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28 julio 2013 7 28 /07 /julio /2013 23:00

Continuamos con la explicación de la crisis capitalista que estamos padeciendo, esta vez desde los puntos de vista de la competitividad y la explotación, conceptos muy relacionados entre sí, que se venden a la opinión pública desde criterios muy equívocos y sesgados. Todo el planteamiento de la burguesía española consiste en acentuar la explotación de los trabajadores para obtener mayores beneficios y atraer la inversión extranjera de nuevo. Ese incremento de la explotación puede producirse por varias vías: combinada con inversiones en tecnología e intensificando los ritmos de trabajo, lo cual permite obtener más ganancia con la misma mano de obra, o menos (plusvalía relativa).

 

Mediante la prolongación de la jornada laboral sin aumento salarial equivalente, incluso con reducción (plusvalía absoluta). Incluso con el recorte del salario por debajo del mínimo necesario para una vida digna, es decir, el simple y llanamente, mediante el robo. O, más probablemente, con una combinación de todas. Actuando así también buscan hacer más competitivas las exportaciones españolas a costa de los asalariados, ya que permite obtener más producción por empleado y por hora trabajada y, así, disminuir los precios sin menoscabo de sus ganancias, incluso elevándolas. En definitiva, igualar las condiciones salariales de todos los trabajadores a la baja, acercando las de los fijos a los temporales, y, en general, a las de los empleados de empresas chinas o de otros países “emergentes”.

 

De hecho, el déficit comercial se ha reducido drásticamente durante la crisis, en parte por un aumento de las exportaciones —que se está cortando en esta nueva recesión general— y, sobre todo, por la caída de las importaciones por la reducción del consumo de las familias trabajadoras. Los recortes a los trabajadores les garantiza más rentabilidad, que es lo único que realmente importa en términos capitalistas, pero no es una solución real ni evitará nuevas crisis. Es imposible que todos los países resuelvan sus problemas mediante las exportaciones. Todas las naciones no pueden tener un superávit comercial, porque dicho superávit tiene que ser el déficit de otros, necesariamente.

 

Para comprobarlo sólo tenemos que observar que el déficit de la economía española, y de la mayoría de los países de la UE, ha sido simétrico al superávit alemán. Una buena parte de los beneficios que la burguesía alemana cosechaba con sus exportaciones y explotando a sus trabajadores, los invertía en el negocio inmobiliario, entrando en el capital de las empresas españolas y, sobre todo, prestándoles el dinero. Durante años se han beneficiado del boom inmobiliario español, alimentándolo. La política de Merkel tiene como objetivo primero, asegurar que recuperan el dinero de sus préstamos e inversiones, convirtiendo al propio Estado en garante de los mismos.

 

De hecho, el gobierno alemán ha inyectado más de 300.000 millones de euros de dinero público a sus entidades financieras para evitar su quiebra. Pero los planes de Merkel tienen otra meta: provocar una reducción general de los salarios y un aumento de la jornada laboral, así como una reducción del gasto social que permita recortar las cotizaciones sociales de las empresas, de tal forma que el conjunto de la mano de obra europea resulte tan barata como la norteamericana y, sobre todo, la china. En el capitalismo, la fuerza de trabajo es una mercancía más que tratan de pagar al precio más bajo posible y utilizar el máximo de tiempo. Llevan años intentando consolidar medidas en esa dirección (directiva Bolkenstein, aumento del límite para la jornada laboral semanal a 65 horas, etcétera), y la crisis y el desempleo les brinda una ocasión única para tratar de vencer la resistencia de los trabajadores.

 

La gran burguesía española, mientras pueda permanecer en la UE que es su principal mercado, coincide plenamente con la segunda meta que señalábamos de la política de Merkel, aumentar la explotación de los trabajadores. Por supuesto, pugnan con el Gobierno alemán para lograr los nuevos préstamos en las condiciones menos onerosas posibles pero, al tiempo, la UE les brinda una excusa muy buena para aplicar la política de recortes de los derechos laborales y sociales que llevan años ansiando. Por eso, y por que tienen más que perder saliendo del euro que quedándose en él, aceptan mansamente las políticas que les impone la UE y el Gobierno alemán. El autoritarismo de la UE, y de la burguesía alemana, es el autoritarismo que necesita el capitalismo porque es la única forma de aplicar sus políticas ante el rechazo que inevitablemente suscitan. Es el mismo autoritarismo que emplea Rajoy con los trabajadores y la juventud en el Estado español, por mucho que argumente que son medidas "que no le gusta tomar" y que "en cuanto pueda, las restablecerá". Es un argumento falaz, falso y engañoso (entre otras cosas, porque un Gobierno no está para tomar medidas que no le gusten. Si llega ese momento, ha de dimitir, que es la forma legítima de devolver al pueblo su capacidad de decisión).

 

En cuanto a los rescates, los préstamos de la UE no pueden resolver el problema de fondo del sector financiero, que es un excesivo endeudamiento, pues en realidad lo agravan al aumentarlo cuando lo que se necesita es reducirlo. La creación del “banco malo”, que continuará la tarea realizada por este Gobierno y el anterior de dar respaldo público a las entidades financieras privadas, se convertirá en la vía para sanear las pérdidas. O les compran los productos tóxicos a un precio adecuado para sanearlas o deberán darles ayudas extra. Si las dejan quebrar el Estado también tiene enormes pérdidas (en avales y ayudas que ya ha dado y que no recuperaría, más de 100.000 millones de euros) sin mencionar las pérdidas para los depositantes que no podría cubrir el Fondo de Garantía de Depósitos.

 

Estas medidas les sirven para trasvasar la deuda del sector privado al público y, a la vez, ganar tiempo mientras imponen una tasa de explotación a los trabajadores que permita a la burguesía española seguir ganando dinero y pagando las deudas acumuladas. Ese es el secreto de la política que están aplicando en toda Europa. Su éxito depende de varios factores, los conflictos entre las distintas burguesías, pero sobre todo de que consigan imponer a los trabajadores el pago de la factura de la operación.

 

Y otra trampa con la que suele chantajearse a la sociedad es aquélla que consiste en "amenazar" con la marcha y deslocalización de empresas, cuando éstas no ven un contexto propicio a su actividad (léase beneficios) en un país determinado. Por ejemplo, nos pueden decir que Teléfonica puede instalarse en otro país, si desde el Gobierno se realiza una reforma fiscal progresiva, se graban mucho más los beneficios empresariales, o bien se realiza una auténtica lucha contra el fraude y la evasión fiscal. Lo primero que hay que replicar ante este chantaje es que esto puede pasar porque dichas empresas son privadas, ya que si fueran públicas (es lo que propugnamos desde la izquierda) este chantaje no tendría sentido, porque estarían bajo el control democrático de los trabajadores, sobre todo aquéllas que trabajan en los sectores estratégicos de nuestra economía. En última instancia, ese chantaje representa un pulso al Estado que éste no puede tolerar, y es el motivo de que en muchos países, su gran sector empresarial privado ejerza más poder que el propio Estado.  

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Published by Rafael Silva - en Política
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