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15 julio 2013 1 15 /07 /julio /2013 23:00

Vamos a situarnos, en esta continuación de la evolución de la crisis, en los momentos de auge de la economía española, para comprobar cómo todo este proceso era generado por un modelo productivo completamente capitalista, es decir, un modelo de crecimiento basado en sectores no sostenibles, altamente rentables durante un período corto de tiempo, pero destinados a destruir mucho empleo en cuanto dicha rentabilidad explota, y la burbuja se desinfla. En el Estado Español, la construcción ha sido el motor del crecimiento económico en el último auge, pongamos en la década 1995-2005. La obra residencial y civil fueron los componentes principales de la inversión. Ello era posible por la abundancia de mano de obra relativamente barata y la disponibilidad de crédito a bajo interés, gracias a la pertenencia al Euro. La afluencia de trabajadores inmigrantes fue muy provechosa para la burguesía española, pues facilitó el abaratamiento de los costes laborales. El salario medio real cayó durante los años del auge.

 

capitalismo81.jpgMuchísimos jóvenes de esta época abandonaron sus estudios ante la golosina de poder trabajar rápidamente en oficios poco cualificados, pero muy bien pagados en aquél tiempo. Ahora, con la tremenda destrucción de empleo causada en dicho sector, muchos de aquéllos jóvenes se vuelven a plantear la continuación de sus estudios, que nunca debieron abandonar. Por su parte, los distintos Gobiernos propiciaron las condiciones para el boom inmobiliario. La vivienda es una necesidad vital de las familias y la falta de una política de vivienda pública protegida de proporciones adecuadas a las necesidades, aseguró el terreno de partida del negocio privado de la construcción. Pero, como todo lo que se produce en una sociedad capitalista, la vivienda es una mercancía más cuya finalidad prioritaria no es satisfacer una necesidad social, sino venderla al mayor precio posible. Y, por sus características, ser un bien de primera necesidad, con un alto precio y durabilidad, se convirtió en una mercancía muy apropiada para especular. Gran parte de las que se construyeron durante el auge, se vendieron como inversiones, lo que llevó a una dinámica ascendente de los precios que se retroalimentaba continuamente.

   

capitalismo82.jpgCuánto más subía el precio de la vivienda más dinero se invertía, más viviendas se hacían, más créditos se pedían, y vuelta a empezar. Se trataba de comprar una vivienda que luego podías revender por una cantidad sustancialmente mayor. El precio de una vivienda había multiplicado varias veces su valor real, generando la famosa burbuja inmobiliaria. Pero, ni el número de viviendas ni sus precios, podían crecer indefinidamente. Cuando la construcción empezó a perder fuerza, la burbuja que se fundaba en el incremento constante de los precios, estalló, y el círculo ascendente se convirtió en círculo vicioso. El crédito que ayer estimulaba el negocio inmobiliario provocando el famoso “efecto riqueza”, se ha transformado en el “efecto pobreza”. Desde entonces, muchas viviendas valen menos que sus hipotecas y es uno de los factores decisivos —no el único— de la crisis financiera española.

   

capitalismo83.jpgLa crisis que empezó en Estados Unidos, con las famosas hipotecas sub-prime, actúo como precipitador de la actual situación al dinamitar el auge del crédito barato, pero la caída era inevitable. De hecho, la rentabilidad de las empresas ya había empezado su ciclo descendente en 2007. Como siempre en el capitalismo, el negocio primó sobre las necesidades sociales, y a pesar de que se construían más viviendas aquí que en Francia, Reino Unido y Alemania juntas, miles de familias tenían vetado el acceso a una vivienda porque no podían hacer frente a sus precios. Y otras se tuvieron que endeudar de por vida, con consecuencias nefastas que se han comprobado con la llegada de la crisis, cuando el pago de unas viviendas sobrevaloradas está devorando los ahorros de millones de familias y a otras, que las pierden, las dejan en la calle y atadas a esas deudas, en una versión contemporánea de la “esclavitud por deudas” que existió en el Mundo Antiguo.

