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4 agosto 2013 7 04 /08 /agosto /2013 23:00
En la presente entrega vamos a dedicarle un poco de tiempo al análisis de lo que se ha definido como "El modelo alemán", ciertamente inmodélico, para que veamos sus carencias y sus fundamentos, y comprendamos, a pesar de su publicidad, los motivos de su rechazo. Se suele poner este modelo germánico como ejemplo de algunos aspectos a mejorar en nuestra economía (despidos, minijobs, etc.), pero lo cierto es que, salvo alguna característica puntual y aislada, no ofrecen nada positivo. Retrocedamos en primer lugar unos cuantos años. La burguesía alemana ya aplicó un recorte muy severo a sus asalariados. Ella ha sido la más beneficiada por la formación de la Unión Europea. No así sus trabajadores. Además de su amplia base industrial, la burguesía alemana ha contado con una gran ventaja en términos capitalistas, ser la primera en imponer un drástico plan de ajuste de las condiciones salariales y laborales de sus trabajadores, que han hecho más rentable y competitiva (para la burguesía, claro está) la economía germana.
     
milagro_aleman1.jpgEn la etapa de gobierno del socialdemócrata Gerhard Schroeder, cuando el paro en Alemania alcanzó los 5 millones de personas, se aplicó un recorte brutal de las condiciones laborales y de los derechos sociales. Las conquistas de años, como las 35 horas semanales, fueron eliminadas en sectores que la habían conquistado. Se redujeron los salarios, y las prestaciones sociales por desempleo se recortaron drásticamente. De hecho, el reparto de la renta a favor de los beneficios de las empresas en Alemania crece más deprisa que en España hasta 2007. Ese es el secreto del “milagro” alemán.
     
Es necesario denunciar también la falsedad de las cifras del desempleo en Alemania, pues hay varios millones de personas sin trabajo por distintos motivos —con subsidios míseros o sin ninguno— y de subempleados —que con sus sueldos no pueden mantener a sus familias— que no se contabilizan como desempleados. Además de millones de trabajadores con minijobs, salarios retribuidos por las empresas con 270 euros mensuales que son subvencionados con una pequeña ayuda pública. Teniendo en cuenta todo ello, el paro real en Alemania no es muy distinto de aquí, y lo mismo podría extrapolarse para muchos países de la Unión Europea y de Estados Unidos.
     
Hay millones de parados ocultos porque reciben pequeñas ayudas o, simplemente, no se les contabiliza como tales. Y, además, está en auge el número de trabajadores pobres, aquellos que aun teniendo un empleo, sus remuneraciones son tan miserables que viven bajo el umbral de la pobreza. Por eso, no hay ninguna posibilidad de que la emigración sea una salida para un número significativo de trabajadores en paro. El paro es crónico en el sistema porque es necesario para mantener la “oferta” de mano de obra por encima de la demanda y garantizar que su “precio” es bajo. Como ya hemos contado en anteriores artículos de esta serie, este es uno de los fundamentos del capitalismo.
     
troika.jpgEsta etapa de crisis es particularmente profunda porque hay un enorme exceso de capacidad productiva junto con un volumen de deudas, muchas de ellas incobrables, sin precedentes por su envergadura. En términos capitalistas, salir de esta recesión implica un periodo de recesiones muy profundas con recuperaciones débiles, hasta que se corrijan ambos problemas, destruyendo parte de las fuerzas productivas y reduciendo el nivel de endeudamiento a costa de la mayoría de la sociedad. Todo eso para luego volver a preparar una nueva crisis. El “pequeño problema” de todo esto son las consecuencias para los trabajadores y para el planeta de las recetas capitalistas. Por eso, muchas veces hemos afirmado que la salida de la crisis y la creación de empleo se darán únicamente cuando todo este proceso de derribo y liquidación de los derechos sociales y laborales haya concluido. Cuando las jubilaciones sean míseras, cuando sea residual el empleo público, y cuando los trabajadores se contraten casi en su totalidad en precario.
     
Es más, el capitalismo ha llevado la extracción de recursos naturales más allá de la capacidad de reposición de la naturaleza. Por decirlo en términos económicos, ha tomado un crédito del planeta que ahora está empezando a cobrarse sus deudas. Los gastos por desastres naturales, malas cosechas, etcétera, y el agotamiento de materias clave como el petróleo ya están teniendo consecuencias en la vida cotidiana de millones de personas. Por tanto, no cabe esperar que los ciclos habituales de la economía capitalista sigan eternamente sin consecuencias. A largo plazo, es sencillamente inviable. Pero en vez de reconocer y enfrentarse a este hecho de cara, lo cierto es que las políticas energéticas que se practican son cada vez más dependientes de los combustibles fósiles y de la energía nuclear, impidiendo una difusión generalizada de las energías alternativas. Detrás de todo ello, como siempre, las grandes empresas que no quieren perder su "coto privado de caza", su pedazo del gran pastel energético.
     
beneficios_santander.jpgTarde o temprano habrá una recuperación económica, o mejor podemos decir, macroeconómica. Esto es, una recuperación que no determinará grandes alteraciones de los índices de desempleo, sino que servirá únicamente para que las grandes empresas saneen sus cuentas de resultados. De hecho, los grandes bancos españoles ya están mejorando muchísimo sus beneficios con respecto al año anterior, y hay billones de euros en las cuentas de las grandes empresas y de las grandes fortunas a escala mundial, también de las españolas, que no están siendo utilizadas en actividad productiva porque no esperan de ella gran rentabilidad por ahora. Pero lo que podemos ya anticipar con certeza es que el empleo que se creará no servirá para erradicar el desempleo y que será en pésimas condiciones. Y, finalmente, no evitará nuevas crisis. Esas son las expectativas que nos ofrece el capitalismo. Continuaremos en siguientes entregas, exponiendo el tema subyacente fundamental, que puede ser considerado no sólo el eje rector y conductor de todo, sino el concepto base para poder cambiar el sistema: la lucha de clases.

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Published by Rafael Silva - en Política
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