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16 marzo 2015 1 16 /03 /marzo /2015 00:00

"Una sociedad socialista exige, por tanto, una economía desarrollada hasta el punto de que la producción en función de las necesidades suceda a la producción por el beneficio. La humanidad socialista dejará de producir mercancías destinadas a ser intercambiadas por dinero en el mercado. Producirá valores de uso que se distribuirán a todos los miembros de la sociedad, con el fin de satisfacer todas sus necesidades"

(Ernest Mandel)

 

 

 

 

socialismo641.jpgEn el artículo anterior de esta serie ya dejamos el esbozo de una propuesta genérica de reparto del trabajo, pero hemos de insistir, como habíamos advertido, en otros aspectos colaterales de este tipo de medidas. Por ejemplo, la necesidad de disminuir el tiempo de trabajo, máxime cuando el sistema es, ahora mismo, completamente incapaz de absorber toda la tasa de población activa con deseos de trabajar. De entrada, es evidente que si cada trabajador/a emplea menos horas de trabajo por día, se necesitará cubrir un mayor número de puestos de trabajo para continuar manteniendo la misma tasa de actividad, y por tanto, de producción. No es una medida recién inventada, tenemos constancia de que ya se ha experimentado ampliamente en varios países, como en Alemania, y en varias empresas (como en varias sociedades cooperativas del País Vasco), evitando de esta forma el despido masivo de trabajadores cuando la necesidad de producción disminuye como consecuencia de la reducción de la demanda.

 

socialismo642.jpgPero la resistencia hacia este tipo de medidas es muy grande, y quizá la principal causa para la negativa a compartir el trabajo sea que los empresarios quieren evitar los costes de formación para los posibles nuevos trabajadores, prefiriendo retener a los que ya están en plantilla, adaptando el tiempo de trabajo a sus necesidades de producción. En este sentido, la última contrarreforma laboral del Gobierno del PP les ha venido de maravilla, al despojar a la clase obrera de su capacidad negociadora, y desviar prácticamente toda la hegemonía hacia la clase empresarial. En el contexto actual, la gran flexibilidad del mercado de trabajo en nuestro país, muy favorable para el empresariado, explica que éste prefiera la reducción del número de trabajadores cuando baja la producción (por la escasez de demanda debido a la crisis), aumentando las horas extra de los trabajadores que permanecen en la empresa, cuando aumenta la demanda de sus productos. Y por supuesto, por parte de los propios trabajadores, existe la lógica reacción contraria a estas medidas, sobre todo si ello significa que sufrirá una reducción de su salario. Pero aclaremos que este tipo de propuestas han de implementarse sin la proporcional bajada del salario, todo ello ayudado por un cambio de mentalidad, tanto de los empresarios como de los propios trabajadores, que ya hemos comentado en anteriores artículos.

 

socialismo643.jpgAlgunos países han adoptado una solución intermedia, donde el gobierno permite el acceso a los recursos públicos (por regla general, procedentes de las prestaciones por desempleo) para complementar esa reducción salarial, manteniendo así su nivel de ingresos. Para el Estado resulta más económico plantear esta especie de "subsidio complementario" al posible trabajador que ve reducido su salario por la reducción del tiempo de la jornada, que pagar la prestación de desempleo completa en caso de que el trabajador fuese despedido. No obstante, todas estas medidas complementarias y pasajeras no pueden ocultar el debate sobre la propia reducción de la jornada laboral manteniendo el nivel salarial, como ya hemos comentado. Hay que remarcar el hecho de que el establecimiento de esta jornada laboral de 8 horas data del siglo XIX, cuando las circunstancias y características del trabajo y de la producción eran muy distintas. La productividad era mucho más baja, la mujer no estaba incorporada al mercado laboral, y la sociedad capitalista no estaba tan desarrollada como ahora.

 

socialismo644.jpgY como nos dice el Profesor Vicenç Navarro: "Es importante subrayar que los mismos economistas neoliberales (de los cuales hay una gran densidad en los fórums mediáticos del país) que se alarman de que la edad de jubilación no haya variado desde hace algo más de noventa años (desde 1919, con el Retiro Obrero Obligatorio), deseando que se retrase la jubilación, no dicen ni pío sobre el horario laboral, que no ha variado desde el siglo XIX. En realidad, la productividad se ha incrementado enormemente, permitiendo que el PIB español sea 24 veces más grande ahora que en 1900. En cambio, los salarios no han cambiado en la misma proporción. Y el horario laboral tampoco. Esta falta de cambio del horario laboral frente al enorme aumento de la productividad es un indicador del enorme poder del mundo empresarial. En realidad, John Maynard Keynes había predicho que en 2030 la gente trabajaría sólo 15 horas a la semana (...), predicción que hizo basándose en su estimación del crecimiento de la productividad. Ahora bien, lo que estamos viendo es precisamente lo contrario. La reducción del tiempo de trabajo se está haciendo a costa de la reducción del salario y del crecimiento del pluriempleo para sostener el nivel de ingresos. Ello ocurre como consecuencia de la debilidad del mundo del trabajo".

 

socialismo645.jpgY otro de los asuntos colaterales de tremenda importancia con los que tocan estas medidas es el relativo a la conciliación de la vida laboral y la vida familiar. Desde la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, este tema se vuelve un imperativo lógico si pretendemos humanizar la actividad laboral, fomentado la igualdad y la natalidad, e impidiendo que hombres y mujeres se vuelvan esclavos de su trabajo. El heteropatriarcado se va resquebrajando, y la mujer consolida su puesto en la sociedad al mismo nivel que el del hombre,  rompiendo los roles clásivos históricamente reservados para ella. Y a todo esto ayudan no sólo las políticas de inserción laboral de las mujeres, sino la consecución de la igualdad de salarios entre mujeres y hombres (donde todavía tenemos mucho camino que recorrer), y la compartición de los roles de cuidado de los hijos y de los mayores, así como las clásicas tareas de mantenimiento del hogar familiar. Y en este sentido, la lucha para reducir el tiempo de trabajo sin reducción salarial es clave para mantener y enriquecer el bienestar de la población y la eficiencia del sistema económico. Debería, como decimos, ser parte de la política familiar de un país para permitir que padres y madres pudieran pasar más tiempo con sus hijos/as. Como también debería ser parte de la política cultural del país facilitar y estimular la educación y la formación para concienciar a la población sobre estos temas. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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