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11 agosto 2013 7 11 /08 /agosto /2013 23:00

Finalizamos el artículo anterior de esta serie anunciando que entraríamos de lleno en la problemática de la lucha de clases, auténtico corazón de la explicación no sólo de la actual crisis, sino de toda la historia del capitalismo. Bien, vamos a ello, pero antes de entrar a fondo en materia, donde hay mucha tela que cortar, resolvamos un aspecto en relación a su propia nomenclatura, que es criticada por los capitalistas (o por los ignorantes) en el sentido peyorativo de anticuada, obsoleta, extinguida. Nada más lejos de la realidad. Todo es una trampa para que no llamemos a las cosas por su nombre.

 

capitalismo121.jpgVeamos: desde la publicación de la obra de Karl Marx se difunde ampliamente este término, es decir, que tiene aproximadamente dos siglos. En cambio, si analizamos otros que parecen usarse en la actualidad con total aceptación, como CIUDADANIA, resulta que ya se empleaban desde los tiempos de los filósofos griegos, además con la misma acepción actual, esto es, habitantes de las ciudades. ¿Cuál por tanto es más antiguo? Y lo mismo lo podemos extrapolar a otros términos, que incluso con el paso del tiempo, han obtenido una interpretación peyorativa: el término "villano", por ejemplo, aunque hoy en día se emplee como un insulto, se usaba ya en el siglo XVII por la literatura clásica en el sentido de "habitante de la villa", es decir, más o menos igual que ciudadano/a.

 

Por tanto, lo primero que debemos hacer es reivindicar esta expresión (lucha de clases) y no entrar al trapo de aquéllos que quieren criticarla engañosamente como una momia del pasado. Tomando las palabras del Profesor Vicenç Navarro: "La alianza de clases dominantes intenta por todos los medios que no se hable de clases y que, en su lugar, se hable de nación, estimulando, en ocasiones, un clasismo que intenta enfrentar las clases populares de un país con otras". Queda claro, por tanto, que lo que no les interesa es hablar de clases sociales y de lucha entre ellas, de clases dominantes y clases dominadas, y por eso despliegan una campaña contra quienes usamos estas expresiones, poco menos que presentándonos como auténticos dinosaurios del pasado. 

 

capitalismo122.jpgTomo a continuación las palabras de Alfonso Lago: "El proletariado no es una idea. Es un sujeto social real del que forman parte millones de personas de carne y hueso. Si hablamos de clases sociales hablamos de formaciones sociales construidas históricamente, de grandes grupos de personas, que tienen una posición común en una estructura social históricamente establecida. En el capitalismo las principales clases son los propietarios de los medios de producción en la era de la gran industria y la producción mercantil (los capitalistas), y los trabajadores asalariados, que crean las riquezas y necesitan vender su fuerza de trabajo a los primeros por un salario para vivir. Unos basan sus ingresos en la propiedad del capital, los otros en la venta de su fuerza de trabajo". Históricamente se ha instalado también una supuesta "clase media", para intentar definir aquéllos individuos que están un poco a caballo entre las otras dos clases sociales perfectamente definidas, pero con el tiempo, y más en épocas de crisis, se ha comprobado cómo la idea de clase media responde a una falacia.

 

capitalismo123.jpgRecomiendo a los lectores el artículo de Alfonso Lago titulado "La izquierda y la clase obrera", que presenta muy bien algunos aspectos de los que estamos contando. Bien, las clases poderosas nos vuelven a hacer trampa, y ahora nos atacan en la proyección de la uniformidad de la clase obrera, para desmontar nuestros argumentos, y presentar el mensaje de que poco más o menos, la clase obrera no existe hoy en día, porque hasta los Ejecutivos y Directores Generales son trabajadores. A ello tenemos que replicar que, efectivamente, el perfil y la estética de la clase obrera también cambia con el tiempo, y se adapta a nuevas realidades sociales, sin dejar de perder su identidad, simplemente porque lo exige el capitalismo. Al respecto, se dice en el artículo de referencia: "Un trabajador varón con mono azul y carné sindical pudo ser un símbolo apropiado de la clase trabajadora en el pasado, pero hoy su mejor representante sería una reponedora mal pagada y a tiempo parcial".