   

capitalismo84.jpg¿Sabían que esto podía pasar? ¿Eran conscientes las Instituciones y Organismos nacionales e internacionales (Banco de España, FMI, OCDE, BM, CE, etc.) de la extrema gravedad de la situación, y de sus próximas consecuencias? Es evidente, pero mientras duró fue un excelente negocio sobre todo para una minoría de grandes empresarios, que se situaron entre las principales fortunas del Estado. Y los bancos jugaron un papel clave: eran accionistas de las grandes constructoras e inmobiliarias, prestatarios de las mismas, y de los clientes de ambas. Mientras el negocio fue en auge, ganaron dinero por todas partes. Durante los años del auge esa minoría se embolsó la parte principal de las ganancias, pero las deudas nos las pasan a la mayoría a través de la crisis del sector financiero.  Por otra parte, la obra civil era regada con ayudas públicas de todo tipo, fondos europeos, que convirtieron a las grandes constructoras en multinacionales del sector. La construcción de una amplia red de autopistas, el AVE y otras infraestructuras. Sólo el AVE ha supuesto 97.000 millones de euros en inversiones de dinero público.

 

Todo ello por no hablar de las grandes construcciones faraónicas, a las que dedicaron miles de millones de euros, y que hoy están muriendo de aburrimiento, porque no tienen ninguna función social, tales como Aeropuertos sin aviones, Parques de Atracciones deficitarios, Autopistas de peaje que no se utilizan, y un largo etcétera. Ello nos lleva a la cruel paradoja de que España es hoy, a la vez que un país sumido en una profunda crisis, uno de los líderes mundiales en tecnología punta aplicada a grandes infraestructuras. Ya nos podemos imaginar que las únicas beneficiarias de esta paradoja han sido las grandes empresas constructoras, y las grandes multinacionales que las apoyan, esas que están detrás de la famosa "Marca España", y cuyos directivos acompañan al Rey en sus viajes.

   

capitalismo85.jpgFinalmente, que la construcción fuese el principal motor de la inversión de la gran burguesía española tuvo más consecuencias, pues implicaba la renuncia a desarrollar otros sectores productivos de tal forma que el Estado Español era incapaz de compensar sus importaciones con exportaciones. Eso hizo que el déficit comercial creciera hasta los 70.000 millones de euros en 2007, una diferencia que había que compensar con endeudamiento. Una situación insostenible a largo plazo, como la crisis atestigua.  ¿Qué hicieron con los beneficios del auge inmobiliario? En primer lugar, acumular enormes fortunas. En segundo lugar, muchas de las principales empresas españolas —buena parte de ellas antiguas empresas públicas privatizadas durante los Gobiernos de Felipe González y Aznar— se convirtieron en multinacionales, comprando empresas latinoamericanas (muchas de ellas privatizadas) y empresas europeas. La mayoría de las empresas del IBEX 35, las mayores del Estado, ya obtenían más beneficios por sus filiales internacionales que por su actividad aquí, una tendencia que se ha acentuado con la crisis.

   

E igual que la inversión inmobiliaria, esa internacionalización de las grandes empresas españolas requirió de enormes créditos. Por esa razón, es el endeudamiento de las empresas el capítulo principal de la crisis financiera que hoy estamos sufriendo. Así, cuando se sanea a los bancos con dinero público, se está saneando a las grandes empresas españolas, de las cuales forman parte las propias entidades financieras. Además, han aprovechado la crisis para liquidar las Cajas de Ahorros, tratando de presentar el problema financiero como un fenómeno de las Cajas, cuando el conjunto del sistema tiene los mismos problemas. Su objetivo: sanearlas con dinero público para que, al final del recorrido, sus depósitos acaben definitivamente en manos de los bancos privados. Hemos asistido a un proceso de demonización de las Cajas, presentando de ellas una imagen de corrupción, por una supuesta participacón del poder público (políticos) en sus Consejos de Administración, pero todo ello obedece a una burda manipulación para esconder los auténticos intereses de la bancarización de las Cajas. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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