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25 junio 2013 2 25 /06 /junio /2013 23:00

Ya tenemos algunas bases sentadas sobre el funcionamiento del capitalismo como organización de esta sociedad, y seguramente que muchos lectores, influidos por la propaganda mediática y el pensamiento dominante, se habrán planteado que sí, que todo esto está muy bien, que lo comprenden, que lo entienden, que no están de acuerdo con el sistema capitalista, pero que es lo que hay, que no tenemos otra alternativa, o que el capitalismo es el sistema menos malo...creo que la inmensa mayoría de las veces, esa postura se debe a la incapacidad de imaginarse un mundo (un sistema) no capitalista, cosa por otra parte bastante entendible, porque es el sistema dominante en el mundo desde hace más de 150 años...

 

capitalismo51.jpgEl ejercicio es intentar imaginárselo, intentar atisbar las diferencias y las ventajas de un sistema no capitalista, pero intentarlo con ganas, con fuerza, de verdad...Veremos entonces cómo no es tan difícil: para que el anticapitalismo sea un deseo y una opción apoyada socialmente de forma mayoritaria, hay que construir la hegemonía política que lo defienda, pero previamente hay que construir la hegemonía cultural. Valores como la libertad, la igualdad, la justicia, la honestidad, la responsabilidad, la solidaridad, la prosperidad, la primacía de lo colectivo sobre lo particular, de lo comunitario sobre lo individual, de la democracia sobre los mercados, del trabajo sobre el capital, etc., que han dado sentido a las luchas de la izquierda, han ido siendo sustituidos por valores como la disciplina, la austeridad (entendida sólo económicamente), la desigualdad, la competitividad, la estabilidad, el esfuerzo, el beneficio, la primacía de lo individual sobre lo comunitario, de los mercados sobre la democracia, de la acumulación sobre la distribución, de la rentabilidad sobre la sostenibilidad, del interés sobre la responsabilidad, etc., que son los valores que constituyen el marco ideológico y moral de las fuerzas conservadoras, esas que sostienen y defienden al capitalismo.

 

De esta forma, los mercados globalizados han logrado ganar la hegemonía cultural, y frente a ella, hemos de elaborar otra hegemonía cultural distinta, basada y construida desde la ciudadanía, que represente un contrapoder capaz de representar una alternativa real al capitalismo. Entonces comenzaríamos a ver las ventajas, ya que si este extraordinario desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas estuviera gestionado y controlado colectiva y democráticamente por el conjunto de la sociedad, y no por un puñado de grandes corporaciones, se podría planificar la riqueza de cada país, y de cada continente, a escala mundial, para resolver todos y cada uno de los problemas sociales y medioambientales que asolan la vida de cientos de millones de personas diariamente en nuestro planeta. No habría de ese modo sobreproducción, como hemos comentado en artículos anteriores, ni especulación, ni explotación, ni paraísos fiscales con decenas de billones de dólares y de euros sin utilizar, atesorados en islas perdidas en medio del Caribe, o en minúsculos principados europeos.

 

capitalismo52.jpgY este discurso además puede hacerse extrapolable al resto de temas de actualidad política, como por ejemplo los servicios públicos. El discurso dominante suele interpretar el derecho a la salud únicamente como el acceso a instalaciones y equipos médicos. Sin embargo, en primer lugar, el derecho a la salud debe entenderse como el derecho a vivir en condiciones que no nos causen enfermedades, y sólo en segundo lugar, el derecho a ser atendidos dignamente, cuando ya estemos enfermos. Algo similar sucede con el derecho a la educación, que con mucha facilidad se reduce al derecho a disponer de escuelas equipadas con buenas computadoras, o a disponer de extensas bases de datos de conocimiento, incluso a la posesión de un buen expediente académico, o innumerables diplomas o títulos. Es decir, se enfatiza en los aspectos materiales y cuantitativos, cuando el derecho a la educación debería en primer lugar contemplar, que los jóvenes puedan desarrollar una conciencia crítica para entender y cuestionar el mundo en el que viven. Y aún podríamos poner muchos más ejemplos.

 

capitalismo54.jpgCon todos estos ejemplos intento instar y demostrar que es posible imaginar y construir una sociedad fundada en valores distintos a los cultivados por el capitalismo. Y sin embargo, seguimos viviendo bajo su yugo. Continuamos sufriendo el calvario de una sociedad fundada y basada en la explotación. Porque la crisis no ha traído la explotación. Las condiciones de trabajo en las nuevas industrias chinas, en las maquilas mexicanas, los minijobs alemanes o la precariedad laboral en el Estado Español, por citar sólo algunos ejemplos, son fenómenos que se produjeron durante el auge capitalista, y que de hecho lo explican en gran medida. En la mayoría de los países desarrollados o emergentes, el reparto de la renta fue cada vez más favorable a los empresarios. Mientras el Secretario General de la CEOE gana en torno a unos 250.000 euros anuales, estos mismos dirigentes de la Patronal quieren pagar a los jóvenes españoles un sueldo de 400 euros mensuales, eliminando además las cotizaciones sociales. Y aún se atreven a continuar afirmando que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.

 

Y esto es así porque la desigualdad nace en el propio sistema productivo, que es el que determina el reparto de la renta, y por tanto, de la riqueza. Y la explotación es posible porque la mayoría de las fuerzas productivas necesarias para la existencia de nuestra sociedad son propiedad privada de una clase social, la burguesía, mientras la mayoría de la población, los asalariados, no tienen otra posibilidad de ganarse la vida más que vendiendo su fuerza de trabajo, física o intelectual. Una minoría de grandes accionistas, con enormes fortunas, la gran burguesía, domina a través de sociedades de inversión y desde los Consejos de Administración de las grandes empresas transnacionales, los medios de producción. Desde que comenzó esta crisis, la propiedad se ha concentrado más en menos manos, y sigue haciéndolo. Sueldos de banqueros, consejeros y directivos empresariales, así como rentas de grandes fortunas, aumentan sin cesar, mientras piden a la clase obrera contención salarial. Y mientras desmantelan todo el tejido industrial, la venta de artículos de lujo se ha disparado en los últimos tres años. Continuaremos analizando todo este fenómeno de desarrollo capitalista en siguientes artículos.

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Published by Rafael Silva - en Política
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