ¿Qué significa ser explotado? Pues entre otras cosas, que trabajamos más horas de las necesarias para nuestro sustento, que trabajamos en condiciones que perjudican nuestra salud, que apenas tenemos tiempo libre para disfrutar de la vida, que se nos va acumulando la necesidad de descanso, que el dinero que ganamos apenas nos permite satisfacer nuestras más elementales necesidades, etc. La explotación es la utilización abusiva del conjunto de los trabajadores, es decir, de la mayoría, por parte de unos pocos, en provecho propio. Vivir para trabajar, para enriquecer a otros, en las condiciones que ellos nos quieran imponer, sin el menor respeto por parte de ellos a nuestras vidas privadas, sin posibilidad de conciliar mínimamente el plano laboral con el familiar, es ser explotado. Teniendo en cuenta esta contradicción no es muy difícil comprender porqué el desempleo tiende a convertirse en un mal crónico, ya que beneficia a quienes poseen la propiedad sobre los medios de producción, como ya hemos comentado largo y tendido en anteriores artículos de esta serie.

 

socialismo622.jpgTeniendo en cuenta todo ello, lo lógico sería repartir el trabajo, reducir drásticamente la jornada laboral, prohibir las horas extraordinarias, adelantar la edad de jubilación, todo ello sin reducción de salarios ni de protección social. Lo lógico, si tuviéramos un sistema económico al servicio de la sociedad, como tantas veces hemos demandado, es que la explotación se erradicara, o al menos se minimizara. Pero para conseguir esto, seguramente el sistema debería ir acabando con las tremendas desigualdades existentes, ya que existen muchas personas (altos directivos, presidentes, consejeros, mandos intermedios, etc.) que acumulan una riqueza como la de muchos miles de personas (los más ricos, incluso millones). Lo que hemos de comprender es que dicha riqueza ha sido generada mediante la explotación de otros. No existe otra explicación. Incluso ya, hoy día, bajo la excusa de la crisis, la mentalidad dominante ha conseguido que la mayoría social acepte la explotación no ya como un mal menor, sino incluso como un bien. Incluso ya el ser explotado se convierte en un lujo, en un privilegio. Ahora mismo el poder trabajar, aunque sea por un sueldo mísero, aunque sea sin estabilidad ni protección social, es considerado un privilegio. Y desgraciadamente, es a lo máximo a lo que pueden aspirar muchos/as trabajadores/as, empezando por los más jóvenes, a los cuales se les roba su futuro. La explotación se legitima aún más con la crisis, aunque sea la clase dominante la que haya contribuido a su creación. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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