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8 julio 2013 1 08 /07 /julio /2013 23:00

Vamos a intentar desmontar la creencia de que la actual crisis sólo tiene un componente financiero, cuando en realidad esta vertiente es la punta del iceberg. La crisis financiera es una de las manifestaciones de la crisis del capitalismo, pero no el origen de la misma. Su importancia innegable refleja que el sector financiero domina la economía como resultado del desarrollo natural del capitalismo. Pero es la industrialización de enormes zonas del planeta, particularmente en Asia, con un aumento global del número de asalariados y de los recursos naturales empleados, sin precedentes en la historia por su magnitud, lo que ha permitido a los propietarios de los medios de producción acumular inmensas fortunas. La riqueza no se ha desmaterializado, sino que se puede contar por empleos y pesar en toneladas. Sin esa riqueza real, el enorme crecimiento de las finanzas jamás hubiera sido posible.

 

capitalismo_poderoso.jpgEn una sociedad capitalista la expresión última de la riqueza es el dinero. La gran burguesía acumula la máxima proporción posible de sus fortunas en forma de activos financieros, mediante los que posee el control de las grandes empresas productivas, y, si puede asegurarse con ello más rentabilidad, evita el trance de la inversión productiva con los riesgos que siempre comporta. De ahí la baja tasa de inversión en las economías desarrolladas y el auge de la especulación. Se ha convertido en una burguesía rentista. Varios miles de grandes fortunas controlan la riqueza mundial y especulan con ella. Además, controlan el ahorro del conjunto de la sociedad y logran con ello otra fuente de ingresos. Hace mucho tiempo que sabemos los fundamentos del negocio bancario, y cómo los banqueros ganan dinero no sólo con el dinero de los depositantes, sino con la propia actividad bancaria.

   

Junto a la plusvalía que extraen al asalariado o asalariada en su puesto de trabajo, luego le obligan a devolver una parte cada vez mayor de su salario en forma de pagos por hipotecas y créditos. Pero para llegar a esta situación, el capitalismo ha atravesado una fase donde el principal cartel luminoso nos hablaba de "consumismo", es decir, de la necesidad de poseer y consumir todo tipo de cosas: casas, coches, ropa, electrodomésticos, en general estilos de vida, determinados por la cantidad y calidad de las cosas que se poseen. Todo ello, como no podía ser de otra manera, bajo la complaciente mirada de los Gobiernos y de las políticas que se implementaban.

   

capitalismo_72.jpgNo es posible distinguir entre unos capitalistas financieros, especuladores y malsanos, y otros capitalistas, productivos y saludables, como se pretende en ocasiones. La red de vínculos entre las grandes empresas, financieras o no, es muy intensa. Las participaciones recíprocas hacen imposible semejante separación. Sin duda, el desarrollo del crédito ha alcanzado tal nivel que es más importante que nunca. Genera más inestabilidad, estimula los auges y agrava las crisis, pero no es su creador. Las empresas necesitan crédito abundante, las familias dependen del crédito para comprar muchos productos, y a los bancos, cuyo negocio es prestar, les interesa dar cuantos más créditos mejor. De hecho, ganaron mucho dinero así, y mezclaron en sus negocios a otros bancos internacionales, que ahora se han convertido en sus acreedores.

   

capitalismo_73.jpgPero, con la crisis, hoy los balances de los bancos están repletos de créditos incobrables — sobre todo de grandes empresas—, avaladas por terrenos y viviendas cuyo precio ha caído muy por debajo de su valor. Es la llamada “recesión de balances” que no es otra cosa que la necesidad de reconocer que buena parte de los activos que tienen los bancos carecen de valor. En realidad, los bancos y las cajas españolas —y el conjunto de la banca mundial— estarían en quiebra si no fuera por el respaldo de sus respectivos gobiernos con enormes cantidades de dinero público. Y todo ello, porque además se nos ha inculcado la falsa idea de que no podemos dejar caer un banco, porque eso sería aún peor que rescatarlo. No debemos dejarnos engañar por tales afirmaciones, que lo único que demuestran es el ámbito de influencia tan poderoso de que disfrutan las entidades financieras.

   

La cuestión en litigio es quién paga por esos activos que se han esfumado, si los accionistas y acreedores, o la mayoría de la sociedad directamente o a través del erario público. En el primer caso, pierden más las grandes fortunas, en el segundo, pierden más los trabajadores y la pequeña burguesía. Para imponer el segundo plan, cuentan con la ventaja de utilizar como arma de chantaje que no es posible dejar caer a los bancos como a otra empresa, porque estamos hablando de los ahorros de la sociedad. Entramos en un terreno resbaladizo, porque entonces, ¿cómo es posible que los ahorros de la sociedad estén gestionados por empresas privadas? Si existiera una Banca Pública, donde simplemente no estuvieran permitidos los negocios especulativos, y no se permitiera a la Banca Privada la incursión en negocios que tengan que ver con los derechos de las personas (como la Vivienda, por ejemplo) no tendríamos estos problemas. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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