 

capitalismo124.jpgLa clase obrera no tiene un cliché cerrado, sino que también es fiel reflejo del tiempo que le toca vivir. A este respecto, nos dice Alfonso Lago: "Quienes cuestionan la centralidad, homogeneidad o incluso la existencia de la clase obrera, recalcan la fragmentación a la que está sometida: hombres y mujeres, nacionales e inmigrantes, trabajadores del sector público y del privado, fijos y temporales, manuales e intelectuales...Parece como si en tiempos de Marx los obreros fueran seres grises, clónicos, cuarentones, bigotudos y barrigones apretadores de tuercas, con el carné de CCOO colgando del ojal de su mono azul, mientras que hoy vivimos una explosión de individualidades multicolor que “son irreductibles a una sola unidad simbólica”. Y continúa posteriormente: "Pero ¿es que alguna vez fue homogénea la clase obrera en los términos que plantean? El origen de la clase obrera proviene de campesinos expulsados de la tierra, de artesanos arruinados de las ciudades, de las ocupaciones coloniales y movimientos migratorios transoceánicos, del fin de la esclavitud de los negros... de distintas nacionalidades, territorios, dialectos, religiones y cultura. Fueron empleados en distintas tareas y sectores, con distintos salarios y relaciones laborales. No tenían sindicatos, los tuvieron que crear con sus luchas y su unión". Creemos que queda claro.

 

Hoy en día, por tanto, han cambiado las ocupaciones, los modelos de producción, los hábitos y costumbres consumistas, los niveles culturales, pero por todo ello no podemos concluir que la clase obrera se diluye en todo ese mar de diversidad: "Por eso, quien trata de contraponer una “vieja” clase obrera, blanca, masculina, industrial, frente a una nueva más diversa que sería cualitativamente distinta como sujeto social central de las relaciones sociales capitalistas, lo que hace es caer precisamente en los clichés que dice combatir. Más aún, señalar que esta diversidad hace que “sólo la miopía de cierta izquierda puede insistir en agruparles a todos bajo la etiqueta de obreros e invitarles a afiliarse a los sindicatos” es el colmo de los despropósitos".

capitalismo125.jpgEn conclusión: "Lo que hace importante el papel de los trabajadores es su papel central en la creación de riqueza, en la producción. La existencia y el predominio de la clase burguesa tienen por condición esencial la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos individuos, la formación e incremento constante del capital; y éste, a su vez, no puede existir sin el trabajo asalariado. Es su capacidad, por su posición central en las relaciones sociales de producción, de tomar los resortes fundamentales del poder en sus manos. Es la clase obrera la que puede hacer que la rueda del capital deje de girar. Los obreros pueden parar un país. Los estudiantes o los intelectuales, no". A partir de aquí, es de donde debemos generar nuestra conciencia de clase. Igual que no hay que creer a quien nos dice que hoy en día no existen ya derechas ni izquierdas, tampoco a quien nos niegue la existencia de las clases sociales y de su lucha.

 

Hemos de ser capaces de encontrar, de entre toda esta maraña social que delimita la actual clase trabajadora, la identificación con ese nexo común, con ese factor distintivo donde todos nosotros nos encuadramos. En palabras de Alfonso Lago: "La cuestión es si por encima de sexo, raza, idioma o religión, grado de precariedad, ocupación o afiliación sindical, la pertenencia objetiva a una clase social es un vínculo mayor que puede ser catalizado y convertirse en un movimiento unitario de transformación...Del propio elemento unitario, esto es, la condición de clase, se deriva el proyecto hacia el que avanzar. Todos somos esclavos, luego nuestro proyecto común es acabar con la esclavitud. Todos somos obreros, ¿cuál es nuestro proyecto común? Si nos quedamos en: joven, precario, inmigrante o mujer, y no trascendemos este aspecto parcial, no alcanzamos a ver qué es lo que nos une, y a qué nos conduce. Pero si se “agrupa a todos bajo la etiqueta de obreros”, si vemos lo que nos une a todos, podemos plantear un proyecto unitario, sea este la defensa de los servicios públicos, el empleo digno, salario mínimo de 1.000 euros o, porque no, expropiación de las grandes empresas, y control democrático de la economía". Continuaremos en siguientes entregas, profundizando en el concepto y en el alcance de las clases sociales y de su lucha. 

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Published by Rafael Silva - en Política
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