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21 julio 2013 7 21 /07 /julio /2013 23:00

Hablábamos en el artículo anterior de la época de auge de nuestra economía, y hay que decir que quienes más se beneficiaron del auge, quienes tenían la responsabilidad de dirigir de facto la economía, sus propietarios, y los Gobiernos que defendían sus intereses presentándolos como los de todos, son los principales responsables de esta situación. Han dirigido sus negocios de forma muy rentable para ellos, para los grandes accionistas (aunque no siempre), pero de forma nefasta para la sociedad. En eso consiste el capitalismo, en la máxima rentabilidad privada de una minoría, aunque eso conlleve el máximo perjuicio para la mayoría de la sociedad. Hoy eso es evidente para cualquiera.

 

Detengámonos un momento ahora en el famoso mensaje de "No hay dinero". Lo que no hay es vergüenza, dignidad y decencia política, y lo que sí hay es legitimación de las desigualdades. El dinero existe. Sólo hay que ir a buscarlo donde está. Por tanto, sólo es un problema de recaudación, y de preferencia a los diferentes actores del Estado. En cuanto a la recaudación, el dinero lo tenemos en los grandes accionistas, en los grandes empresarios, en los banqueros, en las grandes fortunas, en las SICAV, etc. Como no existe una política fiscal progresiva, se vuelve cierta la afirmación del famoso magnate Warren Buffet: "yo pago menos impuestos que mi secretaria". Y en cuanto a la preferencia sobre los diferentes actores e Instituciones, ahí tenemos a la Casa Real, al Ejército, la Iglesia, etc. Mientras sigue habiendo dinero para todo eso, falta dinero y se recorta, por ejemplo, para Ayuda la Cooperación.

 

Por tanto, en el Estado Español hay recursos de sobra para atender todas las necesidades sociales. Pero la política que se ha aplicado desde que empezó la crisis ha ido orientada a incrementar la tasa de ganancia, y esa es la finalidad de las crisis en una economía capitalista. El Excedente Bruto de Explotación (EBE) —que es básicamente la renta bruta de las empresas— del año 2011 suponía el 44,8% del PIB, más de 480.000 millones de euros. Si desde el año 2000 al 2007, la participación en el PIB del EBE español había crecido en 1,4 puntos, desde 2007 a 2011 lo hace en 2,8. Las empresas que no han cerrado se han quedado el mercado de aquellas que quebraban, y han reducido plantillas y salarios con más intensidad de lo que ha caído la producción.

 

Es decir, están explotando más a sus trabajadores. Y eso pueden hacerlo gracias al desempleo masivo, que pesa como una losa sobre los trabajadores a la hora de luchar. Las nuevas contrarreformas laborales aprobadas por el Partido Popular, que defiende los intereses de la clase social a la que representa, profundizan las que iniciara el anterior Gobierno de Rodríguez Zapatero, facilitando incrementar aún más dicha explotación. Junto con una reducción directa de los costes laborales, las grandes empresas están teniendo otro canal de ayuda: el gasto público. Reducciones de cotizaciones a la Seguridad Social, bonificaciones a los contratos, una nueva ronda de privatizaciones de servicios públicos muy rentables, incluso amnistías fiscales y, sobre todo, el saneamiento de la deuda financiera a través de ayudas públicas, lo que está suponiendo la conversión de facto de deuda privada en pública.

 

Otro argumento fácilmente desmontable es de la famosa "sostenibilidad". En efecto, recurren a esta mágica palabra, más bien a este eufemismo, siempre que quieren recortar, eliminar, destrozar, algun bien público o servicio público. De tal forma que la "sostenibilidad del sistema" es la gran panacea de todo, y para alcanzarla se sacrifican recursos y se recorta en medios económicos, materiales y humanos, hasta que consiguen su objetivo. El mejor ejemplo lo tenemos en el Sistema Público de Pensiones, que va a sufrir, si no somos capaces de impedirlo, una nueva contrarreforma para hacer depender la cuantía de la pensión de la esperanza de vida, y la actualización de la misma al estado de cuentas de la Seguridad Social. Para el capitalismo, el Sistema Público de Pensiones es un lastre que no se puede permitir, y todo va encaminado a que los cotizantes se hagan clientes de sistemas privados de pensiones, o planes privados de jubilación. Y de paso, volver a engordar el caldo de entidades financieras y aseguradoras. En el fondo, lo que quieren es que las pensiones de los mayores estén también sujetas a las leyes del mercado, y que, simplemente por ello, no estén garantizadas, pues estén sujetas al fraude, a la corrupción, a la evasión fiscal, etc. No hay más que ver lo que les ocurrió a miles de jubilados británicos, cuando sus planes de pensión dependientes de la empresa petrolera BP se esfumaron, cuando esta empresa fue responsable del vertido de crudo en las costas norteamericanas.

 

Y mientras consiguen todo ello, continúan preparando el terreno,  reduciendo el salario indirecto de los trabajadores que es el gasto social: recortes de plantillas públicas, recortes del gasto sanitario, educativo, en dependencia… a la par que nos suben los impuestos, los precios públicos y las tasas…Tenemos el modelo perfecto en Grecia, y más cerca todavía en Portugal, y nosotros seguimos sus mismos pasos. Es decir, los asalariados pagamos más a cambio de menos. El gasto social, que nunca llegó ni siquiera a la media europea, se está recortando de forma tal que nos llevará directamente a los niveles de gasto propios de la dictadura franquista. Aquí tenemos otro ejemplo que demuestra que no estamos ante un problema de falta de recursos, sino de quién los tiene y de quién se beneficia con ellos. La producción por persona (PIB per cápita) española es del 90% de la media europea, y el gasto social es del 70%, esa diferencia equivale a 70.000 millones de euros que harían innecesarios los recortes en gasto social, pero que sólo podrían salir de los ingresos de los sectores más ricos de la sociedad española. El resultado de toda la llamada política de ajuste es un enorme trasvase de renta de los trabajadores hacia la gran burguesía.

 

Insistimos en la gran burguesía, porque lo que la pequeña burguesía (los pequeños empresarios) y los autónomos (en realidad, trabajadores encubiertos) puedan ganar a costa de los trabajadores, lo van a perder con el hundimiento de la capacidad de consumo de los trabajadores y el deterioro de sus propias condiciones de trabajo. De hecho, las pequeñas empresas han sufrido las consecuencias de la crisis mucho más que las grandes, pues tienen menos reservas para resistir y, además, en muchas ocasiones las grandes han externalizado pérdidas dejando de pagar a muchas de ellas o imponiéndoles peores condiciones contractuales. Ya durante el auge, la tendencia en el reparto de los beneficios fue cada vez más favorable a las grandes en detrimento de las pequeñas. En otras palabras, la crisis acentuará el proceso de concentración de capital para que el mercado se reparta entre un número menor de empresas que antes de la crisis. El mito del “capitalismo popular” ha quedado en evidencia una vez más, con la ruina de las pequeñas empresas y el saqueo de los recursos de millones de pequeños ahorradores. Continuaremos en siguientes entregas. 

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Published by Rafael Silva - en Política
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